Considero que Steve Jobs fue un visionario pero no participo del culto que se creó en torno a su persona. Todo ello no es impedimento para que me acercara a esta película con verdadero interés.
Lamentablemente, debo decir que el film no hace honor al personaje que retrata. En Jobs se retrata al creador de Apple como un visionario aunque el trabajo siempre lo hacían otros: ni se le ve mejorar el hardware, ni programar ni se le ve innovar. Sólo se le retrata como un estupendo jefe de equipo con las ideas muy claras sobre la tecnología y cómo ésta debe relacionarse con el usuario. Quizás ahí residiera exactamente la clave de su éxito.
Jobs es un film fallido, por varios motivos, primeramente su ritmo decae varias veces, haciéndose pesado y aburrido. Un error imperdonable que una vida tan apasionante como la de Jobs no sea capaz de atrapar al espectador. Tantas reuniones de hombres de negocios acaban por hundir el film en un tedio bastante grande. Una pena, creo que esta película podría haber servido no sólo para contar la historia de uno de los personajes más importantes de las últimas décadas (o eso dicen) sino también para retratar ciertas miserias de la naturaleza humana, como ya pasó con la estupenda Red social. Por desgracia, el director Joshua Michael Stern (conocido en su casa a la hora de comer) no es David Fincher ni a los mandos del guión estaba Aaron Sorkin. A Jobs le falta pulso y ritmo.
Quizás el espectador medio (al menos yo) estaba más interesado en los avances que Jobs logró y cómo los logró que en las zancadillas en las juntas de accionistas. Como ha ocurrido recientemente con Lovelace, Jobs es un film que no está a la altura del personaje que retrata.
4,5





