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martes, 27 de marzo de 2012

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Bom, yeoreum, gaeul, gyeowool, geurigo, bom, 2003)



¿Una película puede cambiar tu vida? No sé si ésa era la intención que Kim Ki-duk tenía en mente cuando realizó Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera pero conozco alguna persona a la que le hizo plantearse muchas cosas.

Kim Ki-duk es uno de esos directores que provocan pasiones encontradas, o los amas o los odias. No hay término medio. Yo a veces lo amo y otras lo odio, con esta película lo amo. El tipo tiene un lenguaje propio y muchas veces sus propuestas son tan extremas y arriesgadas que cuesta entrar en su universo. El cine de este autor está lleno de ideas taoístas y budistas que nos pueden parecer exóticas en estas latitudes pero no por ello son menos ciertas. La obra de Kim Ki-duk emparenta también con buena parte del cine coreano y su curioso sentido de la redención: Las culpas deben expiarse (normalmente de forma violenta), no basta con arrepentirse. Kim Ki-duk nos habla del amargo camino hacia la felicidad a través de la búsqueda del conocimiento interior y el rechazo a toda posesión material.

Primavera… es un film visualmente hermoso pero con un perturbador mensaje. Puede que el espectador occidental se cuestione muchas cosas tras ver esta película (o puede que le aburra soberanamente y no entienda nada de nada, hay gente para todo). Muchos no entenderán cómo se puede vivir en mitad de un lago, el sentido de las puertas o el sentido de ciertos actos de los personajes. Yo sólo os pido que le deis una oportunidad a esta pequeña joya en forma de película.



Kim Ki Duk nos propone una historia aparentemente simple pero llena de matices. La vida de un anciano y un niño en una casa en mitad de un lago no parece muy apasionante. El niño aprenderá las enseñanzas del sabio maestro, aprenderá a observar y a respetar, a ser paciente y a no dejarse llevar por las pasiones. Pero el niño se convertirá en un adolescente y ya nada será tan fácil. El aislamiento del mundo se verá interrumpido por la aparición de una bella joven que huye del mundanal ruido. La vida en armonía con la naturaleza y los bellos paisajes dejarán paso a los demonios que inevitablemente acechan a la condición humana. El deseo y el apego a las personas y /o lo material entrarán en claro conflicto con las enseñanzas del maestro.
Como en todo el cine de Kim Ki-duk, el microuniverso que plasma en su película se puede interpretar como una metáfora de la vida. Los hechos narrados en el film son fácilmente extrapolables. Nada está puesto al azar, todo tiene un significado. Para llegar a maestro no basta con estudiar, hay que vivir y experimentar lo aprendido. Hay que conocerse a sí mismo. Para vivir en paz es necesario conocer el fracaso y la ira, completando así el ciclo vital. Las estaciones cambian, el tiempo pasa y el alumno se convertirá en maestro.
¿Pensamientos demasiado profundos para una película? No lo creo. Puede que el mensaje del film se atragante a algunos espectadores, pero creo que la mayoría entenderán fácilmente el mensaje del film.

La vida es un ciclo continuo, todo cambia y se transforma. No se pierdan esta gran película.

8


domingo, 5 de abril de 2009

EL ÚLTIMO SAMURAI (The last samurai)



Tras hablar de Valkiria, no puedo evitar publicar este post sobre El último samurái. Un film paradigmático de cine espectáculo a servicio de una estrella. Técnicamente perfecto pero vacío de contenido. Me explico tras el salto.



La historia de un traumatizado ex-soldado norteamericano que sobrevive como atracción de feria y recibe la oferta de irse a Japón para instruir a un ejército no es mala. Posteriormente la historia da un giro, el soldado es capturado y se hace afín a los motivos de los samuráis rebeldes a los que debía ayudar a liquidar (algo así como en Bailando con lobos pero cambiando a los indios por samuráis). Con ellos superará sus traumas, adicciones y se encontrará a sí mismo. De paso habrá alguna atracción amorosa y buenas escenas de batalla. Nada más.


Yo esperaba que el acercamiento al Japón del siglo XIX fuera un poco más allá de los trajes y los decorados. Era una muy buena oportunidad para que en occidente nos enteráramos un poco de qué iba eso de los samuráis, los emperadores, el shogunato, el budismo, el bushido, el arte de la guerra, etc. Nada de nada.


Las mejores aproximaciones a la sociedad feudal nipona las hizo (obviamente) el japonés Akira Kurosawa en films como Ran (Caos), Kagemusha (La sombra del guerrero) o Shichinin no samurai (Los siete samuráis). Films todos ellos totalmente recomendables aunque algo largos y lentos a ojos del espectador moderno.
Oriente no tiene buena suerte en el cine comercial occidental, las aproximaciones Hollywoodienses se suelen quedar en el mero exotismo y las artes marciales. No hay apenas acercamientos serios a la cultura oriental. Para ello tienes que ver películas orientales. Quizás sólo Bernardo Bertolucci con El último emperador hizo un intento serio de plasmar la cultura oriental. Memorias de una geisha fue una loable aproximación al mundo de las geishas pero se quedó en el exotismo de los trajes y casi no profundizó más allá.


El budismo, en especial, es una religión bastante mal tratada por el cine. Bertolucci nos aburrió con El pequeño buda, Scorsese fracasó con Kundun y Anaud nos defraudó con Siete años en el Tíbet. El último samurái es otra cosa, puro cine espectáculo, un film de aventuras sin más pretensiones que entretener. No intenta explicarnos las costumbres de la época. Se queda en los tópicos de siempre: kimonos, peleas con espadas, harakiris (Sepuku) y unos budas ante los que se postran los personajes pero no se sabe si rezan, meditan o simplemente duermen.


No se intenta acercar al espectador a la sociedad feudal nipona, ni a la religión budista ni explicar los códigos éticos ni morales de los samuráis. No se explica en ningún momento que el emperador era una figura decorativa, se le consideraba hijo de los dioses pero el poder los ostentaba y ejercía el Shogun. La sociedad estaba basada todavía en el sistema feudal, muy parecido al de la Europa medieval. Los samuráis eran como los nobles de Europa, eran la casta privilegiada, guerreros que oprimían al pueblo a cambio de protección frente al ataque de clanes rivales. Todo este obsoleto régimen es el que el emperador Meiji intentó cambiar a finales del siglo XIX. Pero esta modernización del país pasaba por acabar con el poder de los samuráis, quienes, obviamente, se resitían al cambio.


El guión de El último samurái se queda en el mero topicazo, mucha lucha con espadas y mucho traje pero poco contenido. Los diálogos intentan ponerse trancendentes pero acaban sonando bastante insustanciales. Hay buenas oportunidades de plasmar las diferencias entre las dos culturas y el acercamiento entre ambas. Pero el guión las desaprovecha. Se centra mucho más en el trauma del personaje de Cruise que en el interesante conflicto en el que estaba sumido Japón. Pienso que ambas tramas son compatibles y se podría haber llevado a cabo un film divertido a la vez que didáctico.


Además en el film se establece una analogía entre la guerra contra los indios en Norteamérica y la modernización de Japón. Lo que pasó con los indios no creo que fuera una guerra, fue un exterminio. La modernización de un país no puede pasar nunca por el exterminio de sus habitantes autóctonos. Otra vez Hollywood dando lecciones y metiendo la pata.


Eso sí, los films dirigidos por Edward Zwick ( Resistencia, Diamante de sangre, Leyendas de pasión) son siempre buenos espectáculos visuales y este film no es una excepción.
La fotografía es espectacular (realmente preciosa) así como la música de Hans Zimmer, quien realiza una emocionante banda sonora cercana a los sonidos del genial compositor japonés Kitaro.

El último samurái es simplemente un vehículo técnicamente perfecto para el lucimiento de la mega estrella Tom Cruise (que sale siempre muy guapo y muy bien peinado). Un lucimiento caro y muy bien manufacturado, pero hueco.
5