Los transformers deben luchar contra las renovadas fuerzas del mal ayudados una vez más por Sam Witwicky (Shia LaBeouf) y su novia Mikaela (Megan Fox).
Ya comenté en su día al hablar de Transformers que Michael Bay es un peligro para el cine comercial. El tipo se cree que el cine sólo debe impresionar (a base de planos aéreos, cámaras lentas y explosiones sin sentido) olvidándose de contar historias o emocionar lo más mínimo.
Transformers 2 es igual de mala que su predecesora. Ambas películas cuentan con una premisa realmente estúpida y un desarrollo penoso. Ahora resulta que un trozo de la dichosa caja de la primera parte (el MacGuffin, vamos) se quedó en la chaqueta del chico y nadie se ha dado cuenta hasta hoy (ni el gobierno, ni los robots, ni el CSI, ni el chico, ni la guarra de su madre que guarda la ropa durante dos años sin lavar). Vaya excusa más cogida por los pelos.
Cierto que parece que el film va a ser algo mejor debido a unos primeros 20 minutos bastante correctitos (sólo correctitos) como film de acción o comedia de adolescentes. La escena en Shangai me gustó, impacta y es un buen inicio para un film de acción. Pero las escenas en la casa familiar y en la universidad provocan vergüenza ajena. El personaje de la madre (Julie White, Michael Clayton) me pareció especialmente patético como secundario gracioso.
Hay otros personajes insufribles como el robot anciano (con barba, achaques y bastón), el malo con acento rarito, el tándem formado por Turturro y el compañero de cuarto o el de los dos robots gemelos con pinta de duendes. Tanto personaje supuestamente graciosillo acaban por hacernos desear que los malos acaben con todos ellos de una maldita vez. Tampoco entiendo la cantidad de chistes que hay en el guión a costa de los genitales masculinos, apuesto a que el guión lo escribieron dos chicos de 13 años bajo los efectos de alguna sustancia prohibida.
No se vayan todavía, aún hay más. El estúpido sentido patriótico y familiar de Bay inunda la peli de un hedor difícil de soportar. Por momentos me daban ganas de hacerme marine norteamericano e ir a invadir Egipto o China. Todo por la bandera de las barras y estrellas, verdadero y único adalid de la libertad. Me muero de risa con la ideología fascistoide que despide esta peli (como todas de su autor). Sólo los militares norteamericanos y la sacrificada familia tradicional pueden salvar al mundo.
Parece que aún se piensan en Hollywood que con una chica mona y buenos efectos especiales ya tienes un film para jóvenes, se piensan que son/somos tontos (uppss!!! quizás tengan razón si echamos un vistazo a la recaudación).
Bay sigue sin innovar nada en su estilo, sigue usando los planos aéreos de forma publicitaria y cambia de plano cada 2 segundos. La escena de la batalla final podría haber estado bien, pero es demasiado larga y acaba aburriendo ya que no se entiende nada entre tanto amasijo de hierros. Su estilo vídeo-clipero llega aquí a un paroxismo cercano al mareo. Hasta se empeña en que la prehistoria sea tan cool que parece un anuncio de Coca-Cola. Terrible y cansina la forma de rodar de este tipo desde aquella basura que era La Roca.
Lo mejor de la peli son los descarados planos en plan sexy de Megan Fox (otra cosa no, pero sexy es un rato esta chica) y el empeño de Shia Labeouf por hacer creíble a su personaje entre tanto robot y tanto idiota. A mí me sigue pareciendo un buen actor, incluso creo que da el pego como pardillo que acaba siendo un héroe.
Un espectáculo vacío que sólo gustará a los espectadores menos exigentes que huyan del calor pero que igual acaban calentándose con Megan Fox. La película es muy mala, no sé si ha quedado claro.
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Platón, Demócrito o Freud ya trataron el tema de los estímulos que escapan la percepción consciente y sus consecuencias en los sueños y la conducta. Pero el estudio definitivo lo hizo James Vicary en la histérica Norteamérica de 1957. Vicary introdujo durante la proyección de la película Picnic unos fotogramas con los mensajes: “Tienes Sed? bebe Coca-Cola." y "Tienes hambre? come palomitas”. El resultado fue asombroso: La venta de palomitas y Coca-cola dentro de la sala se disparó hasta casi un 20 y un 60% respectivamente. 










Los personajes evolucionan ante la ascensión del imperio del terror nazi: unos se enfrentan, otros huyen, otros acaban adsorbidos y otros se aprovecharán de la situación. La mayoría pecarán de ingenuos y menospreciarán a Hitler. Me gustó la evolución del personaje de la alumna (Jodie Whittaker), de joven idealista pasará a ser algo muy distinto hacia el final del film.





Las campañas publicitarias convirtieron a la bebida en una de las más consumidas del siglo XX y en bebida comercial más popular. Es entonces cuando, gracias a la publicidad, la marca traspasa al producto y se convierte en una idea, un estilo de vida, un concepto mucho más grande que una simple bebida refrescante.