Permitidme que me
explaye. Soy fan acérimo de Gary Oldman desde
que lo descubrí bajo toneladas de maquillaje en el Drácula de Bram Stoker,
esa manierista interpretación del mito vampírico que ha sido la última gran película
de Coppola.
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domingo, 14 de enero de 2018
sábado, 9 de noviembre de 2013
Solo Dios perdona (Only God Forgives)
Al hablar de Drive ya dejé clara mi postura sobre el director Nicolas Winding Refn: es un tipo con muchas posibilidades pero que quizás aún no había demostrado todo su potencial. Drive era un muestra de lo mejor que este director podía ofrecer. Sin embargo, Sólo Dios perdona es una muestra de lo peor que este director puede hacer.
Tras el éxito de Drive, Nicolas Winding Refn se embarcó en este proyecto personal en el que su estilo visual y narrativo aparece en su máxima expresión. Un prodigio visual, con unos intensos colores rojos y unos neones de la ciudad de Bangkog realmente fascinantes gracias a la fotografía de Larry Smith. Pero tras esa perfección técnica se esconde un vacío absoluto. Winding Refn huye hacia delante y se lleva todo por delante, incluida la paciencia del espectador. Su film fascina y exaspera a partes iguales. Con unos primeros veinte minutos absorbentes, a partir de ese momento el film inicia una vertiginosa carrera hacia el tedio y lo absurdo que puede acabar con la paciencia de más de un espectador. A mí su belleza formal me cautivó pero la forma de desarrollar la historia (que se puede resumir en 2 frases) me decepcionó ampliamente.
Winding Refn homenajea a Jodorowsky (por algo le dedica el film, mejor nos hubiera ido si le hubiera dedicado una canción en un karaoke) y se olvida que El topo es de 1970. Han pasado más de 40 años, ha llovido mucho y cualquier moderno del tres al cuarto ya no nos va a causar el mismo estupor que nos causó el film de Jodorowsky (de quien soy seguidor como cineasta, no como chamán ni charlatán). Igual que Jodorowsky, Winding Refn dota a sus personajes de unas connotaciones que los elevan más allá de lo que se muestra en pantalla. (Al final de la entrada incluyo mi interpretación del film). Pero no vale con homenajear. Hay que aportar algo de valor, algo propio. Aquí yo vi mucha copia a David Lynch (esos pasillos en penumbra, esas puertas...), al cine contemplativo oriental, al cine de Park Chan-wook, etc
Las miradas y los largos silencios tenían cierta gracia en Drive, pero aquí Winding Refn ha llevado estos recursos al absurdo. Personajes que se miran sin decir nada, cámaras lentas innecesarias, diálogos que no se oyen, personas que pasean por pasillos, etc. Su película no cuenta casi nada y lo hace de forma muy lenta y aburrida. Las escenas se eternizan y el ritmo cae casi hasta el coma. Me gusta el cine contemplativo de muchos autores orientales, hay veces que las imágenes son de una belleza tal que las palabras o la acción sólo pueden estropearlas. Aquí tenemos una fotografía espectacular (de lo mejor del año, sin duda) pero no hay historia. O mejor dicho, no hay ganas de contar una historia. Todas las escenas del karaoke (hay varias) me parecieron una prueba a la paciencia del espectador.
A mí ni la extrema violencia y sadismo de algunas de sus escenas consiguieron sacarme del sopor. La lánguida mirada de Ryan Gosling (que ya me empieza a aburrir en estos papeles de tipo inexpresivo) no me transmitió nada durante todo el metraje. Pone la misma cara cuando mata que cuando va a almorzar. Inexpresividad total. Lo mismo se puede decir del resto del film, es incapaz de hacer sentir nada al espectador. Reconozco que me gusta jugármela con este tipo de cine experimental, de autor, de culto o como lo quieras llamar. Pero esta vez la cosa me ha salido mal.
Un tedioso ejercicio de estilo tan bello visualmente como vacío de contenido. Un aburrido cine de autor. ¿Solo Dios perdona? pues que Él le perdone al señor Winding Refn esta horrible tomadura de pelo.
P.d.: Por si alguien ha visto la película y no ha entendido nada o simplemente quiere ahorrarse el suplicio de ver este ladrillo, he aquí mi particular interpretación del film (no hace falta ser un experto en psicología, ni en mitología griega ni en psicomagia):
El personaje de Julian (Ryan gosling) tiene un fuerte complejo de Edipo: mató a su padre y siente un fuerte impulso de volver al seno materno. Por lo tanto, tiene una ambigua relación con su madre (una excelente Kristin Scott Thomas que es lo mejor del reparto, ella al menos interpreta) y teme lo que puedan volver a hacer sus manos.
Su hermano se rebela contra lo establecido, y comete un crimen imperdonable ("Es hora de ver al diablo"). Un ángel caído que merece un terrible castigo por parte de Dios, figura quizás representada en un policía retirado cuyos antiguos compañeros veneran y obedecen. Un Dios impasible que reparte justicia de forma implacable y brutal. Pero la madre de ambos hermanos buscará venganza, ya sabemos el papel de la mujer en el antiguo testamento: es la mujer la que ofrece la fruta prohibida, quizás ella sea el mismo Diablo, el mal personificado en mujer. Quedando para Julian el papel del hombre (ser humano): un ser libre para elegir, pero que dudará y deberá pagar el precio de sus actos.
Lamentablemente, por muchos significados e interesantes connotaciones que le queramos buscar a los personajes y a sus motivaciones, el film se me hizo aburrido y pesado. Sólo dura 90 minutos y me parecieron 3 horas.
Su hermano se rebela contra lo establecido, y comete un crimen imperdonable ("Es hora de ver al diablo"). Un ángel caído que merece un terrible castigo por parte de Dios, figura quizás representada en un policía retirado cuyos antiguos compañeros veneran y obedecen. Un Dios impasible que reparte justicia de forma implacable y brutal. Pero la madre de ambos hermanos buscará venganza, ya sabemos el papel de la mujer en el antiguo testamento: es la mujer la que ofrece la fruta prohibida, quizás ella sea el mismo Diablo, el mal personificado en mujer. Quedando para Julian el papel del hombre (ser humano): un ser libre para elegir, pero que dudará y deberá pagar el precio de sus actos.
Lamentablemente, por muchos significados e interesantes connotaciones que le queramos buscar a los personajes y a sus motivaciones, el film se me hizo aburrido y pesado. Sólo dura 90 minutos y me parecieron 3 horas.
miércoles, 17 de abril de 2013
En la casa (Dans la maison)
Todos somos cotillas, para qué vamos a negarlo. Nos encanta saber lo que ocurre en las casas ajenas, un morbo indecente nos empuja a saber más de las miserias de los demás. De este espinoso tema habla En la casa.
François Ozon adapta la obra “El chico de la última fila” de Juan Mayorga. François Ozon elabora un excelente ejercicio sobre la creación de una obra literaria, el estilo y el desarrollo de los personajes. Al mismo tiempo plantea un inquietante juego del gato y del ratón del que ni los protagonistas ni el espectador son capaces de escapar. Lo que empieza como un inocente ejercicio de redacción en una clase de lengua va mutando hacia una enfermiza obsesión de consecuencias insospechadas. Todos los personajes acabarán implicándose en la trama y serán víctimas de un juego que, erróneamente, siempre creyeron controlar.
Me pareció excelente el matrimonio formado por Fabrice Luchini, el profesor, y Kristin Scott Thomas, su mujer. Me recordaron al formador por Woody Allen y Diane Keaton en Misterioso asesinato en Manhattan. En ambas películas, un matrimonio sale de la monotonía gracias a su propia interpretación de la realidad. En su intento de salir del aburrimiento, se dejan arrastrar por un juego detectivesco de intromisión en la privacidad de los demás. Si el film de Allen derivaba hacia la comedia, En la casa se decanta por el thriller de intriga aunque no se define claramente. El delito de sus protagonistas es mucho mayor, no sólo son cotillas, sino que fingen estar al margen mientras intentan dirigir la narración sin saber que ellos mismos están involucrados. Su fantasía acabará por atraparles.
Cabe destacar a una recuperada Emmanuelle Seigner, ya no es la sensual joven de Lunas de hiel (el tiempo no pasa en balde para nadie, amigos, para nosotros tampoco) pero sigue teniendo una presencia inquietante en pantalla. La mujer de Polanski encarna perfectamente a esa aburrida mujer de clase media. ¿Qué adolescente no se sentiría fascinado por la madre de un amigo así? El joven Ernst Umbhauer interpreta magníficamente al alumno que desencadenará toda la trama.
Ozon funde el lenguaje cinematográfico y el literario en una obra de compleja sencillez pero repleta de detalles. Los continuos cambios de género y estilo hacen de este film algo fuera de los común y muy por encima de la media. Ozon sabe a lo que está acostumbrado el espectador y deliberadamente rompe nuestros esquemas una y otra vez sin que el film se resienta (quizás, sólo un poquito, al final). Sin grandes alardes técnicos ni moderneces estúpidas, Ozon nos entrega un film más complejo que el noventa por ciento del cine de autor. Ozon tiene algo que contar y sabe cómo hacerlo.
Así pues, amigos, cuidado con desear saber lo que ocurre dentro de la casa ajena.
martes, 15 de mayo de 2012
La llave de Sarah (Elle s'appelait Sarah, 2010)
Nada, continuo con mi molesta costumbre de hablar de películas que no ve nadie. En este caso creo que es una pequeña pena que esta película no haya tenido más repercusión. No es que sea de obligada visión, pero sí que La llave de Sarah es un film recomendable con el que vale la pena perder dos horas de nuestro valioso tiempo. No todo va a ser fútbol.
La llave de Sarah es un film francés dirigido por Gilles Paquet-Brenner que adapta la novela de Tatiana de Rosnay). El film nos sitúa en el agitado verano de 1942 en el seno de una familia judía en el París ocupado por los nazis. Obviamente, las cosas no se pondrán nada fáciles para la familia de nuestra niña protagonista, la Sarah del título. Pero el acierto de la película es que nos transporta 60 años en el tiempo hasta que una periodista americana que investiga uno de los hechos más vergonzosos y menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial. Nuestra protagonista en el presente (Kristin Scott Thomas) descubre casualmente qué le ocurrió a la familia que ocupaba el apartamento en el que ahora ella va a vivir. La investigación se tornará en toda una obsesión por conocer la verdad y el paradero de aquellos personajes que una vez vivieron en ese lugar. Las dos líneas temporales (separadas por más de medio siglo) acaban atrapando al espectador casi por igual.
El film no es fácil de ver, yo me emocioné varias veces, hay algún momento bastante angustioso (sobretodo si eres padre) que te lo hace pasar francamente mal. Reconozco que estoy sensible con el tema y que todo lo que tenga que ver con el holocausto y los niños me afecta especialmente. Pero este film logró captar mi interés gracias a una interesante historia bien llevada. Paquet-Brenner sabe que la novela que adapta tiene mucho potencial y no arriesga con moderneces ni cae en excesos (que podría haberlo hecho fácilmente). Tampoco busca los aspectos más escabrosos, centrándose en narrar de forma eficiente la historia.
Y vaya si lo consigue, yo puse la peli un día entre semana a ver que tal estaba y me estuve hasta casi la una de la mañana. No la vi entera pero me pasé todo el día siguiente dándole vueltas a la peli y a su posible conclusión. Lamentablemente, los veinte minutos finales decaen un poco y el final del film no está a la altura de lo esperado. Tras tantas emociones y tragedias a lo largo del film la conclusión decepciona un poco y puede que le sobren minutos. Opino que el esclarecimiento de los hechos más teribles se deberían haber dejado para el final, logrando así un efecto mucho más impactante y evitando que el interés decayera. Pero es sólo una opinión.
El film propone una reflexión sosegada sobre el pasado y cómo nos afecta en nuestras vidas, incluso lo que hicieron personas a las que nunca conocimos. Quizás nunca conozcamos realmente a nadie. La llave de Sarah no es un film perfecto pero está bien, aunque intuyo que la novela es mucho mejor.
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