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sábado, 18 de abril de 2015
Torrente 5: Operación Eurovegas
Santiago Segura sigue siendo el tipo más listo del cine español y el que mejor sabe vender su cine. No es el que tiene más talento (o al menos no lo ha demostrado todavía) pero es innegable que sabe darle al público lo que quiere.
El problema es que ya son 5 películas de Torrente y la cosa ya no hace tanta gracia. Ya sabemos a lo que nos enfrentamos y la capacidad de sorpresa se reduce drásticamente. La caspa y la grasilla pueden tener su gracia durante un tiempo, sin embargo ya toca recoger velas y dar por finiquitada la franquicia más exitosa del cine español. A otra cosa, mariposa.
Segura parece entender esta entrega como una enésima sucesión de cameos y gags (unos más afortunados que otros pero en general bastante menos logrados que en la entrega anterior). Segura se repite y, lo que es peor, esta vez su humor no ha estado a la altura. No ha querido ser tan escatológico y su película no resulta tan graciosa (mala cosa cuando para hacer reír tenemos que usar el caca, culo, pedo, pis). Supongo que los fans de Segura encontrarán esta quinta entrega adorable y una muestra más de un estilo inequívoco pero yo debo reconocer que me aburrí. A mí me resultó tan flojita como la tercera entrega.
Ni el hilo argumental del robo a lo Ocean's Eleven, ni la crítica social a la situación del país están bien desarrollados. Lo de ver una España en el futuro fuera de Euro y con una Cataluña independiente podría haber dado mucho juego, pero se queda en meros apuntes. Tampoco actores como Carlos Areces o Julián López se mueven un ápice de sus personajes de sobra conocidos. Todo resulta manido y acartonado (aún más) en esta entrega. Una pena, con lo que me divertí yo con la cuarta.
Quizás se deba a que a mí Jesulín de Ubrique me resulta bastante menos gracioso que Paquirrín (siendo ambos personajes por los que no siento ninguna atracción, más bien todo lo contrario). Pero si hasta sale la mujer del torero y hay una coña con su ex. Tampoco ayuda la estructura repetitiva del film (una imitación cutre de Misión imposible y James Bond). Además, meter con calzador a innumerables amiguetes hace que la historia se resienta y no discurra con la necesaria fluidez. Al film le falta chispa y esos momentos desternillantes de anteriores entregas. Reconozco que sólo me reí con el gag del camión de butano, la verdad es que Florentino Fernandez está sembrado. El resto de la peli apenas me sacó una sonrisa. Por ejemplo, la aparición de Andrés Pajares y Fernando Esteso juntos en escena después de tantos años me resultó totalmente decepcionante. No es que uno esperara gran cosa (qué menos que una risa) pero los diálogos no están a la altura. Leñe, esta pareja de canallas nos ha hecho reír a varias generaciones de españoles y uno se esperaba algo mejor de Santiago Segura. Pero no. Esteso resulta de todo menos gracioso y Pajares tampoco tiene unas líneas de diálogo que puedan a hacer sombra a las de su época dorara a finales de los 70 y principios de los 80. El tiempo pasa para todos y hay que reconocer que esta saga empieza a oler a rancio más de lo que ya lo hacía en sus inicios.
Es curioso volver a encontrarse con Neus Asensi o Chus Lampreave como si Segura quisiera cerrar el círculo que inició con el primer Torrente. Una especie de despedida con mirada a los orígenes. Amén.
¿Qué pinta Alec Baldwin en este engendro rebosante de caspa? No tengo ni idea, quizás a su mujer española le gustara esta saga y le hiciera gracia colaborar, la verdad es que no está en uno de sus mejores papeles. Al menos se esfuerza en que se le entienda en castellano.
Torrente 5 es una mera excusa para enlazar cameos y gags por lo general bastante escasos de gracia.
domingo, 1 de marzo de 2015
Still Alice
Alice es una profesora de lingüística que es diagnosticada de Alzheimer con 50 años. Consciente del futuro que le espera, Alice afronta su enfermedad con el apoyo de su familia.
Still Alice no es la primera película que trata la enfermedad del Alzheimer (y es de suponer que lamentablemente no será la última) pero es quizás la que hasta ahora lo ha hecho de una forma más contenida. El hecho de que la terrible enfermedad del Alzheimer se manifieste en una persona tan joven como la protagonista no hace sino aumentar el drama en el enfermo y su entorno. Sin embargo el film consigue un tono bastante neutro sin caer en sentimentalismos fáciles ni buscando emocionar a toda costa.
Still Alice deja claro que el Alzheimer no es como otras enfermedades degenerativas, el Alzheimer elimina a la persona. Es por ello que resulta una enfermedad tan cruel para los familiares como para el propio enfermo. Con el Alzheimer pierdes pierdes tu memoria y con ella tu personalidad, dejando de ser tú mismo. Me pareció muy esclarecedora la escena en la que la protagonista expresa que preferiría tener cáncer, es menos vergonzoso y no anula a la persona.
No conocía el trabajo de la pareja de directores formada por Wash Westmoreland y Richard Glatzer, no me parecieron ninguna maravilla pero sí son correctos y se saben ceñir a la historia. No ahondan de forma rastrera en el sufrimiento de la protagonista. Imprimen al film un buen ritmo y no les tiembla el pulso al narrar la terrible evolución de la enfermedad aunque sin cebarse. Tiene escenas escalofriantes narradas de forma más que acertada. Me gustó mucho el recurso del desenfoque para hacernos sentir tan perdidos como la protagonista.
Still Alice es una película sincera y bienintencionada que quizás pase de puntillas sobre algunos temas espinosos y evita controversias y disgustos para el espectador. ¿La película podría haber sido mucho más dura si la protagonista no fuera de clase social alta? Seguramente. A mí me recordó un poco a Amor de Michael Haneke pero el enfoque del austriaco es mucho más pesimista. El marido de la enferma (Alec Baldwin) tiene en Still Alice una actitud totalmente distinta, se quita de en medio cuando su esposa necesita cuidados y deja la carga a su hija. Son enfoques distintos del problema de la dependencia. Tampoco parece que el film busque juicios morales ni cargue las tintas contra el marido. Parece que deja esas cuestiones para la subjetividad del espectador.
Still Alice no es una gran película a pesar de su más que correcta dirección, sin embargo lo que realmente la hace destacable es la interpretación de Julianne Moore. Viendo el film sentiremos la desesperación de una mujer consciente de que su personalidad se va desintegrando y cómo el miedo se apodera de su día a día. Es la terrible consciencia de la fatal evolución de la enfermedad lo que la hace todavía más aterradora. Alice se apoyará en la tecnología (lo que propicia descarados múltiples product replacements de Apple) para ir tirando.
Moore ha ganado finalmente con este personaje un Oscar que ya debería haberse llevado en anteriores ocasiones. Estamos ante una actriz excepcional que mejora con los años. Luego dicen que no hay papeles para las actrices cuando pasan de los 40. Es posible que si sólo te has labrado una carrera como florero te dejen de llamar cuando pases de moda. La carrera de Julianne Moore no parece que se haya visto afectada por la edad. Todo lo contrario: sus personajes son ahora mucho más interesantes. Moore ha pasado de ser partenaire de Stallone con 30 años (en aquel bodrio llamado Asesinos) a ser toda una gran actriz con 50.
Hasta me gustó Kristen Stewart (de mi querida saga Crepúsculo), aquí parece que ha aprendido a controlar sus impulsos para mesarse el pelo (lo lleva recogido la mayor parte del tiempo). La Stewart está comedida y creíble como rebelde hija de la protagonista, supongo que algo se le habrá pegado de Julianne Moore.
Un trabajo sobrio sobre una terrible enfermedad que probablemente nos afectará a muchos de una manera u otra en el futuro.6
jueves, 16 de enero de 2014
Blue Jasmine
Woody Allen se mantiene fiel a su cita anual, cosa que tiene un mérito enorme y todavía más a su edad. Pero cuando nos ofrece películas tan interesantes como Blue Jasmine sólo podemos reconocer que estamos ante un auténtico genio.
Blue Jasmine no es una comedia, es un drama hábilmente disfrazado de comedia. Que su tono ligero no os engañe. No es difícil sonreírse ante ciertas situaciones en las que se ve envuelta nuestra protagonista interpretada magistralmente por Cate Banchett. Allen usa música divertida para dar un toque casi humorístico o irónico a las situaciones. Sin embargo Allen va intercalando escenas de dos líneas temporales distintas, mostrándonos el presente y el pasado de nuestra protagonista. Es el contraste entre ambas líneas argumentales el que consigue mantener el interés del espectador y el que nos hace ver el patetismo de este personaje. Allen nos va dando pistas de lo ocurrido con un control absoluto del guión y el tempo cinematográfico para acabar sumergiéndonos en todo un drama (o más bien tragedia) que la Jasmine no quiere aceptar.
Allen rompe con el esquema habitual de sus últimas películas y nos ofrece un ejercicio de mucho más calado intelectual, es un film profundo, que invita a la reflexión. Está mucho más cerca de Match point que de A Roma con Amor, por ejemplo. El tema principal del film es la mentira. Jasmine ha basado su vida en mentiras, ni siquiera Jasmine es su nombre real. Se ha basado en las apariencias y se ha dejado engañar. Sin embargo la realidad le dará una lección y cuando abra los ojos será realmente tarde. Toda su vida de lujo y sofistificación se verá truncada bruscamente y deberá aceptar el duro golpe que le proporciona la vida. Se verá rodeada de personas que no están a su mismo nivel y a las que desprecia profundamente (su hermanastra incluida).
Woody Allen demuestra una vez más que es uno de los mejores escritores y directores desde hace décadas. Sus diálogos rezuman frescura y espontaneidad mientras el film consigue mantener el interés en todo momento. Aquí parece querer decirnos que hay muy poca diferencia entre vivir en la abundancia y ser un completo desgraciado. Una mentira o un golpe de suerte pueden marcar la diferencia que te haga caer definitivamente en desgracia. Entre un multimillonario y un sin techo no hay tanta distancia.
Allen cede el protagonismo a un personaje femenino y no son pocas las semejanzas con el típico personaje neurótico que Allen suele interpretar. Jasmine se atiborra de pastillas para cualquier cosa y bebe continuamente. Cate Blanchett realiza una actuación soberbia, inmejorable, llena de matices, gestos reprimidos y sentimientos que afloran aunque apenas se manifiesten. Blanchett oscila en décimas de segundo de lo cómico a lo trágico sin perder nada de credibilidad. Sólo Blachett es capaz que odiemos a su personaje por su arrogancia y que lleguemos a sentir pena por ella. Ver a la Blanchett en sus ataques de pánico o con su mirada perdida me recordó a las estrellas del cine clásico. Si hoy en día hay una actriz con la clase y el talento interpretativo de las grandes estrellas del Hollywood clásico, ésa es Cate Blanchett. El reparto lo completan excelentes secundarios como Sally Hawkins (me encanta esta actriz desde que la descubrí en Happy), Peter Sarsgaard y Louis C.K.. Por su parte, Alec Baldwin está correcto en este tipo de papeles de hombre de negocios en los que está encasillado desde hace años.
Woody Allen sigue estando en inmejorable forma, siendo Blue Jasmine su mejor película desde Match point.
7,5
lunes, 22 de octubre de 2012
A Roma con amor (To Rome with love)
Woody Allen continúa su exilio voluntario por la vieja Europa en busca de lugares fascinantes (y cuyos políticos estén dispuestos a financiar sus películas). Londres le inspiró sus películas más oscuras (El sueño de Casandra, Match Point), París la más onírica y Barcelona la más estúpida, esta vez le toca a Roma y se nota descaradamante ya desde el título que el film es un rendido homenaje a la capital italiana.
Allen vuelve a sus historias de parejas y enredos. Nada nuevo. Sigue con sus historias de turistas adinerados que acaban enamorados de la ciudad que visitan y de sus habitantes. Para Allen Roma no es sólo un destino turístico, es un lugar soñado que saca lo mejor de cada uno y en el que cualquier cosa es posible.
Las distintas historias que nos presentan tiene todas un toque onírico muy sutil que Allen ya había introducido con acierto en films anteriores como Midnight in Paris o La rosa púrpura del Cairo. Aquí el elemento fantástico es tratado casi como una fábula. En cada historia hay un elemento irreal que la hace muy disfrutable. Ya sea un guardia de tráfico que habla directamente al espectador o un famoso arquitecto al que nadie parece ver excepto el joven al que da consejos, parece que todo es posible en la ciudad eterna. Me gustó especialmente la escena de la joven que se pierde en busca de una peluquería. También me agradó la historia del ciudadano anónimo que se convierte en famoso sin saben cómo ni porqué, me pareció bastante kafkiano y toda una acertada metáfora sobre la fama. Otros momentos surrealistas como el de la ducha me parecieron menos logrados pero le sirven a Allen para criticar las vacuas excentricidades en las que a veces cae el arte moderno. No se puede sacar del guión ninguna interpretación ni moraleja clara, sólo son unas historias para pasar el rato, sin nada en común entre ellas excepto que se sitúan en la ciudad de Roma y en muchos de sus lugares más emblemáticos.Allen no se complica la vida y rueda de forma sencilla y directa. Lo que mejor se le da, con un buen guión y buenos actores no hacen falta experimentos ni grandes presupuestos. Introduce bellos planos de los monumentos de Roma pero no cae en el publireportaje turístico (aunque está a punto). Por cierto, en los títulos de crédito iniciales no utiliza un tema de jazz sino que esta vez le cede el honor al famoso Volare de Domenico Modugno.
Los actores están bien y resultan creíbles. Jesse Eisenberg sigue dando el pego de joven pardillo mientras Ellen Page (Juno, Origen) me sigue pareciendo cada día más guapa y mejor actriz. De Penélope Cruz se puede decir que está bien en su divertido personaje de prostituta alleniana. Allen ya dijo hace años que le recordaba a la Sofia Loren de su mejor época. El que me sorprendió gratamente fue Roberto Benigni, al que normalmente no soporto, su tendencia a exagerar muescas y gestos me suele sacar de quicio, aquí no es que esté comedido pero su histrionismo le queda bien a su personaje. Supongo que Allen quería un actor que moviera mucho las manos para representar al italiano medio.
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