Juegos secretos (Little children, 2006)


Dicen que la mejor forma de aprender es jugando, que así los niños se socializan, aprenden que todo juego tiene sus normas y que no se puede ganar siempre. El problema es que, con el paso del tiempo, los juegos dejan de ser divertidos y a uno casi siempre le toca perder. La aceptación del rol que nos ha tocado jugar en la sociedad, que casi nunca es el que a nosotros nos hubiera gustado, puede derivar en una profunda decepción.

 Los entresijos de la compleja alma humana pocas veces ha sido retratada de forma más descarnada en un film comercial. Todd Field dirigió en el año 2006 esta más que recomendable película que adapta la novela de Tom Perrotta, quien colaboró en el guión adaptando su propia obre. En un primer momento, parece que los personajes de esta película son estereotipos mil veces vistos (las típicas familias americanas), pero Field les da un toque humanizante y consigue hacerlos atractivos a ojos del espectador. Nada resulta ser convencional ni cómo uno pensaba que iba a ser. El ser humano es así, lleno de contradicciones y sinsentidos.

Con un ritmo perfecto y una dirección de actores sobresaliente, Field elabora un estupendo film que muestra las miserias de nuestra sociedad y de los frustrados miembros que la forman. Little children (no me gusta su nombre en castellano) sigue la estela de las excelentes American beauty, Revolutionary road (ambas de Sam Mendes) o Happiness (de Tod Solondz) , formando todas ellas una serie de buenas películas sobre las frustraciones de la vida moderna.
Los personajes se agolpan inevitablemente en una sociedad hermética que no permite desviaciones respecto de los cánones establecidos. Son como partículas subatómicas que rebotan enloquecidamente mientras intentan emparejarse. En su búsqueda de la felicidad se chocan contra el muro de la estupidez y la intolerancia que imponen los demás. Sin embargo, no todos estarán dispuestos a arriesgarse ni a pagar el precio de la ansiada libertad. Lugares de recreo como un parque infantil o una piscina serán los atípicos escenarios de este drama de personajes desubicados.

No voy a contar nada más de la trama. Sí puedo decir que Kate Winslet está perfecta en su papel de moderna Madame Bovary, iniciando una época de interpretaciones soberbias que continuó en años posteriores con El lector o Revolutionary road. Igualmente Patrick Wilson está más que creíble en su papel de padre con el síndrome de Peter Pan. Por su parte, Jennifer Connelly encarna como pocas actrices pueden hacerlo a la mujer perfecta que todo hombre quisiera a su lado: bella e inteligente a partes iguales. Lástima que la belleza y la inteligencia no lo sean todo. Caso aparte merece Jackie Earle Haley (Watchmen) quien tiene una cara tan peculiar que resulta ideal para su personaje, a la vez pervertido pero sensible, humano al fin y al cabo. Los pervertidos también tienen madre y, quien sabe, algunos serán incluso buenas personas. No olvidemos que una madre siempre adorará a su hijo por muy condenable delito que éste haya cometido y que nadie puede ser un monstruo las 24 horas del día.

 No dejéis de ver Little children, una historia de pasiones ahogadas en rutina.

7,5


2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buena, terrible radiografía de los sinsabores de la vida adulta.

Anónimo dijo...

Tal como me recomendaste, la he visto y me ha gustado. Arni

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