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miércoles, 5 de octubre de 2011

El nuevo mundo (The new world, 2005)



Tras La delgada línea roja, Terrence Malick tardó sólo 7 años en completar su cuarta película: El nuevo mundo.


Malick usa la historia real de Pocahontas (cuyo nombre no se cita en todo el film) para narrarnos una vez más sus temas de siempre. Vuelve a situar su historia en un entorno paradisíaco y enfrenta una vez más a la naturaleza salvaje (lo bueno) con la sociedad (lo malo). Pocas novedades podemos destacar de este film, quizás el más flojo de su filmografía en opinión de quien escribe estas líneas. El tema es interesante y hay escenas magníficas, pero Malick ya nos empieza a cansar sobremanera con sus voces en off y sus planos de naturaleza. Vale puede que Dios (o la madre naturaleza) nos hable a través de los rayos de sol a través de las ramas de los árboles, pero es un recurso (poético) ya muy usado por este director.

La belleza de las imágenes sigue siendo apabullante y la narración (cuando la hay) es muy poderosa y atrayente (aunque todos sepamos lo que va a pasar) pero Malick aburre en su tramo final. Cuando la acción se detiene y asistimos a una interminable sucesión de planos de ríos, árboles y peces es cuando el sopor empieza a aparecer sin remedio. Todo ello hemos de unirlo a una historia que ha perdido fuelle en la última media hora, haciéndose confusa (no se acaban de entender las motivaciones de los personajes) y muy lenta.

Nadie espera que Malick nos entregue un final feliz, ni haga un film palomitero ni un gran espectáculo para toda la familia. Si su cine está muy bien, oiga, pero un poquito más de ritmo no vendría nada mal.

Yo la recomendaría sólo para muy fans de Malick, que siempre hay alguno suelto, o a aquellos que no hayan visto la Pocahontas de Disney.

sábado, 1 de octubre de 2011

La delgada línea roja (The thin red line, 1998)


¿A qué se dedicó Terrence Malick durante los 20 años que separan Días del cielo de La delgada línea roja? ¿Por qué tardó tanto en volver a dirigir? Ni idea, dice wikipedia que se dedicó a dar clases de filosofía en alguna universidad. Eso explicaría muchas cosas de la evolución de su cine posterior. Es evidente que con La delgada línea roja Malick da un giro irreversible hacia el panteísmo. A partir de aquí sus películas serán cada vez menos narrativas y más contemplativas.

La delgada línea roja fue el retorno de Malick al cine tras 20 años de ausencia, en estos 20 años sus dos primeras películas (Malas tierras y la citada Días del cielo) se habían convertido en clásicos y Malick era considerado como un autor de culto. Su regreso estuvo precedido por una enorme expectación y casi todos los actores de Hollywood se peleaban por entrar dentro del reparto aunque fuera en un pequeño papel.


No se puede decir que La delgada línea roja sea una mala película (tampoco se puede decir de El árbol de la vida) pero sí se puede decir que Malick peca por primera vez de pretencioso y nos ofrece una película que pretende ser la película definitiva sobre la guerra. Ahí es nada. Malick adapta libremente la novela “The Thin Red Line” de James R. Jones (autor también de la novela en la que se basó De aquí a la eternidad) y crea su propio género cinematográfico, el cine filosófico-bélico-panteísta.
Malick pretende plasmar los deseos y los miedos de los soldados y el absurdo de las guerras humanas. A los pájaros, a los árboles, a la hierba, no le interesan las disputas humanas, no son nada para ellos. La naturaleza es sabia y no provoca guerras ni se deja influenciar por ellas. Pero el hombre, en su infinita soberbia, se cree el amo del mundo y lo destruye todo a su paso. En La delgada línea roja asistimos a esta confrontación entre el hombre y la naturaleza. Una vez más en el cine de Malick, la naturaleza es sinónimo de bondad, mientras la sociedad humana es sinónimo de maldad. Pero, si la naturaleza es buena y el hombre forma parte de ella ¿de dónde viene la maldad? ¿Es intrínseca al ser humano? Si Dios/la naturaleza es bueno ¿cómo pudo crear la maldad o permitir que exista?

El film inicia con un cocodrilo adentrándose en un río ¿una parábola de la intrusión del ser humano en la naturaleza? En las pelis de Malick siempre hay un río, sinónimo de vida, hacia el que huyen los protagonistas humanos. Luego asistimos a un barco de guerra que se adentra en una paradisíaca playa destrozando su paz. En otro momento del film un aborigen pasa junto a un grupo de soldados como si la guerra no fuera con él, totalmente ausente. Los que viven en armonía con la naturaleza (con Dios) no se ven afectados por la guerra. Los lagartos, los monos, las serpientes o los murciélagos observan a los soldados como si no comprendieran nada. Malick no ahorra bellos planos de animales o árboles que parecen estar totalmente al margen de esa locura que el ser humano ha llevado a su isla.
Dentro del grupo de soldados, veremos todo un crisol de motivaciones, miedos y formas de afrontar la muerte. Yo destacaría el enfrentamiento entre el personaje de Elias Koteas (preocupado por salvar a los hombres bajo su mando) y el personaje de Nick Nolte (más preocupado por lograr el objetivo cueste lo que cueste y quedar bien con el alto mando). Las escenas entre ellos son realmente tensas y emotivas, ambos quieren lo mismo pero no están dispuestos a pagar el mismo precio. También hay que mencionar a Sean Penn (que está soberbio), Jim Caviezel, John Cussack, Ben Chaplin y Woddy Harrelson (todos excelentes).


Con un reparto coral de lujo y varias voces en off , Malick pretende mostrarnos las diferentes maneras de afrontar la vida y la muerte en un paradisíaco entorno. Un intento muy loable que merece todo nuestro respeto, sobre todo si está rodado de forma tan maestra como lo está esta película. Todo el apartado técnico es tan sobresaliente como siempre en la filmografía de este director. La fotografía de John Toll es fascinante así como la partitura de Hans Zimmer. Las escenas de los soldados avanzando entre la hierba hacia un enemigo invisible son de una intensidad enorme, así como la toma de las posiciones enemigas está rodada de forma magistral. Igualmente los insertos de recuerdos en mitad de las batallas no hacen sino transmitirnos la angustia de los protagonistas y su miedo a no volver jamás a sus casas ni a volver a ver a sus seres queridos, algo que no suele mostrarse en el cine bélico.

Pero, en mi opinión, el film dura demasiado y se hace algo pesado. A pesar de contener algunas de las mejores escenas de batalla de la historia y del estupendo reparto. Nada puede evitar que este filosófico zeppelín se estrelle contra el suelo pasadas las dos horas. No importa lo bellas que sean las imágenes o lo transcendentes que se pongan las voces en off, falla el ritmo y el film acaba aburriendo. Una pena. Es que 163 minutos son demasiados. Podría haber sido peor. Se dice que el primer montaje duraba 6 horas y circula una copia con bastante más metraje del estrenado.
El mismo año Spielberg estrenó Salvar al soldado Ryan, las comparaciones son odiosas y en este caso creo que no proceden. Ambas son grandes películas que tratan sobre la Segunda guerra mundial pero sus objetivos son totalmente distintos. Malick bucea en el alma humana mientras Spielberg nos entrega un grandísimo entretenimiento.

P.D.: Por cierto, ¿de dónde viene el título del film? En la peli no se hace referencia a ninguna línea roja, pero en la novela se aclara que hace mención a la pequeña cantidad de casacas rojas (soldados del imperio británico) que defendían una posición.


domingo, 25 de septiembre de 2011

Días del cielo (Days of heaven, 1978)



Tras el prometedor inicio de su carrera con Badlands, Terrence Malick sorprendió a propios y extraños con su siguiente film Días del cielo, de 1978. En Días del cielo Malick ahonda aún más en las claves de su cine. Ciertos elementos aparecen nuevamente y se configuran como las constantes que van a formar parte de su corta pero interesante filmografía. Tenemos voces en off, planos bellísimos de la naturaleza, música cuidada, etc


En días del cielo, los protagonistas viven en una gran ciudad pero la miseria les persigue. El trabajo en una fundición no es suficiente como para llevar una vida digna, la revolución industrial ha convertido al hombre en un esclavo. Por un pronto mal controlado, la pareja formada por Bill (Richard Gere) y Abby (Brooke Adams) deberán abandonar su trabajo y su casa acompañados por la hermana de él, Linda (quien narrará el film a través de la inevitable voz en off). La solución, una vez más, está en huir al campo, a la naturaleza, a la verdad del mundo.

En el mundo rural la cosas no son mucho más fáciles (las condiciones de trabajo son muy duras y la paga sigue siendo escasa) pero el vivir en armonía con la naturaleza le confiere a su existencia otro cariz mucho más positivo. Pero he aquí que se establece un curioso y peligroso triángulo amoroso. Las ganas de medrar de estatus social y de dejar de ser pobre llevan al protagonista (un Richard Gere tan inexpresivo como de costumbre) a pedirle a su esposa que se deje cortejar por el amo de las tierras que trabajan. El conflicto está servido. En la inmensa planicie de los campos de trigo, la codicia y la mentira humanas intentarán esconderse pero les resultará imposible. El engaño se complicará más de la cuenta y Malick nos dará toda una lección moral.


Lo más destacable del film es la bellísima fotografía del español Néstor Almendros (quien ganó el Oscar ese año), nunca unos campos de maíz han sido plasmados de forma tan bella en una pantalla ni un incendio ha sido nunca una cosa tan hermosa. Sólo por las bellas imágenes, vale la pena ver esta película. También el uso de la música es algo fuera de lo común, esta vez corre a cargo del siempre genial Ennio Morricone. Malick demuestra ser todo un poeta de la fusión de imagen y sonido, dotando a lo narrado de una magia muy personal.

Por supuesto, Malick se enreda con planos de animales y bellos atardeceres, pero los pone al servicio de la historia. Hay que destacar que Malick aquí narra una historia y lo hace de forma eficiente pero no llega a transmitir toda la tensión que se supone que acontece en el interior de los personajes. Parece más interesado en la belleza de los trigales y del trabajo en el campo, como si su mayor afán hubiera sido plasmar El Ángelus de Millet en imágenes.

De hecho, la naturaleza es el último refugio del hombre, cuando todo se pone en su contra, debe huir por el río en busca de una salida. Una vez más la sociedad humana es vista por Malick como una amenaza. De hecho, los únicos crímenes del film se comenten en el entorno de la sociedad humana, dentro de las normas sociales, económicas y empresariales.
Quizás Malick se pierda demasiado en la belleza formal de las imágenes y no consiga traspasar la psique de los protagonistas. El film se ve sin problemas pero nunca llegamos a interesarnos por lo que les acontece realmente a los protagonistas, estamos tan embobados con las imágenes que el drama que se desarrolla pasa un poco desapercibido. Supongo que la inexpresividad de Richard Gere (creo que ya lo había dicho) es otro punto en contra de la identificación con los personajes. Gere es una metáfora del cine de Malick: perfecto y hermoso pero no transmite, no emociona lo que se supone que debiera hacerlo. Quizás Malick nunca quiso emocionarnos, sólo él lo sabe.
Como en Malas tierras, los protagonistas inician una huida desesperada hacia delante que nos brindará momentos de gran belleza estética pero poco calado emocional.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Malas tierras (Badlands, 1973)

Terrence Malick inicó su carrera como director de cine en 1973 con Malas tierras (Badlands).
Badlans se basa libremente en un hecho real ocurrido en la década de los 50 en el estado de Dakota. Dos jóvenes enamorados adolescentes (Charles Starkweather y Caril Ann Fugate) mataron a 11 personas durante su huida de la justicia que duró 2 meses. Malick escribió el guión basándose en este hecho real pero el film no pretende ser una reproducción de lo que pasó.


Interpretar los films de Malick es a veces complicado, no podemos contar con la ayuda del director explicándonos qué quiso decir con una película. Malick es un tipo raro: fue profesor de filosofía antes que director, nunca concede entrevistas, no hace promoción de sus películas, no recoge premios ni se deja fotografiar. Apenas existen unas pocas fotografías suyas. Por otro lado, sólo ha rodado 5 films en 40 años y estuvo 20 años sin rodar, lo que aumenta el aura de misterio que le rodea. Malick huye de la fama, sólo quiere contar sus historias.

Ya en su primera película podemos ver las constantes que predominarán en su cine futuro. Tenemos una voz en off que va añadiendo datos complementarios a lo que vemos en pantalla. También tenemos ya un exquisito uso de la música y de la fotografía. Incluso ya está la concepción panteísta del universo que tanto ha predominado en el cine de este autor.

Se pudiera pensar que para Malick la sociedad humana es maligna, siendo el hombre la peor criatura de la creación. Sólo la naturaleza, aunque dura, es buena y justa. Sólo en la naturaleza los protagonistas encuentran el ansiado refugio, cada vez que se encuentran con otro ser humano se desata la violencia. De hecho, la pareja protagonista no es mostrada como unos asesinos sanguinarios ni como unos locos. Malick los muestra como unos jóvenes enamorados con ganas de vivir en libertad, los crímenes que cometen son debidos a que alguien se interpone en su camino, ya sean las normas morales (el padre) o sociales, nadie parece querer darles una oportunidad.
Malick se muestra como un autor a tener en cuenta. Sabe rodar y narrar una historia. Al contrario que en El árbol de la vida, la acción fluye constantemente y no aburre nunca, a pesar de algunos planos de naturaleza que parecen sacados de un documental. Malick juega con los iconos culturales de su país en la época en la que él creció. Juega con James Dean, el mito del joven rebelde, juega con el mito del joven forajido. Elabora una road movie en la que llegar al destino no importa, no hay futuro para la pareja de enamorados, sólo estarán juntos lo que dure el viaje.
Kit (Martin Sheen) tiene 25 años y es el lado oscuro del sueño americano y de la sociedad de consumo, white trash sin futuro. Pero se va a convertir en un tipo famoso, él lo sabe una vez que empiezan su huida. Nunca se iba a hacer rico ni famoso trabajando, pero sí puede pasar a la historia con una pistola en la mano y con ese parecido a James Dean. Se sabe joven y guapo, sabe que puede llegar a ser todo un icono. Por eso graba su voz explicando lo sucedido, por eso decide marcar el sitio exacto en el que es atrapado, por eso no se deja matar en una cuneta, quiere saborear su efímera fama. Su novia Holly (Sissy Spasseck) sólo tiene 15 años y no ha cometido ningún crimen, sólo le acompaña aunque tampoco se opone a su violento novio, ella aún puede tener opción a un futuro mejor.

La huir de la sociedad es la única manera de ser libres, pero los desiertos y los bellos amaneceres no son refugio seguro contra uno mismo.

viernes, 16 de septiembre de 2011

El árbol de la vida (The tree of life)



Terrence Malick no se limita con esta película a narrarnos la historia de una familia en los años cincuenta. Eso sería demasiado simple, Malick nos cuenta la historia de todo el universo. Así pues, en esta película veremos formarse estrellas y veremos cómo los dinosaurios dominaron la tierra. Se podría decir que Malick ha realizado su particular 2001: una odisea del espacio, pero ha sido incluso más ambicioso que el maestro Kubrick.



Terrence Malick sigue pecando de dejar que la belleza de sus imágenes se coma a la narración, su cine es más contemplativo que narrativo, ya lo sabíamos. Pero en su quinta película ha ido más lejos intentando hacer de El árbol de la vida una obra de arte, no sólo por la forma sino también por el fondo. Una película que en todos los aspectos sea considerada como una maravilla. Un film que te arrastre a un estado de emoción sin parangón y cuyo visionado afecte de por vida al espectador. Buen intento. Malick rueda escenas de forma maravillosa y tiene planos sobrecogedores por su belleza y su originalidad (esas sombras de niños jugando son todo un acierto) pero no es suficiente para lograr su ambicioso objetivo. El problema es que dos horas y veinte minutos son demasiado, el film se hace aburrido hasta decir basta. Cada vez que miraba el reloj me aterraba más de lo despacio que pasaba el tiempo.

No es que la idea sea mala o que Malick no sepa rodar (todo lo contrario) sino que se queda en la belleza de las imágenes, no profundiza más allá y no da coherencia a este bellísimo torbellino visual que es El árbol de la vida. La peli tiene decenas de planos que son para dejarte con la boca abierta, pero la narración (cuando la hay) es tan lenta y tan fragmentada que sólo provoca el bostezo. Malick pasa de los diálogos, no le hacen falta, con cuatro voces en off y una genial selección de música clásica se cree capaz de hacernos entrar en su espiritual mundo.

Esta historia de una familia en los años cincuenta hubiera podido ser una hermosa película sin mayores pretensiones, pero todo el rollo panteísta y grandilocuente de Malick la convierte en un quiero y no puedo. El tejano pretende emocionar al espectador a través de una poesía visual sin igual, pero fracasa ya que una cascada, una galaxia, un meteorito o una célula no emocionan por sí solos. Malick no consigue que el espectador entre en el juego de considerar a todo el universo un ser vivo del cual el ser humano es sólo una parte insignificante. Su mensaje new age no caló en mí. Tampoco logra conectar la historia del universo con el pequeño drama familiar, haciendo que el film se hunda sin remedio. Unir los grandes misterios del cosmos con los pequeños problemas entre padres e hijos es una buena idea, pero en pantalla resulta un film pretencioso y tedioso.

Malick, como Buñuel, Lynch o Aronofsky, se sabe un maestro del séptimo arte, escribe y rueda lo que le da la gana, sin importarle demasiado si el espectador sintoniza o no con las bellas imágenes que nos ofrece. Yo no he conectado. Entiendo lo que Malick nos quiere contar sobre el amor, la religión, Dios, el destino y todo lo demás, pero me he aburrido como hacía años que no me aburría. Ni siquiera el final me parece que sea digno, es tan abierto a interpretaciones que cada espectador sacará sus propias conclusiones pero son conclusiones bastante obvias, la verdad.

Hay que destacar como algo muy positivo la increíblemente hermosa banda sonora del francés Alexandre Desplat (ganador del Oscar desde ya mismo) así como otras composiciones clásicas de gran belleza. A mí me sorprendió mucho (aunque sigo sin verle mucho sentido) la escena de la creación del universo con el tema Lacrimosa del compositor polaco Zbigniew Preisner. El tema pertenece a su trabajo Requiem for a friend de 1998, en homenaje a su amigo y colaborador Krzysztof Kieślowski. Hacía mucho tiempo (quizás desde 2001) que no se veía una fusión tan emotiva de sonido e imágenes. Aquí os dejo un minuto y 50 segundo de auténtica magia:


Respecto a los actores, pues están bien aunque no creo que ni ellos entiendieran lo que estaban interpretando. Brad Pitt está perfecto en su papel de severo padre amante de la música clásica. Su personaje me parece todo un paradigma del sueño americano que tanto triunfaba en los años 50, a base de esfuerzo se puede lograr cualquier cosa. Un tipo que transmite sus frustraciones a sus hijos. Interesante personaje que no acaba de cuajar del todo. Jessica Chastain es muy guapa y no está mal, la verdad. Sean Penn sale poco y con cara de amargado, no transmite nada y apenas dice una palabra. El papelón de su vida, vamos.

Por cierto, tengo unas preguntas, a ver si alguien me las sabe responder y coincidimos en nuestras interpretaciones: ¿Qué pinta el antifaz en el agua? ¿Qué viene a representar el episodio de los dinosaurios? ¿Qué simboliza la playa del final? ¿Y la puerta de madera en mitad del desierto?

Para unos será una obra maestra de sobrecogedora belleza y para otros un tostón de cuidado formado por momentos sublimes, me inclino un poco más por los segundos. Con un recorte en el metraje y algo memos de pedantería, estaríamos ante una maravilla indiscutible.



P.D.:  Seguro que este film es muy autobiográfico (me juego el cuello a que a Malick le rociaron con DDT cuando era crío, cosa que explicaría muchas cosas de su cine) y seguro que el padre de Malick era bastante parecido al que describe en el film. Yo soy padre de dos criaturas (sí, cualquier idiota puede ser padre) y reconozco que a veces pienso que soy demasiado severo con ellos, incluso me sentí incómodo en algunos momentos del film en los que me pude ver levemente reflejado. Espero no traumatizar a mis hijos y que éstos no reflejen sus traumas en películas tan aburridas y pretenciosas como El árbol de la vida.