Tenemos que hablar de Kevin (We need to talk about Kevin)



Como padre, uno de mis mayores temores es no saber educar a mis hijos y que éstos se conviertan en unos seres crueles y egoístas. Es un temor fundado que supongo que cualquier padre o madre siente. Programas como Hermano mayor o Supernanny no contribuyen demasiado a la tranquilidad de los padres, más bien todo lo contrario. We need to talk about Kevin va un paso más allá y nos narra la historia de una madre superada ampliamente por la personalidad de su hijo.

La directora Lynne Ramsay ha sido la encargada de adaptar la novela de Lionel Shriver a la gran pantalla. Ramsay se cree un genio y decide darle un toque arty a su historia a base una preciosa fotografía y una narración no lineal. La fotografía me gustó bastante, ya desde el inicio, con unas impresionantes imágenes de la Tomatina de Buñol (por cierto, yo prefiero cien veces el Cipotegato de Tarazona), observamos la importancia que el color rojo va a tener a lo largo del film. Pero lo de la narración desordenada me pareció un error. Ramsay mezcla constantemente recuerdos llegando a exasperar al espectador.

Este desorden narrativo provoca una desorientación y confusión en el espectador que hace que te cueste bastante entrar en la película. Tampoco las cancioncillas metidas con calzador ayudan a meterse en la historia, más bien todo lo contrario, yo tardé bastante. El estilo de la directora casi echa por tierra los aciertos de la novela. Hasta pasada media hora el film no se estabiliza, empezamos a atar cabos y dejamos de asistir a escenas que no comprendemos. Ramsay se guarda los hechos clave de la historia y nos los va soltando con cuenta gotas. Es entonces cuando el film empieza a ganar enteros.

 El film aborda el tema de la maternidad desde un punto de vista nada edificante. La maternidad no es un camino de rosas, tiene momentos muy hermosos pero también momentos muy duros, hay que renunciar a muchas cosas de tu vida para hacer hueco a tus hijos. Me pareció especialmente aterradora la escena en la que la protagonista encuentra descanso en el ensordecedor ruido producido por unas obras en la calle, sólo así consigue algo de paz al dejar de oír el llanto de su bebé. Desquiciante.
 Me pareció muy bien llevado el tema de los roles en la familia, el padre del film (John C. Reily) no quiere problemas, es demasiado permisivo y le consiente demasiado a su hijo. Será la madre quien intente reconducir la conducta de su hijo pero quedará como una verdadera mártir. Ramsay identifica a la madre con la primera víctima de un hijo con tintes psicóticos. 


 We need to talk about Kevin es interesante por la cantidad de preguntas que plantea, aunque lo haga de forma deslavazada y no resuelva ninguna: ¿Cuándo estamos preparados para tener un hijo? ¿Lo estamos alguna vez? ¿Es preferible abortar a tener un hijo no deseado? ¿Cómo educar a un hijo? ¿Cómo distribuir los roles dentro de la pareja? ¿Cómo escapar al chantaje emocional que los hijos ejercen sobre los padres? ¿Cómo actuar frente a una enfermedad mental? ¿Realmente un par de hostias bien dadas sirven de algo? ¿Hasta dónde son los padres responsables de los actos de los hijos? ¿Y la escuela? ¿No hay manera de detectar y prevenir el drama originado por un enfermo mental?

 Todos estos complejos temas aparecen el film, pero lo que realmente sustenta esta película es Tilda Swinton (qué físico más raro tiene esta señora y qué gran actriz es). Aquí realiza un trabajo inmejorable, quizás el mejor de su carrera, lleno de matices. Imposible que cualquier padre o madre no se identifique con su personaje en algunos momentos del film. Impresionante.

Esta historia podría haber sido fácilmente carne de telefim pero la genial interpretación de Tilda Swinton y las preguntas que plantea son lo que la sacan de la mediocridad. Lástima que su directora se crea muy moderna.

6


3 comentarios:

Anónimo dijo...

vaya tema más de actualidad, la educación de nuestros niños y adolescentes es todo un problema que nos pasará factura dentro de no mucho. La peli me gustó mucho por las preguntas que comentas aunque a mí el montaje desordenado sí me gusto, le da un toque de intriga a la película. Muy buena.

Alhy dijo...

Yo no creo que Eva fuera la primera víctima de Kevin y una de las cosas que más me gustan de la película es que señala responsabilidades, no culpabilidades (todos somos víctimas de víctimas). Ya desde la gestación, ella se siente como un mero contenedor, nunca llega a sentir un vínculo con el niño y todo eso es absorbido por Kevin. No es culpa de nadie, no hay que ser un monstruo para sentir desapego por un hijo, pero si hay algo que un niño sabe con absoluta certeza es si es querido. Durante todo el metraje vemos síntomas o señales de S.O.S. en el niño: llora más de la media, comienza a hablar tarde, problemas de eneuresis y encopresis hasta una edad avanzada… el chaval esta pidiendo “¡quiéreme!” a gritos. Es como si a su mente infantil llegara siempre el mismo mensaje: si ni siquiera mi madre me quiere, debo ser un monstruo. ¿Y qué hace la criatura? Convertirse en uno para “darle la razón” a su madre y alimentar así, la rueda de la frialdad entre ambos.

Yo creo que Eva es consciente de su parte de responsabilidad en el monstruo que ha creado (será deformación profesional, pero, para mi, su mayor error es no acudir a un psicólogo que los trate a ambos desde el principio) y, al final, sólo ve dos salidas: o pegarse un tiro o perdonarse y vivir. Obviamente, elige lo segundo. Y perdonarse a ella, es perdonar a Kevin.

Sorry por el ladrillo que te dejo. La vi ayer y aún estoy en estado de shock ;)

Un saludo ***

Luis Cifer dijo...

mmm coincido con tus apreciaciones aunque a mí me molestó bastante la forma de narrar los hechos, cosa que creo que no te ha afectado. Pero el fondo del film es inquietante y para los que tenemos hijos es una llamada de atención.

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