
Una chica de 17 años que debe encontrar a su padre antes de perder lo poco que le queda. Con una madre incapacitada y dos hermanos pequeños a su cargo, la tarea no será nada fácil.
Basado en la novela homónima de Daniel Woodrell, Winter’s bone es un film independiente enmarcado en la América rural más deprimida. Que quede claro, Winter’s bone no es un film divertido ni ameno, más bien todo lo contrario. Es un duro drama familiar con estructura de película policíaca. Un retrato poco edificante de la sociedad rural norteamericana: drogas, hampa, miseria. Esa América rural de casas destartaladas, gallineros vacíos y vallas hechas con parachoques, lo que se suele llamar white trash.
El guión nos sumerge en un mundo rural en el que la familia tradicional se resquebraja por momentos ante los ojos de la protagonista. Al padre desaparecido y a la madre ausente hemos de sumar la precariedad económica y el ambiente de miedo y silencio que reina en el condado. Una olla a presión que lleva demasiado tiempo a punto de explotar. Las preguntas de la sufrida protagonista en busca de su padre pueden hacer que muchos secretos a voces salgan a la luz. La familia es una vez más mostrada como la base de la sociedad, pero cuando varios miembros de una misma familia están implicados en asuntos turbios la familia puede ser toda una maldición.

La peli es interesante y se deja ver, sobre todo por la estimable labor de Jennifer Lawrence, sólo por su mirada vale la pena ver esta película. Ojito con esta chica, acordaros de su nombre que seguro que dará mucho que hablar. Lawrence es la particular heroína que luchará por resolver un misterio y salvar a su familia. Los adultos se nos presentan como inútiles, seres incapaces de sacar a flote a una familia o llevar una vida normal alejados de las drogas. Incluso el personaje del sheriff está lleno de matices. Me resultó curioso que casi todos los personajes femeninos parezcan ser esclavas sometidas a algún personaje masculino. En su periplo, la joven va visitando a todos aquellos que tuvieron relación con su padre, como si de una tragedia griega se tratara, en cada visita es recibida por una mujer que le advierte del peligro que corre. Sólo ella parece dispuesta a romper el círculo vicioso de sometimiento. Ingresar en el ejército parece ser su única oportunidad de lograr la ansiada estabilidad económica y familiar.
Todo este desolador panorama está perfectamente plasmado en imágenes por Debra Granik quien dota al film de una gélida atmósfera. La fotografía y la dirección de actores son más que correctas pero Granik fracasa a la hora de hacernos suficientemente interesante la trama. A veces el ritmo decae y la peli se hace algo pesada. Demasiados puntos muertos hacia el final. Por cierto, la escena en el bote me resultó bastante indigesta, supongo que ése era el propósito.
A mí el film se me hizo algo pesado, la verdad. La trama y las interpretaciones están muy bien pero la peli me dejó frío.
6