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viernes, 2 de septiembre de 2016

Jason Bourne


 Eso de estirar las sagas hasta lo inverosímil me ha parecido siempre una mala idea. Claro que en el negocio del cine no priman los intereses del público o los meramente artísticos, prima el dinero. La saga de Jason Bourne debería haberse quedado en las tres películas originales. Ya aquel sucedáneo de El legado de Bourne fue un film fallido. Por mucho que  ahora Matt Damon y Paul Greengrass hayan regresado a la franquicia, la cosa no ha dado los resultados esperados. Se podría pensar que la reunión del actor protagonista y el director principal de la franquicia vendría originada por una buena historia, nada más lejos de la realidad.
Cierto que Greengrass sigue siendo un maestro para las escenas de acción y las persecuciones pero todo ello palidece si viene acompañado de un torpe guión.Una pena que entre tanto dinero invertido no hubiera una partida para pagar un guión decente. La historia esta vez es de lo más simplona y la excusa para sacar a Jason Bourne de su escondite es de lo más peregrina. No hay quien se lo crea. Ahora Jason Bourne empieza a recuperar la memoria, cómo mola, y los malos de la CIA tienen algo decir sobre la muerte de su padre. No me digas. Para la siguiente entrega nos dirán que su madre está viva y presa en Libia.
 Mientras uno ve Jason Bourne no puede evitar que le asalte la sensación de innecesaria secuela cogida por los pelos. Ni siquiera hay una trama mínimamente interesante y la repetición de esquemas resulta preocupante. Esta franquicia creó escuela hace una década dentro del cine de ación (hasta James Bond tomó nota) pero ahora se suma al carro de la mediocridad. Una lástima. Me podría poner quisquilloso y hablaros largo y tendido de incongruencias y casualidades difíciles de creer como qué demonios pinta un director de la CIA en un congreso de redes sociales (lo flipo) o esos cachivaches de espías colocados estratégicamente en stands para que los coja el protagonista o ese mismo director de la CIA que, acosado por un asesino, pide quedarse solo en su habitación. Demasiadas casualidades que evidencian un pésimo guión que es una mera excusa para enlazar escenas de acción. La verdad es que uno hubiera agradecido que no se notara tanto que toman al espectador por idiota.
Lo que más me gustó del film es la electrizante persecución en moto por Atenas, escena que, por cierto, se rodó en Tenerife. Todo lo demás me resultó previsible y sin sentido. Tampoco esa persecución final en Las Vegas me pareció gran cosa debido a que han optado por la espectacularidad (o fantasmada) antes que la verosimilitud. Las anteriores entregas resultaban (o parecían) verosímiles, esta nueva entrega pierde toda su credibilidad en una escena final en la que las leyes de la física dejan de tener sentido. Y no es la única ocasión en la que ocurre.
Una vez más tenemos a buenos actores metidos en alimenticios papeles secundarios. Tenemos a la agente colaboradora de Bourne (Julia Stiles), el implacable asesino encargado de acabar con Bourne (esta vez interpretado por Vincent Casse), una ambigua agente de la CIA (Alicia Vikander). El villano de turno esta vez le ha caído al bueno de Tommy Lee Jones quien, pensando en la jubilación, seguro que ha agradecido el generoso cheque por participar en este proyecto. A Jones se le nota distante y poco comprometido, quizás se deba a que su personaje es un calco de los ya vistos en anteriores entregas o que, simplemente, pasaba en moto de implicarse. Otro que está bastante pasota es Matt Damon. No es que el tipo haya sido nunca un gran actor (por decirlo suavemente), pero aquí está especialmente inexpresivo. Se supone que toda la película recae sobre sus hombros pero el tipo es incapaz de transmitir nada con su expresión. He visto enchufes más expresivos. Lo de repartir mamporros se le da mejor. Y ni siquiera en eso está a la altura de anteriores entregas.

Supongo que los muy fans de Jason Bourne saldrán satisfechos ya que tendrán las dosis justas de acción pero no aporta nada que no hayamos visto y mucho mejor narrado en otras ocasiones.


viernes, 5 de julio de 2013

Trance




Danny Boyle es un director muy irregular, sus dos últimas películas estaban bastante bien (Slumdog millionaire y 127 horas) y en su obra tiene alguna otra película interesante (Sunhine, Trainspotting) pero también películas fallidas (La playa, Una historia diferente). Lamentablemente, Trance pertenece a este segundo grupo.

Esta vez Boyle se cree capaz de rejuvenecer a Hitchcock y adapartalo a nuevos tiempos, craso error. Su film parece un anfetamínico remake de Recuerda. El montaje acelerado y la música machacona funcionan a la perfección durante los primero 10 minutos en uno de esos prólogos que tan bien le salen al amigo Boyle, pero luego acaban perdiendo todo su efecto y molestan. Boyle pretende sumergir al espectador en la laberíntica mente del protagonista ofreciéndonos entrar en un arriesgado juego. Por desgracia, su juego no atrapa nunca y el laberinto que nos ofrece es un completo caos sin sentido. Los continuos giros del guión (siempre en busca de la sorpresa final) no funcionan como se pretende y la película no atrapa en casi ningún momento.

Yo no me creí en ningún momento lo de la banda de ladrones que contrata a una experta en hipnosis para que le ayude a uno de ellos a recordar dónde está el cuadro que han robado. Es una de esas premisas ridículas que es mejor no analizar. Si encima la hipnotista tiene el físico de Rosario Dawson, la cosa gana algo de interés (para el público masculino) pero pierde la poca credibilidad que le quedaba. Mejor no pensar mucho en estos thrillers psicológicos. Ya decía Hitchcock que los peores espectadores eran los que querían que todo lo visto en la pantalla fuera verosímil. Tenía razón el maestro del suspense, pero todo tiene un límite.

Pero lo peor está por llegar, el imposible triángulo amoroso entre James McAvoy, Rosario Dawson y Vincent Cassel nunca acaba de ser creíble. Boyle se pierde en la estética (muy lograda) y en el montaje desordenado (casi tanto como la mente del protagonista) pero no profundiza en las motivaciones de sus personajes, sabe que juega con las cartas marcadas y se guarda ases en la manga. Todo ello da una sensación de inverosimilitud al espectador que se va acrecentando con cada nueva vuelta de tuerca del guión (que hay unas cuantas).

Una vez más, Boyle se la juega (cosa muy encomiable) pero esta vez se estrella de lleno. Su endeble y tramposo guión no provoca el más mínimo interés en el espectador (al contrario que la Dawson).

4,5

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un método peligroso (A dangerous method)

Un método peligroso se centra en la relación entre el padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud, y uno de sus más aventajados discípulos y posterior revisionista de sus teorías, Carl Jung. El caso de la joven rusa Sabina Spielrein servirá para ponerlos en contacto, mientras el caso de otro paciente, Otto Gross, servirá para tambalear los cimientos de su amistad y mucho más.


David Cronenberg sigue siendo un director que bucea en los aspectos más oscuros del ser humano. Puede que en sus films recientes ya no haya vísceras ni sangre como en sus inicios, ahora no provoca asco sino que provoca cierta inquietud moral en el espectador ( o lo intenta). Sus temas y obsesiones de siempre (a saber: sexo, muerte, violencia) siguen vigentes pero ya no son mostrados tan explícitamente como antes. Ahora parece buscar el origen de todo ello, Cronenberg se ha domesticado pero aún es peligroso.
El film es formalmente tan académico que casi parece obra de otro director. Cronenberg no se sale por la tangente y rueda eficientemente un complejo guión lleno de constantes referencias a términos de psicoanálisis que quizás sean un poco duros de digerir para los no iniciados. Como aficionado a la psicología, el film me gustó por la cantidad de temas que trata y la forma tan pulcra de hacerlo, pero como aficionado al cine me pareció lento y falto de brío. No basta con basarse en un interesante hecho real ni exponer complejas teorías, hay que saber darle forma de película, moldear todo ello para hacerlo interesante a ojos del espectador. El reto era enorme y Cronenberg no consigue darle el ritmo adecuado a la historia. Así como Freud estudió la mente humana usando sólo métodos científicos, rechazando la magia y la superstición, Cronenberg nos presenta un film frío, aséptico, sin alma. Supongo que a Freud le hubiera encantado esta peli.

Hablando en plata, el film se hace algo pesado y denso. Es tan frío que se deja ver pero no sirve para aprender gran cosa de la psique humana ni se le coge cariño a ninguno de los personajes. Ni la historia de amor engancha ni la película se hace apasionante en ningún momento. Se sigue con interés sólo por las excelentes interpretaciones de los actores mientras el espectador espera que surga algo que haga que la trama se ponga interesante.
Una pena, creo que con este punto de partida se podría haber hecho un gran film. El guión apunta cosas muy interesantes de la relación entre Jung y Freud pero no profundiza en ninguna. En el film se ven escenas en las que retrata cómo el discípulo contradice al maestro, el criterio de autoridad, el paso de la admiración a la negación, la fijación por Freud por explicar el sexo como el origen de todos los problemas mentales, el antisemitismo que afloraba en Europa a principios de siglo XX; así como episodios psicóticos, conductas sádicas, etc; todo ello muy interesante y pocas veces representado de forma fría y analítica en un film, sólo Cronenberg parece atreverse a ello. Pero le falta garra.

Cronenberg sí acierta de pleno con el retrato del joven Carl Jung que desea aplicar los métodos de Freud y seguir explorando los secretos de la mente humana. Jung se debate entre la admiración por su maestro y su propias conclusiones, entre el amor a su esposa e hijos y el amor prohibido por una paciente, entre sus creencias y la ciencia, entre la moral imperante y sus deseos. El film se podría ver como el proceso de evolución y la toma de decisiones de un joven, en definitiva: el paso a la madurez. Nadie ha hablado aún de la felicidad.

Pero al espectador no iniciado todos estos elementos le parecerán confusos y poco interesantes. Quizás sí se logre hacer que alguien se aficione a la psicología, pero dudo que el gran público esté interesado, la verdad. ¿Qué sentido tiene estudiar la mente humana cuando puedes ver Sálvame deluxe y olvidarte hasta de tu propia existencia?

¿Qué decir de los actores? Pues que están todos francamente bien, Keira Knightley está en su mejor interpretación, por momentos parece que se va a exceder con los gestos y esa forma de desencajar la mandíbula pero nunca llega a ocurrir. Incluso su extrema delgadez le sienta bien a su personaje. Viggo Mortensen compone perfectamente un Freud arrogante y seguro de sí mismo, quizás demasiado. Por su parte, Michael Fassbender está muy bien como Carl Jung. También Vincent Cassel da el pego como Otto Gros, a pesar de que aparece poco en pantalla.

Así pues, Un método peligroso es un film fallido y falto de alma, sólo recomendable para aficionados a la psicología.

lunes, 3 de enero de 2011

Cisne negro (Black swan)




Una joya, así es el film de Darren Aronofsky (Réquiem por un sueño, The Wrestler, La fuente de la vida, Pi) sobre el mundo del ballet. Un film hermoso, brutal, violento, sensible, terrorífico y maravilloso. Todo esto y mucho más es lo que nos ofrece este complejo film sobre la eterna lucha por la superación y la perfección.
Nina (Natalie Portman) es una joven que sólo ha vivido para la danza, ya no es una niña pero su habitación es de color rosa y está llena de peluches. Su madre la protege de todo mal evitando que sea expuesta al mundo exterior, un mundo hostil y oscuro (como el metro y los pervertidos que pueblan sus vagones). La danza es lo único puro fuera de su habitación.
Pero llega un momento en el que la danza le exige vivir para plasmar sus propias experiencias vitales en su arte. Necesita madurar y vivir para que su interpretación sea perfecta. No será una tarea fácil, su inseguridad en sí misma será su mayor enemiga. Mientras los miedos, la competencia y las envidias propias dentro de todo grupo artístico tampoco se lo pondrán nada fácil. Nina sabe que puede ser la mejor, pero que antes que ella hubo otras y que su reinado, por mucho que lo intente, será efímero. La perfección dura sólo un momento. Demasiada presión para una mente tan frágil.


Como en todos los anteriores films de su autor, los protagonistas se obsesionan con un objetivo en la vida, poniendo en peligro todo lo demás. Nina empezará a verse amenazada por la fuerte competencia de una compañera (Mila Kunis), mientras ve cómo la antigua primera bailarina (Winona Ryder) cae en desgracia, todo un presagio de su destino. Conocerá la terrible soledad de la cima mientras su mente se va agrietando más y más.
Estas evoluciones en las que la percepción de la realidad se va deformando es lo que mejor le sale a Aronofsky quién realiza aquí su mejor película. No es la más visceral (que lo es) pero sí la más redonda, su más perfecta obra sobre la obsesión. También el tema de dualidad y el inevitable destino están muy bien desarrollados. Así mismo Aronofsky refleja magistralmente el mundo de la danza: los duros ensayos, las pruebas, el afán de superación, los nervios, las manías, las decepciones, etc, logrando que el espectador se sienta preso dentro de ese mundo tan exigente.
Yo pasé un rato estupendo con las escenas de ballet y la maravillosa recreación del Lago de los cisnes de Tchayckovsky. La música de Clint Mansell se funde perfectamente con la de Tchaycovsky trazando hábiles paralelismos entre la ficción del ballet y la vida de la protagonista. Puro arte en movimiento. Puro cine.

Natalie Portman está increíble, su preparación física y mental para este film ha debido de ser extenuante. Como su personaje, ha madurado y ha dado lo mejor de sí, una interpretación al límite, perfecta. No sólo parece una bailarina de primer orden sino que transmite muchas emociones opuestas con su mirada. El Oscar este año ya tiene dueña.
Por su parte Mila Kunis (El libro de Eli) está bien como la amiga/rival aunque yo me quedo con la veterana Barbara Hershey y con Vincent Cassel. Por cierto, la recuperada Winona Ryder (la olvidada musa de la generación X de los 90) está bien en un papel con el que tiene alguna similitud.

Un film hermoso y duro, como una joya.

8,5


P.d.: Me da igual toda la vacía polémica que ha suscitado la bailarina que ha doblado a Portman en algunas escenas de ballet. No creo que el Oscar se lo hayan dado sólo por bailar bien, se lo han dado por su interpretación, por todo el conjunto de ella. A mí su cara y sus expresiones en este film me han transmitido mucho más que cualquier otra de este año, así pues veo justo (por una vez) que le hayan dado el Oscar aunque en las escenas más difíciles de ballet hayan pegado digitalmente su rostro sobre el de una bailarina profesional.