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jueves, 11 de noviembre de 2010

Elizabeth: La edad de Oro


Tiene bemoles la cosa, mientras en España Vicente Aranda se dedica a hacer bodrios eróticos sobre nuestra historia (Juan La Loca, Carmen, Tirante el Blanco) los ingleses echan mano a la suya para hacer grandes films como Elizabeth: La edad de oro. Así pues, nos vemos obligados a ver nuestra historia contada por el otro bando y nos toca ser los malos. Es una lástima que, teniendo una historia tan rica y con tantos personajes interesantes, la desaprovechemos tan estúpidamente.


La película es la continuación del film Elizabeth (1998) y nos narra el reinado de la reina Isabel I de Inglaterra (hija de Enrique VIII y Ana Bolena como todo buen seguidor de la estupenda serie Los Tudor debería saber). Un reinado marcado por las luchas entre protestantes y católicos en la Europa del siglo XVI y la enemistad con la católica España de Felipe II, Armada invencible incluida. Llama la atención que ambas películas están dirigidas por el director hindú Shekhar Kapur. Un hindú narrando la historia de Inglaterra (no deja de ser paradójico) y encima lo hace francamente bien.

Además nos cuenta los entresijos del poder, conspiraciones, alianzas y traiciones que toda corte debe tener. El personaje de Elizabeth me pareció más interesante que en la anterior película, ahora es más segura, ha aceptado su posición de reina y se ha negado a esposarse con ningún pretendiente. Sabe que casándose deberá someterse a los intereses de su marido y con ella se sometería todo su reino. Así pues, ella no se casará con nadie e Inglaterra será libre. Ella no puede enamorarse, aunque sea la mujer más poderosa del planeta, se ha prohibido el amor a sí misma. Aun así, no puede reprimir del todo sus sentimientos.

Se han eliminado algunos personajes y hechos para hacer la cosa más llevadera. Pero en general es bastante fiel y esclarecedora para los que no conozcan esta parte de la historia. Es una buena reconstrucción de la época, vemos a consejeros, corsarios, indios americanos, asistimos a la llegada de la patata a Europa desde América, etc. No olvidemos que lo hace sin aburrir en ningún momento y sin escenas de sexo gratuito (otro gallo nos cantaría si la peli fuera española).

Todo ello aderezado con la música de Craig Armstrong además de unos trajes, pelucas, decorados, localizaciones e interpretaciones de auténtico lujo. Todo el reparto está muy bien, a destacar la sobresaliente interpretación de Cate Blanchett (se sale), Geoffrey Rush lo borda como el fiel consejero Walsingham y Clive Owen hace bien su papel de corsario vividor y aventurero. Por cierto, Jordi Mollá hace de un ridículo Felipe II, más parece un cruce entre un murciélago y un fanático religioso que un rey, cosas de ser el malo de la función.

Muy recomendable para aprender historia de forma amena.

7,5

viernes, 3 de septiembre de 2010

Los Tudor: entretenimiento didáctico

Ayer en la televisión pública asistí a uno de esos espectáculos gloriosos que la televisión nos brinda de vez en cuando. Me refiero a uno de esos momentos sublimes que justifican sobradamente la existencia de esa caja (habitualmente) tonta que nos demuestran que tras ella hay (a veces) gente inteligente. Uno de esos momentos que te hacen amar las series de televisión.
Por que no sólo de cotilleos baratos y platós repletos de idiotas gritando se alimentan nuestros ojos catódicos. A veces la televisión sirve tanto para entretener como para enseñar, en una misión pedagógica muy loable. A veces nos enseña que si hoy hablamos un determinado idioma o profesamos una determinada religión, puede deberse a los caprichos de la historia o a los problemas de alcoba de los gobernantes de hace 5 siglos. La HISTORIA (algo fundamental para entender nuestro presente) está rellena pasajes muy interesantes poco conocidos y que son un material estupendo para series y películas. Algo a lo que los anglosajones saben sacar partido, quizás deberíamos aprender de ellos.

Ayer asistí a la degradación moral de un personaje histórico como el rey de Inglaterra Enrique VIII, en primera fila y acompañado de una producción de lujo. Con un ritmo pausado pero seguro, la serie Los Tudor nos ha mostrado la evolución de un joven e idealista rey hasta convertirse en un déspota, un monstruo egoísta. Un personaje capaz de cambiar el rumbo de la historia por el amor de una mujer, un hombre capaz de ejecutar a sus amigos, enfrentarse a su conciencia, a las potencias euopeas, al Papa y a Dios mismo. Todo por el amor de una mujer.
Pero dicho amor no duró mucho y ayer pudimos ver cómo se pierde el favor de un rey, cómo la joya más preciada se convierte en un estorbo, cómo todo por lo que has luchado carece finalmente de valor.
Gran tragedia con toques clásicos la de Enrique VIII, un claro ejemplo de que la realidad supera a la ficción.

No os preocupéis , hay serie para rato. Aún van por la segunda mujer y no olvidemos que tuvo seis.