Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, 1999)


Daniel Lefebre es un héroe. No va a salvar al mundo de una hipotética y poco probable invasión alienígena ni va a ser el inventor de la energía renovable definitiva. Daniel Lefebre es un simple director de escuela de una ciudad rural francesa afectada por la reconversión de la minería. En una ciudad con una tasa de paro del 30 % y mucha familias en apuros Lebefre no se rinde, es un héroe por creer en lo público y en la educación de los niños como base de un futuro mejor.

Hoy empieza todo es una acertada radiografía de la Francia más empobrecida de finales de los años noventa, pero sus temas y sus conclusiones son perfectamente trasladables a esta España sumida en la crisis actual. Han pasado 13 años desde que se estrenó esta pequeña maravila y hoy sigue tan vigente como entonces. Hoy más que nunca necesitamos a profesores motivados con su trabajo y que no se limiten a cumplir el expediente. De los políticos y los burócratas ya sabemos que podemos esperar mucho, pero somos los ciudadanos los que debemos exigirles que cumplan con sus obligaciones y compromisos. En un país como el nuestro en el que la crisis está sirviendo de escusa para desmantelar el estado de bienestar (empezando por la educación y la sanidad) los ciudadanos no debemos quedarnos de brazos cruzados. Por eso Daniel Lefebre es un héroe, porque no se rinde (aunque tenga sus dudas). No se limita a hacer su trabajo e irse a casa olvidando los problemas que ve a diario. Daniel opina que la educación recibida durante la infancia es fundamental para el posterior desarrollo de las personas. Él lo sabe bien.

El guión de Hoy empieza todo fue escrito por Dominique Sampierom, maestro de escuela durante 20 años en una localidad muy parecida a la retratada en el film. Sampierom plasmó buena parte de sus experiencias en el terreno de la enseñanza, sus sinsabores y sus gratificaciones. Se nota en cada escena que cada frase ha salido de la observación de la realidad.

 EL maestro Bertrand Tavernier rueda de forma apasionada esta gran historia llena de momentos cotidianos. El uso de actores no profesionales (muchos de ellos profesores en la vida real) le confiere una espontaneidad que tan de agradecer es en este tipo de cine social (quizás sólo igualada por Ken Loach). Tavernier trasmite su apasionamiento por los niños y por su futuro de manera admirable, sin trampas ni recurriendo a recursos tramposos como la lágrima fácil. Tavernier hace reflexionar y emociona a base de diálogos y situaciones de lo más mundano pero rodados de forma magistral. Tavernier no juzga a los personajes y les deja que cada uno de ellos explique y los motivos de sus actos. No hay buenos y malos en esta película, sólo hay personas que se han rendido y los que aún tienen ganas de luchar aunque la batalla no pueda ganarse. Esa horrible y maldita batalla del día a día, la peor de todas.

Hoy empieza todo, no bajéis la guardia.

2 comentarios:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Como bien señalas, compa, una peli impresionante, una de las mejores muestras de cine social de los últimos veinte años, plena de profundidad y sensibilidad; y, desgraciadamente, y como también señalas con todo acierto, plenamente vigente de forma generalizada, algo que quizá ni llegáramos a imaginar en el momento de su estreno.

Un fuerte abrazo y buen día.

Anónimo dijo...

Los políticos aprovechan las crisis para ir recortando el estado de bienestar en provecho de sus inversiones e intereses en la medicina y la enseñanza privada. No es nada nuevo, increíble lo actual que resulta hoy esta gran película.

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