John Woo o la belleza de la violencia


John Woo es un excelente director de escenas de acción. Sus peleas coreografiadas son siempre brillantes y espectaculares. Sus saltos a cámara lenta con explosiones al fondo han creado escuela. Sus montajes acelerados al más puro estilo videoclip han influido a cientos de directores mientras que sus palomas volando le dan casi un aire religioso a sus escenas.


En sus pelis hay siempre ciertos temas que le dan un toque de cine de autor, un estilo propio o, simplemente, un auto plagio. La constante dualidad entre el bueno y el malo queda patente en un momento del film en el que ambos se miran fijamente mientras se apuntan a bocajarro (algo que le ha copiado/homenajeado Tarantino). Entonces queda evidente que los dos polos opuestos no son tan distintos. Habitualmente, el bueno y el malo eran amigos y tienen muchas cosas en común. Incluso se parecen físicamente o visten igual.

Otros autores orientales de cine policíaco adoptaron dicha premisa e incluso Scorsese ahondaba en este aspecto en su film Infiltrados, remake de la peli Hongkonesa Infernal affairs.
No voy a hablar de su filmografía en Hong Kong, que luego dicen que voy de friki-pedante-underground. Hablemos de pelis que todos hemos visto repetidas varias veces en cualquier cadena de televisión.
Un buen ejemplo sería su film Cara a cara (Face off), con John Travolta y Nicolas Cage (ambos dilapidando sus carreras). El guión es delirante, lo de intercambiarse la cara y la grasa corporal para hacerse pasar por el otro es simplemente tan bizarro como divertido.


El film es una simple sucesión de escenas de acción que acaba en una épica pelea del bien contra el mal. Pero el bien lleva puesta la cara del mal y viceversa, nunca sabes realmente a quien debes odiar (bueno, sí, yo odio a Nicolas Cage haga lo que haga). El bueno y el malo se confunden continuamente. Incluso la mujer de uno de ellos se llega a acostar con el otro. Woo intenta dotar a su aparentemente banal cine de acción de una transcendencia metafísica, cosa que casi logra.

Otro film paradigmático suyo podría ser Misión imposible 2. La lucha final con el duelo de las motos es simplemente tan adrenalítica como inverosímil. Pocas veces se habían visto en una pantalla tantas piruetas sin venir a cuento. Obviamente aparece el juego de la falsa identidad y la dualidad: el personaje de Tom Cruise se pone una careta con la cara de un villano. Woo intenta confundir al espectador. El bien y el mal otra vez se miran cara a cara y se confunden, cada uno de ellos es el reflejo deformado del otro. Madre mía, que profundo.

Entre tanta épica pelea a vida o muerte, tanta destrucción, tanto salto y tanta escena de acción totalmente inverosímil… Woo pasa de hacer un guión medianamente decente. No lo necesita. Le basta con hacer escenas de acción para dejar al espectador boquiabierto.

Sus pelis se disfrutan mucho cuando eres adolescente, por lo menos yo lo hice. Pero con el tiempo me parecen vacías y artificiales. Me habré hecho mayor.



2 comentarios:

Nanu dijo...

Mas alla de Face Off, las de jhon Woo no me gustan

Crowley dijo...

Como bien dices, tiene unas señas de identidad que otros han imitado hasta la saciedad. La primera que vi de él fue The Killer, y me atrapó para siempre.
Un saludo

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