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lunes, 29 de marzo de 2010

ROCKY (1976)



Reconozco sin ruborizarme que Stallone fue uno de los héroes de mi infancia, hay que ver la de vueltas que da la vida. Personajes como Rambo y Rocky tenían algo que nos fascinaba de críos. Igual era la forma de hablar de Stallone, esa mirada esquiva con tendencia a mirar al infinito o la forma en la que se empecinaba en algo. Todo empezó con Rocky, la película que encumbró a Stallone y supuso una losa para toda su carrera posterior. Rocky no deja de ser una crítica al sueño americano vestida de alabanza.



Rocky es un boxeador de origen italiano demasiado mayor para lograr nada, es un fracasado, un sonado. Trabaja cobrando deudas para un prestamista mientras los chicos del barrio se ríen de él y de sus ridículos discursos. Su mejor amigo,Paulie, es un borracho cuya hermana Adrian es el amor platónico de Rocky. Pero América es así, hasta el mayor tarugo tiene su oportunidad para triunfar. Por un capricho del destino Rocky tiene la oportunidad de pelear con el campeón mundial de los pesos pesados, Apollo Creed, y optar al título. Una oportunidad demasiado tentadora como para dejarla pasar. Algo así sólo pasa en América, la tierra de las oportunidades. Rocky intentará cambiar su vida y se entrenará hasta la extenuación para coger su último tren. La escena de Rocky entrenando por las calles de Filadelfia con la famosa música de Bill Conti son inolvidables. Lo que parece increíble va tomando forma y hasta el espectador cree que es posible ganar el combate.

Hasta aquí Rocky no deja de ser un film propagandístico más de las excelencias del american way of life y los valores tradicionales de la América más tradicional: familia, esfuerzo, sueño americano, capitalismo, etc. Pero lo que hace grande a Rocky es que, a pesar de ser la tierra de las oportunidades y de todo el esfuerzo invertido, Rocky pierde el combate. Fracasa. Por los puntos, pero pierde dignamente ante el campeón del mundo. El sueño americano casi nunca se cumple, sólo es un sueño. El golpe más duro lo da la realidad. Balboa lo ha intentado con todos los medios a su alcance pero su tren se escapa. Al menos encuentra el amor en una chica bastante normalita: Adrian (interpretada por Talia Shire, la hermana de Francis Ford Coppola).


Rocky es un canto al esfuerzo, a la lucha aunque no haya posibilidad real de ganar. En la escena final Rocky y su amada Adrian se ven rodeados por una vorágine mediática, pero a ellos no les interesa la fama, sólo quieren estar juntos. Al diablo el título, la fama y el dinero. A pesar de los golpes de la vida, Rocky encuentra el amor.


Realmente Stallone (que nunca ha sido un gran actor) está más que correcto interpretando a este personaje que no creo que sea muy distinto a cómo era él en aquella época: un actor de segunda que ya se hacía mayor para llegar a ser una estrella. Lo que es la vida, Rocky Balboa fracasó en su combate pero Stallone triunfó interpretando a este sencillo perdedor. Lamentablemente, Stallone vio el filón comercial y decidió estirar su personaje hasta límites irrisorios. En las sucesivas e innecesarias entregas Stallone convirtió la crítica al sistema en apología del mismo. Rocky Balboa finalmente ganó el título, se hizo millonario, humilló a los rusos por venganza, se retiró con honores e incluso volvió a ponerse los guantes una vez retirado (todo por la pasta). La visión ácida del capitalismo se tornó propaganda. La quinta entrega me parece paradigmática de la propaganda más descarada y bochornosa. Sinceramente, la saga nunca debería haber pasado de la cuarta entrega. 

Siempre nos quedará Rocky, la original.

jueves, 28 de febrero de 2008

John Rambo (Rambo IV)



Recuerdo que vi Rambo con 10 años y me encantó, también vi en el cine Rocky 4 y Rambo 3. Stallone fue uno de mis ídolos de la infancia, triste pero cierto. De hecho, las primeras películas de las sagas de Rocky y Rambo eran bastante decentes:

Rocky era la exaltación del sueño americano, un don nadie podía llegar a lo más alto si creía en sí mismo y se esforzaba, esa era la grandeza de América, la tierra de las oportunidades. Aunque no lo logres, tendrás tu oportunidad.

Acorralado (la primera de la saga de Rambo) era una crítica a cómo el pueblo estadounidense recibió a los veteranos de Vietnam, se les culpó y discriminó por haber ido (y perdido) a una guerra injusta. El personaje de Rambo se ve convertido en un paria en su tierra sólo por haber defendido a su país (o eso creía él).

Lástima que debido al éxito de las originales, Stallone vio el filón y se lanzó a hacer secuelas (meras excusas) cada vez más patéticas.

No sé por que demonios Stallone se empeña ahora en revivir a sus personajes, su tiempo pasó. Stallone ya tiene más de 60 años, le han pillado varias veces con esteroides y queda ridículo intentado rejuvenecer. Ahora Rambo no lucha por su país ni por el orgullo herido del pueblo norteamericano, no señor, ahora lucha por causas humanitarias pero con los mismos medios de siempre: la violencia como única solución.

Además (y lo peor de todo) la película es un horror de cuidado. El guión lo podría haber escrito un niño de 10 años: ¿Por qué Rambo no va a Irán, Corea, Irak o Afganistán? No, queda mejor ir a Birmania que no es país enemigo (aún) de los USA. La excusa para hacerle volver es ridícula, al menos el personaje reconoce que es una máquina de matar que no sabe hacer otra cosa. Stallone tampoco sabe hacer otra cosa, lo ha intentado pero al final siempre vuelve a sus personajes de siempre, sabe que le dan beneficios por muy acartonados que estén. Ni siquiera se quita la camiseta, tampoco hace falta, ni se esfuerza demasiado, se agarra a una súper ametralladora y ya tiene suficiente para liberar a Birmania de la tiranía.

Las interpretaciones (por decirlo de alguna manera) son tan tópicas como típicas. La inevitable chica/florero (misionera jamona aunque sin llegar al estilo Bellucci en Lágrimas del sol) parece la hija de Stallone y la relación entre ellos está tratada con una torpeza total. Las famosas escenas de acción no son ni innovadoras ni emotivas, son como las de hace 20 años pero más sangrientas. Los malos no caen al suelo cuando las balas los alcanzan, se revientan literalmente. Ni siquiera se ha preocupado el amigo Stallone de escribir una maldita línea de diálogo para el malo de la peli, que va, da lo mismo, con que sea amarillo ya se supone que es un capullo de cuidado.

Stallone no se ha enterado de que Reagan ya no es presidente ni de que la guerra fría ha acabado.

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