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martes, 14 de mayo de 2013

Bochornoso espectáculo a costa de Iggy Pop


 Patético, lamentable, bochornoso. Estos fueron los adjetivos que me vinieron ayer a la mente mientras asistía atónito a la ridícula entrevista (por llamarlo de alguna manera) que Pablo Motos hizo en El Hormiguero a Iggy Pop.

Entiendo que Pablo Motos haga entrevistas que rayan lo absurdo a modelos de medio pelo metidas a actrices o a famosetes de poca monta que se tiran a una piscina. Pero Iggy Pop es mucho Iggy Pop. Iggy es todo un icono del rock, una bestia parda que lleva más de cuarenta años dando caña. No es que Iggy esté en su mejor momento, sus 65 años ya pesan, sólo así se puede explicar que Iggy haya aceptado ser la imagen de una campaña publicitaria de una bebida (que admitió que no le gustaba, por cierto, olé tus huevos) y recalando en un programa como el de Pablo Motos. Un programa que no se ha caracterizado nunca por su profundidad, su único interés parece ser divertir al público a base de juegos en los que los invitados son meras comparsas.

Pero Iggy Pop es una leyenda del punk y el rock, historia viva (todavía) de excesos de todo tipo y buena música. Pero Pablo Motos desaprovechó (una vez más) la oportunidad de sacar partido a sus invitados. Sus preguntas se quedaron en las anécdotas y no quiso (o no supo) profundizar en el personaje y su trayectoria. Probablemente Pablo Motos se había enterado esa misma mañana de quien era Iggy Pop. Sus estúpidas preguntas fueron realmente irritantes, dignas de un becario de intereconomía (un día enseñaste el pito en el escenario, un día un gordo te dijo que te tiraras del escenario y se apartó, tienes un huerto). No hubo preguntas sobre el origen de su nombre artístico, la evolución de la industria discográfica, el estado actual del punk y el rock, su relación con Bowie, estancias en psiquiátricos, su afición por la canción francesa, colaboraciones con artistas actuales como Kesha, etc. Todo se quedó en adivinar qué cabeza correspondía con qué cuerpo y reconocer a estrellas cuando eran niños. Era mucho esperar que se explayaran con jugosas anécdotas sobre groupies y drogas (quizás no era el horario más adecuado), pero un poco de respeto por el personaje no hubiera estado mal (por muy macarra que haya sido).
 Motos se limitó a cuatro anécdotas, a cantar una ridícula canción sobre limones y a sus estúpidos juegos con las dichosas hormigas. Parecía que su mayor afán era dejar claro que Iggy era la imagen de una bebida, lo repitió varias veces, su faceta de estrella del punk rock no parecía interesarle demasiado. Quizás fue esto último lo que más nos irritó a los fans del personaje invitado.
Sólo el omnipresente y cansino Mario Baquerizo (reconocido imitador de Iggy Pop) le hizo justicia al personaje y admitió su devoción por el padrino del punk.

 Quien te ha visto y quien te ve, Iggy Pop. Una noche para olvidar.