Mostrando entradas con la etiqueta Leonardo DiCaprio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leonardo DiCaprio. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de febrero de 2016

El renacido (The revenant)

 ¿Puede ganar Alejandro González Iñárritu los Oscars a mejor director y mejor película dos años consecutivos?  A no ser que George Miller y Mad Max se crucen en su camino, todo parece indicar que así podría ser. 

Tras sorprender a propios y extraños con Birdman, parece que su nuevo proyecto va a cosechar todavía más elogios y premios.  A mí me ha convencido, y me parece una de las mejores películas de los últimos tiempos. Lo digo ya de primeras, para que quede claro. No puedo ponerle ninguna pega a The Revenant. Puede que la historia no sea gran cosa; el argumento se puede resumir fácilmente en una línea, pero la puesta en escena es de quitarse el sombrero. Estamos ante un director en constante evolución cuyo estilo va mutando hacia no se sabe dónde. Poco importa si por el camino nos regala películas como la que nos ocupa.
En The revenant, Iñárritu adapta la novela de Michael Punke basada en la odisea real de Hugh Glass, un hombre en busca de supervivencia y venganza. Iñárritu parece contagiarse del espíritu del mejor Terrence Malick y su particular visión de la relación entre hombre y naturaleza. Su película no huye de los grandes paisajes ni de las reflexiones sobre la comunión del hombre con su creador a través de la naturaleza, pero evita los largos monólogos y las voces en off. Hay poesía visual y emociones a flor de piel, pero nunca cae en la pedantería en la que Malick suele caer en sus últimas producciones. Iñárritu se ciñe a la historia y la narra de la mejor manera posible.
No puedo poner ninguna objeción al apartado técnico del film, la verdad. Hay escenas escalofriantes, como la del ataque del oso, que se quedan grabadas a fuego en el espectador. Iñárritu no ha inventado nada, y películas de un hombre intentando sobrevivir en la naturaleza hemos visto ya muchas, pero pocas tan bellas, honestas y brutales como The revenant. Pocas veces hemos visto la tecnología al servicio de la historia de una forma tan perfecta, tanto que los efectos digitales (que los hay) no parecen tales: todo es perfectamente creíble en esta dura historia de supervivencia. 
¿Qué decir de Leonardo DiCaprio? El chico guapete de Titanic hace mucho que dejó de ser únicamente una cara bonita y es un señor actor como la copa de un pino. De los mejores de su generación. Ya lo viene demostrando con soberbias actuaciones en películas como Revolutionary road, Infiltrados o El lobo de Wall Street. Aquí está simplemente perfecto en el personaje más sufrido de toda su carrera. Supongo que el rodaje debió de ser un verdadero calvario para todo el equipo, pero especialmentepara DiCaprio. No olvidemos que se rodó con luz natural (gran trabajo del siempre excelente Emmanuel Lubezki, habitual director de fotografía de Inárritu) durante 80 extenuantes días a lo largo de 9 meses en parajes helados. El Oscar de este año ya tiene dueño.
No solamente DiCaprio está deslumbrante, también Tom Hardy ofrece un auténtico tour de force interpretativo. Impagables ambas interpretaciones de estos dos grandes actores. Siempre apuesto por la versión original, pero en este caso es especialmente recomendable. No es que tengan complejas líneas de diálogo, simplemente ocurre que la mimetización con sus personajes es total. La vocalización, los acentos y los movimientos de ambos actores son totalmente verosímiles. Incluso me gustó un actor que últimamente aparece mucho y casi nunca para bien: Domhnall Gleeson.
The-Revenant-Lubezki-2
The revenant ofrece un magnífico espectáculo visual y vital, una película emocionante y cruda como la vida misma.

lunes, 27 de enero de 2014

El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street)


He de reconocer que echaba de menos a Scorsese en los últimos años. Si exceptuamos Los infiltrados (The departed), su filmografía reciente parecía indicar una innegable decadencia.

 Alejado del cine negro, su cine languidecía lentamente. Ni sus películas sobre conciertos de The rolling stones (Shine a light), ni sus documentales sobre George Harrison, ni sus experimentos como La invención de Hugo, ni su biografía de Howard Hughes (El aviador) ni su canto a Nueva York (Gangs of New York) ni su intento de terror gótico (Shutter Island) estaban a la altura esperada. Está visto que el cine sobre canallas es el que mejor le sale al bueno de Scorsese. Su talento parece encontrar en estos personajes la mejor forma de plasmarse en la pantalla. Puede que Jordan Belfort no sea un mafioso como los que tanta fama le han dado a Scorsese, pero su historia se adapta como un guante al estilo narrativo y visual del maestro (un estilo bastante imitado, hay más que ver La gran estafa americana).


 El lobo de wall Street nos devuelve al mejor Scorsese, su film es excesivo en muchos sentidos (no sólo en la duración) pero la historia requería un tratamiento así. No se puede mostrar esta historia de auge y caída de un criminal de guante blanco como Jordan Belfort de mejor manera. Scorsese es único a la hora de mostrarnos los rincones más turbios del ser humano. Se puede servir de un taxista, un camillero con insomnio, un boxeador o gángsters capaces de matar a un amigo sin pestañear. Lo más ruin del alma humana es narrado de forma intachable por Scorsese e incluso es capaz de hacer que estos tipos nos resulten cercanos y entrañables. El Jordan Belfort de esta película, al contrario de muchos de los personajes de Scorsese, no tiene moral ninguna ni código ético, no cree en la familia ni en religión ninguna, su único dios es el dinero.

Es esta historia un film sobre la avaricia y los excesos a los que puede llegar el ser humano. Scorsese no ahorra planos de derroche y lujuría (podría haber sido bastante más explícito pero le hubiera perjudicado en taquilla) para mostrarnos la depravación a la que es capaz de llegar el ser humano. Poco se dice de cómo fue posible que este personaje con esas técnicas claramente ilegales pudiera montar su imperio. Tampoco se explica la desregulación que Reagan y Bush llevaron a cabo sobre las actividades financieras y bursátiles. No busca el film culpables, su único objetivo es mostrarnos una historia de éxito a cualquier precio y degradación moral. La cara seria de la crisis ya la tuvimos en Inside job o Margin call, El lobo de Wall Street busca otra cosa. La vida está hecha para unos pocos, la mayoría debemos volver a casa en metro mientras unos cuantos canallas se pasean en yate y helicóptero.
  
Con la célebre técnica de la voz en off como hilo conductor y un ritmo con múltiples altibajos (tres horas son excesivas) Scorsese elabora un film al que le cuesta un poquito arrancar pero cuando lo hace no deja de acelerar. La dirección de Scorsese es perfecta mientras el vibrante y caótico montaje es un complemento ideal para lograr un film trepidante y absorbente. Volvemos a tener electrizantes escenas ambientadas con música rock de la época y diálogos enloquecidos en situaciones absurdas. Scorsese logra que veamos el mundo a través de los enloquecidos ojos de una persona hasta las cejas de cocaína y otras drogas, sentimos su confusión, su ira y su euforia así como su miedo y su frustración. Casi notamos el pulso acelerado del protagonista en nuestro pecho. Las escenas del teléfono o la del Lamborghini me parecieron geniales, de lo mejor de Scorsese en mucho tiempo. Es en esa paulatina degradación física, psíquica y familiar donde el talento de Scorsese brilla especialmente.

Otro que brilla más que nunca es Leonardo DiCaprio, el giro efectuado en este papel me parece muy beneficioso para su carrera, un cambio de registro necesario. Por momentos está excesivo e histriónico, pero el personaje así lo requiere. DiCaprio parece por momentos un Jack Nicholson totalmente descontrolado, no hay más que ver las escenas con el micrófono en la oficina. Gran trabajo de un actor que hace tiempo que dejó de ser sólo una cara bonita. Curioso cómo han mejorado los dos protagonistas de Titanic. Del resto del reparto me quedo con Jonah Hill y un cadavérico Matthew McConaughey realmente fuera de órbita.


Scorsese no inventa nada pero aplica su más que probado talento a una historia que se ajusta perfectamente a su forma de entender el cine. Un valor seguro, compra.

7,5

lunes, 30 de septiembre de 2013

El gran Gatsby (The great Gatsby)



 Los felices años 20 acabaron en tragedia. El crack del 29 vendría a demostrar que todas esas grandes fortunas de ricos aburridos en sus lujosas mansiones tenían los pies de barro. La ley seca inundó de alcohol ilegal las fiestas, mientras la antigua aristocracia despreciaba enormemente a los nuevos ricos.  Jay Gatsby es rechazado por ser un recién llegado a este mundo de riqueza y lujo. Más que buscar la aceptación de la alta sociedad, el personaje de Gatsby sólo desea recuperar el amor de su vida. Toda su ostentación no es sino un desesperado modo de llamar la atención de su amada, que vive al otro lado de la bahía. Gatsby contempla obsesivamente una luz verde que simboliza que aún hay esperanzas de recuperar a su amor perdido.

 El estilo narrativo y visual de Baz Luhrmann dio sus mejores resultados en Moulin Rouge (reconozco que me gustó) pero sus películas siempre incluyen momentos que oscilan entre la vergüenza ajena y lo patético. Aquí se atreve ni más ni menos que con la célebre novela El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald publicada en 1925. La novela está considerada una vaca sagrada de la literatura norteamericana del siglo XX y es de lectura casi obligada en las clases de literatura. Ya sabemos la tendencia de los yanquis a idolatrar a ciertos autores y a mitificar ciertas novelas. Por cierto, esta novela ya ha sido adaptada en otras 4 ocasiones, siendo la más célebre la lánguida versión de 1974 con guión de Coppola y que contó con Robert Redford y Mia Farrow como sus intérpretes principales.

 Obviamente, Luhrmann no se ha dedicado sólo a trasladar la novela a la pantalla sino que la adapta a su manierista estilo visual. Un estilo heredero directo de la publicidad y el videoclip en el que todo exceso es bien venido. Luhrmann se mueve como pez en el agua en las alocadas escenas de fiestas pero esta vez se ha perdido el efecto sorpresa y no nos creemos que en década de los años 20 del siglo XX sonaran canciones de Beyoncé o Lana Del Rey. Lamentablemente el gran Gatsby no es un musical y sus momentos musicales no resultan creíbles. Esta vez sus anacrónismos no funcionan. Incluso cuando usa música de la época como la maravillosa Rhapsody in blue de George Gershwin la cosa no acaba de funcionar. Resulta muy forzado y artificial.
 Los colores chillones y los excesos visuales de todo tipo me resultaron pedantes y superfluos, casi tanto como los personajes de la película. Entre tanto efecto digital Luhrmann intenta contar la obsesión de un hombre por ser aceptado y recuperar el tiempo perdido junto a su amada. Pero esta tragedia no termina de resultar veraz en un envoltorio tan grandilocuente como hueco. Por mucho que los actores se esfuercen, los efectos digitales y el manierismo visual de Luhrmann ahogan la historia.
 Al igual que el personaje de Gatsby, Luhrmann se cree que con impresionar al público nos va a enamorar de su historia. Pero no es así. Su film chirría en muchos momentos (en buena parte debido a sus excesos formales) y se hace pesado cuando no cargante.

Me gustó el trabajo del siempre eficiente Leonardo Di Caprio, aunque corre el peligro de encasillarse en personajes traumatizados. Su Jay Gatsby es creíble incluso en el mundo de colores estridentes y fondos digitales de Luhrmann. El resto del reparto está bien, por cierto, ¿quien no perdería la cabeza por Carey Mulligan?. Por su parte, Toby Maguire está como siempre, con cara de sueño y de no enterarse de nada. Me sorprendió gratamente Joel Edgerton (Warrior).

Flaco favor el de Luhrmann a una de las novelas cumbre de la literatura norteamericana del pasado siglo. Irregular.

jueves, 17 de enero de 2013

Django desencadenado (Django unchained)



 Quentin Tarantino es el gran gurú del cine comercial de los últimos 20 años. El maestro de la técnica del corta y pega ha abordado las artes marciales, la blaxplotation, la segunda guerra mundial o el cine negro. Era de esperar que, tarde o temprano, desembarcara en el western.





Django desencadenado es Tarantino en estado puro, cine divertido sin mayores pretensiones. Por supuesto, Tarantino sigue homenajeando y copiando todo lo que se le antoja. Esta vez le ha tocado al spagueTti western de Sergio Leone, pues a ello a saco. Tarantino sabe lo que no gusta de esa películas y nos lo ofrece en bandeja. Imita el aire retro de los títulos de crédito, raya digitalmente el negativo de la película para envejecerlo, usa trucos viejos para la sangre, copia planos de Sergio Leone e incluso recupera la música del maestro Ennio Morriconne. Sin complejos de ningún tipo. Ya que copia, lo hace a plena luz del día, algo que honra al amigo Tarantino. No como otros que copian y lo hacen sin citar sus fuentes ni sus referencias. Tarantino fue fan antes que director y su filmografía puede verse como un intento de emular y dar prestigio a ese cine de serie B que nunca ha tenido el merecido reconocimiento.



 Pero en Django Tarantino no sólo emula films del pasado, como siempre, aporta elementos de su cosecha propia: diálogos ingeniosos, situaciones inverosímiles, recuperación de viejas glorias (Don Johnson en este caso), etc. El film tiene una primera parte muy buena, con unos personajes y unos diálogos que se podrían enmarcar dentro de lo mejor que ha escrito y dirigido el amigo Tarantino. Ese dentista metido a cazador de recompensas interpretado magistralmente por Christoph Waltz es todo un hallazgo. Sus frases y la forma de salir de las situaciones límite que él mismo provoca son simplemente geniales. Obviamente, Jamie Foxx no puede competir con el carisma de su compañero pero es un eficaz contrapunto. El esclavo recién liberado y el cazador de recompensas formarán una singular unión. Juntos empezarán un viaje iniciático semejante al de Don Quijote y Sancho Panza. A mí su relación me recordó a la Quijotización de Sancho, es decir: ambos personajes acabarán asumiendo como suyas cualidades que intentan erradicar en el otro. Sancho intentará que Don Quijote no crea en ínsulas pero él mismo acabará creyendo en ellas al final justo cuando Don Quijote recupere la cordura en su lecho de muerte. Algo así ocurre en Django desencadenado, el maestro acabará finalmente asumiendo cualidades que intenta reprimir en el alumno. Todos somos humanos.

Un spaghetti western necesita un villano a la altura, un ser tan cruel y despiadado al que el público desee ver morir y al que lamente que sólo se le pueda matar una vez. Nada mejor para ello que el racista dueño de una plantación interpretado por un Leonardo DiCaprio al que se le nota que se lo pasó muy bien en esta película. DiCaprio está excesivo e histriónico, pero el personaje lo requiere. Su disertación sobre el motivo por el que los esclavos no se rebelan es ya todo un clásico a la altura de los mejores momentos de la filmografía de Tarantino. La tensión durante la escena de la cena y todo el desenlace de la misma me gustaron mucho. Hablando de racistas, la escena del Ku Klux Klan es tan divertida como terrible: hay que ver el daño que pueden hacer unos pocos paletos con la cara tapada.

Lamentablemente, Tarantino es otro que últimamente tiene problemas para saber qué debe cortar de una película, no todo lo rodado tiene la misma calidad ni se puede mantener el interés del espectador durante tres horas a base del carisma de los personajes y situaciones límite.  Pasada la primera mitad, Tarantino se enreda en unos diálogos que ya no son tan absorbentes. A mí me pareció algo tediosa y demasiado larga la parte final del film. Aún nos quedan sorpresas y algún tiroteo espectacular (con miles de litros de sangre y música de hip hop incluida) pero el film ha perdido fuelle y el factor sorpresa. Justo cuando aparece Franco Nero, en un cameo sólo explicable como homenaje al film Django que Nero protagonizó en los 70, es cuando el ritmo empieza a decaer. Todo lo referente al personaje de Samuel L. Jackson se me hizo especialmente cargante. Tampoco le veo mucho sentido al cameo del propio Tarantino, es ya demasiado tarde y alarga el film innecesariamente. Es casi imperdonable que un film que empieza tan condenadamente bien acabe con el espectador mirando el reloj.

Me ocurre con Django desencadenado como con Malditos bastardos, tiene momentos de puro cine de entretenimiento pero el exceso de metraje está a punto de arruinar la diversión.

6


jueves, 17 de mayo de 2012

Infiltrados (The departed) versus Infernal affairs


Tras varios años en los que parecía que su carrera estaba en claro declive, Martin Scorsese volvió a brillar con Infiltrados (The departed, que significa Los difuntos, olé traducción). Con Infiltrados regresó al cine negro (lo que mejor se le da) e incluso ganó el Oscar a mejor película. Dato curiosos teniendo en cuenta que Infiltrados es un remake de la película China Infernal affairs (que aquí se llamó Juego sucio), analicemos ambas cintas.



Infernal affairs trata sobre un policía que lleva infiltrado varios años en una red mafiosa, a su vez la mafia tiene infiltrado a uno de los suyos dentro de la policía. El interesante juego del gato y del ratón se torna aquí en una tensa película en la que ya ninguno de los dos protagonistas tiene muy claro quien es quien ni qué diferencia el bien del mal. Especialmente el personaje del policía lo pasa francamente mal, lleva demasiado tiempo infiltrado viviendo una vida que no es la suya. Incluso empieza a pensar que los actos ilegales que comete habitualmente (necesarios para mantener su tapadera) pueden acabar por convertirle realmente en un delincuente. La frágil línea entre el bien y el mal se hace cada vez más difusa mientras la falta de una identidad y una vida personal propias pueden acaba por enloquecer al protagonista.

  Lau Wai Keung dirigió en 2002 este un buen thriller de acción a la Hongkonesa: tiene acción, tensión y esos antagonistas que realmente son muy parecidos. Hay una escena en la que cada uno de los protagonistas no sabe que está frente al infiltrado que busca, incluso tienen los mismos gustos y pasan un buen rato juntos. Es un film interesante, no es una maravilla, pero dejará satisfecho al espectador que busque un cine de acción con algo de trama. Recomendable también por el duelo interpretativo de Andy Lau y Tony Leung, las dos cara de la misma moneda. Posteriormente Wai Keung también dirigió las dos secuelas de este film, pero no las he visto.

En Infernal affairs Scorsese vio la oportunidad de volver al cine negro por la puerta grande. La trama daba mucho juego y Scorsese decidió rodar un remake a su estilo: el montaje endiablado, esos clásicos de rock que siempre usa como música de acompañamiento, luz cenital, etc. La dualidad de los protagonistas y la crisis de identidad del policía infiltrado siguen estando en el guión y Scorsese nos regala unas cuantas escenas memorables que podrían pasar a formar parte de su mejor cine.

 En infiltrados volvemos a ver la maestría dirigiendo del amigo Scorsese (a años luz de films previos como Gangs of New York o El aviador). La peli tiene momentos a la altura de clásicos como Casino, Taxi driver, Toro salvaje o Uno de los nuestros. Comparándola con el original, tengo que decir que Scorsese realiza una película de más calidad técnica en casi todos los sentidos. Es innegable que está mejor dirigida y la factura técnica no tiene comparación. Scorsese lleva el film a su propio terreno, no sólo lo cambia de país y de cultura, lo hace suyo y nos entrega su propia historia, adornando el guión original con secundarios y elementos de la trama que no siempre acaban de encajar. 

 Pensemos que el film chino dura sólo 97 minutos frente a los 152 del remake americano. Creo que el remake posee ciertas escenas en las realmente brilla el toque genial del maestro Scorsese, pero quizás haya demasiada paja. La historia se alarga demasiado, el interés no decae pero ciertos añadidos se podrían haber eliminado sin problemas. Hay un importante aspecto en la que la película original es claramente superior: en el remake se sacan de la manga un  triángulo amoroso que no hay quién se lo crea, demasiada casualidad. Realmente no es necesario y la trama funcionaría perfectamente sin él. En mi opinión, dicho triángulo es lo más forzado del film americano y no entiendo a qué se deben esta innecesaria modificación/aportación al guión original. ¿Era imprescindible crear un triángulo amoroso? ¿Era necesario meter una historia de amor aunque fuera con calzador? ¿Es una concesión de Scorsese al gran público? ¿Había que promocionar a la actriz Vera Farmiga? Ni idea, pero echa por tierra mucho de lo construido durante el resto del film, no es creíble y desvirtúa bastante lo visto hasta el momento. También el final sufrió varias modificaciones (que no puedo desvelar). En ambos aspectos, el film original es mucho más coherente y conciso.

En cuanto a los actores: Hay que destacar a un Jack Nicholson desatado dentro de uno de esos personajes tan extremos que tanto disfruta interpretando y con los que tanto nos hace disfrutar. El villano del film original no era tan histriónico, más bien todo lo contrario, pero es que con Nicholson la cosa se desmadra sin remedio. También me gustaron la pareja de infiltrados, tanto el soseras de Matt Damon como Leonardo DiCaprio están bastante correctos. Especialmente me gustó DiCaprio, los problemas de identidad de su personaje me parecieron bastante bien plasmados en pantalla. También me sorprendió Mark Whalberg en plan cabronazo.

Resumiendo, Infiltrados es un buen film que no deja de serlo por ser un remake (aunque le reste bastante mérito) sino por ciertas incoherencias y concesiones del guión. Una pena.

Por cierto, una pregunta para finalizar: ¿Cómo puede ser que a Martin Scorsese le dieran su único Oscar como director con un remake? Mejor no pensar en ello, cosas de Hollywood.

viernes, 3 de febrero de 2012

J. Edgar



He de reconocer que desde niño me ha fascinado la figura de J. Edgar Hoover y que siempre pensé que Oliver Stone podría haber hecho una gran película basada en la biografía de tan controvertido personaje. No olvidemos que Stone ha dirigido films sobre Kennedy (JFK) o Nixon, presidentes americanos en cuyos mandatos Hoover fue director del FBI. Pero finalmente ha sido Clint Eastwood quien ha realizado este biopic sobre uno de los hombres más poderosos del siglo XX.

 Hoover ostentó el cargo de director del FBI desde 1924 hasta su muerte en 1972. Fue un hombre decidido, de fuertes convicciones morales y dispuesto a todo por lograr su objetivo. Como director del FBI Hoover se enfrentó a comunistas, gángsters, secuestradores y al crimen organizado. Hoover revolucionó los métodos de investigación y trazó una red de información en las que todos los posibles sospechosos tenían una ficha. Pero su red de información era cada vez más grande y Hoover llegó a espiar y tener información de miles de ciudadanos (incluidos congresistas, los presidentes norteamericanos y sus mujeres). Sólo así se explica que Hoover ostentara su cargo durante casi 50 años, ninguno de los siete presidentes a los que sirvió tuvo el valor de destituirle, tal era su poder y el temor a lo que pudiera desvelar.


Pero una biografía tan excitante y controvertida como la de Hoover no es suficiente para hacer ameno al film. Se necesita algo más. Eastwood demuestra su más que probado talento a la hora de rodar y dirigir actores pero es incapaz de hacer que esta historia nos atrape todo lo que debería hacerlo. Por momentos se hace aburrida. Quizás sea fallo del lioso montaje o que el guión se extienda demasiado en la vida personal del personaje (Eastwood da por probada la homosexualidad de Hoover). Eastwood apuesta por comprender al personaje y casi justifica sus actos como director del FBI basándose en sus estrictas convicciones morales y en la relación con su dominante madre. Eastwood parece decirnos que la primera víctima de Hoover fue el mismo Hoover. El personaje público no parece tener piedad ni consigo mismo.

 Para mí el principal lastre del film es que Eastwood alterna varios momentos temporales (con continuos flashbacks) que hacen perder ritmo a la película. Este recurso sirve para contrastar cómo era el joven e idealista Hoover con el viejo y poderoso Hoover pero también sirve para que el film sufra unos innecesarios parones narrativos. Cuando la cosa se pone interesante, el film vuelve al presente. Ambas líneas temporales no acaban de funcionar ni ayudan a que el espectador siga el hilo de los acontecimientos. Si el espectador no está muy informado de los hechos históricos narrados es bastante fácil perderse, Eastwood supone que el espectador es un experto en historia reciente americana, cosa que no tiene por qué ser cierta.
Un ejemplo: Se cita a Charles Lindbergh como el personaje más famoso del siglo XX, pero en ningún momento se dice que fue el primer hombre que cruzó el atlántico en avión en 1927. Toda una proeza que le convirtió en un héroe nacional americano, hasta Billy Wilder hizo una peli de la gesta interpretada por James Stewart (El héroe solitario o  The Spirit of St Louis). Eastwood supone que Lindbergh es un personaje de sobra conocido en todo el mundo, creo que en Europa Lindbergh y el posterior secuestro de su hijo no son tan populares. Quizás un pequeño inserto de un noticiario o un recorte de periódico hubiera servido para poner al espectador al día.

Los actores me gustaron mucho a pesar de que a veces los maquillajes son un poco grotescos. Leonardo DiCaprio está creíble en la contradictoria piel de Hoover. También me gustó mucho Judi Dench en el papel de la madre (seguro que Freud tendría mucho que decir sobre la relación de Hoover con su madre) y Naomi Watts como la fiel secretaria.

 J. Edgar no es la gran película que este director, esta historia y estos actores podrían haber realizado. No es mala, ni mucho menos, pero podría haber sido mejor.

6


domingo, 8 de agosto de 2010

Origen (Inception)




Hay muy pocos directores hoy día que sepan unir espectáculo y calidad. Uno de ellos es Christopher Nolan, autor de Memento, El caballero oscuro, Insomnia o El truco final (todas ellas totalmente recomendables). Nolan es un tipo listo, ha sabido camelarse a industria y público para seguir haciendo unas películas muy comerciales pero también muy arriesgadas.
Inception no es una adaptación de un cómic, ni un remake, es un guión original suyo. Vale que bebe de otras fuentes, ya nada es original del todo, pero su guión tiene una complejidad y una precisión muy poco usual en el cine comercial actual. El mundo de los sueños ya ha sido tratado muchas otras veces, pero este film realiza el triple salto mortal sin red y consigue caer de pie.

El laberíntico guión funciona como un reloj suizo, dejando al espectador clavado en el asiento desde el primer minuto. Un espectador que asiste atónito al mundo que Nolan ha creado en su cabeza y plasmado magistralmente en pantalla. Nolan se guarda ases en la manga y nos los va mostrando sabiamente, pero nunca engaña vilmente al espectador ni busca la previsible sorpresa final tan común en estos días. Juega siempre con las cartas sobre la mesa, sin aburrir en ningún momento de las dos horas y media que dura la peli, demostrando ser un tipo valiente y sobre todo muy inteligente. El cine actual necesita gente así.


La presentación de personajes no deja de ser bastante clásica (en el buen sentido de la palabra), la película se toma su tiempo mientras vamos descubriendo los entresijos de un plan simplemente inverosímil. El fascinante mundo de los sueños que presenta el film es uno de los mayores logros del cine de ciencia ficción de los últimos años. Si a un guión inteligente y cautivador le sumamos una factura técnica impecable, unos efectos digitales asombrosos y la estupenda partitura del siempre eficiente Hans Zimmer, tenemos un magnífico film de ciencia ficción. ¿El mejor desde Matrix como dicen algunos? NO, Inception es mejor que Matrix (de sus secuelas no hablemos que me da la risa) aunque no tan rompedora.

Que Leonardo DiCapro es un gran actor (y mira que le pillé yo manía a este chaval en Titanic) ya lo ha demostrado sobradamente en films como Shutter Island o Revolutionary road. Aquí DiCaprio no aporta nada nuevo pero cumple sobradamente en su ya frecuente papel de hombre atormentado por su pasado. Me gustó mucho Marion Cotillard y su enigmático personaje, supongo que la incursión de canciones de Edith Piaf no habrá sido casual. También me quedo con Ellen Page (Juno, Hard candy) y Joseph Gordon-Levitt (500 días juntos) que siguen afianzando sus carreras hacia el estrellato.

Imprescindible.

8

lunes, 31 de mayo de 2010

Trailer de INCEPTION

La nueva peli de Christopher Nolan (El caballero oscuro, Memento) tiene muy buena pinta, lástima que quizás en el trailer nos cuenten demasiado.

lunes, 1 de marzo de 2010

Shutter Island




Martin Scorsese me parece uno de los pocos maestros del séptimo arte que aún siguen en activo aunque últimamente no haya estado muy acertado. Sus películas siempre son interesantes pero parece haber adquirido esa peligrosa tendencia a inflar sus películas con excesivo metraje. Tanto Gangs of New York como el Aviador me parecieron películas algo fallidas, la cosa mejoró bastante con Infiltrados pero en Shutter Island la excesiva duración vuelve a ser un lastre que acaba por no dejar despegar al film.
Shutter Island empieza francamente bien, Scorsese demuestra su experiencia y su talento en una primera hora realmente electrizante. Nos plantea un fascinante misterio en un lugar amenazante, una isla prisión para presos dementes. La puesta en escena es casi terrorífica y los actores están realmente bien. Pero pronto la historia da un giro inesperado (y no será el primero), de un film de detectives se torna en un enrevesado thriller psicológico con toques a lo Hitchcock (Recuerda puede ser la influencia mayor). Las inquietantes escenas oníricas son cada vez más frecuentes y el espectador se ve atrapado en una pesadilla de la que no ve salida. Me gustaron mucho las ensoñaciones del protagonista (el apartamento, el oficial nazi, las alambradas), realmente bellas a la vez que terribles.


Desde luego, Scorsese lleva perfectamente las riendas del film y sabe elaborar todo un complejo laberinto en el que realidad y ficción son casi inseparables. La mencionada influencia de Hitchcock (patente en el plano de la ducha o en las escaleras del faro) ayuda a crear ese ambiente irreal que poco a poco va apoderándose de la cinta. El guión va dejando pistas para que el espectador vaya formulándose sus propias hipótesis (acertadas o no), pero al final el espectador acaba algo cansado. Es una pena que una muy buena película se haga pesada hacia el final, estropeando todo el conjunto. Puede que se deba aque han sido demasiado fieles a la novela y ya sabemos que el ritmo narrativo no es el mismo en literatura y cine.
En especial creo que le sobra alguna escena cercana al final (la conversación en el jeep, el lago), creo que no son necesarias y provocan cierto tedio entre el público (en la sala pude ver algunos relojes que se encendían y oír algunos bostezos).

138 minutos son excesivos para este tipo de películas en las que nunca sabes qué es real y qué es imaginario. Carretera perdida, El corazón del ángel o La escalera de Jacob son buenos ejemplos de films que te sumergen en una pesadilla. Pero lamentablemente Shutter Island consigue sumirte en el aburrimiento en su último tramo debido a esas escenas reiterativas que realmente no aportan nada a la trama.

En cuanto a los actores, creo que Leonardo DiCaprio demuestra una vez más que es un buen actor (muy alejado de la estrella juvenil que era hace unos años), que consigue salir airoso con su complicado personaje. Igualmente Mark Ruffalo (Zodiac), Ben Kingsley (Transsiberian) y Max Von Sydow (El séptimo sello) están bastante correctos. A destacar la presencia de los siempre intrigantes Jackie Earle Haley (el Rorscharch de Watchmen y el nuevo Freddy Krueger) y Elias Koteas (Crash, Exorcismo en Connecticut).

Un recorte en el metraje le hubiera hecho mucho bien a este film y lo hubiera alzado al Olimpo de las grandes películas de su autor.
Aún así, creo que sólo por su primera hora y media de terror gótico vale la pena.
7

miércoles, 14 de octubre de 2009

Revolutionary road



Frank y April Wheeler son aparentemente la pareja ideal. Su aparente perfección (guapa pareja, guapos hijos, bonita casa) impide ver a un matrimonio que hace agua por todos lados.

Basada en una novela de Richard Yates, La historia de un joven matrimonio en la idílica Norteamérica de los 50 le sirve a Sam Mendes (marido de Winslet en la vida real) para mostrarnos todas las mentiras y frustraciones del sueño americano. Ninguno de los miembros de la pareja protagonista ha conseguido su sueño, ella no es actriz y él trabaja en la misma compañía en la que lo hizo su padre. Sus sueños no se han cumplido. No tienen un gran talento para nada, son vulgares, personas normales. Sólo un cambio de aires parece que puede salvarles de la mediocridad, que ellos entienden como fracaso. Pero no se puede huir de uno mismo.

Sam Mendes ya trató el tema de la frustración en American Beauty y ahora retoma el tema, pero de una forma bastante más dramática. En este film no hay apenas notas de humor ni ironía. Es un drama familiar en toda regla. Un drama sobre personas atrapadas en una realidad que no es la que ellos desearían. Una pareja atrapada en los convencionalismos de una sociedad que les oprime casi tanto como sus propios fracasos. Una sociedad que no ve con buenos ojos que la mujer trabaje fuera de casa ni el cambio de residencia a Europa.

Todos los personajes del film intentan guardar las apariencias y reprimen sus sentimientos. Se engañan, mienten y ocultan sus verdaderos deseos. Sólo el personaje del enfermo mental (estupendo Michael Shannon) se atreve a decir las verdades, probablemente debido a su enfermedad. Me pareció muy curioso que sea el personaje con problemas mentales el que realmente se libere de todas las ataduras sociales y hable con total libertad. Sin importarle las consecuencias. Sus diálogos serán los desencadenantes de la tormenta. Quizás sólo un loco pueda ser realmente libre en nuestra sociedad.

 Sam Mendes se mueve como pez en el agua en este intenso drama y le saca todo el partido a la historia. Así mismo, consigue una dirección de actores magistral. Los diálogos tienen una viveza inusitada y por momentos el dolor que transmiten traspasa la pantalla y golpea al espectador.

Ni que decir que Kate Winslet está perfecta. Tanto en sus silencios, sus miradas o sus gritos enfurecidos su interpretación es memorable. Han pasado 11 años para volver a juntarse con Leonardo DiCaprio tras Titanic. Ya en aquel film me pareció que Winslet estaba bastante mejor que su compañero. Ahora ambos demuestran lo mucho que han mejorado en todo este tiempo. Creo que en esta película ambos nos dan las mejores interpretaciones de sus carreras. El resto de los actores también están perfectos, Kathy Bates, Jay O. Sanders y el citado Michael Shannon completan un reparto excelente.

A mí la película me pareció muy interesante y me entretuvo. Me agradó especialmente la escena final del film, toda una parábola sobre la felicidad en el matrimonio.

7,5