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miércoles, 19 de junio de 2013

Hierro 3 (Bin-jip, 2004)




 Seguimos recomendando películas orientales, ya sé que a este paso voy a perder los pocos lectores que aún me leen, pero no puedo evitarlo. Para hablar del último remake o secuela venido de Hollywood ya hay muchos otros sitios en la red.

El coreano Kim ki-Duk (Primavera, verano, otoño, invierno y... primavera) es un director especializado en romper los tabús de la sociedad. Sus historias no siempre resultan fáciles, el espectador occidental debe hacer el esfuerzo de meterse en la historia y aceptar como creíbles las premisas de su cine. Una vez que este paso se ha logrado, nadie ha dicho que sea fácil, podemos disfrutar de un estimable ejercicio de buen cine. En Hierro 3 nos narra la peculiar historia de un joven que entra en las casas mientras los dueños están fuera y se dedica a vivir en ellas durante unos días.

 Este arriesgado modo de vida nómada se verá alterado cuando el okupa se encuentra con su alma gemela (o más bien ella le encuentra a él). Ambos descubren que están hechos el uno para el otro, se respetan mutuamente y no le pertenecen a nadie. Son almas heridas que ansían libertad. Ellos eligen libremente llevar esta vida, sin hogar fijo y sin palabras de por medio. Son libres a su manera, nada les ata a ningún lugar ni a ninguna persona. Me gustó cómo ellos ordenan la realidad de otra manera, hecho que se plasma en las modificaciones que realizan de las fotos. Obviamente, la sociedad intentará acabar con su forma de vivir, imponiendo sus estrictas normas. Nuestra pareja protagonista deberá agudizar el ingenio y sus habilidades para burlar el férreo control de la sociedad para ser felices.

  Por medio de esta curiosa historia, Kim ki-Duk ataca lo que él considera defectos de la sociedad actual:    la propiedad privada (tanto de bienes como de personas) y la palabrería que muchas veces se interpone entre las personas. La pareja protagonista no necesita un hogar fijo ni hablar entre ellos. Kim ki-Duk se sirve de miradas y gestos para plasmar esta peculiar historia de amor. Igualmente Kim ki-Duk ataca el maltrato a las mujeres y la brutalidad policial (por poner sólo dos ejemplos), que se pueden considerar como consecuencias de la propiedad privada. Ki-Duk parece una vez más a favor de salirse de las férreas normas de una sociedad represora y vivir al margen, creando un microcosmos muy particular. ya he dicho que puede no ser fácil sintonizar con el cine de este autor, pero creo fervientemente que vale la pena darle una oportunidad.


Con pocas líneas de diálogo y mucha sensibilidad Kim ki-Duk nos ofrece otro estupendo film. Dale una oportunidad.

P.D. A pesar del título internacional, Hierro 3 no es una secuela. Se llama así por un palo de golf que raramente se usa. El título en coreano significa Hogares vacíos.



martes, 27 de marzo de 2012

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Bom, yeoreum, gaeul, gyeowool, geurigo, bom, 2003)



¿Una película puede cambiar tu vida? No sé si ésa era la intención que Kim Ki-duk tenía en mente cuando realizó Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera pero conozco alguna persona a la que le hizo plantearse muchas cosas.

Kim Ki-duk es uno de esos directores que provocan pasiones encontradas, o los amas o los odias. No hay término medio. Yo a veces lo amo y otras lo odio, con esta película lo amo. El tipo tiene un lenguaje propio y muchas veces sus propuestas son tan extremas y arriesgadas que cuesta entrar en su universo. El cine de este autor está lleno de ideas taoístas y budistas que nos pueden parecer exóticas en estas latitudes pero no por ello son menos ciertas. La obra de Kim Ki-duk emparenta también con buena parte del cine coreano y su curioso sentido de la redención: Las culpas deben expiarse (normalmente de forma violenta), no basta con arrepentirse. Kim Ki-duk nos habla del amargo camino hacia la felicidad a través de la búsqueda del conocimiento interior y el rechazo a toda posesión material.

Primavera… es un film visualmente hermoso pero con un perturbador mensaje. Puede que el espectador occidental se cuestione muchas cosas tras ver esta película (o puede que le aburra soberanamente y no entienda nada de nada, hay gente para todo). Muchos no entenderán cómo se puede vivir en mitad de un lago, el sentido de las puertas o el sentido de ciertos actos de los personajes. Yo sólo os pido que le deis una oportunidad a esta pequeña joya en forma de película.



Kim Ki Duk nos propone una historia aparentemente simple pero llena de matices. La vida de un anciano y un niño en una casa en mitad de un lago no parece muy apasionante. El niño aprenderá las enseñanzas del sabio maestro, aprenderá a observar y a respetar, a ser paciente y a no dejarse llevar por las pasiones. Pero el niño se convertirá en un adolescente y ya nada será tan fácil. El aislamiento del mundo se verá interrumpido por la aparición de una bella joven que huye del mundanal ruido. La vida en armonía con la naturaleza y los bellos paisajes dejarán paso a los demonios que inevitablemente acechan a la condición humana. El deseo y el apego a las personas y /o lo material entrarán en claro conflicto con las enseñanzas del maestro.
Como en todo el cine de Kim Ki-duk, el microuniverso que plasma en su película se puede interpretar como una metáfora de la vida. Los hechos narrados en el film son fácilmente extrapolables. Nada está puesto al azar, todo tiene un significado. Para llegar a maestro no basta con estudiar, hay que vivir y experimentar lo aprendido. Hay que conocerse a sí mismo. Para vivir en paz es necesario conocer el fracaso y la ira, completando así el ciclo vital. Las estaciones cambian, el tiempo pasa y el alumno se convertirá en maestro.
¿Pensamientos demasiado profundos para una película? No lo creo. Puede que el mensaje del film se atragante a algunos espectadores, pero creo que la mayoría entenderán fácilmente el mensaje del film.

La vida es un ciclo continuo, todo cambia y se transforma. No se pierdan esta gran película.

8


martes, 2 de agosto de 2011

El arco (Hwal, 2005)



Kim Ki-duk nos presenta aquí otra de su extrañas premisas tan habituales en su cine. Un anciano mantiene retenida en su barco a una joven adolescente desde hace 10 años. Ella ha crecido en ese mundo y no recuerda nada más. Todo empieza a complicarse cuando ella conoce a otro joven del que se enamora.


En el claustrofóbico entorno de un pequeño barco en medio del mar, Kim Ki-duk desarrolla sabiamente este complejo triángulo amoroso lleno de múltiples lecturas. Los personajes están aislados casi completamente del exterior, sin apenas conexión con la sociedad. El anciano ha creado sus propias normas sociales y ha sometido a la chica a ellas pero no puede evitar que ella tenga sus propios sentimientos, el conflicto está servido. Si la premisa es extrema (como casi siempre en este autor), el desarrollo no puede ser más poético. No hay un solo plano en tierra firme, siendo el barco y el mar los dos únicos escenarios de todo el film. Kim Ki-duk entrega un film precioso, de una belleza plástica que sólo el cine oriental es capaz y una poesía que muy pocos directores son capaces hoy en día. El film aboga por la sencillez de medios, con un arco y poco más se pueden decir y hacer muchas cosas: se puede predecir el futuro, mantener a raya a los rivales y tocar música ¿quién necesita nada más?
No sabemos el nombre de los personajes, de ninguno de ellos, ni falta que hace. Tampoco oímos las voces de los dos protagonistas, tampoco es necesario. Con un buen narrador y unos buenos actores sobran las palabras. Con miradas se pueden decir las mismas cosas que con palabras. Y si las miradas vienen de los ojos de Han Yeo-reum pues son para derretir a cualquiera, el veterano Jeon Seong-hwang también lo hace muy bien en su complejo papel pero su mirada tiene otros matices.

Puede que tanto rollo oriental / minimalista se le atragante a algunos espectadores aficionados al cine basura de yanquilandia (remakes, adaptaciones sin alma y vacíos efectos especiales), lo siento por ellos. Como le ocurre a la chica del film, ellos sólo conocen esa realidad y desconocen que hay otro mundo más allá del mar. No les faltará razón si me dicen que el final es demasiado metafórico, puede ser. Pero todo el film es una metáfora de cómo intentamos retener junto a nosotros a aquello que amamos aunque no nos pertenezca o conlleve la destrucción de lo amado.

Hay quien dice que Kim Ki-duk no hace cine sino poesía, es muy probable. El arco es uno de sus mejores poemas.

7,5