I'm still here

¿Qué pasaría si una estrella de Hollywood se cansara de actuar? ¿Qué pasaría si su hastío fuera tal que decidiera emprender una carrera como cantante de rap? ¿Qué pasaría si decidiera grabar un documental que plasmara esa transformación? Las respuestas a todas estas preguntas están en I’m still here.

Aprovechando la promoción de su último film como actor (Two lovers) el actor Joaquin Phoenix declaró estar harto de la interpretación, de hacer malas películas por dinero, de prostituir su arte en películas que son basura. Puede que fuera un montaje, pero algo de razón no le faltaba. Desde luego su intención de abandonar el cine para iniciar una carrera musical reciclado en rapero provocó más risas que aplausos. Puede que el cine sea una decadente industria sin nada de pretensión artística, pero opino que hay mejores maneras de luchar contra ello.
En una estrategia arriesgada, Phoenix y su cuñado Casey Affleck (Adiós, pequeña, adiós) se inventaron un personaje y deciden llevarlo a sus últimas consecuencias. En el film asistimos a las burlas que los periodistas y colegas vertieron sobre el cambio de Phoenix, parodias, entrevistas bochornosas o la penosa actuación musical de JP en un local. También la famosa aparición en el show de Letterman era parte de la elaborada farsa. Pero la farsa evidencia ciertos terribles aspectos sobre la fama y la presión que ejerce la sociedad sobre los famosos.

Tengo que reconocer que nunca me ha gustado Joaquin Phoenix, me parece un actor muy limitado y poco expresivo. Aquí su inexpresividad le viene muy bien a su decadente personaje (que casi siempre está colocado) y se nota que se tomó la farsa muy en serio. Casi demasiado. Phoenix decide plasmar su propia decadencia física, mental y social. Phoenix desnuda su alma para dejarnos ver sus miedos y frustraciones a pesar de tener fama y dinero. Phoenix realiza una soberbia interpretación de sí mismo (algo paradójico, lo sé), mostrándose como un hombre atrapado por su propia fama, asfixiado por su imagen pública, un hombre cansado de la tiranía del público y al que la sociedad no permite cambiar.

Desde luego, Phoenix es muy valiente y tiene un mérito innegable, no parece
importarle degradar su imagen pública y caer en el patetismo. Pero aparte de la original premisa y su interpretación, el film no tiene grandes logros. Está bien como reflexión sobre la fama pero yo no le vi la gracia. Cassey Affleck no es un gran director y muchas escenas incluidas en el metraje no parecen tener mucho interés, la verdad. Mucha cháchara sobre cosas triviales que pretenden ser profundas y mucha reflexión que no lleva a ningún sitio. Por otro lado el film no es especialmente ameno, le falta ritmo y a mí se me hizo largo. Un poco más de humor o ironía le hubiera venido bien. Además el final me parece un poco chapucero, como si no supieran cómo acabar el film y echando mano a una imagen metafórica muy manida (el agua como origen de la vida).

Yo nunca me creí que Phoenix fuera a dejar de actuar, ni me creí que fuera a dedicarse a la música, el film para mí no es más que una broma (sin demasiada gracia) hacia los medios. Un cebo en el que algunos picaron evidenciando su falta de rigor y la necesidad de hablar de algo, cuanto más raro mejor. A pesar de que ciertas ideas me parecen acertadas, lo peor que puedes hacer con este falso documental es tomártelo en serio.

4,5




3 comentarios:

Cinemagnific dijo...

La premisa no deja de ser a pesar de todo interesante. Le echaré un vistazo.

Anónimo dijo...

aburrida como ella sola.

Alfie dijo...

Es un truño colosal, madre mía, infumable. Ni cargado de maría te hace gracia.

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