Jamón, jamón (1992)




Ahora que ha fallecido Bigas Luna creo que es buen momento de hablar de una de sus películas más representativas: Jamón, Jamón.

 Vaya por delante que nunca me ha gustado el cine de Bigas Luna, así de claro. Sólo algunas películas aisladas de su filmografía, como La teta y la luna me parecen que tienen algo interesante que contar y está bien contado. Sólo cuando se escapaba de su habitual realidad cañí y se dejaba llevar por un surrealismo cercano a Fellini es cuando Luna me parecía interesante.

 En Jamón, Jamón creo que Bigas Luna decidió adaptar la tragedia griega a la España interior. En vez de reyes hay caciques, en vez de príncipes hay niñatos pijos, en vez de pitonisas hay prostitutas y en vez de héroes hay chulos de pueblo. Luna traslada los personajes de las obras clásicas y sus conflictos a un pueblo aragonés de principios de los noventa. La idea no es mala y tiene mucho potencial, pero Luna lo echa todo a perder con una forma de rodar casi tan zafia como sus personajes.
Ningún personaje es realmente de fiar, todos se dejan llevar por sus pasiones y deseos. Todos mienten y se pierden en las redes de la lujuria. Luna siempre mostraba a sus personajes comiendo y haciendo el amor (o las dos cosas a la vez), sin duda, el sexo y la comida eran sus dos pasiones. Luna parece más interesado en mostrar el lado más mundano del ser humano. Más que enaltecer a los héroes, los coloca al mismo nivel que sus villanos, realmente no hay grandes diferencias entre ellos.

 Lo que más me gustó del film fue la acertada radiografía de cultura ibérica/mediterránea, no sólo el jamón es un elemento constante durante toda la película, sino que Luna introduce en la historia muchos otros elementos representativos de este país de rufianes llamado España: los toros, el ajo, las aceitunas o los caracoles están muy presentes. Igualmente las máquinas tragaperras, las gasolineras y los puticlubs de carretera están perfectamente introducidos en la historia y son el hábitat natural de los personajes. Quizás el símbolo más claro del film esté en la escena en la que Jordi Mollá arranca a golpes los testículos de un toro de Osborne (no olvidemos que dichos toros que adornan nuestras carreteras empezaron siendo anuncios y actualmente son una seña de identidad más de este país y el único vestigio de publicidad permitido en nuestras carreteras). Los áridos paisajes de los Monegros aragoneses son el escenario de esta tragedia ibérica y un protagonista más de la trama.

  Luna hace un crisol con todos estos elementos y nos devuelve su particular visión de la España de las olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla. Luna huye del tópico del torero, la folclórica y el flamenco para introducirnos de lleno dentro de esa otra España castizaLuna no busca estilizar la realidad, todo lo contrario. No descarta del montaje la toma en la que a Juan Diego se le posa una mosca en la cara en una escena romántica y durante todo el metraje inserta sonidos propios del campo (viento, rebaños, moscas, etc).

No me gusta la forma de rodar de Luna, esos planos a cámara lenta me parecen un horror. Tampoco su dirección de actores es para echar cohetes. Ni Penélope Cruz ni Javier Bardem ni Jordi Mollá consiguen crear otra sensación en el espectador que no sea la repulsión. Supongo que sería intencionado. Lo de la empatía por los personajes es algo que a Bigas Luna nunca pareció interesarle. Parece que en su universo sólo hay caciques, putas y patanes, sin lugar para otro tipo de personas. Por cierto, viendo este film nadie podía pensar que veinte años después los tres actores principales harían carrera en Hollywood y dos de ellos tengan un Oscar. Así es la vida, nadie puede negarle a Bigas Luna el buen ojo a la hora de elegir el reparto de esta película, aunque estén horribles.

Quizás lo que menos me gustó del film fue esa forzada escena final en la que se materializa la tragedia. Luna hace confluir a todos los personajes en el secadero de jamones (como si del templo sagrado de la cultura hispánica se tratara) y recrea un duelo a jamonazo limpio. El héroe (el chulo) y el villano (el niñato) se baten en duelo usando jamones, no puede haber más clara hispanización de un duelo de espadas. Demasiado obvia para mi gusto, la sutileza nunca fue una virtud de Bigas Luna. Las metáforas de la película son bastante burdas, la verdad. Como cuando el chulesco héroe interpretado Javier Bardem asesta un golpe con su jamón al Mercedes del cacique para acto seguido arrancar la insignia de la marca (símbolo del poder de su enemigo). De la imagen de Bardem con el pantalón sin atar no sé qué pensar, quizás Bigas Luna quiso hacer de Bardem un icono gay o un Aquiles ibérico o yo qué sé. El film termina con un plano de seis personajes divididos en parejas, en silencio, mientras un pastor y su rebaño de ovejas se van acercando. Juzguen ustedes si no es este final digno de toda una tragedia.

 Quizás el cine de Bigas Luna no necesite de ningún análisis. Son metáforas que mucha gente no vio y se quedó sólo con las abundantes e inevitables escenas de sexo y desnudos. Podríamos pensar que Luna pensaba que el público era tan simple como los personajes de su film, quizás tuviera razón, el film fue un éxito de público en su día.

 No me gustó en su momento y sigue sin hacerlo. Ahora muchos dirán que Bigas Luna era un grandísimo director adelantado a su tiempo y bla, bla, bla... no es mi caso.

2 comentarios:

Dr. Quatermass dijo...

Menudo obituario que le haces :-)

Para mi el cine de Bigas tiene dos fases, su primera época, provocativa, bizarra y en general interesante, y una más reciente donde quizá la calidad era justa pero que tuvo el gran mérito de conectar con el público y generar un mini star-system patrio del que andamos tan faltados ahora. Jamón está bien hombre, es un clásico patrio (léase clásico como película de calidad aceptable que todo el mundo ha visto).

Anónimo dijo...

el macho ibérico esta muy presente en la obra de Bigas Luna y Bardem lo interpretó como nadie. Tanto msexo y comida es normal que sature al espectador

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