Crítica del concierto de Smashing Pumpkins en Barcelona, sala Razzmatazz, 27-06-2013

El tiempo es un ser cruel. Su paso deja huella en todos nosotros, incluso en las estrella del rock. No todos podemos hacer pactos con el diablo en un cruce de caminos al más puro estilo Robert Johnson ni podemos mover las caderas con 70 años como si tuviéramos 20. La inmensa mayoría de los mortales de sexo masculino nos limitamos a ver cómo cada vez tenemos menos pelo y más barriga. Billy Corgan, líder indiscutible de Smashing pumpkins, parece que es humano al fin y al cabo, el tiempo ha transformado a la joven estrella de principios de los noventa en toda una estrella decadente cercana a su adorado Robert Smith. Parece que nadie le ha dicho a Billy que las camisetas ajustadas hace tiempo que ya no le quedan bien o a éste no le importa. Dicen que "quien tuvo, retuvo" y Billy sigue teniendo esa irritante voz de niño enfadado aunque ninguno seamos como en los noventa, ni Billy ni nosotros.

 Tras un parón de 7 años, Billy Corgan se dio cuenta que sus proyectos fuera de Smashing Pumpkins no tenían la repercusión esperada y decidió resucitar al gigante que él mismo había dado muerte. La resurrección no fue tan exitosa como se esperaba y sus 2 discos de esta segunda etapa han pasado con más pena que gloria, a pesar de ser más que recomendables. Su tiempo pasó, probablemente Smashng pumpkins ya no vuelvan nunca a copar las listas de ventas ni ningún disco suyo vuelva a vender 10 millones de discos (ni ellos ni nadie parece ser capaz hoy en día de semejante proeza, viva la era digital).

¿Qué tenía que ofrecer un concierto de estos totalmente renovados Smashing pumpkins? ¿Qué esperar de un concierto suyo? Realmente, suelo ir a los conciertos sin esperar nada excepto pasar un buen rato. El hecho de que Smashing Pumpkins tocaran en una sala como Razzmatazz al increíblemente asequible precio de 28 Euros era suficientemente atractivo como para resistirse. Reconozco que no me gustaron cuando los vi en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza en el año 2.000, Billy Corgan había anunciado el final de la banda y aquella noche la furia de los Smashing apenas brilló (deslumbró, más bien) en 3 canciones. Ni siquiera la estimulante presencia al bajo de Melissa Auf der Maur logró evitar que la noche supiera a poco. Pero aún así decidí darles una oportunidad y hasta Barcelona que nos desplazamos esperando resarcirnos de la mala impresión causada por Billy y sus secuaces hace 13 años.

 El día de antes se nos anuncia vía e-mail que se adelantaba la hora del concierto 45 minutos, parece que Bily quiere acabar rápido para salir pitando hacia Vitoria para actuar en el Azkena rock el día siguiente. Sea como fuere, a las 20:45 salieron a escena estos renovados Smashing Pumpkins: como era de esperar, abrieron con la potente Quasar , un tema típicamente Smashing, un sonido cavernoso con mucha distorsión que solapaba completamente la voz de Billy, por suerte la cosa fue mejorando con el transcurso del concierto y el sonido llegó a ser francamente bueno. Las guitarras sonaron nítidas mientras Billy y los suyos nos ofrecieron, esta vez sí, lo mejor de su repertorio. No faltaron trallazos como Zero, Tonight, Tonight, Today, Bullet with butterfly wings, Disarm, o Ava Adore. Himnos generacionales que formaron parte de la banda sonora de nuestra juventud. Por suerte sonaron potentes y directas, casi perfectas. La sala Razzmatazz, llena hasta la bandera de cuerpos sudorosos, vibró y saltó en una celebración que parecía querer demostrar que eso del paso del tiempo es una puñetera ilusión.  Tampoco fallaron los nuevos Smashing con las canciones más experimentales del último disco de la banda, tanto Oceania como Pale horse sonaron francamente bien. Sólo puedo de calificar de gratas sorpresas las versiones de Space Oddity de David Bowie y el Inmigrant song de Led Zeppelin (con la que cerraron el concierto ante un público totalmente entregado). El bueno de Billy acabó emocionado y aplaudiendo al público por su entrega, incluso firmó algunos discos en el mismo escenario antes de retirarse tras dos horas y cuarto de show.

 Puede Razzmatazz sea un local un tanto cochambroso (todo hay que decirlo) pero el sonido estuvo a la altura. Yo no eché de menos a ninguno de los miembros originales que ya no acompañan a Corgan, ni D’Arcy, ni Jimmy Chamberlain ni James Iha creo que lo hubieran hecho mejor o hubieran estado más entregados que estos nuevos integrantes. Corgan sigue apostando por bajistas femeninas, imaginen ustedes el motivo, nada que objetar por mi parte. No sé si será cierta esa leyenda que corre sobre que la nueva bajista Nicole Fiorentino es la niña que aparecía en la portada del Siamese dreams (de 1993, chavales, han pasado 20 años) pero bien podría ser cierto.

Una gran noche de rock. ¿Nostalgia? No, hombre, no.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cierto...yo tampoco esperaba nada y salí satisfecho.Me hubiera gustado en dos horas y cuarto oir alguna más de las conocidas(soy de los nostálgicos) pero en general muy correcto.

Anónimo dijo...

Sin venir mucho a cuento.... que tengas a brad pitt en la portada significa que estas igual de buenorro que él, o que eres igual de gilipollas que tyler durden? es solo curiosidad

Luis Cifer dijo...

Pues sí no viene a cuento... pero tango la foto no por que está tan bueno como Brad Pitt (estoy bastante bastante lejos, la verdad) ni creo que está tan majara como Tyler Durden. La foto viene a que me gustó mucho en su día El club de la lucha, nada más. Me gustó el detalle del personaje que inserta fotogramas de penes dentro de una película comercial. Es una gamberrada que me hizo gracia.

Smaldera dijo...

Recordando este gran concierto he llegado a tu artículo, gracias por retratarlo tan bien! un saludo, el tiempo es una ilusión!

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