El legado de Bourne (The Bourne legacy)


Es indudable que la saga de películas sobre el agente Jason Bourne han sido de lo mejor que hemos visto en cine de acción de estos últimos años. Tres películas eran más que suficientes y parece que Matt Damon no desea repetir su personaje. Así pues, los listos de Hollywood se han sacado de la manga otra película que entronca directamente con los hechos narrados en las tres primeras e intenta crear descaradamente una nueva franquicia.

La cosa estaba difícil, una de las bazas de la saga original era ver al blandengue de Matt Damon dando hostias como panes y unas escenas de acción y persecuciones de los más emocionantes. Pero ahora ya no están Damon ni Paul Greengrass. El encargado de dirigir este nuevo engendro ha sido el eficiente Tony Gilroy (Michael Clayton), que es un buen guionista y un buen director de dramas pero que no sabe muy bien por donde salir con esta historia.  Gilroy fue guionista de las tres primeras y aquí escribe el guión a cuatro manos con un tal Dan Gilroy (supongo que será su hermano) pero la cosa no acaba de cuajar. A su historia le cuesta demasiado arrancar y nunca acaba de enganchar al espectador (cosa que sí supo hacer en las tres primeras).

Gilroy se pierde intentando entrelazar los hechos de esta nueva entrega con lo sucedido en las anteriores y se olvida del ritmo frenético que tenían aquellas. Mucha palabrería y mucha intriga entre agencias pero poca acción y poco ritmo. Gilroy intenta dar emoción a su película e intenta emular las adrenalíticas persecuciones marca de la casa, pero no lo consigue. Su film aburre por momentos. Sólo la escena final de la persecución en Manila está a la altura, pero ya han pasado casi dos horas de anodina trama. De todo el fallido juego de malabares que establece el guión, hay un elemento que me pareció especialmente fuera de lugar, no entiendo a qué viene a cuento  de modificar genéticamente a los agentes a base de pastillas y virus. Me parece una solemne estupidez. 

Tampoco me parece acertada la presentación del asesino de turno (un proyecto ultrasecreto de supersoldado) para que se enfrente al héroe en la lucha final, está metido con calzador y resulta bastante poco carismático. Del final no voy a hablar, pero ya os he dicho que con esta peli sólo pretenden iniciar una nueva franquicia, así que os podéis imaginar cómo acaba la cosa. Por cierto, suena la cancioncilla Extreme ways de Moby (que parece que es una seña de identidad de la saga Bourne) aunque esta vez su impacto no sea el esperado. Es que casi nada tiene el efecto esperado en esta película. 


Jeremy Renner no lo tenía nada fácil, da el pego como héroe de acción (ya lo demostró en En tierra hostil, Los vengadores o Missión imposible 4) y al tipo no le falta carisma, pero no puede hacernos olvidar la carita de niñato de Damon. Renner es un tipo duro y se nos hace casi imposible sentir la misma empatía que la que sentíamos por Damon. Por su parte, Rachel Weisz está correctita en un papel alimenticio que no creo que aporte nada a su carrera (no así a su cuenta corriente). Por el film aparecen nombres de relumbrón como Edward Norton (cuya carrera parece que va definitivamente a la deriva) o los habituales Albert Finney, Joan Allen o Scott Glenn.

 Lo dicho, intenta emular la saga original pero se queda en el intento. "Siempre hubo más de uno" reza la publicidad de esta película, pues es una pena.

4,5



2 comentarios:

mario quema dijo...

La crítica de esta película me parece bastante acertada.
Personalmente, el guion me parece mucho más flojo que el de las anteriores y a las escenas de acción les falta originalidad (cosa que si tenían las anteriores - la persecución de coches en Moscú, etc.).
Un saludo.

Anónimo dijo...

no está mal, pero le cuesta mucho coger ritmo y sólo la escena final está a la altura, seguro que Damon acaba volviendo a la altura y tendremos una entrega con los agentes díscolos juntos. Siempre hay un buen cheque que hace cambiar de parecer a cualquiera.

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