Blue Velvet, 1986



 Tras el fiasco de Dune y una buena cantidad de dinero perdido, el productor Dino De Laurentiis decidió financiar a David Lynch su siguiente proyecto tras leer el guión que el mismo Lynch había elaborado. Tan entusiasmado estaba DeLaurentiis que decidió darle total libertad creativa y sólo puso un par de condiciones: el film debía ser barato y no sobrepasar las 2 horas de duración. Así nació Blue Velvet.

 Blue Velvet era un proyecto que David Lynch tenía en mente desde hacía años. Era sólo una fantasía sobre colarse en la habitación de una chica para espiarla en secreto y, casualmente, verse envuelto en un asesinato. También la canción Blue Velvet de Bobby Vinton y la idílica imagen formada por una valla blanca, unas rosas rojas y un cielo azul rondaban en la mente del director. Lynch nació en 1946 por lo que tenía 17 años cuando Vinton llegó al nº1 con esa canción en 1963 y en la mente de Lynch estaba asociada a su juventud.


 La melodramática música de Angelo Badalamenti (en su primera banda sonora) acompaña los títulos de crédito iniciales con las letras sobre un fondo de terciopelo azul, el espectador aún no lo sabe pero ese terciopelo tendrá un significado fundamental (y fetichista) durante la película. El vestido de uno de los personajes principales es de ese tejido, pero lo que vemos al inicio del film más parece una cortina movida por el viento. Quizás Lynch nos introduzca ya desde el inicio en el origen de la pesadilla.

 Luego, sin previo aviso, al acabar los títulos de crédito, Lynch nos presenta una idílica escena en Lumberton, un tranquilo pueblo maderero americano. Suena la canción Blue velvet de Bobby Vinton (realmente una versión del tema de Tonny Bennet). Es un día soleado y todo parece transcurrir sin problema alguno, un bombero nos saluda al pasar en su camión, los niños van a la escuela y un hombre riega apaciblemente su jardín mientras su mujer ve la televisión en el confortable salón familiar. Todo parece perfecto: hace sol y los pájaros cantan. Lynch despliega ante nuestros ojos la idílica América rural de los años 50 y 60. Pero la imagen de un arma en la televisión nos presagia que algo horrible va a ocurrir. La manguera con la que riega el hombre se estrangula y poco después éste cae al suelo, fulminado, supuestamente, por un ataque al corazón. Idea que parece reforzada por el estrangulamiento de la manguera, estableciéndose un paralelismo entre la manguera y las arterias del hombre. El hombre cae boca arriba y su perro bebe el agua que sigue fluyendo de la manguera. Lynch se centra en el césped del jardín y penetra en él, dejando ver lo que se esconde bajo la superficie: escarabajos y lombrices.
 Así empieza Blue Velvet de David Lynch, un perfecto resumen de la obra de su autor. Lynch muestra que debajo de una aparente tranquilidad y perfección se esconde siempre lo feo y lo desagradable. Nos negamos a verlo, pero la maldad y la muerte están siempre ahí. Es un mundo extraño dirá el personaje de Sandy, tiene razón.



Blue Velvet es el nacimiento a la edad adulta de dos adolescentes. Un viaje iniciático desde la inocencia a la aceptación (quizás resignación) de la edad adulta. El encuentro casual de una oreja humana arrancada brutalmente desencadenará toda una serie de acontecimientos que hará que nuestros jóvenes protagonistas conozcan la verdadera naturaleza del mundo.

Jeffrey (Kyle MacLachlan) es el hijo adolescente del hombre que ha sufrido un ataque y permanece en el hospital. Jeffrey está aburrido, ha dejado la universidad debido a la enfermedad de su padre y al regresar a su pueblo ya no queda ninguno de sus amigos. Tampoco el trabajo en la ferretería familiar parece muy excitante. Jeffrey descubre casualmente una oreja humana en el campo. Por cierto, las hormigas que recorren la oreja abandonada me recordaron a Un perro andaluz de Buñuel y Dalí. Jeffrey es un adolescente con ciertos rasgos infantiles, así lo demuestra el pueril juego de tirar piedras por el camino. Pero Jeffrey es curioso por encima de todo. Pero es casi tan ingenio como curioso. Llevará su descubrimiento a la policía, siendo el detective Williams el encargado del caso. Ante el mutismo de Williams, será su hija, Sandy (Laura Dern), la que informará a Jeffrey de algunos detalles que podrían estar relacionados con la oreja cortada. Así Jeffrey descubrirá la existencia de la cantante Dorothy Vallens (Isabella Rosellini) y urdirá un plan para colarse en su apartamento en busca de respuestas. La curiosidad que mueve a Jeffrey es la misma que siente el espectador, sus ojos dentro del armario mirando por las rendijas de la puerta son los nuestros. Jeffrey es un voyeur, como los propios espectadores.
A partir de ese punto, el mundo de Jeffrey y Sandy se irá desmoronando a pasos agigantados mientras descubrirán otra realidad que desconocían. Una realidad llena de violencia y locura. Además, Jeffrey se verá envuelto en un singular y peligroso triángulo amoroso: mientras su relación con Sandy no puede ser más convencional, su relación con Dorothy no puede ser más bizarra. Ambas mujeres se complementan perfectamente, una es la novia ideal que todo buen muchacho querría y la otra es ese oscuro e inconfesable objeto de deseo. Al entablar una relación con Dorothy, Jeffrey madurará dejando de ser un adolescente y descubriendo que algunos deseos es mejor que no se hagan realidad (valga como ejemplo su primer contacto sexual con Dorothy).

 Todo macabro cuento infantil necesita un villano, y el Frank Booth encarnado magistralmente por Dennis Hooper es de los mejores de la historia del cine. Hooper incorporó a su personaje algunos elementos como la mascarilla de gas y cierta tendencia a decir compulsivamente fuck. Frank es un ser brutal lleno de obsesiones y traumas que parecen condicionar todo su comportamiento. Primeramente, es incapaz de excitarse sexualmente si no es a través de la violencia. Frank necesita golpear y dominar a su víctima, sólo así consigue la excitación necesaria. Frank no permite que su víctima le mire a los ojos y exige ser llamado "Señor". Frank arrastra casi con toda seguridad (ya que no se afirma en el film pero lo podemos deducir) un trauma infantil, probablemente sufriera de abusos en la infancia.
Frank tiene una fijación fetichista con  el terciopelo azul para seguir con su excitación. Aquí se podría decir que quizás Frank sufrió los abusos mientras sonaba la canción del título o el terciopelo azul está relacionado de alguna manera con ese hecho, puede que las cortinas en la que ocurrieron los hechos fueran de ese tejido (se podría pensar si recordamos los títulos de crédito iniciales).

 Frank es un monstruo originado (supuestamente) por los abusos sufridos siendo niño. A su vez Frank está generando también otro monstruo al abusar del personaje de Dorothy Vallens, ella es chantajeada por Frank ya que éste tiene secuestrado a su marido y al hijo de ambos. Frank obliga a Dorothy a satisfacer sus deseos sexuales bajo la amenaza de matar a su familia. En Dorothy podemos descubrir rasgos que emanan directamente del comportamiento abusivo de Frank. Cuando Dorothy (una peculiar femme fatale) encuentra a una víctima (Jeffrey) repite casi los mismos ritos sexuales que Frank. Dorothy es un ser desvalido, una madre a la que le han arrebatado lo más valioso, al que están convirtiendo en un ser horrible. Si Frank está controlando a Dorothy, no es de extrañar que la obligue a vestirse de terciopelo azul y a cantar esa canción. Nada parece casual en el oscuro universo de David Lynch. Tampoco parece casual el nombre de Dorothy ni los zapatos rojos que lleva el personaje, como sucedería posteriormente en Corazón Salvaje, Lynch realiza su peculiar homenaje al film El mago de OZ, sólo que en esta ocasión el viaje de Dorothy es a un mundo de pesadilla.
Lynch nos sumerge en este mundo de pesadilla gracias a un objeto encontrado al azar y enfatiza tal hecho haciendo que, posteriormente, la cámara entre a través de esa oreja en uno de esos planos surrealistas que tan bien domina. Cuando la pesadilla acabe, Lynch hará que salgamos de ese mundo a través de otra oreja, en este caso la de un Jeffrey más adulto que ha aceptado su rol en el mundo y la complejidad de éste.
Blue velvet es su primera película en color (si exceptuamos Dune, a la que Lynch nunca parece haber considerado como suya) y como tal utiliza los colores como símbolos. Cada color significa algo, el azul puede ser el origen del mal y su representación, el amarillo (el traje de un detective es de es color) puede significar traición y el color rojo (el color de los zapatos de Dorothy y no olvidemos que Frank se pinta los labios de rojo en un momento dado) indica que algo malo va a pasar, peligro.

 Otros muchos símbolos están presentes en el film, como en toda la obra de su autor. Yo me quedo con la llama de una vela azotada por el viento indicando (a mi entender) la agitación interior de los personajes y con las bombillas que se apagan estruendosamente tras la muerte de Frank. También el jilguero que lleva un insecto en el pico se puede ver como un símbolo, representa a lo bello y lo terrible en un solo plano. Por cierto, el pájaro es un artilugio mecánico (en 1986 no había efectos digitales) bastante chapucero que Lynch resuelve dejándolo pocos instantes en pantalla para que no se note mucho. Aun así, se nota poca naturalidad en sus escasos movimientos. Hay quien dice que fue deliberada la elección de un pájaro mecánico y que es otro símbolo más de Lynch, representando que en el idílico final del film hay algo que no va bien pero que los personajes no quieren darse cuenta de ello. Sinceramente, no lo creo, pero podría ser.

Obviamente, Lynch le confiere a su film una estructura circular, el inicio y el final son muy parecidos, pero el espectador y los personajes ya no son iguales. Ambos saben que el mundo no es tan bonito como nos pensábamos. Incluso Lynch deja múltiples preguntas en el aire que Jeffrey parece querer obviar deliberadamente, como el hecho de que el detective Williams está claramente implicado en el caso. Jeffrey prefiere dejar de ser curioso y vivir una vida tranquila.

La elección del actor  Kyle MacLachlan me parece de lo más acertada a pesar de que no es un actor que me guste, me parece muy inexpresivo. Parece que hubo buena química con Lynch durante el rodaje de Dune y Lynch lo volvió a usar como prototipo de joven héroe inexperto. Incluso volvió a contar con él para el papel de agente Cooper en Twin peaks. La inexpresividad del actor parece ser un factor que Lynch busca deliberadamente, así nunca sabemos que piensa realmente su personaje y el espectador está aún más perdido. También se podría pensar que Lynch encontró en MacLachlan su alter ego.
 Por su parte, Isabella Rossellini escenificó perfectamente la ambigua fragilidad de Dorothy. La hija de Ingrid Bergman y el director Roberto Rossellini era famosa a mediados de los años ochenta sobre todo por sus campañas publicitarias para marcas de cosméticos y esta película supuso un drástico revés a su imagen pública. Cabe destacar que Rosellini y Lynch estuvieron casados de 1986 a 1990.
Blue velvet es un film extraño y desconcertante, con momentos ciertamente incómodos para el espectador. Valgan como ejemplo la inolvidable escena del armario en el apartamento de Dorothy o la escena de Frank amenazando a Jeffrey sobre la letra de la canción In dreams de Roy Orbison. Momentos sublimes de buen cine de esos que no se olvidan jamás.

Blue velvet, la primera obra maestra de David Lynch y el film que marcó los pasos a seguir en su posterior filmografía.

1 comentario:

Christian Jiménez dijo...

En todas las películas de misterio de Lynch hay algo que nos introduce en un inaccesible y a la vez palpable sueño lleno de enigmas y acertijos, de personajes tan extravagantes como interesantes. El anillo verde de “Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo”, la cámara de vídeo de “Carretera Perdida” o ese cubo azul de “Mulholland Drive”...

Aquí una putrefacta oreja llena de hormigas abre la puerta a un joven e inocente Jeff Beaumont a un mundo desconocido, lleno de fascinantes peligros, de placeres prohibidos, de extrañas sensaciones, de sucesos grotescos y perturbadores. Aunque esta vez no es el entorno, como en “Twin Peaks”, lo que provoca desconcierto, sino los personajes de la historia:
El futuro agente Cooper, un soberbio MacLachlan; un repulsivo Dennis Hopper en el papel del mafioso Frank Booth; la seductora Isabella Rossellini como la torturada Dorothy y Laura Dern, como la angelical Sandy.
Después asistimos a escenarios surrealistas, ambientes enrarecidos y violencia desmedida, en un pueblo de esos que le gustan a Lynch, anclado en los 50, donde suenan canciones “crooner” y que parece entrañable, pero que esconde temibles secretos, secretos que desvelan lo ambigua que es la personalidad de los seres humanos que caminan por la calle o que desayunan en cafeterías de clásicos decorados.

Nadie podría haber dado vida a un “thriller” de tan innovadora propuesta. Ni DePalma ni Verhoeven, por ejemplo. Sin embargo muchos cineastas explotarían esos universos tan amenazantes como sensuales en otro tipo de propuestas; ahí estaría “Instinto Básico” unos años más tarde.
Lynch quedó como director de culto y e introdujo un nuevo lenguaje cinematográfico que despertó sensaciones y que empezaba por un peculiar uso de la intuición, uso que iría utilizando en sus siguientes films.

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