sábado, 10 de febrero de 2018

MADRE! (MOTHER!)


 En esto del cine está todo inventado hace décadas. Siempre quedan cosas interesantes por decir aunque es casi imposible que otro no las haya dicho ya antes. Y casi siempre mejor. Por suerte, queda todavía un grupo de cineastas con una mirada muy personal que orbita normalmente fuera de los circuitos comerciales. Ahí están directores como David Lynch, Yorgos Lanthimos, Denis Villeneuve, Lars Von Trier o Darren Aronofsky. Concretamente, la filmografía de Aronofsky parece especialmente centrada en los aspectos menos edificantes del ser humano. Ya desde sus primeros e inquietantes films como Pi o Réquiem por un sueño, sus personajes parecen inmersos en pesadillas de las que parece imposible escapar. Aronofsky se siente cómodo mostrando el agobio de los personajes. Ni que decir tiene que su cine no es apto para todos los paladares. A pesar de contar con estrellas como Hugh Jackman o Rachel Weisz, La fuente de la vida fue un duro film sobre la pérdida que a muchos espectadores pudo parecer impenetrable. Quizás sus films más aclamados por el público sean esas joyas llamadas El luchador y Cisne negro, a los que siguieron un patinazo en toda regla como fue Noé. Con Madre! Aronofsky vuelve a lo que mejor sabe hacer: cine sobre obsesiones en el que la realidad y ficción se confunden. Si eres de los incautos que se metieron en la sala de cine solamente por que viste en el cartel los nombres de Jennifer Lawrence y Javier Bardem, lo siento de veras por ti. Quizás deberías haberte fijado más en el nombre del director. Ya lo dice mi amigo Dabi, hay dos tipos de aficionados al cine: los que hablan de actores y los que hablan de directores.
Madre! es 100% Aronofsky. Que no te engañe la campaña publicitaria (que vendía la película como un thriller) ni su laureado reparto. Sin desvelar nada de la trama, lo que empieza como una plácida historia de una pareja se va enturbiando hasta convertirse en una auténtica pesadilla. La pareja es todo un universo en el que, a veces, los elementos colisionan formando una auténtica supernova. A mí ese insano retrato de la pareja me recordó al Anticristo de ese otro loco provocador llamado Lars Von Trier. Por otro lado, la casa en la que se encuadra la acción es un personaje más y va cambiando al igual que lo hacen los actores. En ese aspecto Madre! emparenta con la trilogía del apartamento de Roman Polanski (Repulsión, La semilla del diablo y El quimérico inquilino). Incluso uno de los carteles promocionales es muy similar al de La semila del diablo, quizás su deuda más obvia. Más allá de las inevitables referencias, Madre! tiene una personalidad propia, la personalidad de uno de los directores más en forma del momento.
Madre! se adentra por los pantanosos terrenos de la mente femenina mientra elabora una extraña simbología. Jennifer Lawrence es la protagonista absoluta de esta película, todo el resto del reparto son meras comparsas. Aronofsky demuestra su fascinación por la actriz en casi cada plano. Su cámara se deleita con ella, la sigue durante todo el metraje y su cara ocupa completamente la pantalla durante buena parte del film. Por algo han sido pareja en la vida real. Aronofsky narra el film desde sus ojos y nos introduce en la mente de su protagonista. Intuimos su amor incondicional y su miedo gracias a una Jennifer Lawrence en estado de gracia en el que debe haber sido el rodaje más duro de su carrera. Sabemos que algo va mal desde el principio. Algo oscuro se esconde entre las grietas de esta vieja casa de la cual la protagonista no puede salir. Aronofsky coquetea con elementos del cine de terror pero va mucho más allá. El peor terror proviene del interior, no de una amenaza exterior. Obviamente, la figura del esposo escritor (Javier Bardem) resulta mucho más ambigua y no es de forma casual. El amor incondicional de la protagonista le lleva a someterse a los deseos de su marido y sacrificar su propia existencia. En busca de una inspiración que le libere del bloqueo artístico, el escritor abrirá las puertas de su casa a nuevos personajes (excelentes Ed Harris y Michelle Pfeiffer) que supondrán un auténtico calvario para su esposa. Un calvario que se desata tras una primera hora más que interesante. Ante nuestros ojos la trama comienza a tornarse cada vez más retorcida e inverosímil en una espiral que parece no tener fin. Una plácida cena entre esposos acaba mutando en una batalla campal (no exagero). Son el éxito y el reconocimiento de los demás los que acaban desencadenando la tragedia. Ocurre cuando nos importa más lo que piensen los demás que nuestros seres queridos. Aronofsky se torna en un director cruel que parece odiar a la raza humana y recuerda al Buñuel más ácido de El ángel exterminador. ¿Es la sociedad el auténtico villano de la función?. Esa masa sin forma ni moral que actúa como una horda que arrasa con todo. El infierno son los otros, decía Sartre. A Aronofsky le honra que evite las tramas fáciles y complacientes con el espectador.

Reconozco que me gusta este tipo de cine lleno de simbologías y múltiples lecturas. Yo pasé un muy buen mal rato con esta película. Me hizo pensar y reflexionar. Eso sí, no es apta para todos los paladares.

Venga, vale, para los que se quedaron con cara de tonto en la sala de cine, ahí va mi particular explicación de Madre!:
******Spoiler******
 Aranofsky combina la simbología religiosa con la ecología para elaborar una compleja alegoría. La casa es el Edén. El corazón es la energía que dota de vida al Edén. El personaje del escritor (un demiurgo al fin y al cabo) representa a un Dios ególatra sin ideas hasta que llegan sus dos adoradores, Pfeiffer y Harris, que simbolizan a Adán y Eva. Sus hijos enfrentados representan a Caín y Abel. Jennifer Lawrence simboliza a la madre tierra y a todas las madres, ama a sus hijos aunque estos la maltraten. Su sufrimiento es el de todas las madres y también el del planeta destrozado por los humanos. Cuando Dios deja entrar en el Edén a Adán y Eva para que le veneren, entran también otras personas (los humanos) que se creen que el Edén les pertenece y se dedican a destruirlo. El personaje de Jennifer Lawrence finalmente se queda embarazada y tiene un hijo (Cristo) que es entregado por Dios a sus fieles para que lo sacrifiquen. Dios es así visto como un ser egoísta y cruel que sacrifica a su propia familia en busca de adoración. Reinan la violencia y el caos, la madre tierra es maltratada sin poder escapar hasta que decide destruirlo todo con un fuego purificador. “Te lo he dado todo y lo has regalado todo. No me queda nada más.” Pero el final de un ciclo es el inicio del siguiente.

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domingo, 14 de enero de 2018

EL INSTANTE MÁS OSCURO (The darkest hour)


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Permitidme que me explaye. Soy fan de Gary Oldman desde que lo descubrí bajo toneladas de maquillaje en el Drácula de Bram Stoker, esa manierista interpretación del mito vampírico que ha sido la última gran película de Coppola. Oldman era un joven actor inglés forjado en el teatro que daba el salto a Hollywood por la puerta grande. Oldman era capaz de desaparecer bajo la piel de sus personajes, cambiando su físico, su forma de moverse, su acento y el tono de su voz. Ya en Sid y Nancy (1986) se había transformado para interpretar a Sid Vicious hasta tal punto que casi es imposible saber si estamos viendo en pantalla al actor o al personaje real. Oldman dejó de comer para perder peso y parecerse más al escuálido Vicious, llegando a alimentarse únicamente por vía intravenosa. Oldman es un actor del método que lleva la transformación hasta sus últimas consecuencias. Como si de un nuevo Lon Chaney se tratara, Oldman transforma su físico hasta los límites de lo posible para adaptarse al personaje. Ya sea interpretando a Harvey Lee Oswald, un traficante de drogas blanco que quiere ser negro, un policía corrupto, un cazador de hombres lobo, el mismo diablo, un cura adúltero, Poncio Pilatos, Beethoven, un mago amigo de Harry Potter, un asesino a sueldo o un enano, Oldman desaparece dentro del personaje.

Lamentablemente, la adición al alcohol de Oldman (según sus propias declaraciones bebía dos botellas de vodka al día) acabó pasándole factura. Reconoce no recordar algunos rodajes en los que participó en los años 90 y 2000, como el de La letra Escarlata (ni siquiera la escena de sexo con Demi Moore, ya es mala suerte). Su histrionismo se acrecentó llevando a su carrera a un claro declive. Además, su ego había  crecido de forma exponencial. En Hannibal realizó otra de sus memorables transformaciones, esta vez como el lisiado Mason Verger, pero se negó a que su nombre apareciera en los títulos de crédito más pequeño que los de Anthony Hopkins y Julianne Moore, por lo que fue eliminado de los mismos. Tampoco su inestabilidad mental jugó a su favor, varios divorcios, con denuncias por malos tratos incluidas, acabaron llevándolo casi a la ruina. Terminó aceptando auto paródicos papeles en superproducciones, casi siempre interpretando a histriónicos villanos. Su legendaria sobreactuación se convirtió en su mayor enemigo. Por suerte, Christopher Nolan lo recuperó para encarnar a un comedido comisario Gordon en su trilogía sobre el hombre murciélago. Oldman parecía recuperado de sus problemas y dispuesto a recuperar el tiempo perdido. Estuvo a punto de ganar en 2012 el Oscar por su interpretación del espía Smiley en El topo, no confundir con el film de Jodorowsky, pero no pudo ser.
Ahora en 2017 todas las apuestas le apuntan como ganado gracias a su encarnación de Winston Churchill en El instante más oscuro. Oldman demuestra una vez más que está loco aceptando el reto de ponerse en la piel de Chuchill. Sin embargo logra dotar a su personaje del carisma necesario, a pesar de estar literalmente sepultado por las pesadas prótesis y el maquillaje necesarios para una caracterización que necesitaba de 4 horas en la sala de maquillaje. Como dato curioso cabe destacar que Oldman pretendía engordar para alcanzar el peso de Churchill pero los médicos se lo desaconsejaron: ganar 40 kilos con casi 60 años y su historial clínico era casi un suicidio. Oldman consiguió convencer al escultor hiper realista (ya retirado del cine) Kazuhiro Tsuji para que le fabricara las prótesis para encarnar a Churchill. Oldman sabía que únicamente Tsuji era capaz de tal hazaña. Una vez más el maquillaje se mimetiza con el actor para crear un personaje que resulta en pantalla totalmente creíble. No se ven las uniones de las prótesis ni se detecta ningún fallo en la caracterización, el espectador no es capaz de discernir dónde acaba la piel del actor y dónde empieza la prótesis. Un trabajo de quitarse el sombrero que, unido a soberbio hacer de Oldman, dan una interpretación memorable. También cabe destacar que Oldman fumó durante el rodaje el mismo tipo de puros que fumaba Churchill lo que le provocó una intoxicación por nicotina. Todo por el personaje.


  Dejo de divagar. ¿Y qué tal peli? ¿Vale la pena más allá de la interpretación de Oldman? Pues sí. El instante más oscuro es un film correcto. No es ninguna maravilla del séptimo arte, pero está bien escrito, bien rodado y mejor interpretado. No defraudará al espectador que busque un aceptable drama histórico. Quien busque batallas que se vea Dunkerque de Nolan, que ambos films se complementan a la perfección. Por el tema, tan afín a los gustos de la academia, seguro que le cae algún premio además del de Oldman. Joe Wright es un director académico versado en dramas tipo Orgullo y prejuicio o Expiación, más allá de la pasión. No es un innovador sino más bien un buen artesano que con El instante más oscuro vuelve a mostrarnos su buen hacer. Pero no es un genio ni un visionario. No toma riesgos de ningún tipo, sobre todo después del batacazo que se dio con Pan, su adaptación de Peter Pan. Todo el apartado técnico de El instante más oscuro es más que correcto, tanto la fotografía como la dirección artística son sobresalientes. Pero todo ello no hace una gran película. Se necesita algo más que la mera corrección técnica para emocionar al espectador, es ahí donde el guión de Anthony McCarten elabora un meritorio intento de llegar a empatizar con el espectador, pero solamente lo consigue a medias. El Churchill del guión es un anciano (contaba 65 años cuando fue nombrado primer ministro) cascarrabias y lleno de manías propias de las clases dirigentes pero que se hace querer. El film se hace ameno, su ritmo no decae, pero no logra que nos emocionemos con el famoso discurso final ni que salgamos con los ojos arrasados. Quizás tampoco lo intente, pero yo creo que sí. A mí me recordó a films como Shakespeare in love o El discurso del rey: films correctos, sin más, de los que nadie se acuerda pasados unos años.
Estamos ante un film correcto, que no es poco con los tiempos que corren, pero no excelente. Le falta esa intangible y volátil capacidad de emocionar al espectador. No hay ninguna pega que ponerle, nada desentona realmente, aunque tampoco ninguna alabanza más allá de la interpretación de Oldman y las prótesis de Tsuji.

¿Va a ganar Gary Oldman finalmente el Oscar? Ya sabemos lo que les gustan a los americanos los personajes históricos, sobre todo los de los británicos. Como si de un complejo de inferioridad se tratara, los yankis tienen tendencia a premiar interpretaciones de personajes históricos del antiguo imperio británico. Les chifla la nobleza británica. Dentro de esa categoría pondríamos incluir a Winston Churchill, quien no era de la realeza pero es un personaje histórico muy oscarizable. Lo cual me lleva a asegurar que Oldman va a ganar finalmente el Oscar a mejor actor con su soberbia interpretación del carismático primer ministro británico en El instante más oscuro. Era lo que necesitaba el bueno y reformado de Oldman.




sábado, 16 de diciembre de 2017

Star Wars, Episodio VIII: Los últimos Jedi


Toca hablar del octavo episodio de Star Wars, la mítica saga creada hace 40 años por un George Lucas que ya no está a los mandos. Lucas vendió la empresa a Disney y debo admitir que me parece un acierto que la mano de este señor ya no asome por estos nuevos episodios. Visto el desastre que él solito organizó con los episodios I, II y III, prefiero que estos nuevos episodios estén en manos ajenas. Al menos, no se están centrando únicamente en los efectos especiales. Al lío, este Episodio VIII no me ha parecido superior al episodio anterior, eso sí, es más oscuro y se centra en conceptos como el sacrificio que creo que nunca están de más. Si El despertar de la fuerza era una especie de remake encubierto de Una nueva esperanza, este Los últimos Jedi intenta ser El imperio contraataca de esta nueva trilogía. Tanto por la trama y el tono, las similitudes entre los episodios V y VIII son evidentes. Ambos son más oscuros y pesimistas. Su estructura de guión es casi calcada. En ambos hay una evacuación, los personajes principales se separan, unos intentan escapar del imperio que les pisa los talones mientras un aprendiz va en busca de un maestro que le entrene. Oímos hablar del equilibrio en la fuerza, de conflicto, dudas, etc. Obviamente, el drama acaba con hay una batalla espacial y un enfrentamiento con sables láser. A falta de solamente un episodio, parece que esta nueva trilogía va a ser una especie de actualización fallida de la original. Y digo lo de fallida debido a la evidente falta de carisma de los nuevos personajes.
Hay que reconocer que el film se ve con agrado y tiene momentos brillantes aunque sea a golpe de nostalgia. Estamos ante una película realizada por personas que crecieron viendo Star Wars y se nota el respeto que profesan por dicha saga galáctica. Quizás demasiado. Hay un buen número de guiños que no voy a desvelar y que son bien recibidos por el público, lo cual evidencia cierta nostalgia. Resulta evidente a estas alturas que esta nueva trilogía ha fracasado a la hora de crear una nueva mitología. Los momentos más recordados están siendo aquellos que tienen que ver con los personajes de la original. Además los nuevos personajes no resultan ni de lejos tan carismáticos como los originales. Sirva como ejemplo ese BB8 que no deja de ser un pastiche de R2-D2.  Tampoco Kylo Ren es comparable a Darth Vader, sobre todo cuando no sabíamos los orígenes de Vader, algo que George Lucas se encargó de contarnos y acabar así con buena parte del atractivo del personaje.


El elegido por Disney para escribir y dirigir este episodio ha sido Rian Johnson (Looper, Brick) quien ha realizado un buen trabajo tras las cámaras aunque su guión no ha acabado de convencerme. Tras el buen número de dudas que nos sembró El despertar de la fuerza, llegaba el momento de irlas resolviendo. ¿Quién demonios es Snoke?, ¿Cómo La primera orden tomó el control?, ¿Quienes eran los padres de Rey?, ¿Porqué la abandonaron?, ¿Fue engendrada sin participación de un varón como Anakin?, ¿Porqué la fuerza es tan intensa en ella? ¿Son Rey y Kylo Ren familia?. ¿Qué pinta la capitán Phasma en toda esta historia? Todas esta cuestiones han centrado cientos de debates por las redes. Hay gente con mucho tiempo libre. Sin hacer ningún spoiler, puedo deciros que algunas de estas dudas se despejan pero otras siguen estando presentes. Me gustó el arranque del film y el sorprendente desarrollo del primer encuentro entre Rey y Luke. Johnson nos recuerda lo que es la fuerza y toda la religión de los Jedi, que no es otra cosa que un budismo simplificado para niños. Por cierto, Luke Skywalker no dice nada de los malditos midiclorianos, bien. Me gustó el hecho de que el film ahonda en los claroscuros del comportamiento de los personajes. Los planes no siempre salen bien, sobrevienen las dudas y las consecuencias pueden ser inesperadas. Dentro de la misma resistencia habrá maneras distintas de afrontar situaciones desesperadas y las fricciones serán inevitables. Más que en los conflictos entre padres e hijos, esta película pone el foco en las diferencias entre generaciones y su forma de afrontar los problemas. También debo destacar que ya era hora que las mujeres y las minorías étnicas tomaran el protagonismo en esta saga. Ahí están un negro y una asiática intentando salvar a la resistencia ayudados por un latino mientras la jefatura de la resistencia recae en dos mujeres maduras. Bravo. Chúpate ésa, George Lucas.
A pesar de esta bienvenida madurez en algunos temas, el guión de Johnson dista de ser perfecto. Me llamó mucho la atención que las naves necesiten combustible para seguir viajando en el espacio. Yo pensaba que en el espacio no era necesario ya que, al no haber rozamiento, los cuerpos siguen desplazándose indefinidamente con la misma velocidad y rumbo. Tampoco el sonido se propaga en el vacío, por lo que las explosiones no deberían oírse, pero entonces las películas de ciencia ficción molarían mucho menos. Lo de la descompresión lo dejo para no chafaros el momento más ridículo de este episodio VIII y probablemente de toda la saga. Sí, ese en el que cierto personaje se pone a volar por el espacio exterior, realmente lamentable. Pedirle rigor científico a esta saga es como pedirle peras al olmo y no es recomendable, sobre todo si hablamos de viajar a la velocidad de la luz, pero al menos que no nos traten de idiotas. El guión resulta en ocasiones muy forzado para generar situaciones familiares. Sirva como ejemplo el pasaje de la ciudad/casino y lo referente al personaje de Benicio del Toro. Me pareció muy cogido por los pelos. ¿Ahora se ponen sensibles con lo de los traficantes de armas? Lo mismo puedo decir de ese epílogo metido con calzador que me recordó a lo peor del Episodio I.

De los actores puedo decir que cumplen bastante bien, me ha gustado el tratamiento del personaje de Luke Skywalker, lo de hacernos esperar tanto para oírle hablar me pareció una faena. Mark Hamill está correcto en el papel que marcó para siempre su carrera. También Carrie Fisher cumple sobradamente en su última película de la saga, recordemos que falleció hace casi un año tras haber terminado el rodaje de sus escenas para este episodio. Mira que tenían fácil acabar con su personaje y han preferido salirse por la tangente, habrá que ver cómo demonios lo solucionan. Quien me ha sorprendido gratamente ha sido Adam Driver, como su personaje, ha crecido no solo físicamente. Kylo Ren ya no se oculta tras una máscara y eso no es un detalle menor. Otro que también ha mejorado es Domhall Gleeson, me resultó más creíble y maduro, tampoco era muy difícil, será debido a las patillas que le han puesto. La que me tiene ganado es Daisy Ridley, me sigue pareciendo con diferencia lo mejor de esta trilogía.
Obviamente, los efectos digitales están muy conseguidos. Los escenarios digitales y las batallas especiales me parecieron de lo mejor de la franquicia. Quizás lo único que me chirrió un poquito fue la creación digital de Snoke sobre los movimientos de Andy Serkis. Eso sí, a pesar de todos los peros que le podamos sacar, el film funciona y consigue hacernos pasar un buen rato. A pesar de algún leve parón de ritmo, sus 150 minutos no aburren en ningún momento. Yo me sentí como un crío una vez más, soy consciente que mis 8 años no volverán aunque por momentos volví a vibrar y a emocionarme con esta película a pesar de todos sus defectos. Eso sí, una sensación de deja vu me asaltó desde el principio y ya no me soltó durante toda la proyección. Lo mismo puedo decir de la música del maestro John Williams, se limita a recrear los pasajes de sobra conocidos y no aporta ningún leitmotiv o pasaje interesante.

Este episodio VIII me ha generado sentimientos enfrentados: se hace ameno pero destroza buena parte del legado mientras es incapaz de expandir la leyenda.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Coco


Con Coco Pixar nos traslada a la arraigada tradición de El día de Muertos en México. Una vez más estamos ante una película perfectamente ejecutada y ensamblada para gustar a todos los públicos. Pixar se cuida mucho de no insultar a la inteligencia de los padres que acompañan al cine a sus hijos. La trama no es muy compleja pero sí tiene ciertos matices que la alejan de la mayoría de productos para todos los públicos. Más allá del folclore mejicano (ya sabes: rancheras, calaveras y diablitos) Coco elabora una simple pero efectiva historia sobre la familia y el destino. Algo que Disney (propietaria de Pixar desde 2012) ya ha explotado cientos de veces pero aquí se enfoca desde otro encuadre. Pixar ha introducido elementos como la mitificación de un cantante y los oscuros secretos de familia. El viaje de nuestro joven héroe (de nombre Miguel, no Coco) es un viaje iniciático en el que deberá lucha por conseguir su sueño de ser cantante pero que resultará mucho más complejo. Los secundarios están muy bien, no hay ningún secundario gracioso metido con calzador (bueno, quizás el perro…) y resultan entrañables. Sin embargo, lo que me emocionó y CASI me hizo llorar fue el inolvidable personaje de Coco, la abuela. Parece un personaje muy secundario pero tiene una importancia enorme dentro de la trama. Me gustó mucho la ternura con la que está tratado el personaje. Ya era hora que en un film de animación se traten temas como la vejez y el olvido. Temas que pueden parecer muy ajenos a los más pequeños de la casa pero que nunca está de más tener en cuenta. Me sorprendió gratamente la canción Recuérdame, firme candidata a mejor canción original este año. Acabo de enterarme de su candidatura a los Globos de oro y me parece muy superior al resto de competidoras (bastante mediocres y cursís, la verdad.)
Técnicamente Coco es una maravilla, todo el mundo de los muertos es fascinante, repleto de colores estridentes que en pantalla resultan de una gran belleza. Quizás Coco no resulte tan innovadora ni llegue a emocionar como otras propuestas de Pixar ero es una buena película para toda la familia.

Se me olvidaba, antes de Coco los de Disney se han tomado la licencia de proyectar un corto de 20 minutos con los personajes de Frozen. Ya sabemos lo que les gusta a los de Disney la navidad y Frozen es ideal para estas fechas. El corto no está mal, no llega a hacerse pesado a pesar de que el insufrible Olaf es casi el protagonista absoluto. Ojito, contiene canciones a cargo de la pareja de hermanas más famosas del cine infantil, las inevitables Elsa y Ana. Canciones bastante olvidables, por cierto.


MADRE! (MOTHER!)

  En esto del cine está todo inventado hace décadas. Siempre quedan cosas interesantes por decir aunque es casi imposible que otro no l...