Persona (1966)



Elizabeth (Liv Ullmann) es una actriz que durante una representación de Electra decide dejar de hablar. A pesar de no tener enfermedad ninguna, sigue negándose a hablar pasado un tiempo. La enfermera Alma (Bibi Andersson) será la encargada de cuidar a esta singular paciente.

 En 1965 el director Ingmar Bergman fue hospitalizado a causa del stress. Durante su hospitalización el director reflexionó sobre la personalidad y le surgió esta historia sobre una paciente que se niega a hablar y la relación con su enfermera. El retiro forzoso dejó paso a un Bergman pesimista, casi nihilista que decide romper con todas las reglas establecidas. Bergman pone toda su fe en el poder de la palabra, Persona es cine basado en la palabra y cimentado sobre una magnífica fotografía en blanco y negro de Sven Nykvist y unas sobresalientes interpretaciones de sus actrices principales: Liv Ullmann y Bibi Andersson.

  El termino persona viene del griego, en el teatro clásico griego per sona es la máscara del actor a través de la cual nos llega su voz. No hay personalidad sin comunicación, sin relacionarse con los demás no somos personas. Tampoco hay que mentir ni fingir. Para Bergman el silencio de su protagonista es una defensa ante el mundo exterior, un refugio interno frente a las agresiones de un mundo que ya no tiene nada que ofrecer.

 Para empezar Bergman nos ofrece un estupendo prólogo surrealista: sexo (el origen de la vida, al fin y al cabo), religión (una explicación de por qué estamos aquí) y muerte (algo inevitable). Son unos minutos de una extraña fascinación en los que Bergman no duda en mostrar imágenes inusuales (penes erectos, corderos degollados, imágenes cabeza abajo) para conseguir su objetivo. Este prólogo puede resultar chocante hoy en día pero os prometo que hace 50 años lo fue mucho más. Para Bergman nada es casual, todo un motivo y un significado. Cada plano y cada imagen tienen un porqué aunque el espectador lo desconozca todavía.

  Bergman parece concebir el cine como una representación de la realidad que nos ayuda a comprenderla y sobrellevarla en la medida de lo posible. Bergman plantea preguntas pero no da respuestas, no hay solución al dilema que plantea.
 Persona es la historia de dos mujeres opuestas que se complementan, casi un monólogo de una enfermera que intenta sacar del aislamiento a su paciente. El mundo no parece tener ya alicientes para esta famosa actriz, ni siquiera poder vivir otras vidas es un alivio suficiente. En su esfuerzo por sacar del aislamiento a su paciente, Alma, la enfermera, le contará anécdotas e intimidades. De entre todos ellos destaca el episodio en la playa, un pasaje que incluso hoy resulta perturbador, imagina el revuelo que debió de provocar en el público hace casi cincuenta años. En este relato Bergman da toda la importancia a la palabra y a la interpretación de sus actrices, no usa flashbacks ni innecesarias voces en off . Bergman confía en la inteligencia del espectador (quizás demasiado), en su capacidad para imaginar (bien) y en su paciencia (demasiado, sin duda).

El pasaje de la playa nos hace descubrir cómo es realmente la enfermera y qué le atormenta, si su paciente tiene un hijo del cual reniega, la enfermera rehusó voluntariamente a tener su propio hijo. Las imágenes del prólogo en las que un niño parece acariciar la proyección de las caras de las protagonistas cobra así sentido. Tampoco es casual que ambas protagonistas están unidas por unas maternidades frustradas ni que Elizabeth decidiera dejar de hablar mientras representaba Electra. Cada detalle de este puzzle y cada mirada tienen su significado. 
  Tengo que admitir que tengo sentimientos encontrados hacia esta película: a pesar del sugerente simbolismo del film y su atractivo visual, me dejó algo frío. Tiene unos innegables valores cinematográficos y filosóficos pero se hace algo lenta a pesar de su escasa duración. Parece ser que a Bergman no le interesaba demasiado el ritmo o, al menos, no tanto como el retrato de los personajes. Si Polanski consiguió fascinar con muy pocos actores en espacios reducidos en films como El cuchillo en el agua o Repulsión, Bergman no parece interesado en entretener al espectador no iniciado en su particular universo.

  Persona es una película fascinante y con unas interpretaciones magistrales. Una joya para espectadores con inquietudes existenciales, el resto deberían abstenerse.

2 comentarios:

Joan R. López dijo...

El cine de Bergman es cine en estado puro. Clásicos con todas sus letras.

Hemos Visto
http://hemosvisto.blogspot.com

Luis Cifer dijo...

Obviamente, el film es una maravilla que se adelantó a su tiempo y tiene innegable valores artísticos, pero a mí me aburrió. Tanta simbología y tanta cháchara me acabaron sumiendo en un terrible aburrimiento. Por eso no la recomiendo más que sólo a los que busquen este tipo de cine intelectual (contra el que no tengo nada) pero que, advierto, se te puede hacer muy lento y soporífero. Por muy atractivo que sea su forma y su fondo, si el ritmo es mortalmente lento la película será un suplicio.
Me pasa lo mismo, por ejemplo, con otras películas que muchos amantes del cine ponen por las nubes y a mí me gustaron pero me aburrieron como son Stalker y Blow up.
Sus propuestas son muy interesantes y formalmente no se les puede reprochar nada, pero son aburridas.

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