Alps (Alpeis)



Si en Canino el director griego Giorgios Lanthimos nos mostraba su particular reflexión sobre la educación, en Alps nos da su particular visión sobre la soledad.

 Giorgos Lanthimos continúa con ese cine hermético y asfixiante (además de aburrido para muchos espectadores) con unas peculiares premisas argumentales que al espectador medio se le pueden hacer difíciles de asimilar. En Canino nos narraba la historia de una familia que sobreprotegía a sus hijos engañándolos con mentiras sobre el exterior, creando un mundo ficticio y opresivo en el que crecer totalmente aislados. Su film no estaba exento de interpretaciones e invitaba a la reflexión sobre elementos tan definitivos de una sociedad como la educación, la familia y la religión. Ya vemos que Lanthimos no se anda con chiquitas, su cine no busca entretener sino que pretende que nos planteemos muchas cosas.

Con Alps no ofrece otro grupo de personas que han desarrollado su propio universo al margen de la sociedad o, mejor dicho, complementario a la sociedad. Una sociedad formada por unos personajes asolados por una terrible soledad, unos personajes que más que aprender a sobrellevar su dolor deciden engañarse y seguir viviendo una mentira. Pero esta mentira necesita de un mentiroso y de alguien que, conscientemente, decide dejarse engañar. Como en el cine o en cualquier representación artística, sólo es una ilusión, una mera copia de la realidad que puede cumplir una importante función social. Un tema ya explorado en películas como Los idiotas, Holy motors o Copia certificada pero que en Alps se lleva a nuevos territorios.


 En Alps es el férreo control de unos personajes sobre otros lo que acaba dando forma a la historia. Son los personajes femeninos los oprimidos, siendo el sexo sinónimo de represión. Las mujeres del film se sienten especialmente solas y utilizadas por una estructura social despiadada y egoísta. Sirva como ejemplo el personaje de Mont Blanc, el jefe del grupo Alps, un don nadie que ejerce un poder brutal sobre la mujeres del grupo.

Pero el verdadero drama ocurre cuando una de las actrices necesarias para el engaño decide vivir su propia mentira, es tal su soledad e incomunicación (particularmente con su padre) que decide recrear su propia mentira para aliviar su propio dolor. Los férreos límites establecidos serán sobrepasados y toda la estructura se verá amenazada.

 Lanthimos decide teñir su película de un peculiar humor negro (negrísimo) que no será del gusto de muchos espectadores pero que es ya marca de la casa. Se me vienen a la cabeza las escenas de la maza, el juego de las imitaciones o la del salón baile como claros ejemplos de este humor a base de situaciones patéticas.

 El cine de Lanthimos, podría emparentar por sus ganas de mostrar las miserias de la sociedad con el de Michael Haneke y Lars Von Trier. Sin embargo es la difícil asimilación de sus premisas su mayor característica. Lanthimos deforma la realidad hasta límites inverosímiles (o casi) para destacar problemas actuales de la sociedad. Si el espectador acepta las reglas del juego, se encontrará con interesantes preguntas (que no respuestas).

Lo dicho, con su peculiar premisa argumental y su singular desarrollo, Lanthimos salta una vez más sin red. De cada espectador depende que caiga o no de pie.

6,5

1 comentario:

Anónimo dijo...

hay que ver las empanadas mentales de este tipo, su cine parte de propuestas complicadas (como poco) pero no deja de ser estimulante si consigues mantenerte despierto.

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