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jueves, 11 de septiembre de 2014

Cautivos del mal (The bad and the beautiful, 1952)


 Pocas veces el mundo del cine ha sido visto de manera tan despiadada como en esta gran película de Vicente Minnelli.

 Minnelli fue un director especializado en musicales, género en el que cosechó grandes éxitos durante las décadas de los 50 y 60 como Brigadoom, Un americano en París o Gigi. Sin embargo yo prefiero sus films no musicales como El loco del pelo rojo, El padre de la novia y la que nos ocupa Cautivos del mal. Minnelli demostró ser uno de los más grandes directores de Hollywood, un artesano versátil capaz de triunfar entre el público en varios géneros. Sin embargo, de las seis estatuillas que cosechó el film, no está incluida la de mejor director, ni siquiera estuvo Minnelli nominado. Quizás fuera una venganza de Hollywood por mostrar su lado menos glamuroso. Minnelli debería esperar todavía unos años para alzarse con el ansiado premio. Su trabajo en Cautivos del mal es impecable, siendo su dirección de actores y sus sutiles movimientos de cámara lo que más llama la atención a un espectador moderno. Un estilo de rodar y de contar una historia que caducó hace mucho tiempo pero que 60 años después sigue siendo imbatible. Minnelli, gran amante del cine en color, decidió rodar esta historia en blanco y negro para abaratar los costes, así de implicado estaba en esta historia.

 Cautivos del mal se beneficia de un excelente guión y unas estrellas en su reparto que eran también unos actores sobresalientes (algo que, lamentablemente, hace mucho tiempo que ya no se da). Cabe destacar a Kirk Douglas como Johanthan Shields, Douglas despliega todo su encanto de seductor dejando ver a su vez el trasfondo trágico de su personaje. También la estrella rubia por antonomasia de la época, Lana Turner, está sobresaliente. Sólo por ver la química entre esta pareja de actores vale la pena ver esta gran película.


  El film pivota sobre la siguiente pregunta: ¿A quién pertenece una película? ¿Quién es su máximo responsable?. El cine, como suma de todas las artes existentes (literatura, pintura, música, escultura, etc), es un trabajo en equipo cuyo resultado final es mucho más que la suma de las partes. Debe haber algo que aglutine el conjunto y le de coherencia y personalidad propia.  Es ahí donde entra en juego la figura del productor. El productor es quien invierte su dinero y pone en relación a todos los intervinientes en el proyecto. No es de extrañar que el Oscar a mejor película lo recoja el productor. Él es el  verdadero dueño de la película y quien tiene la última palabra sobre el resultado final.

 Cautivos del mal es un fiel reflejo de esa época dorada de Hollywood. Una industria que resplandecía con luz propia. Todo ello gracias al talento de artesanos reunidos en torno a un productor. Cautivos del mal se basa en una estructura a base de flashbacks en la que un director, un escritor y una estrella de Hollywood rememoran sus experiencias junto al productor Jonathan Shields. Los tres se sienten traicionados por Shields pero no pueden negar que son lo que son gracias a él, Shields sacó a flote lo mejor de ellos y les hizo creer en sus posibilidades para ser dejados en la estacada cuando dejaron de servir a sus intereses.

 Ahora Shields, agobiado tras sus últimos fracasos como productor, decide jugarse todo a una carta y recurrir a sus antiguos colaboradores a pesar de que sabe que le odian. El retrato de Johnathan Shields me parece francamente interesante, es un tipo seductor capaz de cualquier cosa para lograr su objetivo incluso es capaz de contratar extras para que acudan al entierro de su padre. Un padre que era un productor con fama de tirano que acabó odiado y abandonado por todos, algo que Jonathan pretenderá evitar  a toda costa pero parece que el destino se obstina en hacerle repetir los pecados de su padre. Al menos, la llamada de socorro a sus antiguos amigos parece humanizarlo y alejarlo de la maldición familiar, es algo que su padre nunca hubiera hecho. Por cierto, la escena final del film me resultó un poco forzada y, en mi humilde opinión, desentona un poco con el tono ácido del film. Es el único pero que le puedo poner.


 Cautivos del mal es un ejemplo de ese cine basado en unos diálogos y una puesta en escena prodigiosa. Ningún movimiento de cámara es aleatorio ni sobra una sola mirada o coma del guión. Un trabajo de orfebrería al servicio de una historia que tiene visos de venganza y ajuste de cuentas. No resulta improbable que Johnathan Shields, el productor sin escrúpulos personificado por Kirk Douglas, estuviera inspirado en David O. Selznick. Su historia de auge y caída tiene demasiadas similitudes como para ser casual.  Antes de que el cine norteamericano cayera en manos de ejecutivos, hubo un tiempo en el que todopoderosos productores como David O. Selznick se jugaban su fortuna y su prestigio en cada película. No cito casualmente al productor de Lo que el viento se llevó, Duelo al sol o Rebeca. Selznick fue un productor caprichoso y cruel que no acabó bien con la mayoría de sus colaboradores. Sus intromisiones en el rodaje y sus cambios de última hora en el guión son legendarios. Hitchcock acabó harto de sus intromisiones y Eric Von Stroheim comentó que se había sentido en Hollywood como una prostituta.  Selznick era tan caprichoso y poderoso que era muy capaz de convertir a una actriz de tercera en una gran estrella (lo hizo con su esposa Jennifer Jones).

 Los productores, no nos engañemos, siempre han buscado la rentabilidad del producto, importando muy poco las aspiraciones artísticas del director o del resto del equipo. Pero Selznick formaba parte de ese selecto club de productores que buscaban algo más. Probablemente, en un delirio de grandeza, buscaban que su nombre fuera recordado para la posteridad gracias a sus películas.


 Tampoco parecen casuales ciertas similitudes entre el personaje de Lana Turner y la ya ex esposa de Minnelli, Judy Garland. Ambas tenían ciertas peligrosas adicciones y una importante falta de auto estima. Al igual, parece evidente la inspiración en el polémico director austriaco Joseph Von Stroheim para el personaje del director Voll Stein. Incluso el propio Minnelli tiene similitudes con Shields, ambos habían fracasado con sus dos últimas películas. Parece ser que Minelli volcó buena parte de sus conocimientos y experiencias en Hollywwod en esta imperecedera película.

  Así pues, Cautivos del mal es uno de los mejores ejemplos de “cine dentro del cine”. Una joya.

miércoles, 26 de enero de 2011

Renovarse o morir


Tras el acuerdo alcanzado por PSOE, PP y CIU para sacar a delante la llamada ley Sinde, ahora resulta que su contenido no le gusta a nadie. Los creadores dirán que es muy blanda con los piratas mientras los internautas dirán que es muy dura. Era de esperar, nunca llueve a gusto de todos, pero el granizo actual está provocando daños irreparables.

Supongo que los políticos, que estas cosas de los derechos de autor e internet les deben de sonar a sánscrito, han decidido tirar por el camino de en medio y no contentar al 100% a ninguna de las partes. Las primeras reacciones ya se han hecho esperar, Alex de la Iglesia dice que dimitirá tras la gala de los Goya. Tal hecho le honra en un país en el que no dimite nadie excepto un ministro de justicia al que pillaron cazando sin licencia (sólo por su osadía yo le hubiera puesto un monumento). Pues muy bien por Alex, que se dedique a dirigir películas, que es lo suyo y aún le queda bastante camino para ser Hitchcock o Tarantino.

Yo tengo mis propias soluciones al problema de las descargas ilegales. Personalmente, veo mal que un pavo se forre con la publicidad de su web a base de colgar enlaces a megaupload para bajar series, juegos y películas. Forrarse con el trabajo de otros. Así de simple y así de claro, no lo veo justo.
Pero la demanda existe y millones de usuarios demandan contenidos audiovisuales y/o culturales (aunque yo a veces dudo que el porno sea cultura). La red está llena de estas páginas de descargas de contenidos que otros han hecho y por las que no ven un duro. Todos las conocemos y sabemos que pueden tener varios miles de personas conectadas a la vez. Ya he contado alguna vez lo triste que es ver una película en un cine vacío, quizás sea inevitable.

Al lío. Yo propongo que las distribuidoras se dejen de tonterías y permitan bajar las películas desde sus propias páginas web, previo pago, claro. Suponte que te puedes ver online o descargar una película en calidad blu-ray desde la página oficial y por un precio asequible (4 euros, por ejemplo). Sería como un videoclub online directamente de la distribuidora, eliminando intermediarios.
Por otro lado, eliminando la demanda de esas páginas ilegales de descargas sería innecesaria la intervención de jueces y policía (que bastante trabajo tienen ya). Cuando dejen de ser rentables, las páginas desaparecerán por sí solas. Por cierto, aún no entiendo qué hago yo perdiendo el tiempo en un blog que no me reporta un puto duro. Amor al arte o estupidez, llamadlo como queráis.

Además, por la descarga legal en casa, el usuario se ahorraría bastante dinero ya que normalmente la disfrutaríamos más de una persona. Suponte que la vemos 2 personas por 4€ y compáralo con los 14€ que nos costaría ir al cine. Y no sería ilegal ni haría falta tanta ley ni tanto debate. Se podría hacer que la descarga tuviera una vida limitada de 24 horas (aunque seguro que se podría crackear como los juegos de la play, los dvds o los blu-rays). Así se garantizan que si la quieres ver otra vez pases por caja nuevamente o te la bajes sin capar por un módico precio. Incluso se podrían establecer diferentes precios según la antigüedad o la demanda del contenido. No tiene sentido que un estreno te cueste lo mismo que un film del año 1940 que está más que amortizado. Hasta se podrían hacer unas tarifas planas con las que pudieras tener acceso a un enorme catálogo audiovisual a la carta.

Lo que no veo lógico es enfrentarse al imparable progreso que arrasa con leyes, usos y costumbres. Los videoclub tradicionales casi han desaparecido, se cierran salas de cine y los estudios pierden dinero (o dejan de ganar). Pero no se adaptan a los nuevos tiempos. La tecnología ha servido históricamente para abaratar y acercar la cultura a la gente. Desde la imprenta de Guttenberg o la radio de Marconi pasando por Napster. No se puede pretender que la gente se gaste 6,80 € en ir a una sala de cine a ver The tourist, que encima el film sea un bodrio, luego te pidan 30 € por comprártela en blu-ray y encima pretendan que no te la bajes gratis cuando es tan fácil como darle a una tecla. Si alguien pretende seguir así (ya sea un legislador, una industria o una asociación de autores tipo SGAE) tiene la batalla perdida.

Los autores tienen todo el derecho del mundo a cobrar sus derechos de autor, sin duda. Sin ellos no habría nada que ver, oír, leer, copiar o descargar. Les necesitamos, pero la forma de distribuir contenidos y sacar beneficios de ellos debe cambiar.


viernes, 4 de diciembre de 2009

De cabeza hacia el precipicio


Hay que ver el lío que se ha montado con la ministra de cultura y la supuesta ley contra las páginas de descargas ilegales, se veía venir. Yo propongo una solución mucho más fácil y sin jueces ni gobiernos de por medio.

Leí hace tiempo en El País un interesante y descarnado artículo sobre la descarga de películas en internet y el daño que ocasiona a nuestros cineastas. La verdad es que no le falta ni un ápice de razón. Comparto totalmente que a cada uno se le debe de pagar por su trabajo, sea físico o intelectual. Que lo de pensar y crear está muy mal pagado y peor visto en este país. No olvidemos que España es el país (o conjunto de naciones) de la picaresca y del “que trabaje otro” y "si lo consigo gratis, mejor".

Así pues, estoy de acuerdo en que a músicos, compositores, guionistas, actores y autores en general se les debe de recompensar y pagar debidamente por su trabajo (no voy a hablar ahora de la SGAE y sus cuestionables prácticas recaudatorias) pero lo de las descargas de internet es imparable y hay que adaptarse a los nuevos tiempos o irse cavando la tumba.

La situación es especialmente preocupante para los que viven de hacer y distribuir cine. Ya sé que a Spielberg se la suda la crisis (más le ha robado Madoff) pero no todo el mundo tiene a sus espaldas la carrera del autor de Tiburón. Aquí nadie parecía querer hacer nada hasta ahora que el gobierno ha soltado un globo sonda. Las administraciones siguen subvencionando y los distribuidores se siguen quejando de que sólo es rentable el cine de gran espectáculo hollywoodiense (los blockbusters y remakes). Todo lo demás, salvo excepciones, es ruinoso. La última baza que quieren jugarse los de Hollywood es la del 3D, algo que en casa no es posible piratear (aún) pero que aumenta el coste de la entrada considerablemente, además para el cine patrio es impensable algo así. Más leña a la hoguera en la que arderá el cine.


Hoy por hoy, no descubro nada nuevo, es mucho más fácil, cómodo y barato bajarte la película de internet y te la ves en casa. Es cierto que la calidad de imagen y sonido suele ser mucho menor (si es un screener y se queda dormido el que graba... ya ni hablemos) pero es gratis, qué demonios. También todo el mundo sabe que se está cangardo a la industria, pensemos en la cantidad de videoclubs que han cerrado en los últimos años, pero para la bazofia de pelis que se hacen ahora...
Me comentan varios amigos que ellos no van al cine a pagar 6 euros por una peli que igual es una basura (algo bastante probable sobre todo si va de robots transformistas o grupos militares de élite), vamos, que me dicen que es muy caro. Ni se me ocurre decirles que la última vez que fuí al cine me costó 6'80 € cada entrada. Igual me hacen comerme la entrada.
Hace poco estuvimnos 2 personas en una sala de proyección, no me quejo, fue bastante íntimo (lástima que hace años que ya no meto mano en los cines) pero me dio algo de pena. Si a los 6´80 € sumas palomitas, bebida y chupa chups, ir al cine te sale más caro que invitar a cenar a Paris Hilton y al adefesio de su perrito minifaldero.

Así pues, me saco de la manga la solución ideal que encantará a espectadores y autores / distribuidores. Una solución que a nadie parece habérsele ocurrido, una espada para acabar con el dragón de las descargas ilegales. Bajar los precios. Lanzo desde aquí un estúpido reto a todos los distribuidores de cine y salas de proyección: probad a bajar los precios de las entradas. La ley de la oferta y la demanda. Baja la demanda, bajo los precios. Lo contrario es ir de cabeza hacia el precipicio (la situación actual). Encima que te sale un competidor que vende el mismo producto (o casi) a coste cero, tú vas y subes el precio del tuyo: te vas a la ruina en cuatro días. Lo mismo se podría aplicar a las compañías de discos (otras que también se van quejando de lo poco que ganan ahora y se olvidan de lo que han ganado a manos llenas durante décadas). Que el mundo ha cambiado, que os espera la ruina más miserable. No hay decreto ley ni economía sostenible que os salve el pan.

Si las películas en vez de costar casi 7 euros, costaran 3, creo que aumentaría significativamente el número de espectadores en las salas. Yo mismo iría mucho más al cine si fuera más barato. De hecho conozco mucha gente que ya no va al cine. Nada. Ni una vez al año. Tampoco pasa nada, no es obligatorio ir, yo no he ido nunca a ver un partido de fútbol. Pero es indiscutible que han perdido muchos espectadores para siempre. Creo sinceramente que una rebaja, por ejemplo, del 50% en el precio de la entrada supondría un aumento mucho mayor de espectadores.


Pensemos que la proyección del film cuesta lo mismo si la sala está llena que si está vacía (supongo que la onmipresente SGAE irá a porcentaje de recaudación). Los derechos de emisión (o como se llamen) y los salarios del personal de la sala y el resto de costes son los mismos. Pero el cine estaría mucho más lleno y las descargas de internet disminuirían (o no, váyase usted a saber).


Ahí va mi ridícula propuesta, no soy economista pero me gusta el cine e ir al cine. Algo que en breve ya no podremos hacer si no se mueve ficha pronto (y no me refiero al gobierno). Ya veo dentro de unos años a los turistas visitando salas de cine de igual modo que nosotros visitamos teatros romanos, serán ruinas.

miércoles, 3 de junio de 2009

El final del cine Mola

Paso a menudo cerca de lo que antes fue el cine Mola de Zaragoza y ahora es sólo un despojo olvidado. La gente pasa junto a su entrada (tapada y convertida en valla publicitaria, aparcamiento de motos y contenedor de residuos) mientras nadie parece acordarse de que allí hubo una vez un cine.

El cine Mola se abrió en 1967 y tuvo su época de esplendor en los años 70 y 80, yo vi algunas películas allí de niño. Pero la cosa fue decayendo de forma imparable. La desidia y la falta de interés de los dueños y las instituciones hicieron que el local se convirtiera en una auténtica ruina.

El último film que vi en la sala fue Tigre y dragón: sus viejas 918 butacas eran terriblemente incómodas, la moqueta estaba llena de manchas, había un olor a rancio que echaba para atrás, los uniformes de los trabajadores estaban pasados de moda, etc… Me dejo lo mejor para el final, había unos posters enormes de dos glorias de los años 70: Nadiuska (una de las olvidadas reinas del destape de los 70) y Terence Hill (eterno compañero de Bud Spencer). Dos posters totalmente anacrónicos que evidenciaban el tremendo abandono en el que había vivido la sala en los últimos años.

Lo peor de todo es que el cierre se hizo de forma tan chapucera que ni siquiera se molestó nadie en quitar los carteles del último film que se proyectó en la sala: Blade Trinity. Un horror de película cuyos carteles siguen todavía allí (4 años después) rodeados por las letras rojas y amarillas (no podían ser de otro color) que forman el nombre del cine.

Se dice que el Mola no tenía salida de emergencia, que la comunidad de vecinos no dejaba hacer las obras necesarias y que el ayuntamiento no daba permisos para convertirlo en multicine, etc. Siempre pensé que Lauren films quería hacer negocio con el local (ubicado en pleno centro de la ciudad), ya sabes: hundo un negocio, levanto apartamentos y me forro. Pero ha pasado el tiempo, el boom inmobiliario se ha desinflando y no pasa nada.

Tanta Expo, tanta capital cultural, tanto Zaragoza se menea, tanto festival o tanto concierto de Madonna y nadie hizo nada por salvar un cine. Casi es mejor así, cuando las instituciones (Ayuntamiento, DGA, la SGAE) se metieron por medio para salvar al Cine Fleta se originó un agujero negro de burocracia e incompetencia del que aún no vemos la salida (si la hay) pero que ya se ha tragado 8 años y 15 millones de euros.

El cine ya no es un negocio como antes, durante un tiempo las multisalas fueron casi las únicas que sobrevivían (o malvivían) del cine. Ahora ya ni eso, tras el cierre del Mola vinieron los de los multicines Buñuel, Aragón o Goya. Pequeños trozos de nuestra infancia murieron con ellos.

Hoy en día sólo los multicines integrados en grandes centros comerciales parecen tener futuro. Pero no han sido sólo internet o la piratería los culpables, lo que realmente mató al Mola fue la desidia y la falta de ideas.

Ya nadie se acuerda de Nadiuska, ni del Mola.


jueves, 5 de marzo de 2009

Camino








Pues tras toda la polémica y todo lo que se ha escrito y dicho sobre este film, pienso que es la justa ganadora de los Goya de este año.






Primeramente, es un film valiente, algo que siempre hay que valorar ( sobretodo dentro de nuestras fronteras). Valiente por que trata un tema muy duro como es una enfermedad y más cuando la enfermedad se ceba en una persona tan joven. No es un tema que atraiga mucho a la gente hacia las salas de cine. El cine suele servir mejor como distracción que como denuncia, siempre es más llevadero salir del cine tras ver una peli de aventuras que un dramón lacrimógeno. Pero el cine debe y puede servir también para mostrarnos realidades que existen y que no veríamos de otra manera. Siempre hay gente que prefiere vivir en la ignorancia y así ser más feliz.Inspirándose en hechos reales (no basándose en una historia real concreta), Javier Fesser realiza una brutal reflexión sobre la vida, el dolor y la muerte. La niña de su film usa su imaginación para escapar de su enfermedad y vivir una idílica e imposible historia de amor con otro niño. Se evade del sufrimiento y las restricciones de los mayores. Lamentablemente, la realidad acaba siempre por imponerse.




Creo que Fesser no sólo ha sido muy valiente con esta película, además ha sido especialmente duro. Su película no ahorra malos momentos al espectador, hay operaciones y planos bastante desagradables. Si además le añadimos los duros giros que va tomando la trama, la película se convierte en una experiencia especialmente dura. Yo tengo que reconocer que lloré en varios momentos y otras veces sentí mucha rabia por la crueldad de los hechos plasmados en el film. Fresser ha logrado con creces su objetivo de remover la conciencia al espectador.




Eso sí, Fresser demuestra tener una sensibilidad prodigiosa y nos brinda escenas memorables y algunos de los momentos más emotivos del cine español. La caja de los secretos, el ramo de flores, el ratón, la obra de teatro, todo el personaje del padre de la niña… magistrales.




Me pareció un acierto el hecho de representar dos veces la misma escena al principio y al final de film. La primera vez tiene un significado, pero la segunda vez entendemos por qué la niña dice lo que dice. Inicialmente los mayores (y los espectadores) no entienden los verdaderos motivos de la niña y los malinterpretan. La magia del cine en estado puro.




Respecto a la polémica con cierta orden religiosa, no pienso meterme en camisas de once varas. No es mi cometido. Yo sólo hablo de cine, buen cine en este caso.




El único problema que yo le veo a la peli es cuando se escapa de la dura realidad y se adentra en las ensoñaciones (o imaginaciones) de la niña. Son unas escenas visualmente muy logradas pero no creo que aporten mucho e incluso algunas me llegaron a sobrar. Tiene momentos surrealistas muy logrados como el de la playa pero otros simplemente sobran. Entiendo que la niña Camino se escape de su enfermedad y del opresivo mundo de los mayores imaginando aventuras pero la cosa no acaba de cuajar. Funcionó mucho mejor en El laberinto del Fauno.




La peli se alarga hasta las 2 horas veinte minutos y se me hizo algo excesiva. Es demasiado traumática y demasiado extensa, convirtiéndose en una experiencia por momentos agónica. Agotadora. Supongo que ese era el objetivo de Fresser, meternos en la interminable agonía de la niña y su familia.




Los actores están todos soberbios, muy verosímiles y creíbles. La verdad es que tanto Carmen Elías, Mariano Venancio, Jordi Dauder, Nerea Camacho y Manuela Vellés (de sorprendete parecido físico con Nerea camacho, su hermana en el film) están inmejorables. Bravo por todos ellos.




¿La mejor película española del año? Sin duda. Ya quisieran muchos directores consagrados emocionarnos la quinta parte que Fesser con este film.




Dura, pero necesaria.
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