En esto del cine está todo inventado hace
décadas. Siempre quedan cosas interesantes por decir aunque es casi imposible
que otro no las haya dicho ya antes. Y casi siempre mejor. Por suerte, queda
todavía un grupo de cineastas con una mirada muy personal que orbita
normalmente fuera de los circuitos comerciales. Ahí están directores como David Lynch, Yorgos Lanthimos, Denis Villeneuve, Lars Von
Trier o Darren Aronofsky.
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sábado, 10 de febrero de 2018
miércoles, 13 de agosto de 2014
Noé
La hasta ahora impecable trayectoria de Darren Aronofsky se ha topado con una epopeya de dimensiones bíblicas que, si bien no es un gran fracaso, sí supone la cota más baja de su filmografía.
Lo cual, tampoco quiere decir que estemos ante una mala película, ni mucho menos. Ocurre con este Noé lo mismo que le pasó a su director con La fuente de la vida, son films eclécticos que pecan de indefinición al intentar conjugar gran espectáculo visual con un mensaje excesivamente profundo. Cosa que no es mala de por sí, pero que no está del todo bien resuelta.
Noé narra el famoso pasaje bíblico del Antiguo Testamento y lo hace aunando gran espectáculo y la profundidad habitual en el cine de Aronofsky. De origen judío, Aronofsky narra esta historia con su buen hacer habitual y le imprime un acertado ritmo, es respetuosos con los creyentes y no se toma excesivas licencias que levanten ampollas (excepto en algunos países musulmanes para los que está prohibido hacer representación alguna de los profetas del Corán, entre los que se encuentra Noé). Sin embargo, por momentos parece que estamos viendo una superproducción de catástrofes más al uso, un blockbuster de esos que podrían estar firmados por Roland Emmerich. Noé es cine de catástrofes y grandes efectos especiales antes que una sesuda reflexión sobre la historia de Noé. La balanza de decanta por la espectacularidad (incluso hay unos gigantes de piedra que parecen Transformers de piedra) frente a los significados de la historia.
A pesar de la espectacularidad de sus imágenes, esta versión de Noé no está exenta de múltiples interpretaciones. Entiendo que Aronofsky haya querido hacernos ver la escasa diferencia que existe entre un verdadero profeta y un loco. Su Noé (perfectamente encarnado por Russell Crowe) es un fundamentalista religiosos que sigue ciegamente los designios que recibe de Dios a través de sus visiones (en las que sí vemos el sello Aronofsky). Pero Noé puede ser visto como un fundamentalista peligroso como un auténtico profeta elegido por Dios. Aronofsky juega hábilmente con la idea de los peligros de la fe y la determinación. Su Noé es un ecologista convencido que vive en armonía con la naturaleza, no mata animales sin motivo ni come carne. Sin embargo, deja que mueran miles de personas en el diluvio universal y está dispuesto a matar a sus nietas sólo para cumplir el mandato divino. Algunos podrían tildarlo de psicópata terrorista ecológico. La Biblia vista con ojos actuales adquiere significados que probablemente ni los que la escribieron podían imaginar.
Creo que Aronosky triunfa a la hora de hacernos ver cuánto ha cambiado la sociedad desde que se escribió el Antiguo Testamento, pero fracasa al disfrazar su película de blockbuster. Incluso hay una pelea final con un villano y cambios de bando en el último momento. Yo de Aronofsky me esperaba algo más original. Supongo que para narrar la historia de Noé se vio atrapado entre la necesidad de un gran presupuesto y las exigencias de la productora. Quiero creer que este no es el Noé que realmente Aronofsky quería hacer y que las concesiones al gran público fueron impuestas por el estudio.
Lo que da cohesión al film son la acertadas interpretaciones de Russell Crowe, Jennifer Connelly y Emma Watson. Todos ellos están francamente bien y dan la necesaria credibilidad a esta historia. También Anthony Hopkins aporta su buen oficio como el abuelo de Noé, Matusalén.
Lo dicho, irregular, me gustaron las connotaciones morales del film pero no me gustaron las aspiraciones de blockbuster.
6
sábado, 7 de junio de 2014
Perfect blue (1998)
El director japones Satoshi Kon debutó con Perfect blue adaptando la novela homónima de Yoshikazu Takeuchi. Inicialmente la adaptación se iba a rodar con actores pero un recorte en el presupuesto obligó a replantearse el proyecto como una película de animación. Así surgió Perfect blue.
Perfect blue nos introduce en el mundo de los ídolos juveniles, concretamente en esos grupos japoneses de pop facilón y repetitivo. Si hay un producto musical que me repugne es el de estos grupos de laboratorio destinados a ser consumidos por adolescentes. Satoshi Kon nos describe la pesadilla de una chica que deja su exitoso grupo musical de adolescentes para iniciar una carrera como actriz. Pronto empezará a arrepentirse de su decisión; las cosas no salen como ella esperaba. Por otro lado, muchos seguidores le reprochan que haya madurado y haya acabado aceptando papeles mucho más adultos. El abandono de su imagen de ídolo juvenil y su participación en escenas y sesiones fotográficas de contenido erótico enfurecerá a muchos seguidores. Mima empieza a recibir la amenazas de muerte a la vez que personas responsables de los cambios en su carrera son asesinadas. Por si fuera poco, Mima tiene episodios esquizofrénicos en los que recibe la visita de su antiguo personaje dentro del grupo musical. Es como si la antigua Mima se resistiera a ser eliminada o algo dentro de la mente de Mima no acepta el avance de su carrera.
El espectador se siente cómplice de la confusión mental de Mima ya que pronto dejamos de estar seguros de si lo que vemos es real o sólo está en la mente de la protagonista. Para más inri, la serie en la que Mima interpreta inicialmente un pequeño papel empieza a tener peligrosas similitudes con su historia, lo cual dificulta más al espectador la tarea (casi imposible) de adivinar si lo que estás viendo es real.
A pesar del aspecto visual del film (parece un anime más de esos que hay cientos) los temas tratados son de una trascendencia poco habitual en el anime. No estamos ante un film de acción ni la violencia o el sexo mostrados son gratuitos. Estamos ante un film que traza un perturbador retrato psicológico de una joven con graves problemas mentales. Perfect blue se podría definir como un thriller psicológico pero la confusión mental de la protagonista nos transporta a un estado de constante ansiedad del todo inusual en el cine de animación.
Mima parece vivir de cara a la galería y le afecta demasiado lo que opinan los fans, hasta tal extremo de llevarla a perder la noción de realidad. El hecho de que un fan algo trastornado usurpe su personalidad en una página web la empuja a un desdoblamiento de personalidad que nos ofrece los mejores momentos del film. La presión del público es tal que su rechazo es toda una tragedia (no olvidemos que estamos ante un film japonés), incluso parece que los fans tienen derecho a no aceptar el nuevo rumbo de sus artistas favoritos. A mí me vinieron a la mente casos recientes de estrellas para adolescentes que han dado un giro radical a sus carreras una vez que alcanzan una determinada edad. ¿Puede que el público adolescente ejerza un brutal tiranía sobre sus ídolos o está todo perfectamente estudiado? En el film, Mima toma unas arriesgadas decisiones siempre asesorada por sus representantes, quienes sólo parecen buscar un rápido beneficio económico, mientras la participación de su familia se ve limitada a una llamada telefónica. Mima está sola ante la presión del público y el miedo al fracaso.
Como curiosidad cabe destacar que Darren Aronofsky compró los derechos para adaptar el film pero realmente nunca lo hizo, sólo usó la escena del baño para Réquiem por un sueño. Posteriormente tomó prestada la premisa principal para elaborar Black swan. Las similitudes entre ambas son evidentes ya desde el parecido entre los nombres de las protagonistas ambos films (Mima y Nina). En ambas películas las jóvenes protagonistas son esquizofrénicas que confunden ficción y realidad. Nina pierde la cordura debido a la presión que sobre ella ejerce ser elegida como primera bailarina, Mima pierde su cordura al dejar su grupo y ver que no consigue el éxito esperado en su nueva carrera como actriz. Son matices que las diferencian, además Nina no tiene la presión de las fans, elemento que sí es fundamental en la evolución mental de Mima.
En ambos casos creo que está muy bien conseguida esa imposibilidad de distinguir la realidad de la ficción. El estilo de Aronofsky es mucho más oscuro quizás el film de Kon pierde algún entero al están realizado con un estilo visual casi naif. En mi opinión, Black swan tiene personalidad suficiente como para no ser considerada un remake de Perfect blue, pero es innegable la influencia recibida del film japonés. Sin Perfect blue no hubiera existido Black swan.
Muy recomendable para aquellos que busquen un buen film de animación fuera de los rígidos parámetros de este tipo de cine.
7
lunes, 21 de marzo de 2011
Pi, fe en el caos (π ,1998)

Todo el universo está regido por unas leyes matemáticas. Desde el más ínfimo átomo a la órbita de los planetas, todo lo rigen las matemáticas. Ocultas leyes y proporciones que el hombre sólo puede vislumbrar. Nuestra existencia está llena de números que regulan nuestras vidas sin nosotros saberlo, las espirales, el crecimiento del pelo, las proporciones áureas, todo son matemáticas. ¿Existe acaso un plan maestro? ¿Un orden dentro de todo este caos que es la vida?¿Se puede llegar a entender sin volverte loco?
El film es una compleja trama en la que las matemáticas se mezclan con la bolsa de Wall Street y la religión judía. Para la religión judía el nombre de Dios es impronunciable, su nombre real es una sucesión de 216 cifras divididas en 4 columnas, si a cada cifra le asignas una letra obtienes el Tetragrammaton. Las cuatro primeras letras son YHVH, lo que dio origen a las palabras Jehova y Yahvé para referirse a Dios. Así pues, el Dios hebreo no es un señor con barba o un ojo en el cielo, es un número. Interesante. La cábala es el estudio de los designios divinos a través de los números, incluso hay programas de ordenador que buscan significados ocultos en la Torá. En la festividad del Yom Kipur el rabino entra en el templo y enumera tres veces todas las cifras que forman el nombre de Dios.
En Pi Darren Aronosky (El cisne negro, Réquiem por un sueño, The Wrestler, La fuente de la vida) bucea en los misterios de los números y su importancia desde el punto de vista religioso. A través de un personaje que intenta llenar los huecos de su mísera existencia con la lógica nos sumerge en una pesadilla en la que religión y ciencia se confunden con la locura. Una película extraña e insoportable por momentos en la que se ven claros los cimientos del futuro cine de su autor. La obsesión y la enfermedad mental que han marcado toda su carrera ya están aquí presentes. El conocimiento no lleva a la felicidad sino al más absoluto caos mental. La esquizofrenia acabará apoderándose del protagonista, quien decidirá terminar con la pesadilla de una forma bastante drástica. En la escena final, el protagonista aparece en un parque, tranquilo al fin, su paranoia y su ansiedad han desaparecido, pero el desasosiego del espectador continuará hasta unos días después de ver el film.
La radical propuesta de Aronofsky resulta especialmente indigesta y cruda en esta su primera película. A la lógica falta de medios hemos de sumar una premeditada estética desagradable y fea. Si encima le sumamos una trama confusa sin ninguna concesión a la comercialidad, obtenemos una propuesta tan original como minoritaria. Pi es la primera obra de culto de Aronofsky y su film menos comercial. Aronofsky inició su carrera en 1998 con esta barata y original cinta en la que se puede adivinar germen de toda su filmografía posterior.
Dios existe y es un número.
6
lunes, 3 de enero de 2011
Cisne negro (Black swan)
Una joya, así es el film de Darren Aronofsky (Réquiem por un sueño, The Wrestler, La fuente de la vida, Pi) sobre el mundo del ballet. Un film hermoso, brutal, violento, sensible, terrorífico y maravilloso. Todo esto y mucho más es lo que nos ofrece este complejo film sobre la eterna lucha por la superación y la perfección.
Nina (Natalie Portman) es una joven que sólo ha vivido para la danza, ya no es una niña pero su habitación es de color rosa y está llena de peluches. Su madre la protege de todo mal evitando que sea expuesta al mundo exterior, un mundo hostil y oscuro (como el metro y los pervertidos que pueblan sus vagones). La danza es lo único puro fuera de su habitación.
Pero llega un momento en el que la danza le exige vivir para plasmar sus propias experiencias vitales en su arte. Necesita madurar y vivir para que su interpretación sea perfecta. No será una tarea fácil, su inseguridad en sí misma será su mayor enemiga. Mientras los miedos, la competencia y las envidias propias dentro de todo grupo artístico tampoco se lo pondrán nada fácil. Nina sabe que puede ser la mejor, pero que antes que ella hubo otras y que su reinado, por mucho que lo intente, será efímero. La perfección dura sólo un momento. Demasiada presión para una mente tan frágil.

Como en todos los anteriores films de su autor, los protagonistas se obsesionan con un objetivo en la vida, poniendo en peligro todo lo demás. Nina empezará a verse amenazada por la fuerte competencia de una compañera (Mila Kunis), mientras ve cómo la antigua primera bailarina (Winona Ryder) cae en desgracia, todo un presagio de su destino. Conocerá la terrible soledad de la cima mientras su mente se va agrietando más y más.
Estas evoluciones en las que la percepción de la realidad se va deformando es lo que mejor le sale a Aronofsky quién realiza aquí su mejor película. No es la más visceral (que lo es) pero sí la más redonda, su más perfecta obra sobre la obsesión. También el tema de dualidad y el inevitable destino están muy bien desarrollados. Así mismo Aronofsky refleja magistralmente el mundo de la danza: los duros ensayos, las pruebas, el afán de superación, los nervios, las manías, las decepciones, etc, logrando que el espectador se sienta preso dentro de ese mundo tan exigente.
Yo pasé un rato estupendo con las escenas de ballet y la maravillosa recreación del Lago de los cisnes de Tchayckovsky. La música de Clint Mansell se funde perfectamente con la de Tchaycovsky trazando hábiles paralelismos entre la ficción del ballet y la vida de la protagonista. Puro arte en movimiento. Puro cine.

Natalie Portman está increíble, su preparación física y mental para este film ha debido de ser extenuante. Como su personaje, ha madurado y ha dado lo mejor de sí, una interpretación al límite, perfecta. No sólo parece una bailarina de primer orden sino que transmite muchas emociones opuestas con su mirada. El Oscar este año ya tiene dueña.
Por su parte Mila Kunis (El libro de Eli) está bien como la amiga/rival aunque yo me quedo con la veterana Barbara Hershey y con Vincent Cassel. Por cierto, la recuperada Winona Ryder (la olvidada musa de la generación X de los 90) está bien en un papel con el que tiene alguna similitud.
Un film hermoso y duro, como una joya.
8,5
P.d.: Me da igual toda la vacía polémica que ha suscitado la bailarina que ha doblado a Portman en algunas escenas de ballet. No creo que el Oscar se lo hayan dado sólo por bailar bien, se lo han dado por su interpretación, por todo el conjunto de ella. A mí su cara y sus expresiones en este film me han transmitido mucho más que cualquier otra de este año, así pues veo justo (por una vez) que le hayan dado el Oscar aunque en las escenas más difíciles de ballet hayan pegado digitalmente su rostro sobre el de una bailarina profesional.
sábado, 4 de septiembre de 2010
La fuente de la vida (The fountain, 2006)

A mí que me perdonen, ya sé que esta película se llevó muchos palos en los festivales en los que presentó y que es un film maldito y poco conocido, me da igual. A mí me gusta. Reconozco que no es un film fácil ni adecuado para todos los estómagos, pero si quieres tontaditas fáciles de digerir te ves la última chorrada hollywoodiense estilo Crepúsculo.
La fuente de la vida es un film tan ambicioso como su director, Darren Aronofsky (El luchador, Réquiem por un sueño), quien se atreve a mezclar en una sola película elementos tan dispares como el drama intimista, la aventura histórica, la ciencia ficción, el surrealismo y la filosofía. Ahí es nada.

Un proyecto muy arriesgado y formalmente impecable, donde Aronofky ah intentado demostrar que el cine es la suma de todos los artes. Es un film poético, lleno de referencias que aparecen cíclicamente en el film (el anillo, los círculos, el árbol), una obra de arte visual, tiene una gran música de Clint Mansell y una historia bastante emocionante.
¿Y de qué va? En distintos momentos históricos el film nos narra la búsqueda de la salvación del ser querido y la imposibilidad de aceptar su inevitable pérdida. El concepto común a varias religiones de el árbol o fuente de la vida sirve aquí para vertebrar la historia. Ya he dicho que no es un film fácil, habla de enfermedad y muerte, pero también deja cierta esperanza (cosa rara viniendo de quien viene). Por otro lado, las historias se entrelazan entre sí aunque no dejan de ser la misma. En diversos momentos se puede hacer demasiado metafísica o filosófica para el espectador acostumbrado a las historias de chico busca chica. Pero vale la pena echarle un ojo.
Aronofsky se rebela aquí como un director muy preocupado por la imagen, quizás demasiado, logrando que cada plano se quede grabado en nuestra memoria, pero dejando al final una extraña sensación de espectáculo hueco.
El problema es el crisol (o refrito) de diversas religiones no acaba de cuajar y el elemento zen desentona bastante con el resto del film. Aronosky nos presenta un torbellino de ideas que acaba resultado algo confuso y vacío. Además, ciertos imperdonables anacronismos (al más puro estilo peli de Tom Cruise) nos hacen pensar que igual no se documentó lo suficiente sobre la España del siglo XVI.

En cuanto a los actores, me parece excelente que Hugh Jackman (Lobezno) y Rachel Weisz (Ágora) se se la jueguen en proyectos tan arriesgados como éste y demuestren que saben actuar.
Resumiendo... un paso en falso dentro de la filmografía de su autor pero aún así... interesante.
7
viernes, 20 de agosto de 2010
Trailer de Black swan

No os voy a engañar, Darren Aronofsky es uno de mis directores favoritos. Uno de esos tipos que ruedan lo que les da la gana sin ataduras comerciales de ningún tipo. Sus películas pueden gustarte o no (suelen ser bastante poco complacientes con el espectador, la verdad), pero es incuestionable que el tipo sabe lo que se hace. Siempre sus films nos presentan un mundo sórdido pero con importantes dosis de su particular lirismo. Entre sus obras se encuentran films tan interesantes como Réquiem por un sueño, Pi: fe en el caos o El luchador.
Gracias al interesante blog de José Barriga me he topado con el trailer de su próxima obra: Black swan, con Mila Kunis y Natalie Portman. La cosa promete.
domingo, 16 de agosto de 2009
RÉQUIEM POR UN SUEÑO (Requiem for a dream, 2000)

Todos estamos enganchados a algo, admitámoslo. Ya sean las pastillas, el móvil, el café, las tragaperras, el tabaco, la consola, el chocolate, el carajillo, el cine o los reality shows.
Todos dependemos de algo. También todos tenemos sueños. Unos queremos perder peso, otros queremos más dinero, otros ansiamos un amor o salir en un concurso de la tele. La sociedad que nos muestra Darren Aronofsky (The Wrestler) está llena de gente infeliz que busca conseguir sus sueños. Lástima que los medios elegidos no sean los más acertados. El ser humano es un ser débil, demasiado débil.
Siguiendo en la línea de recomendar grandes películas poco conocidas, hoy le toca el turno a la difícil Requiem por un sueño. Una peli realmente arriesgada y dura, de las que peor cuerpo me han dejado tras verla (empata con Bailar en la oscuridad).

Darren Aronofsky se estrenó con la rarísima “Pi” y ha triunfado con The Wrestler pero su segunda película dio un paso de gigante hacia el olimpo de los directores de culto. Réquiem por un sueño es una historia sobre yonquis, amas de casa y atajos hacia la felicidad que acaban en el infierno. Todo ello narrado, rodado y montado magistralmente con un ritmo que va acelerando hasta acabar en los 20 últimos minutos más duros y vertiginosos que recuerdo. La música de Kronox Cuartet es genial y acompaña perfectamente las escenas. Recuerdo momentos de agobio inolvidables como la escena del frigorífico, nunca pensé que un electrodoméstico me pudiera asustar tanto, o momentos simple y llanamente repulsivos hasta la náusea.
Los actores están realmente bien, Jennifer Connely demuestra que es mucho más que una cara bonita y Jared Leto (Fight Club) da el pego. Pero la triunfadora es Ellen Burstyn que está simplemente brutal. Su personaje de la ama de casa que desea perder uno kilos es de los más conmovedores que he visto en mi vida.

Una película muy dura que yo obligaría a ver en todos los institutos. Seguro que es mucho más efectiva que todas las campañas antidroga gubernamentales.
Quizás el sueño americano haya muerto y esta película sea su réquiem.
8

jueves, 5 de marzo de 2009
El luchador (The Wrestler)

Randy “The ram” Robinson es un ex-luchador profesional que ahora malvive en el circuito independiente.
Soy fan de Darren Aronofsky desde que vi su imprescindible película Réquiem por un sueño, el film más perturbador que recuerdo haber visto en años. La nueva película de este tipo es mucho más convencional, menos arriesgada formalmente, pero igual de notable.
Aronofsky ahonda sin problemas en las miserias de un antiguo campeón que lo ha echado todo a perder: ya no es joven, ni tiene amigos verdaderos, ni familia, ni futuro como luchador. Sólo vive de recuerdos y apenas consigue pagar el mísero alquiler.
La visión sórdida del mundo de la lucha libre norteamericana me pareció acertadísima. La soledad y el hastío de la antigua leyenda están muy bien retratados. Como en Réquiem por un sueño, Aronofsky nos muestra la otra cara del sueño americano, la cara de quien cogió el tren del éxito pero no supo aprovecharlo. El personaje de Randy podría ser un personaje de una canción de Bruce Springsteen, un fracasado que se resignó hace tiempo a serlo. El personaje puede parecerse al Rocky de Stallone, pero Rocky al final consigue su sueño. Randy ya no tiene sueños.
Otro tema que la peli explora muy bien es cómo la sociedad necesita de gente que la divierta a base de sufrir, aunque todos sepan que el espectáculo es mentira. La identificación de las masas con un luchador y cómo le van exigiendo cada vez más me pareció por momentos de una brutalidad mucho mayor que los golpes y la sangre de las peleas. Esta identificación de los seguidores me recordó a la genial Danzad, Danzad malditos!
La forma de rodar es tan convencional como impecable. Esta vez no hay montajes acelerados ni experimentos varios, la peli en ese sentido es bastante clásica: un drama sin paranoias ni alucinaciones (que podría haberlas incluido fácilmente). La peli gana así bastantes enteros a ojos de un público más acostumbrado al cine normal. Por momentos parece que Darren Aronofsky nos va a dejar noqueados con algún experimento suyo, pero no. Con una buena historia y buenos actores es suficiente, no hace falta más.
Siempre me ha parecido que Mickey Rourke era un gran actor. Soy fan suyo desde El corazón del Ángel (tremenda película) aunque su carrera ha sido bastante penosa. Ahora parece que vuelve de la tumba tras muchos excesos y no menos estupideces (sólo hace falta ver la cara que se ha dejado).
Lo que no parece que haya cambiado es su capacidad como actor. Para mí está excelente. Su composición del personaje es genial (la forma de andar, de hablar, el pelo, las miradas, esa voz de ultratumba). Se ajusta como un guante al personaje. No sólo físicamente (gran trabajo para un tipo de más de 50 años) sino también interpretativamente hablando.
El personaje y él tienen bastante en común. Mickey también tuvo su momento de gloria y lo dejó pasar tontamente. Esta peli puede ser su último combate para volver a ser un campeón, yo creo que lo ha logrado con la mejor interpretación de toda su maltrecha carrera. A mí me encantaron su personaje y su interpretación.
Del resto del reparto, Marisa Tomei (Antes que el diablo sepa que has muerto) y Evan Rachel Wood (Thirteen) están bastante bien (aunque casi no me di ni cuenta de ellas, el personaje de Rourke se come la pantalla y eclipsa al resto de actores). Por cierto, que Marisa Tomei parece que a los 40 años le ha pillado el gusto a salir ligerita de ropa, aún así está muy bien. También la aparición de muchos luchadores reales ayuda a dar credibilidad al film.
En resumen, un film amargamente genial.
8
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