Recordando La Primera Guerra Mundial


Lo que me parece más terrible de la Primera Guerra Mundial es que se podía haber evitado. Hubiera bastado un poco menos de ambición imperialista y espíritu bélico para evitar la mayor carnicería de la historia hasta ese momento.

 Hagamos un esfuerzo por entender una parte fundamental de la Historia:

 A principios del siglo XX Europa se encontraba sumida en lo que se llama la Paz Armada: Europa estaba divida en dos bloques que no habían entrado aún en conflicto pero para el que se estaban destinando ingentes cantidades de dinero en armamento. Se habían establecido unas coaliciones de naciones frente a ataques externos. Por un lado estaba la Triple Alianza formada por los imperios centrales: Alemania, el imperio Astro-húngaro e Italia. Por otro lado estaba la Triple Entente, formada por Francia, Rusia y Gran Bretaña. 

 El asesinato en Sarajevo (Bosnia) del sucesor al trono del imperio Astro-húngaro el archiduque Francisco Fernando y su esposa por Gavrilo Princip (del grupo terrorista La mano negra) el 28 de Junio de 1914 sirvió de excusa para que las ansias expansionistas de los imperios europeos se pusieran en marcha.
 El imperio otomano se estaba debilitando y desintegrando poco a poco. No olvidemos que los turcos habían llegado siglos a tras a sitiar la ciudad de Viena. En los años previos a 1914 se habían independizado del imperio turco países de los Balcanes como Bosnia y Serbia. De hecho, Bosnia había sido anexionada por el imperio Astro–húngaro y todo parecía indicar que Serbia correría la misma suerte ya que Austria buscaba una salida al mar negro a través de Serbia y Bulgaria. Ese hecho chocaba frontalmente con los intereses del imperio ruso. El zar Nicolás segundo (quien mantenía a su pueblo sumido en un retraso medieval) no estaba dispuesto a permitir que Austria tuviera salida al mar negro. Rusia alardeaba de poder movilizar a 6 millones de soldados, el ejército más numeroso del mundo.
Europa en 1914.
  El poderoso imperio astro-húngaro impuso unas duras condiciones a Serbia que incluían ceder parte de su soberanía para que fuera Viena quien buscara y juzgara a los culpables del atentado. El acercamiento de las tropas rusas a la frontera fue la excusa que el recientemente creado imperio alemán esperaba para declarar la guerra a Rusia. En la guerra todos quisieron ver la manera de expandir sus territorios y establecer su hegemonía en Europa y las colonias.

 Las conversaciones diplomáticas no surgieron efecto y la guerra se hizo inevitable. Francia, aliada de Rusia, también entró en la guerra y fue atacada por Alemania al igual que lo sería Bélgica. Todo ello provocó la entrada en la contienda de Gran Bretaña a favor de sus aliados. Los imperios centroeuropeos de Alemania y Austria estaban rodeados estableciéndose dos frentes.  Las potencias coloniales extendieron el conflicto a sus colonias en África con la intención de debilitar las fuerzas del enemigo diversificando los frentes.
 Lo que se pensó que sería un conflicto breve se acabó alargando 4 años. Sin embargo los avances armamentísticos (ametralladoras, fuego de artillería) contribuyeron a la caballería ya no fuera de utilidad para romper la líneas enemigas. Los frentes se estancaron dando paso a una guerra de trincheras. Los campos de batalla dejaron paso a embarradas trincheras en las que el frío, los piojos y los gases tóxicos hacían estragos entre los soldados. Entre las líneas de cada bando se establecía una tierra de nadie, un peligroso territorio (habitualmente minado y/o gaseado) que había que cruzar lo antes posible hasta llegar a las líneas enemigas.
 Rusia demostró que estaba bastante retrasada en cuanto a comunicaciones e infraestructuras, sus 6 millones de soldados tardaban demasiado en llegar al frente y estaban equipados muy deficientemente. El imperio Otomano tomó partido por la Triple Alianza esperando recuperar su antiguo esplendor, igualmente Bulgaría se posicionó a favor de Alemania. Las fuerzas estuvieron bastante igualadas hasta casi el final de la guerra, siendo ésta una guerra de desgaste más que de triunfantes batallas.
Tras la revolución rusa de 1917, el gobierno de los soviéticos hizo un tratado de paz con Alemania, mediante el cual Rusia se retiraba de la lucha. Por su parte Italia, miembro de la Triple Alianza, cambió de bando en 1915 y entró en la contienda a favor de los aliados. Este hecho provocó que al finalizar la guerra sus aspiraciones territoriales no fueran satisfechas, lo que originó un fuerte rechazo entre la población.
 La entrada en la guerra de Los Estados Unidos en 1917 acabó por nivelar la balanza del lado de La Triple Entente. El presidente norteamericano Woodrow Wilson había mantenido a su país al margen de la guerra a pesar de los continuados ataques a buques norteamericanos por parte de submarinos alemanes en su búsqueda de aislar a Gran Bretaña. De hecho, su reeleción se produjo bajo el slogan de que Woodrow había mantenido a su país fuera de la contienda. Sin embargo, el hecho que hizo abandonar la neutralidad de los norteamericanos fue la difusión de un telegrama  del Secretario de Asuntos exteriores alemán, Arthur Zimmermann. En el telegrama, descifrado por los británicos, Zimmermann prometía a México la devolución de los territorios de Texas, Arizona y Nuevo México a cambio de entrar en la guerra atacando a Estados Unidos. México declinó la oferta, pero la difusión del telegrama hizo cambiar a la opinión pública norteamericana a favor de entrar en la guerra. El presidente Wilson ya tenía de su parte a la opinión pública.
Tropas rusas en una trinchera, nada de cascos de metal o máscaras anti gas.
 Lamentablemente, el armisticio de 1918 y los sucesivos tratados cargaron las tintas contra Alemania (se le retiraron las colonias, se limitó su ejército a su mínima expresión, se le hizo única responsable de la guerra) y le condenaron a pagar una desorbitada cantidad en indemnizaciones como responsable única del conflicto. Todo ello originó un fuerte descontento entre la población alemana que en las décadas posteriores fue hábilmente encauzado por Adolf Hitler y su partido nazi. Por cierto, Hitler participó como soldado en la Primera Guerra Mundial llegando a cabo y ganando una cruz de hierro.

Adolf Hitler, primero por la izquierda, durante la Primera Guerra Mundial
 La guerra supuso el final de los imperios Alemán, Astro-húngaro y Otomano También hubo otras consecuencia del armisticio dentro y fuera de Europa, se movieron fronteras y se crearon países nuevos como la ya extinta Yugoslavia. A pesar de lo prometido por los británicos, no se creó un estado árabe tras el desmantelamiento del imperio Otomano. Lo que provocó una profunda desilusión en el mundo árabe y en su mayo valedor en Occidente: Lawrence de Arabia.

 Como podemos observar, las consecuencias de esta guerra que empezó hace 100 años siguen siendo visibles hoy en día. El avispero de los Balcanes y las ansias expansionistas de las grandes potencias como Rusia siguen tristemente de actualidad. Esperemos que algo hayamos aprendido en este siglo (algunos desde luego no lo han hecho) y no volvamos a repetir los errores del pasado.

 Ni siquiera Gavrilo Princip podría imaginarse las consecuencias de su atentado. Princip murió en prisión en Abril de 1918, apenas 6 meses antes del fin de la guerra que él desencadenó y que marcó la historia para siempre.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

por lo que veo, el mundo sigue exactamente igual 100 años después pero mucho más revuelto y globalizado

Anónimo dijo...

100 años después Alemania es la gran potencia europea, Rusia sigue anexionándose territorios por la fuerza, el avispero de los balcanes continúa sin estabilizarse del todo mientras el resto de europa mira impasible actuando tarde y mal. A todo esto hay que añadirle las necesidades energéticas, el auge del islamismo radical y las armas nucleares y de destrucción masiva. El mundo ha mejorado pero quizás no tanto como nos creemos.

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