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martes, 18 de septiembre de 2018

Ready player one


  Ready player one es la prueba de que la cada vez más tenue barrera entre cine y vídeo juego ha caído definitivamente. Y ha sido un director de la reputación y prestigio de Steven Spielberg quien ha osado derribar finalmente tan débil frontera.

martes, 29 de diciembre de 2015

El puente de los espías

Steven Spielberg parece empeñado en los últimos tiempos en mostrarnos interesantes aspectos de la historia poco conocidos por el gran público. 

Esta vez le ha tocado a un pasaje real ocurrido durante la Guerra Fría, un periodo realmente fascinante y lleno de claroscuros. Spielberg no deja hueco para ambigüedades ni glosarios de errores cometidos durante la guerra fría, que de sobra hubo por ambos bandos. Spielberg nos deja muy claro que Estados Unidos siempre fue muy superior a la URSS debido, simplemente y llanamente, a la entereza y las convicciones del gran pueblo americano.

 Para ello Spielberg nos presenta a James Donovan, un abogado de prestigio que es todo un padre de familia que se ve envuelto en un juicio a un espía ruso y su posterior intercambio. Nadie mejor que Tom Hanks (un gran actor con un aspecto de lo más corriente) para interpretar a este americano medio hecho a sí mismo. Mientras los comunistas viven sometidos en un régimen terrorífico y sin alicientes, la grandeza del sistema americano reside en que, gracias al capitalismo, cada hombre es libre para intentar su sueño y dar lo mejor de sí mismo. Para el James Donovan que interpreta Hanks la moral está por encima de todo. Toda persona tiene derecho a una defensa justa por muy espía ruso que sea. Pero ese gran héroe americano que interpreta Hanks  antepone sus valores y su creencia en la democracia sobre todas las cosas. Tanto como para arriesgarlo todo por defender justamente a su cliente.

¿Se ha vuelto Spielberg un patriota? Pensemos que ni siquiera se mencionan en el film La caza de brujas instaurada por el senador Joseph McCarthy ni su comité de actividades antiamericanas. Sirva también de ejemplo la anodina recreación del espía ruso: sin expresión corporal alguna, más parece un mueble que un espía. Por supuesto que el régimen comunista fue una pesadilla pero me hubiera gustado ver esta historia en manos de Oliver Stone, seguro que le hubiera sacado más aristas. Pero Spielberg va a vendernos su historia. Y lo hacen bien, El puente de los espías es un film técnicamente impecable pero sin vida, como contagiado del desánimo imperante en la población de la extinta RDA. No estamos ante una película de espías, es más bien una película sobre un idealista en un mundo de burócratas. Para ser un guión en el que han intervenido los Coen yo eché de menos la sutileza y la ironía tan peculiares suyas.

El puente de los espías es una buena película bien escrita y aún mejor dirigida por Spielberg. Sin embargo, al film le falta alma, es como ver un film propagandístico de los años 50. Se ve sin problemas pero ni emociona ni atrapa al espectador como debiera. Tiene destellos de genialidad, marca de la casa del amigo Spielberg, pero en general el tono es demasiado frío y aséptico. Ya le ocurrió algo parecido al director de El diablo sobre ruedas con Lincoln. Son films perfectos formalmente que adolecen de una preocupante falta de empatía con el espectador.

 Dejemos lo peor para el final. Una vez más a Spielberg pierde los papeles es un innecesario epílogo que bordea lo bochornoso. La escena final en el metro es ciertamente un horror, Spielberg pretende darnos un mensaje moralista tan obvio que casi me sentí ofendido. Por un momento temí que todos los viajeros del vagón se iban a poner a aplaudir. Tampoco me pareció acertado el paralelismo planteado entre las dos formas pasar al otro lado de una barrera.

 Lo dicho, estupendo panfleto propagandístico al que le falta llegar al espectador.
6'5


sábado, 11 de febrero de 2012

War horse (Caballo de batalla)



War horse es la nueva película de Steven Spielberg tras Las aventuras de Tintín. Ahora nos narra las aventuras y desventuras de un caballo en medio de la Primera Guerra Mundial.

 Steven Spielberg ha sido uno de los mejores directores de las últimas 4 décadas. Ya en los setenta nos dejó magníficas películas como El diablo sobre ruedas, Tiburón o Encuentros en la tercera fase. Luego en los años 80 nos emocionó con E.T. y de la mano de su amigo George Lucas nos trajo la saga de Indiana Jones. Su cine ofrecía calidad y comercialidad a partes iguales. El público acudía en masa a las salas de cine pero la crítica le era algo desvaforable.
Pero Spielberg decidió que no sólo era capaz de darnos entretenimiento de primera, quería ser capaz de emocionar al espectador. Así empezó a alternar proyectos más personales, llegaron melodramas como El color púrpura, El imperio del sol y Always.
 En los años 90 siguió ofreciendo entretenimiento con Parque Jurásico pero el ansiado reconocimiento de la crítica llegó finalmente con sus dos obras maestras : La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan. Spielberg  se perfilaba como un autor maduro, capaz de grandes pelícuas de evasión y de grandes dramas. Sin embargo, ya en los 90 y posteriormente Spielberg se embarcó en films fallidos como Hook, Amistad, I.A., Minority Report, La terminal o La guerra de los mundos. Films que no son malos pero no estaban a la altura de lo que se esperaba del rey Midas de Hollywood.

 El problema de Spielberg es que cada vez de forma más frecuente sus películas dan vergüenza ajena, a mí me pasa. Unos ejemplos: En La lista de Schindler Spielberg incluye un innecesario epílogo en el que los actores del film ponen piedras sobre la tumba de Oscar Schindler acompañados por los personajes reales a los que interpretan. Un innesario intento de emotividad que hace que la peli pierda bastante. En Salvar al soldado Ryan, Spielberg vuelve a incluir un epílogo que da bastante grima, el del señor mayor llorando mientras se pregunta si  ha sido digno del esfuerzo que muchos hicieron por salvarle. La escenita me pareció simplemente bochornosa. Un acceso de sentimentalismo que queda ridículo. Un ejemplo más de lo qie intento explicar, imaginaros que el final de Tiburón fuera una escena en la que los dos supervivientes  llegan  nadando a la playa y todo el pueblo sale a recibirles entre aplausos y vítores. Hubiera sido un final patético para una gran película. Así es War horse.


 En War horse Spielberg demuestra que definitivamente, ha perdido el rumbo. Cuando vimos Tintín pensamos que Spielberg seguía siendo un maestro del cine de aventuras, pero al ver War horse nos damos cuenta que Spielberg se ha vuelto más sentimental que nunca. Spielberg he hecho un film familiar que busca desesperadamente la lágrima desde el primer plano. Pero el estilo no es el adecuado.  War horse parece una mezcla de El hombre tranquilo, ¡Qué bello es vivir! y Lassie. Spielberg abusa de recursos que les quedaban bien a John Ford o a Frank Capra, pero en 2012 quedan anticuados y ridículos. Me explico, esa masa popular que se congrega para ver al protagonista pasarlas canutas y que le vitorea cuando consigue su objetivo da vergüenza ajena y ya no es creíble. Hay otras maneras mucho mejores de emocionar al espectador que apelar al instinto gregario del ser humano. Spielberg vuelve a estropear su film por ese tono pastelón y ñoño del film. No recuerdo un film tan cursi desde Sonrisas y lágrimas o Siete novias para siete hermanos.

 En su intento de emocionar, Spielberg nos presenta a unos personajes demasiado planos, sin matices. O son muy buenos o son muy malos, no hay término medio. Tampoco les dedica el tiempo suficiente. El montaje es muy acelerado, hay muchas cosas que contar  y no hay espacio para un desarrollo adecuado de los personajes. Los actores hacen un gran trabajo (menos el protagonista, Jeremy Irvine, que parece lelo), pero ya desde la escena de la subasta vemos que el rancio tono melodramático de la historia va a acabar por asfixiar todo lo demás. Por supuesto, la mano del director se nota y la peli tiene escenas de batallas muy logradas  y movimientos de cámara espectaculares pero no es suficiente.
El problema es que el film técnicamente está muy bien pero el tono infantil del film lo echa todo por tierra. Spielberg se empeña en no mostrar ni una gota de sangre ni una víscera, para ello recurre a trucos (el aspa del molino) y forzados cortes de montaje (el parto) para convertir en infantil esta historia de guerra. Como cuando en la reedición en DVD de E.T. transformó digitalmente las pistolas de los policías en sprays, una vez más su deseo de llegar al mayor número de espectadores le ha jugado una mala pasada. No sabe que los niños de ahora prefieren a Bob Espoja antes que ir al cine a llorar.


 Otro que debe buscar otro camino (o retirarse directamente, que ya tiene 80 años) es el bueno de John Williams. Este señor ya cansa. Yo he sido fan de sus composiciones pero ya no puede ser más repetitivo. Su banda sonora para War horse se parece demasiado a muchas otras de su autor y no consigue aportar ni una sola melodía que se recuerde al acabar el film. Está nominado al Oscar, como siempre, y es toda una institución, pero hay que saber retirarse a tiempo.

 Otro que no está a la altura es el director de fotografía habitual de Spielberg, el genial Janusz Kaminski, la fotografía de este film es tan maravillosa que no hay quien se la crea. El atardecer de la escena final es totalmente artificial y aberrante, de un naranja chillón calcado de Lo que el viento se llevó. Un horror. Entiendo que Spielberg vuelva la vista atrás hacia melodramas de los años 30 y 40, pero han pasado 80 años.

Pastelón indigesto, sólo recomendable para amantes de la lágrima fácil y el azúcar.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Las aventuras de Tintin: El secreto del unicornio


Cuenta Steven Spielberg que descubrió los cómics de Tintin en 1981, cuando leyó una crítica de En busca de el arca perdida en la que se decía que Indiana Jones era una versión americana de Tintín. Spielberg se quedó perplejo y decidió leer los cómics de Tintin. Le gustaron mucho y decidió ponerse en contacto con Hergé pensando en una posible adaptación cinematográfica. Hergé se mostró encantado con la idea y expresó su opinión de que Spielberg era el único capaz de adaptar Tintín a la gran pantalla de forma satisfactoria. Lamentablemente, Hergé murió poco después y el proyecto cayó en el olvido. Hasta ahora.


Han tenido que pasar 30 años para que Spielberg adaptara finalmente las aventuras del reportero más famoso del cómic europeo. La espera ha valido la pena. El secreto de unicornio nos devuelve al rey midas de Hollywood en plena forma, el Spielberg del mejor cine de aventuras de las últimas décadas. Lo que Spielberg mejor sabe hacer. El film es todo un torbellino de ritmo y acción perfectamente sincronizados. Un disfrute para el espectador de cualquier edad. Desde los títulos de crédito el espectador se sumerge en el mundo de Tintín y se olvida de todo lo demás.
El guión es ágil y divertido, alternando aventura y humor de forma magistral. Por el film vemos a casi todos los personajes del cómic (yo eché de menos al profesor Tornasol). Es cierto que el guión no sigue fielmente ningún libro de Hergé sino que combina elementos de varios, pero la esencia de los personajes sigue intacta. Milú y el capitán Haddock son los que realmente llevan el peso de la película, aunque Hernández y Fernández aportan también buenos momentos de hilaridad.
Técnicamente se nota la mano de Peter Jackson en la producción, sus animaciones están a la altura de King Kong o la trilogía de El señor de los anillos, pura magia para soñar. Desde luego, la unión de Spielberg con Peter Jackson me parece mucho más natural e interesante que la unión con el nefasto Michael Bay. El film contiene un buen puñado de escenas antológicas como la del camarote de los marineros, el abordaje, el hidroavión o la persecución en moto. Escenas que nos recuerdan ineludiblemente a la saga de Indiana Jones tanto en su planificación como por su efectividad. Puro cine de aventuras para toda la familia.

Yo recomiendo ver esta película en 3D, es de las veces que más y mejor se disfruta de las dichosas gafas. Tanto los reflejos en los cristales, los brillos del polvo flotando en el aire o las gotas de agua logran un efecto alucinante. Desde Avatar no había visto yo un film en el que el 3D estuviera tan logrado.
Una gran aventura.
7,5

lunes, 8 de agosto de 2011

Super 8


1979, unos chavales se disponen a rodar una película de zombies amateur. Durante el rodaje de una escena asisten al accidente de un tren.


Super 8 es una película de otro tiempo, de esas que lamentablemente ya no se hacen. Es una vuelta al cine de aventuras y ciencia ficción de finales de los años 70 y principios de los 80. Súper 8 emparenta mucho antes con Encuentros en la tercera fase o E.T. que con cualquier blockbuster actual. Por algo Spielberg es el productor de la peli, sabe que su cine creó escuela e impactó a muchos jóvenes que ahora son directores. Uno de ellos era J.J.Abrams (Star Trek, Lost, Misión imposible 3)


Al lío, Super 8 es una peli de ciencia ficción que parece haber sido rodada hace 30 años y que ahora haya aparecido en un cajón. Los efectos especiales son bastante mejores que los de hace 3 décadas, pero la esencia es la misma, esa esencia que parece haberse perdido sin remedio en el cine actual. No se trata de ser nostálgicos ni nada de eso, se trata de hacer buen cine de entretenimiento y devolver la dignidad perdida al género de ciencia ficción y aventuras. De sentirte a gusto viendo una peli para adolescentes aunque tú ya no lo seas.

¿Por qué es buen cine Super 8? Básicamente por que se toma su tiempo en presentarnos a los personajes y no abusa de los efectos especiales, los hay pero están al servicio de la historia. Una historia que no es nada nuevo pero está bien escrita y mejor rodada. La forma de llevar la relación amorosa entre los dos adolescentes me parece muy acertada, quizás un poco ingenua, los adolescentes no eran tan inocentes ni siquiera hace 30 años, pero es un film destinado a todos los públicos. La peli no trata a los adolescentes de forma infantil, sino que aborda sus problemas de manera que los adultos no sintamos vergüenza ajena ni nos sintamos estafados por la simplicidad del guión. Además, Abrams nos entrega un film muy divertido de principio a fin y con un buen ritmo. No es una maravilla que deslumbre ni revolucione el género, pero supera con creces a la mayoría de blockbusters que nos llegan.

Me gustó mucho el detalle de rodar una peli en formato super-8, algo totalmente olvidado hoy día, con las cámaras digitales ya no es necesario esperar 3 días a que te rebelen lo que has filmado. Todo un guiño (hay varios más) a toda una generación que crecimos adorando las pelis dirigidas o producidas por Spielberg como las ya citadas o Los goonies o Regreso al futuro. Grandes pelis de aventuras.

Lo de un grupo de críos que se ven envueltos en un lío horroroso es una premisa que casi siempre funciona y Abrams lo sabe. También sabe que la amenaza es mucho más interesante si no se muestra claramente. Al igual que Spielberg en Tiburón, la amenaza se nos va mostrando muy poco a poco. Abrams juega hábilmente con el suspense que provoca en el espectador aquello que no ve y nos lo tenemos que imaginar. Sólo casi al final tendremos una idea clara de cómo es lo que se escondía en ese vagón de tren.
En cuanto al reparto, me quedo con los tremendos ojos de Elle Fanning, hermana pequeña de Dakota Fanning y mucho más guapa y mejor actriz, en mi humilde opinión. La escena del ensayo antes de empezar a rodar es de lo mejor que le he visto en muchos años a una actriz adolescente. El resto de chavales de la pandilla de frikis del cine de zombies también están muy logrados.

Así pues, yo recomiendo que no os la perdáis si os gusta el buen cine de ciencia ficción de los años 80, no hay mejor peli este verano pasar un buen rato.

7

p.d. Yo apuesto por que Spielberg deje de dirigir de una vez (que está destrozando su carrera) y se dedique a producir pelis a gente con talento como Abrams.

lunes, 2 de mayo de 2011

El terrorismo en el cine


Por mucho que nos pese, Bin Laden ha dejado huella en el cine. Como Hitler o Rasputín, su nombre está ligado en la cultura popular a la más pérfida maldad. Pero no es otro hombre del saco, otro difuso enemigo de la sociedad. Su amenaza era y es real. Su organización terrorista Al Qaeda y sus terribles atentados por todo el mundo han generado en las últimas décadas una ola de terror a la cual el cine no podía ser ajeno. No olvidemos que incluso ha generado varias guerras con cientos de miles de muertos. Obviamente las aproximaciones cinematográficas a la figura de Bin Laden han sido tangenciales, no hay un film sobre su vida (seguro que ya lo están preparando) pero sí hay muchos que tratan temas relacionados con el terrorismo.



Ya antes de los atentados del 11-S el terrorismo ya se había tratado en el cine. Quizás la primera aproximación al tema fuera del maestro Hitchcock con Sabotaje, la mujer solitaria (1936), en la que una mujer sospecha que su marido le es infiel pero acaba descubriendo que es algo mucho peor: un terrorista. El día del Chacal es una novela de Frederick Forsyth en la que se relata el intento de asesinato del entonces presidente de Francia Charles de Gaulle a cargo de un implacable terrorista. El libro tuvo una versión cinematográfica llamada Chacal (o El día del chacal) en 1973 de la mano de Fred Zinnemann. Lo curioso es que el famoso terrorista Carlos tenía una copia del libro entre sus pertenencias al ser detenido y desde entonces se le conoce también como Chacal. La figura del terrorista Carlos (Ilich Ramírez Sánchez ) inspiró el film Caza al terrorista así como una reciente biografía llamada simplemente Carlos. Lo curioso es que el famoso terrorista Carlos tenía una copia del libro de Forsyth entre sus pertenencias al ser detenido y desde entonces se le conoce también como Chacal. Durante décadas Carlos/Chacal fue el terrorista más famoso del mundo.


Antes del 11-S los terroristas eran unos villanos bastante recurrentes para Hollywood, no eran tomados como una amenaza real ni como un problema realmente serio. Eran unos villanos bastante poco probables, como una gran catástrofe o una invasión alienígena. Una excusa para films de acción de Chuck Norris o Steven Seagal. Películas como La jungla de cristal o Regreso al futuro tienen como villanos a terroristas alemanes o libios. En Air force one los villanos son terroristas de una ex república soviética y en Speed un terrorista colocaba una bomba en un autobús que no debía aminorar nunca su velocidad o saltaría por los aires. Otras veces eran vistos como héroes románticos que buscaban la libertad de su oprimido país, incluso tuvieron las guapas caras de Richard Gere o Brad Pitt. Qué demonios, incluso John Rambo (el héroe americano por excelencia de la era Reagan) se alió con los talibanes para expulsar a los rusos de Afganistán en Rambo III. Vista con la perspectiva que da el paso del tiempo, la película viene a justificar que Estados Unidos formara y financiara a los talibanes, algo que, a la larga, resultó ser un gran error. Como vemos, las consecuencias de la Guerra Fría tardarán mucho en desaparecer.


Sólo en Europa se tomaba en serio un problema tan terrible con films como En el nombre del padre, The boxer (ambas de Jim Sheridan), Michael Collins, Juego de lágrimas (ambas de Neil Jordan) o Agenda oculta de Ken Loach. Ken Loach, fiel a sus principios, introdujo con Agenda oculta el peliagudo tema del terrorismo de estado. El estado también ha sido visto por el cine como un terrorista, una amenaza para el pueblo. Ya lo decía Maquiavelo en siglo XVI: para un gobernante es más seguro ser temido que amado. Para el escritor Alan Moore, "los estados deberían temer a sus ciudadanos y no al revés" como se deja claro en su novela gráfica V de vendetta y que también estaba presente
en la aceptable adaptación cinematográfica.

Lamentablemente, el tema del terrorismo ha tenido una especial repercusión en el cine español. En España se han hecho bastantes películas sobre el tema aunque quizás aún falte de hacer la película definitiva sobre ETA y la guerra sucia contra ella. Con la transición política se hicieron bastantes acercamientos al tema, cabe destacar a Inamol Uribe y sus tres películas sobre el tema: El proceso de Burgos, La fuga de Segovia y La muerte de Mikel. Con el tiempo el tema se fue abandonando, supongo que por un hartazgo del espectador ante este tipo de cine o por la aparente ambigüedad moral que muchas películas presentaban. No siempre la condena de la violencia era todo lo explícita que muchos desearían. Un ejemplo, en Días contados, Uribe volvió sobre el tema del terrorismo pero presenta al terrorista como un buen tipo (Carmelo Gómez, nada menos) que tiene un único y pequeño defecto: es terrorista. En el film no hay buenos ni malos. Lo curioso es que en la novela original el personaje protagonista es fotógrafo, Uribe cambió la profesión y todo lo demás sigue igual. Lo siento, pero no es lo mismo hacer fotos que matar gente ni puede tener las mismas repercusiones dedicarse a una cosa u otra. Demasiada ambigüedad moral una vez más. Tampoco Yoyes, ni Lobo, ni GAL me parecen grandes películas. Son buenos intentos de abordar el tema, pero fallidos en su conjunto. Cabe mencionar la patochada que hace Alex de la Iglesia sobre el asesinato de Carrero Blanco a manos de ETA en esa astracanada llamada Balada triste de trompeta.


Volviendo a los USA, en 1999 se estrenan dos películas que se pueden considerar como precursoras de la psicosis que asoló a Estados Unidos y medio mundo tras en 11-S. Por un lado está El club de la lucha (de la cual ya hemos hablado aquí alguna vez) y Arlington Road: Temerás a tu vecino. Arlington Road es un interesante thriller algo olvidado que vale la pena recuperar ya que consigue meter el miedo en el cuerpo del espectador. El film te hace pensar seriamente sobre la psicosis en la que puede caer una persona o todo un país tras un atentado terrorista. En el film, Jeff Bridges es un profesor de universidad especializado en terrorismo que ha perdido recientemente a su mujer, el comportamiento de sus nuevos vecinos le hará sospechar de sus intenciones. Puede que todo sean ilusiones suyas o esté ante un inminente ataque terrorista. Nunca se está realmente a salvo ni sabes quien es tu vecino. Basado en los atentados de Al-Qaeda con coches bomba en 1998 a las embajadas americanas en países africanos, Arlington road se adelantó un par de años a los que ocurrió el 11 de septiembre de 2001 y tiene un final de verdadero infarto.
Quien sabe si Bin Laden no se inspiró en películas como El club de la lucha o Arlington road para sus atentados del 11-S. Puede que las imágenes de monumentos destruidos de las pelis de Hollywood le inspirara alguna idea. Incluso puede que Al-Qaeda guarde alguna similitud con la organización terrorista Spectra de la saga de 007.


Tras los atentados del 11-S el cine de Hollywood tomó conciencia del problema. Ya otras muchas veces Hollywood había servido de propaganda o mero instrumento publicitario (como en Rambo 3), pero esto era distinto. El terrorista ya no es el villano de turno, es una amenaza muy real y necesita un enfoque distinto. Con películas tan dramáticas como United 93 de Paul Greengrass o World Trade Center de Oliver Stone se narraba el heroísmo de personas normales ante los ataques del 11-S, el americano medio se convierte en un héroe cuando la situación lo requiere. Incluso un crítico con el sistema como Oliver Stone olvida sus críticas para narrar un heroico hecho real.
Incluso Spielberg se dejó de invasiones alienígenas y se puso serio con su película Munich (2005) en la cual denuncia el terrorismo de Estado llevado a cabo por Israel tras los atentados llevados a cabo en las olimpiadas de 1972. El mensaje del film es claro: la violencia sólo genera más violencia y no soluciona el problema. ¿Hasta donde estamos dispuestos a llegar para acabar con el terrorismo? ¿Cualquier cosa vale? ¿Hemos de sacrificar nuestra libertad para vivir más seguros?

Las guerras de Irak y Afganistán, la prisión de Guantánamo y la lucha contra el terrorismo iniciada por el Presidente George w. Bush nos han ido dando películas interesantes durante estos últimos años. Podríamos citar Syriana, En tierra hostil, La sombra del reino, Unthinkable, Las tortugas también vuelan, Expediente Anwar o las recientes Caza a la espía o Código fuente.

¿Mi película favorita sobre terrorismo? Cualquiera de las citadas es recomendable, pero me quedo con Paradise now, me parece que ofrece una visión muy interesante.


viernes, 23 de mayo de 2008

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL


Hay películas que antes de su estreno ya han hecho verter ríos de tinta. Las expectativas creadas casi nunca suelen verse satisfechas (ej. La amenaza fantasma, Matrix reloaded). Gracias al marketing consiguen que vayamos al cine como locos esperando revivir emociones del pasado.

Pero, no nos engañemos, la gran crisis de ideas le está obligando a Hollywood a revivir viejos mitos evidenciando que es incapaz de crear nuevos. A falta de ideas nuevas, se dedican a explotar al máximo las franquicias más rentables de las últimas décadas (Rambo, Jungla de cristal, Star Wars). No sé a qué viene hacer ahora otra película de Indiana Jones tras 19 años (quizás el éxito de franquicias que son meras copias como La momia o La búsqueda) pero los beneficios están asegurados aunque la peli fuera mala.

 Esta quinta entrega es una película de aventuras bastante irregular que no aguanta ni de lejos la comparación con las tres anteriores. Esta película es la más floja de la saga con diferencia. No es tan oscura como el templo maldito, ni tan emocionante como el Arca ni tan divertida como la última cruzada. Es claramente bastante inferior a todas ellas. Aunque todo el apartado técnico está sobresaliente (casi siempre) y la música de John Williams sigue estando ahí, el guión de David Koepp flojea bastante en la segunda mitad de la película y a veces llega a caer en el ridículo (ese homenaje a Tarzán…). Una pena que desmerece todo el conjunto.

La primera parte del film es realmente soberbia: nos reencontramos con el mito de nuestra infancia con todos sus atributos (sombrero, látigo, bichos, serpientes, tesoros, aventura!). El paso del tiempo está muy bien reflejado, ya estamos a finales de los 50: el rock, los tupés, las motos, la caza de brujas del senador McCarthy, la guerra fría, las pruebas atómicas, Roswell. Harrison Ford vuelve a estar genial en la piel del arqueólogo (algo más arrugada, eso sí) y demuestra estar en una forma física envidiable para su edad.

También el paso del tiempo se nota sobremanera en Karen Allen quien sigue teniendo una sonrisa preciosa y sus escenas con Harrison Ford son de lo mejor del film. Respecto a la inclusión del personaje de Shia LaBoeuf, podría parecer una excusa para empezar otra saga con actores más jóvenes, ya veremos, pero el muchacho no lo hace del todo mal aunque su personaje tenga un par de homenajes realmente olvidables (Tarzan y Brando). Otras referencias a elementos de la saga están mucho mejor incluidas en el guión (el Arca, el padre, Marcus, etc) y no dan grima.

Respecto a los villanos, elemento clave en toda peli de aventuras, me gustó bastante el personaje de la superdura y risible Irina Spalko interpretada por la siempre genial Cate Blanchett. Sin embargo, es una malvada que no llega realmente a asustar en ningún momento y eso lastra un poco el film. Los malos de las entregas anteriores arrancaban corazones o torturaban con hierros ardiendo, pero al personaje de Irina se la ve en todo momento como una caricatura.

Con unos villanos que dan risa y media familia a cuestas… la segunda mitad de la película cae en una sucesión persecuciones no todo lo inspiradas que nos tenían acostumbrados Lucas Y Spielberg. Las escenas de acción están muy bien (Spielberg es un maestro) pero se resienten del tratamiento digital, ya se le fue la mano a Lucas con las nuevas entregas de Star wars. Leñe, que están bien pero es que a Spielberg, Lucas e Indiana Jones debemos pedirles más: que nos dejen con la boca abierta sin que los efectos digitales canten la Traviata. Todo el pasaje en la selva del amazonas (excepto lo de las hormigas) merece ser borrado de la memoria de los fans. Lo de las cataratas y el árbol elástico me pareció sangrante. Ese tono de tonta comedia infantil es lo que más me molestó y creo que echa por tierra a esta película. 

En resumen, una cuarta entrega de Indiana Jones que supone la infantilización del mito y que no nos apasionará como las anteriores.

5,5