El beso del asesino (Killer's kiss, 1955)


El beso del asesino fue el segundo largometraje del joven Stanley Kubrick. En esta película Kubrick rueda su propio guión en el que un boxeador protege a una señorita de las garras de un gangster, una historia típica de cine negro de los años 50.

 A sus 27 años Stanley Kubrick se nos presenta ya como un artesano más que solvente. Pocos peros se le pueden poner técnicamente a su película. Kubrick se rebela como un gran fotógrafo así como un director con ganas de experimentar. Kubrick experimenta con la cámara subjetiva en la escena del combate de boxeo, experimenta con los juegos de luces entre los apartamentos y usa todo tipo de técnicas cinematográficas como la voz en off y los flasbacks con resultados más que satisfactorios.

El joven Stanley Kubrick dirigiendo a los actores de El beso del asesino.
  El film contiene hallazgos visuales que nos avisan que estamos ante un director con talento. Me refiero a la presentación de los apartamentos de los alienantes edificios conectados por la azotea o las estupendas escenas de persecuciones. Tampoco puedo dejar de mencionar la lucha entre los maniquíes (me resultó propia de un film de terror que del cine negro).
Sin embargo, su guión es rutinario y bastante obvio, su historia no da mucho juego, demasiados tópicos. Tenemos un boxeador venido a menos (prototipo del antihéroe), una femme fatale y un perverso gangster. Un triángulo no muy novedoso que viene acompañado de una gran calidad técnica pero cuyo desarrollo nos sabe a poco.


  Kubrick aprendió tras este film que escribir guiones no era su fuerte y decidió no volver a escribir un guión original nunca más. Sus siguientes películas fueron siempre adaptaciones de textos ajenos.
Tampoco el casting es muy acertado, malos actores en personajes estereotipados. Kubrick parece más interesado en los aspectos técnicos que en reflejar las personalidades de los personajes, resultando estos bastante planos, muy alejados de los complejos retratos que Kubrick desarrollará en el futuro. Supongo que un presupuesto ajustado también influyó en un reparto no muy solvente.
 Ocurre que, para que el espectador se identifique con el protagonista que lo arriesga todo por una chica, dicha chica debe parecernos lo suficientemente atractiva como para que el espectador se sienta atraído por ella. Nada de ello ocurre en este film, la chica de la peli (Irene Kane) es tan sosa y tan fría que resulta casi imposible de creer que nadie pierda la cabeza por ella y mucho menos que dos tipos pongan en peligro su vida por esta señorita. Cabe destacar que Irene Kane era hermana de Ruth Sobotka, la esposa por aquel entonces de Kubrick y la bailarina que sale en una escena del film. 
El resto del reparto está igualmente inexpresivo, destacando la intermitente cojera del villano de turno o actores que se tropiezan y caen en plena persecución (no parece que el trompazo estuviera ensayado, más bien que se dejó en el montaje final por su verosimilitud, cosa extraña en el perfeccionista compulsivo que Kubrick acabaría siendo).


Con una historia simplona Kubrick elabora un buen ejercicio de estilo.  El beso del asesino no es una obra maestra, pero deja ver que tras la cámara hay un tipo con mucho potencial.

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