El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos

  La trilogía de Peter Jackson sobre El Hobbit llega a su fin evidenciando que tres películas eran demasiadas para una trama tan breve. Cuidado que vamos a spoilear un poco.

 Ya había quedado claro en las dos primeras entregas que Peter Jackson había estirado demasiado la trama pero en esta última entrega es cuando esta prolongación se convierte en una pequeña losa que lastra el resultado final. Cuando la escueta historia de Tolkien se rellena con añadidos el resultado se resiente. Jackson y sus guionistas han intentado emular el estilo de Tolkien creando personajes y estirando situaciones para legar a las tres películas. La batalla de los cinco ejércitos es el film más corto de todos sobre la Terra Media, algo lógico ya que no quedaba casi nada por contar. El conjunto quedó bastante coherente en las anteriores entregas, pero aquí queda patente que el relleno no está a la altura.
 Un ejemplo: No entiendo el empeño de Jackson y sus guionistas por darle tanta cancha al personaje del avaro Alfrid (Ryan Gage). ¿Qué pretendía Jackson? ¿Mostrar cómo la codicia corrompe al alma humana? ¿No quedaba eso ya patente con el personaje de Thorin? Sin embargo, Thorin se redime mientras que Alfrid no sufre ninguna transformación y queda muy mal resuelto, ni siquiera recibe un castigo a su medida. Es el único que no evoluciona en toda la saga, su avaricia y su egoísmo le ciegan. Opino que es un personaje metido con calzador que no aporta nada excepto rellenar minutos. Puede que este molesto personaje (realmente odioso en sí mismo y por su tratamiento) y otras situaciones no resueltas sean ases en la manga de cara a posteriores ediciones extendidas.


 Que nadie espere nada nuevo a estas alturas. Jackson sigue fiel a su estilo visual y narrativo, cualquier variación hubiera sido un insulto a los millones de fans. No hay sorpresas. Todos conocemos a los magos, orcos, enanos, elfos y demás fauna ideada por Tolkien. Todo está más que visto. No tiene sentido esperar nada innovador. Sólo cabe disfrutar (en la medida de lo posible) con el último capítulo de la adaptación de Peter Jackson de la obra de Tolkien. Esta película cumple su misión de concluir la trilogía y enlazarla con la trilogía de El señor de los anillos, si bien lo hace de forma un tanto forzada.

 Si técnicamente el film está al nivel habitual (totalmente recomendable verla en 3D), la historia tiene además ciertos parones imperdonables. Me resultó casi imperdonable la bajada de ritmo que sufre el film pasada la primera media hora. Sinceramente, pensé que Smaug duraría bastante más en pantalla pero, una vez finiquitado éste, el film pierde bastante interés hasta que lo retoma en el excelente tramo final. Jackson nos presenta una vez más una gran batalla repleta de efectos especiales. Si bien esta vez toman protagonismo los enfrentamientos cara a cara entre parejas de buenos y malos. La gran batalla se resuelve de forma un tanto abrupta (gracias a la intervención de ciertos personajes que ya es habitual en esta saga que acudan al rescate en el último momento) pero las luchas cuerpo a cuerpo son realmente espectaculares.

 Por suerte, Jackson da el do de pecho y nos ofrece un final épico a la altura de la gesta que narra. Un final emocionante y vibrante que cierra esta segunda trilogía de forma más que digna. Un gran espectáculo lleno de emoción que nos hace olvidar las flaquezas del resto del film. Quizás sólo cabe objetar el hecho de que con Legolas (una vez más) se abusa de los efectos digitales y las fantasmadas (en un momento el film me recordó al vídeo juego Super Mario Bros). La verdad es que el tratamiento de Legolas en esta trilogía deja bastante que desear, poco tiene que ver con el personaje mostrado en la trilogía original.
 Como era de esperar, estamos ante un film más oscuro que sus dos predecesoras.  Estamos ante la entrega más irregular y endeble de las 6 sobre la tierra media pero incluso así es un entretenimiento más que digno.

 Yo pasé un buen rato a pesar de ciertos parones de ritmo y de algún personaje realmente odioso e innecesario. Todo ello palidece y se olvida ante un final tan épico.

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