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martes, 23 de diciembre de 2014

El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos

  La trilogía de Peter Jackson sobre El Hobbit llega a su fin evidenciando que tres películas eran demasiadas para una trama tan breve. Cuidado que vamos a spoilear un poco.

 Ya había quedado claro en las dos primeras entregas que Peter Jackson había estirado demasiado la trama pero en esta última entrega es cuando esta prolongación se convierte en una pequeña losa que lastra el resultado final. Cuando la escueta historia de Tolkien se rellena con añadidos el resultado se resiente. Jackson y sus guionistas han intentado emular el estilo de Tolkien creando personajes y estirando situaciones para legar a las tres películas. La batalla de los cinco ejércitos es el film más corto de todos sobre la Terra Media, algo lógico ya que no quedaba casi nada por contar. El conjunto quedó bastante coherente en las anteriores entregas, pero aquí queda patente que el relleno no está a la altura.
 Un ejemplo: No entiendo el empeño de Jackson y sus guionistas por darle tanta cancha al personaje del avaro Alfrid (Ryan Gage). ¿Qué pretendía Jackson? ¿Mostrar cómo la codicia corrompe al alma humana? ¿No quedaba eso ya patente con el personaje de Thorin? Sin embargo, Thorin se redime mientras que Alfrid no sufre ninguna transformación y queda muy mal resuelto, ni siquiera recibe un castigo a su medida. Es el único que no evoluciona en toda la saga, su avaricia y su egoísmo le ciegan. Opino que es un personaje metido con calzador que no aporta nada excepto rellenar minutos. Puede que este molesto personaje (realmente odioso en sí mismo y por su tratamiento) y otras situaciones no resueltas sean ases en la manga de cara a posteriores ediciones extendidas.


 Que nadie espere nada nuevo a estas alturas. Jackson sigue fiel a su estilo visual y narrativo, cualquier variación hubiera sido un insulto a los millones de fans. No hay sorpresas. Todos conocemos a los magos, orcos, enanos, elfos y demás fauna ideada por Tolkien. Todo está más que visto. No tiene sentido esperar nada innovador. Sólo cabe disfrutar (en la medida de lo posible) con el último capítulo de la adaptación de Peter Jackson de la obra de Tolkien. Esta película cumple su misión de concluir la trilogía y enlazarla con la trilogía de El señor de los anillos, si bien lo hace de forma un tanto forzada.

 Si técnicamente el film está al nivel habitual (totalmente recomendable verla en 3D), la historia tiene además ciertos parones imperdonables. Me resultó casi imperdonable la bajada de ritmo que sufre el film pasada la primera media hora. Sinceramente, pensé que Smaug duraría bastante más en pantalla pero, una vez finiquitado éste, el film pierde bastante interés hasta que lo retoma en el excelente tramo final. Jackson nos presenta una vez más una gran batalla repleta de efectos especiales. Si bien esta vez toman protagonismo los enfrentamientos cara a cara entre parejas de buenos y malos. La gran batalla se resuelve de forma un tanto abrupta (gracias a la intervención de ciertos personajes que ya es habitual en esta saga que acudan al rescate en el último momento) pero las luchas cuerpo a cuerpo son realmente espectaculares.

 Por suerte, Jackson da el do de pecho y nos ofrece un final épico a la altura de la gesta que narra. Un final emocionante y vibrante que cierra esta segunda trilogía de forma más que digna. Un gran espectáculo lleno de emoción que nos hace olvidar las flaquezas del resto del film. Quizás sólo cabe objetar el hecho de que con Legolas (una vez más) se abusa de los efectos digitales y las fantasmadas (en un momento el film me recordó al vídeo juego Super Mario Bros). La verdad es que el tratamiento de Legolas en esta trilogía deja bastante que desear, poco tiene que ver con el personaje mostrado en la trilogía original.
 Como era de esperar, estamos ante un film más oscuro que sus dos predecesoras.  Estamos ante la entrega más irregular y endeble de las 6 sobre la tierra media pero incluso así es un entretenimiento más que digno.

 Yo pasé un buen rato a pesar de ciertos parones de ritmo y de algún personaje realmente odioso e innecesario. Todo ello palidece y se olvida ante un final tan épico.

viernes, 13 de diciembre de 2013

El Hobbit: La desolación de Smaug (The Hobbit: The Desolation of Smaug )


 Bilbo Bolsón (Baggins en el inglés original) sigue su aventura acompañado del mago Gandalf y los trece enanos. En su camino hacia la montaña solitaria donde el dragón Smaug custodia el tesoro de los enanos se enfrentarán a nuevos peligros.

 En su quinta aproximación al universo Tolkien, Peter Jackson sigue siendo respetuoso y fiel al espíritu de Tolkien aunque esta vez se saque de la manga personajes y tramas que no estaban presentes en el libro original. No olvidemos que El Hobbit es un libro de 300 páginas enfocado al público infantil. Jackson ha decidido darle un tono más adulto al trasladarlo al cine con esta trilogía, no ahorra planos de desagradables orcos ni decapitaciones. Jackson se atreve también a introducir personajes que no aparecen en este libro (Legolas, Ragadast) e incluso inventa algún personaje totalmente nuevo (la elfa Tauriel interpretada por Evangeline Lilly). Jackson deja ver su mano de creador más allá de la de noble artesano (de probada solvencia), innova sobre el texto que adapta en busca de referencias y lugares comunes ya mostrados en la primera trilogía. He ahí su error. Este film no aporta nada nuevo al imaginario visual de esta saga y los planos aéreos a los que tan aficionado es el señor Jackson ya no nos impresionan como en La comunicad del anillo. Tampoco las arañas gigantes nos sorprenden como antaño. No es culpa de nadie ni hay que considerarlo como un fallo del film, simplemente ya no nos sorprenden,


  No sé si Tolkien se retorcerá en su tumba o le parecerían bien las licencias tomadas por Jackson. Pero a mí como espectador, me pareció que ciertos personajes están metidos con calzador sólo para rellenar metraje. La historia entre Tauriel y el enano es un relleno que sólo sirve para alargar innecesariamente el film, no digamos nada si hablamos del triángulo amoroso con Legolas. Lo mismo se puede decir de la cháchara estéril que parece haber contagiado por momentos a los personajes en esta entrega. En especial, Smaug me pareció excesivamente parlanchín. Es el personaje que todos teníamos ganas de ver y la verdad es que no defrauda pero el hecho de que un dragón hable me sigue pareciendo ridículo (por mucho que se trate de cine de fantasía) y su diálogo con Bilbo me pareció algo excesivo. Tampoco el prólogo (ojito al cameo que hay justo al inicio) aporta nada de interés ni tiene la espectacularidad a la que estamos acostumbrados.


 Lamentablemente, el film se resiente de todos estos intentos de alargar su duración hasta más allá de las dos horas y media provocando unos peligrosos altibajos de ritmo. No es que se haga aburrido pero no todos los pasajes tienen el mismo interés y alguno se podría haber omitido fácilmente. Al igual que en Un viaje inesperado, la trama no daba para más pero aquí se nota más la falta de coherencia del film.  En esta segunda entrega sí se hace evidente que Jackson he estirado demasiado una trama que no daba para tres películas. Además, en su afán de alargar la trama nos han dejado muy pocas sorpresas para la tercera entrega.

 A pesar de todo, La desolación de Smaug es un estupendo film de aventuras para escapar de la realidad y de la maldita crisis. Todo ello aderezado con el buen hacer técnico del amigo Peter Jackson y unos actores cada vez más entregados. Tanto Ian McKellen como Martin Freeman están excelentes como la pareja protagonista de esta aventura. No hay que olvidar que por fin vemos y oímos en todo su esplendor al dragón Smaug, el otro protagonista de esta segunda trilogía. Alucinante todo lo referente al avaricioso dragón (excepto su afición por la plática).



 No podemos negar que Peter Jackson ofrece nuevamente un espectáculo de altura (geniales la escena de los barriles por el río y toda la última media hora). Todo un prodigio de la técnica (espectacular 3D y los insectos voladores) puesta al servicio de la historia. Por suerte, nunca comete el gran error de tratar en ningún momento al espectador de idiota. No parece gran cosa pero, con los tiempos que corren, es casi un lujo ver un film de aventuras en el que no sientas que tu inteligencia está siendo insultada.

 Resumiendo, la épica y la magia siguen presentes en La desolación de Smaug aunque el conjunto se resienta de los elementos añadidos. Es la mas floja de todas las películas sobre la Tierra Media, pero sigue siendo un entretenimiento más que recomendable.