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martes, 9 de abril de 2013

El Padrino. Parte II (Mario Puzo's The Godfather: Part II, 1974)


Siempre se ha dicho, no sin razón, que “segundas partes nunca fueron buenas”. Cuando un film tiene éxito, los responsables tienden a explotar la gallina de los huevos de oro hasta límites insospechados (que le pregunten a Stallone). Sin embargo, El Padrino 2 es mejor que la primera parte. Sólo Coppola era capaz de superarse a sí mismo.

Tras el enorme éxito de El Padrino, Coppola fue encumbrado al Olimpo de los directores y no tardaron en ofrecerle continuar con la historia de la familia Corleone. Mario Puzzo escribió una vez más el guión en estrecha colaboración con Coppola y los resultados fueron una vez más excelentes.

 El Padrino 2 es a la vez una secuela y una precuela. La trama sigue dos líneas temporales paralelas: una se sitúa en 1958 y trata las vicisitudes de Michael Corleone (Al Pacino) como nuevo jefe de La familia. La segunda línea argumental nos cuenta (en una sucesión flashbacks) la vida del huérfano Vito Andolini (interpretado por un soberbio Robert De Niro) desde 1901 en su Sicilia natal hasta que consigue hacerse un hueco dentro del crimen organizado como Vito Corleone. Las intrigas y disputas entre clanes mafiosos por conseguir el poder a finales de los años 50 se alternan con las escenas del joven Vito intentando sobrevivir en la América de principios de siglos XX.

 Es esta peculiar estructura narrativa lo que más me gusta de esta sensacional película. Mientras la trama de Michael como jefe mafioso arranca de forma pausada y tranquila, la historia de su padre ya empieza con venganzas y asesinatos. Sólo una generación les separa pero las cosas han cambiado mucho (aparentemente). A pesar de haber tenido orígenes muy distintos, tanto Vito como su hijo Michael deben cometer crímenes para salvar a su familia. Pero el crimen de Michael será peor que todos los cometidos jamás por su padre. El destino que Michael tanto intentó evitar acabará por devorarle. Vito nace en el seno de una familia que es víctima de la violencia de los clanes mafiosos sicilianos, Vito luchará para dejar de ser una víctima y regresará décadas después a su pueblo en busca de venganza, su vida es una historia de superación. Michael, sin embargo, rechaza inicialmente la violencia pero será víctima de ella (su hermano Sonny y su primera mujer fueron asesinados y su padre sufrió un atentado que casi acaba con su vida), siendo la única vía posible. Ahora desde su cargo al mando de la familia debe ordenar actos violentos para mantener su poder. Su historia es mucho más sombría y ambigua.


 En 1958, el control de los casinos en Las vegas (ciudad fundada por un mafioso y controlada directamente por la mafia desde su fundación), sobornos a políticos y la posible apertura de negocios en la Cuba del dictador Fulgencio Batista serán el origen de las hostilidades con otras familias.
 Michael sufre un atentado contra su vida y está seguro de que han tenido colaboración de alguien muy cercano a él, hay un traidor en la familia. Michael deberá mover ficha cuidadosamente para conseguir descubrir al traidor. En una visita Cuba, Michael participa en una reunión en la que varios comensales se reparten una tarta con la forma de la isla caribeña. Una excelente metáfora de cómo la mafia intentaba expandir su negocio a Cuba y repartirse el país. Sin embargo, Michael decide no invertir en la isla tras ver la determinación de un rebelde dispuesto a sacrificar su propia vida por la causa, la revolución de Castro está en marcha. Un pueblo que no tiene nada que perder es un pueblo ingobernable, algo altamente peligroso para los negocios.

 No sólo los negocios atormentarán al nuevo Padrino, la familia Corleone empieza a desintegrarse: Connie (Talia Shire, hermana de Coppola) se ha divorciado y desea casarse nuevamente (cosa que Michael no aprueba). También Fredo (John Cazale) tiene problemas para controlar el alcoholismo de su esposa. Igualmente, la mujer de Michael, Kay (Diane Keaton) se ha cansado de sus silencios y sus oscuros negocios y abandona la casa de la familia. Michael descubrirá posteriormente que un reciente aborto no fue natural y eso desencadenará un rechazo frontal hacia ella. Una vez más asistimos a una escena en la que una puerta se cierra ante Kay, simbolizando su expulsión de la familia. Esta vez es el mismo Michael quien le cierra una puerta cuando descubre a Kay en la cocina visitando a los hijos de ambos.

 Peor se pondrá la cosa cuando Michael descubra que su propio hermano Fredo ha sido quien ha colaborado con el clan rival para atentar contra su vida. Michael parece perdonarle mediante el beso de Judas más famoso de la historia del cine, acto seguido da instrucciones de que nada le pase mientras la madre de ambos viva. Tras el funeral de su madre, en una escena antológica, Fredo será asesinado mientras reza en una barca antes de empezar a pescar. Una vez más, Coppola combina religión y violencia de forma magistral. Las dos facetas del ser humano, lo divino y lo terrenal, puestas en contraste como pocas veces se ha hecho en una pantalla de cine. Nunca la ambigüedad moral del ser humano ha sido expuesta de mejor manera. La tragedia de Michael es ya completa, como si de una obra de Shakespeare se tratara, Michael conserva el poder pero está solo. Al final del film, el aislamiento de Michael Corleone es total.
 Coppola le imprime un ritmo pausado y por momentos parece que no está ocurriendo gran cosa, que asistimos a escenas de transición. Sin embargo, nada sobra en esta historia, Coppola no deja ningún cabo suelto ni hay un solo minuto de los 200 que dura en el que no avance la acción. El montaje del film es simplemente perfecto, alternando las dos tramas de forma admirable.

Técnicamente la película es un prodigio, la fotografía de Gordon Willis es simplemente magistral. Obviamente, la famosa melodía de Nino Rota sigue estando presente aunque esta vez viene acompañada de composiciones de Carmine Coppola, el padre del director (ya se sabe que Coppola suele enchufar a su familia en sus películas como si de un Padrino se tratara). El film costó 13 millones de dólares (nada barato para la época) pero recaudó casi 200, siendo un gran éxito de público y de crítica.

 Como anécdota cabe destacar que Al Pacino y Robert DeNiro no comparten ninguna escena ya que DeNiro interpreta al Padre de Michael antes de que éste naciera o cuando es sólo un niño. Varias décadas separan a ambos personajes. Para que estos dos grandes actores compartieran una escena habría que esperar casi 20 años hasta el film Heat de Michael Mann.

Un film perfecto e imprescindible. Toda una obra maestra a la altura de su predecesora.



miércoles, 14 de marzo de 2012

El Padrino (The Godfather, 1972)


Cuando parecía que el cine de gángsters había pasado de moda hacía varias décadas, llegó un joven italo-americano de 31 años llamado Francis Ford Coppola a realizar la obra maestra del género. El Padrino es, así de claro, una de las mejores películas de la historia y hoy se cumplen 40 años de su estreno.

Basada en el genial libro de Mario Puzo, El Padrino fue la película que colocó a Coppola en el Olimpo de los directores y puso en el mapa a ese gran actor que era Al Pacino. También sirvió para que Marlon Brando ganara un Oscar. El Padrino sólo ganó 3 premios de la academia, siendo Cabaret la gran triunfadora de la noche. Pero da igual los premios que ganara o no ganara El Padrino, es un gran film y punto.



La novela de Mario Puzo había vendido 21 millones de ejemplares y los derechos fueron comprados por el mítico productor Robert Evans para los estudios Paramount. Como director se barajaron varios nombres pero el elegido fue el joven Francis Ford Coppola. Coppola había fundado  con su amigo George Lucas la productora American Zoetrope en 1969, siendo THX1138 (dirigida por Lucas) su primera producción. Pero el film de Lucas fue un completo fracaso y casi llevó a la ruina a la pequeña productora de los dos amigos. Coppola necesitaba dinero y aceptó encargos como el de escribir el guión del film Patton (por el que ganaría un Oscar en 1971) y el de dirigir El Padrino. La película iba a ser inicialmente una película pequeña sin demasiada personalidad, una más de gángsers, pero Coppola se fue integrando en el proyecto y acabó dándole un nuevo sentido. El encargo se convirtió en algo personal.

Coppola colaboró con Puzo en la elaboración del guión, otorgando a cada escena un papel de un color determinado, obviamente las escenas violentas eran de color rojo. Con este sencillo sistema Coppola y Puzo lograron un guión con un ritmo sobresaliente, perfectamente estructurado y armonizado. También eliminaron los constantes saltos temporales de la novela, con este cambio se perdió algo del elemento sorpresa pero se ganó en estilo narrativo y coherencia.
Coppola supo trasladar el universo mafioso creado por Puzo a unas imágenes sobresalientes, que sintetizaron lo esencial de la novela e incluso mejoraron algunos pasajes gracias a una fuerza visual apabullante. Todo el apartado técnico es sobresaliente, destacando especialmente la música de Nino Rota, la fotografía de Gordon Willis, el montaje y la dirección artística.

Coppola resultó no ser un director tan fácil de controlar como pensaron los productores (de hecho, estuvo a punto de ser despedido del rodaje varias veces). El presupuesto se disparó, los enfrentamientos con Gordon Willis eran continuos y los productores no estaban dispuestos a consentir las excentricidades del conflictivo Marlon Brando. Pero Coppola se sobrepuso  a todos los contratiempos y entregó esta obra maestra del cine. Coppola demostró que era inmejorable a la hora de dirigir actores, planificar escenas y crear una tensa calma que explota violentamente. El Padrino y Coppola crearon escuela, una clase magistral de estilo y narración cinematográfica.
 Con El Padrino el cine moderno (nacido en los años 60) llegó a su mayoría de edad. Era un cine con un fuerte contenido crítico, un cine formalmente perfecto pero que no gustaba de finales felices ni dejaba un regusto agradable en el paladar del espectador. Los buenos ya no siempre ganaban en el cine. El padrino es una amarga radiografía de los felices y prósperos años de la post guerra. El film refleja un país hecho de inmigrantes en el que muchos creaban sus propias normas al margen de la ley (como bien se encarga de recordar Don Vito Corleone al principio del film). Una sociedad en la que las influencias y los sobornos estaban ya al orden del día.
 Por cierto, siempre se ha especulado mucho si el personaje de Johnny Fontane estaba directamente inspirado en Frank Sinatra. La verdad es que ambos eran cantantes de origen italiano muy bien conectados con la mafia y que lograron un Oscar por su interpretación en un film bélico (Sinatra lo obtuvo en 1953 por De aquí a la eternidad). Tales coincidencias son muy sospechosas. ¿Puede la mafia presionar para que un actor consiga un papel? No me extrañaría lo más mínimo. ¿Puede hacer la mafia que un actor gane un Oscar? Visto lo visto, yo diría que sí.


No podemos dejar de mencionar que escenas como la de el caballo, el asesinato en el restaurante, la paliza o el atentado en el coche se quedan marcadas a fuego en la memoria del espectador. También pasaron a la historia frases como "No es personal, sólo negocios" o "Le haré una oferta que no podrá rechazar" Un film inolvidable.

El padrino tiene también mucho de tragedia griega y de Shakespeare, los grandes temas son universales. Don Vito tiene algo de Rey Lear (un poderoso rey que afronta el final de su vida mientras sus tres hijos se pelean por el trono). El personaje de Michael (hijo de Don Vito) no quiere participar en los turbios negocios de su familia ni mancharse las manos de sangre. Michael ha vuelto a casa convertido en un héroe de la Segunda Guerra Mundial y desea alejarse de su familia. Los negocios familiares no van con él. Sin embargo, una guerra entre familias le obligará a tomar partido. Michael conocerá el amor escondido en Italia y lo perderá de forma violenta a manos de sus enemigos, no se puede confiar en nadie. Michael sufre una transformación y dejará de ser el joven idealista, dándose de bruces con la sangrienta realidad. Por motivos estratégicos, Michael será el más indicado para asestar el golpe de gracia a la familia rival, convirtiéndose en todo aquello que repudiaba y odiándose a sí mismo para siempre. Michael será el heredero que nunca quiso ser. Conocerá el poder y la soledad del hombre en la cima.

De ejemplo de la grandeza de esta película podríamos poner muchos momentos pero me quedo con la escena final. Michael está en su despacho (su salón del trono) con varios colaboradores tratando unos asuntos. Tras mentir a su esposa sobre la naturaleza de sus negocios, ésta sale a prepararle una copa esperando que él le devuelva una mirada o un gesto de complicidad. Por respuesta sólo recibe una puerta que se cierra. En un único gesto, Coppola expresa la tremenda distancia que separa a ambos esposos. No hace falta nada más. Michael ha sido absorvido por los negocios de la familia sacrificando así su matrimonio y su vida. La historia se repite una vez más. Pero la familia es lo primero.


sábado, 16 de octubre de 2010

Network, Un mundo implacable (1976)



Cuando vi Network hace muchos años, me pareció que era un film demasiado tremendista. Era un esperpento que distaba mucho de ser real, la televisión no podía ser tan monstruosa. Lamentablemente, el tiempo me ha quitado la razón.
Network se basa en la historia real de Christine Chubbuck, una joven reportera que se suicidó en directo en 1974. Justo antes de pegarse un tiro en antena dijo: «De acuerdo a la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia: un intento de suicidio».


En Network asistimos al auge y caída del presentador de telediario Howard Beale (interpretado por Peter Finch), que monta en cólera en directo y grita estar harto. Anuncia que se va suicidar en directo en las dos semanas siguientes. La audiencia se dispara tras el incidente y la cadena, que inicialmente pensaba despedir al presentador por baja audiencia, decide renovarle y darle un espacio propio para que se explaye: "El Show de Howard Beale".
La frase de Beale: "Estoy más que harto, y no pienso seguir soportándolo" se convertirá en toda una proclama contra el sistema. Millones de espectadores saldrán a las ventanas de sus casas gritando dicha frase.
La cadena sabe que es jugar con fuego, que el presentador no es estable, que sus salidas de tono son incontrolables y su discurso cada vez más radical. Pero la audiencia manda, todo vale.
Maquiavelo se ha convertido en una productora televisiva (un tiburón con la cara de Faye Dunaway) dispuesta a todo por medrar en la empresa.


En busca de algo que se salga de la norma y dé que hablar (de morbo) la cadena se lanza en una espiral que irremediablemente acabará mal. Puede que el presentador se suicide en directo y puede haya disturbios incitados por sus incendiarios mensajes, da igual. La expectante audiencia necesita que este loco les saque de su aburrida monotonía y les sacuda las neuronas. Mientras tanto las arcas de la cadena se llenarán de dinero.

Tampoco importa que su mensaje vaya en contra del sistema, el sistema lo asimilará y convertirá en su propaganda más eficaz. El capitalismo es así. Pero cuando el mensaje deja de ser radical y ya no conmociona al espectador, éste buscará esa conmoción en otro sitio. Como resultado se pierde audiencia y el presentador/profeta deja de ser rentable para convertirse en un estorbo. Aunque quizás pueda ser de utilidad a la cadena una última vez.
La película del maestro Sidney Lumet ganó merecidamente el Oscar al mejor guión y tres de sus actores se llevaron también la dorada e inexpresiva estatuilla a casa: Faye Dunaway, Peter Finch (a título póstumo) y Beatrice Straight.

Puede que Network fuera una advertencia de lo que podría pasar, pero acabó siendo todo un presagio, incluso se ha quedado corta en algunos aspectos. Hoy en día vemos cómo las cadenas explotan a personajes que sacan a la audiencia de su rutina, que les divierten a base de mostrar miserias para olvidar las suyas propias. Personajes que venden su vida privada a cambio de dinero. Hazmerreíres que saben de su condición de patéticos bufones. Al menos Beale era sincero, daba espectáculo debido a que no tenía nada que perder, decía lo que pensaba. Los bufones de ahora sólo comercian con la vida privada de los demás.

Pero hoy cuesta cada vez más impresionar al insensibilizado espectador. Todo ello obliga a las cadenas a exprimir a sus personajes cada vez más en busca de ese momento estelar de realidad televisada: una lágrima, una confesión, un cabreo, una reconciliación, una pelea, ya no son suficientes. Se necesita un momento de sublime patetismo que sobrecoja al espectador. Se necesita que la ex mujer de un torero se entere en directo que su actual marido la engaña o que unos mineros vuelvan a la vida tras 2 meses bajo tierra. El circo mediático. Todo tan real y (paradójicamente) tan prefabricado que sigue atrayendo a millones de idiotizados espectadores cada día.

Network, dentro de su infinita amargura, se quedó corta. La realidad siempre supera a la ficción.


sábado, 13 de marzo de 2010

Corazón rebelde (Crazy heart)


Bad Blake (Jeff Bidges) es una vieja gloria del country que malvive gracias a actuaciones en locales de mala muerte.

El debutante Scott Cooper no se complica la vida y nos presenta una buena historia de forma simple pero eficiente. La peli no tiene alardes técnicos ni marea al espectador, logrando un ritmo pausado pero que no aburre nunca. Es un film sencillo y bien intencionado, como ese mundo del country que refleja muy bien. Todo ese ambiente de los bares, las boleras, los hoteles de carretera y el desierto es el mundo en el que Bad Blake se mueve perfectamente aunque sabe que su tiempo pasó y debe cambiar de vida tarde o temprano.

Sin duda lo mejor es la interpretación de Jeff Bridges (a quien ya era hora que le dieran un Oscar). Su personaje tiene muchas similitudes con el de Mickey Rourke en El luchador. Ambos personajes se empiezan a ver mayores y ven que su vida se ha escapado por el retrete junto con su familia y su salud. Yo me quedo con la peli y la interpretación de Rourke pero hay que reconocer que Bridges está genial. No cae en la sobreactuación en ningún momento e incluso toca la guitarra y canta de forma convincente, dándole una tremenda verosimilitud al personaje.


También aparecen Maggie Gyllenhall (El caballero oscuro) y Robert Duvall (The road) que están también muy bien. El que nunca me ha gustado demasiado es Colin Farrell pero aquí sale poco.

Lo dicho, no es una gran peli pero es honesta y se deja ver.
6

jueves, 11 de febrero de 2010

La carretera (The road)


En un futuro cercano ha habido un cataclismo y lo seres humanos vagan por el planeta en busca de alimentos.


Me gustan las pelis apocalípticas. Cuanto más pesimistas sean, mejor, más me gustan. Prefiero la versión de Soy leyenda (El último hombre vivo) de Charlton Heston antes que esa tontada con Will Smith.

Si este tipo de pelis apocalípticas tienen pocos personajes, mejor. Cuando la trama se centra en los conflictos internos de los personajes olvidándose de efectos especiales y zombies, es cuando más me aterran. Unos ejemplos claros y recientes serían films como La niebla, A ciegas o Infectados. Films muy distintos entre sí que nos presentan a unos personajes intentando sobrevivir en un mundo terrible. Pelis en la que nos aterra más el ser humano y sus acciones que la amenaza exterior. Dicha amenaza saca lo peor del ser humano demostrando que la verdadera amenaza somos nosotros mismos.

The road es la adaptación de la novela homónima de Cormac McCarthy (autor también de No es país para viejos) por la que ganó el Premio Pulitzer. The road me ha parecido un buen film, duro y desesperante como pocos. La lucha de un padre y un hijo por sobrevivir en un mundo sin esperanza me parece muy bien llevada. La idea de la familia y del sacrificio por los hijos creo que está bien llevada. Para nada hace uso del concepto religioso de dichos términos (la fe parece haber sido arrasada en el cataclismo), sino que parecen propios de la condición humana, aunque entren en conflicto con el instinto de supervivencia. No todos los supervivientes están dispuestos a lo que sea por sobrevivir.

El trabajo de dirección de John Hillcoat me parece muy correcto. Sabe sacarle el jugo a la novela, transmitiendo una continua sensación de peligro y logrando que nos identifiquemos rápidamente con los personajes. Personajes con los que padecemos y casi deseamos que el film acabe pronto para no verlos sufrir más. Hillcoat usa hábilmente los pocos recursos que el film le permite, el flash-back y la voz en off, sin llegar nunca a saturar. Además logra momentos realmente tensos como el de la despensa o el primer encuentro con humanos. Es cierto que al final la peli se desinfla un poco y pierde algo de garra, pero en conjunto vale la pena sobradamente.

Hay que citar la estupenda fotografía de Javier Aguirresarobe que dota al film de una terrible poesía visual. Igualmente la dirección artística es fantasmagórica: los bosques arrasados, los coches abandonados, las autopistas, los postes de teléfono, todo forma parte de un mundo espectral. Un mundo frío y gris. Un mundo en el que los humanos se debaten entre la locura y la desesperación.

No era yo fan de Viggo Mortensen, ha estado la mayoría de su carrera combinando papeles de chico guapo en pelis muy malas (Pánico en el túnel, Teniente O’Neill) con papeles arriesgados en películas que se alejan del blockbuster palomitero (Good, Una historia de violencia, Promesas del este, The road). Me parece genial que un actor que podría dedicarse a hacer siempre de galán se la juegue con este tipo de personajes que precisan un gran esfuerzo.

Casi lo mismo se puede decir de Charlize Theron, quien se aleja aquí aún más de su papel de chica mona, no sale mucho pero da el pego. Por su parte Kodi Smit-McPhee se perfila como una joven promesa (ya ha rodado el remake de Dejame entrar). Tambien aparecen unos Guy Pearce y Robert Duvall casi irreconocibles entre tanto harapo.

En resumen, un film duro, no apto para todo tipo de públicos, pero recomendable.

7