Tengo que reconocer que
yo también estoy en Facebook, con nombre falso, no lo miro casi nunca ni añado cosas a mi muro, pero estoy. Creo que el invento me ha pillado algo mayor o desmotivado, no me llama demasiado hacer amigos por la red, la verdad. Pero está llegando un momento en el que
si no estás en Facebook, no existes. Facebook es un invento que nació en la exclusiva universidad de Harvard y que ha acabado extendiéndose por el mundo, 500 millones de usuarios no es moco de pavo. Sea como fuere, el invento de
Mark Zuckerberg es una de las claves que están definiendo nuestro mundo actual, nos guste o no.
La gracia de este film radica en que se centra en el fenómeno de facebook ahora mismo, los hechos narrados son de apenas hace 7 años. No han esperado 30 años para narrar el origen del fenómeno de la red social ni han cambiado el nombre de los protagonistas. Además posee una sana ironía el hecho de que el cantante Justin Timberlake interprete al creador de Napster y exterminador de las discográficas.
El excelente guión de Aaron Sorkin (basado en la novela Multimillonarios por accidente de Ben Mezrich) no se limita sólo a narrar el origen de Facebook. En cierta manera traza una elaborada crítica al propio Facebook, un monstruo gigantesco en el que la gente comparte fragmentos seleccionados de su existencia pero que realmente no puede sustituir a las verdaderas relaciones interpersonales.
A
Mark Zuckerberg el film no le ha gustado nada (no olvidemos que se le calcula una inmensa fortuna) ya que es presentado como un chaval muy inteligente pero incapaz de tener amigos o salir con chicas,
un fracasado socialmente que, paradojas de la vida, creará la red social más grande del mundo. Un personaje muy
contradictorio y complejo al que
Jesse Eisenberg (
Zombieland,
Adventureland) da vida magistralmente. Tengo que destacar la escena final del film, un perturbador epílogo en el que queda patente la tremenda soledad y desesperación en la que puede verse sumido una persona hoy día.
El film se sigue bastante bien a pesar de su lenguaje informático (algoritmos, códigos fuente) aun siendo un profano. Por suerte pronto se centra en la condición humana pasando a segundo plano en los entresijos técnicos y los conflictos legales. Los estupendos diálogos de Aaron Sorkin (autor de El ala oeste de la casa Blanca) poseen una precisión milimétrica y acaban narrándote todo un drama con apariencia de liviana película universitaria. Sentimientos como la envidia, la amistad y el compromiso entrarán en claro conflicto.
Cuando te das cuenta se te han pasado las dos horas del film en un suspiro. Así es el ritmo de este film, perfecto.
David Fincher se limita a rodar eficientemente lo marcado en el guión, sabe supeditarse a la historia, casi sin dejar rastro de su estilo visual y narrativo. Fincher está llegando a un clasicismo narrativo impensable en él hace sólo unos pocos años. Ahora prescinde de alardes (salvo algún momento aislado como la regata) y se centra en la historia. Nada de planos digitales, grúas imposibles,
psicópatas, aliens,
niños viejos ni
autodestrucción. Sólo un grupo de jóvenes con una idea millonaria y las consecuencias que ésta tendrá en sus vidas y en las 500 millones de personas.
Quizás lo más peculiar del film técnicamente sea que los gemelos
Winklevoss están interpretados por el mismo actor,
Armie Hammer. Igualmente sorprendente es la elección de
Trent Reznor (
NIN,
How to destroy angels) y
Atticus Ross para elaborar la excelente banda sonora.
Una muy buena película que refleja fielmente el mundo en el que vivimos.
Pulsa F5.
8