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domingo, 10 de abril de 2011

In memoriam: Sidney Lumet


Sidney Lumet nos ha dejado. El genial director de obras maestras como 12 hombres sin piedad (1957), La colina (1965), Serpico (1973), Tarde de perros (1975), Network (1976) o Veredicto final (1982), aún nos regaló una joya con su última película Antes de que diablo sepa que has muerto (2007).



Lumet se inició en el cine clásico y de ahí su tendencia a pasar desapercibido, nunca hizo grandes estridencias a la hora de dirigir (nada de costosas grúas o eternos planos secuencia). Su estilo era perfecto e imperceptible. Siempre sabía donde colocar la cámara y la duración exacta de cada plano. Era un artesano que supeditaba su estilo a una buena historia. Algo que se echa en falta en el cine actual en el que hay mucho presupuesto y muchos efectos especiales pero no hay buenas historias. Con un buen guión y un buen reparto, el director puede y debe pasar desapercibido.

Lumet trabajó con los mejores actores, simplemente sacaba lo mejor de ellos y se dedicaba a rodar haciendo gala de una planificación excelente. Se nos ha ido otro de los grandes.



sábado, 16 de octubre de 2010

Network, Un mundo implacable (1976)



Cuando vi Network hace muchos años, me pareció que era un film demasiado tremendista. Era un esperpento que distaba mucho de ser real, la televisión no podía ser tan monstruosa. Lamentablemente, el tiempo me ha quitado la razón.
Network se basa en la historia real de Christine Chubbuck, una joven reportera que se suicidó en directo en 1974. Justo antes de pegarse un tiro en antena dijo: «De acuerdo a la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia: un intento de suicidio».


En Network asistimos al auge y caída del presentador de telediario Howard Beale (interpretado por Peter Finch), que monta en cólera en directo y grita estar harto. Anuncia que se va suicidar en directo en las dos semanas siguientes. La audiencia se dispara tras el incidente y la cadena, que inicialmente pensaba despedir al presentador por baja audiencia, decide renovarle y darle un espacio propio para que se explaye: "El Show de Howard Beale".
La frase de Beale: "Estoy más que harto, y no pienso seguir soportándolo" se convertirá en toda una proclama contra el sistema. Millones de espectadores saldrán a las ventanas de sus casas gritando dicha frase.
La cadena sabe que es jugar con fuego, que el presentador no es estable, que sus salidas de tono son incontrolables y su discurso cada vez más radical. Pero la audiencia manda, todo vale.
Maquiavelo se ha convertido en una productora televisiva (un tiburón con la cara de Faye Dunaway) dispuesta a todo por medrar en la empresa.


En busca de algo que se salga de la norma y dé que hablar (de morbo) la cadena se lanza en una espiral que irremediablemente acabará mal. Puede que el presentador se suicide en directo y puede haya disturbios incitados por sus incendiarios mensajes, da igual. La expectante audiencia necesita que este loco les saque de su aburrida monotonía y les sacuda las neuronas. Mientras tanto las arcas de la cadena se llenarán de dinero.

Tampoco importa que su mensaje vaya en contra del sistema, el sistema lo asimilará y convertirá en su propaganda más eficaz. El capitalismo es así. Pero cuando el mensaje deja de ser radical y ya no conmociona al espectador, éste buscará esa conmoción en otro sitio. Como resultado se pierde audiencia y el presentador/profeta deja de ser rentable para convertirse en un estorbo. Aunque quizás pueda ser de utilidad a la cadena una última vez.
La película del maestro Sidney Lumet ganó merecidamente el Oscar al mejor guión y tres de sus actores se llevaron también la dorada e inexpresiva estatuilla a casa: Faye Dunaway, Peter Finch (a título póstumo) y Beatrice Straight.

Puede que Network fuera una advertencia de lo que podría pasar, pero acabó siendo todo un presagio, incluso se ha quedado corta en algunos aspectos. Hoy en día vemos cómo las cadenas explotan a personajes que sacan a la audiencia de su rutina, que les divierten a base de mostrar miserias para olvidar las suyas propias. Personajes que venden su vida privada a cambio de dinero. Hazmerreíres que saben de su condición de patéticos bufones. Al menos Beale era sincero, daba espectáculo debido a que no tenía nada que perder, decía lo que pensaba. Los bufones de ahora sólo comercian con la vida privada de los demás.

Pero hoy cuesta cada vez más impresionar al insensibilizado espectador. Todo ello obliga a las cadenas a exprimir a sus personajes cada vez más en busca de ese momento estelar de realidad televisada: una lágrima, una confesión, un cabreo, una reconciliación, una pelea, ya no son suficientes. Se necesita un momento de sublime patetismo que sobrecoja al espectador. Se necesita que la ex mujer de un torero se entere en directo que su actual marido la engaña o que unos mineros vuelvan a la vida tras 2 meses bajo tierra. El circo mediático. Todo tan real y (paradójicamente) tan prefabricado que sigue atrayendo a millones de idiotizados espectadores cada día.

Network, dentro de su infinita amargura, se quedó corta. La realidad siempre supera a la ficción.


lunes, 15 de junio de 2009

ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO

Dos hermanos con problemas financieros deciden montar un atraco a una joyería familiar. El plan es bastante sencillo pero la cosa no saldrá como esperaban.

La filmografía de Sidney Lumet incluye auténticas obras maestras como 12 hombres sin piedad (1957), Serpico (1973) o Network (1976). A sus 83 años ya no tiene nada que demostrar pero que siga regalándonos historias tan bien contadas como la que nos ocupa no deja de ser todo un lujo.

El film se centra en unos personajes que se ven atrapados por sus propias mentiras y no ven otra salida que seguir adelante. La huida hacia delante será en realidad hacia abajo y se irán hundiendo cada vez más en sus engaños. El típico pesimismo del cine de Lumet está presente: el drama está servido.

El guión de Nelly Masterson es muy bueno, un poco lento quizás para los espectadores más jóvenes o para los ansiosos de acción, pero atrapa. Sigue la moda de desordenar los hechos, te va contando la historia segmentada siguiendo a un personaje y luego a otro. Así el espectador va comprendiendo los diferentes puntos de vista y motivaciones de cada personaje. Cuanto más sabemos, más nos damos cuenta del lío en el que se están metiendo. Me gustó más que el film El punto de mira, está mucho mejor resuelto.

La dirección de actores de Lumet es magistral: Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke realizan unos de los mejores trabajos de su carrera como los dos hermanos metidos en problemas. Sobresaliente para ambos. El veterano Albert Finney está perfectamente creíble como el sufrido padre. Marisa Tomei (The Wrestler) se pasa media película desnuda y tiene el papel menos agradecido pero aún así está a la altura.

Recomendable, un cine del que ya casi no se hace.

7,5