Alan Moore o el Estado como enemigo


Ahora que ya ha pasado un tiempo desde el estreno de Watchmen, no está de más hablar un poco sobre su autor. Alan Moore está considerado como uno de los mejores escritores de cómic de todos los tiempos. En la década de los 80 Moore y Frank Miller (Sin city, 300) revolucionaron el género del comic de superhéroes. Éste era considerado un género menor, sólo apto para niños y adolescentes. Moore y Miller los elevaron a la categoría de adultos.


Los guiones del excéntrico, aficionado al esoterismo y misántropo Moore tenían una complejidad inusitada hasta entonces, sus personajes son mucho más complejos y no se pueden definir en una sola palabra. Conceptos como bien y mal dejan de ser absolutos y todo se hace relativo. Su técnica narrativa se sirve de recursos poco usados hasta entonces en el cómic: cartas, relatos paralelos, elipsis y continuos saltos en el tiempo, lo que convirte a sus guiones en pequeños puzles que el lector debe ordenar en su cabeza.

Otra principal característica de Alan Moore es su concepción del Estado como opresor, como enemigo del pueblo. El estado se supone que debe proteger los intereses de los ciudadanos, pero Moore no parece compartir esa idea. Como se dice en V de vendetta: "El estado debería tener a sus ciudadanos y no al revés."
De una ideología rayana en el anarquismo más radical, Moore tiñe sus historias de un pesimismo casi existencialista (el personaje de Rorschach de Watchmen es un buen ejemplo). Moore no cree en el estado (opresor por naturaleza) ni en los vigilantes que éste dispone para proteger al ciudadano. El superhombre de Nietzsche tampoco nos salvará, se aliará con el poder para oprimirnos. Moore aboga por los medios violentos como última vía para recuperar la libertad, quizás peque de radical o de ingenuo, pero sus obras están llenas de interesantes reflexiones.


En V de Vendetta, el personaje central (V) es un culto terrorista con tendencias sádicas que intenta acabar a base de explosivos con la dictadura en la que ha caído Gran Bretaña en un futuro. Moore exagera la realidad de la Gran Bretaña de primeros de los años 80, con la conservadora Margaret Thatcher recién llegada al poder, pero el tiempo le ha dado la razón en algunos aspectos. Para V la cultura es enemiga del poder, hace pensar al ciudadano, es mejor que se entretenga viendo la televisión controlada por el estado. La película era bastante correcta y fiel a la novela gráfica, pero Moore la despreció públicamente.

En From Hell, Jack el destripador es un cirujano real que comete sus crímenes por encargo de la reina Victoria (tesis quizás no del todo descabellada y ya apuntada anteriormente, como en la película Asesinato por decreto). La película (con Johnny Depp) tenía muy poco que ver con la novela gráfica y Moore renegó de ella esta vez con más razón que un santo..


El pesimismo crónico de Moore está igualmente patente en la desmitificadora La liga de los hombres extraordinarios. Los hombres extraordinarios tienen cualidades que realmente les hacen fuera de lo común, pero en manos de Moore tienen otros vicios y defectos que los devuelven al lodazal humano. Por poner unos ejemplos: El hombre invisible se aprovecha de su invisibilidad para abusar de colegialas, Allan Quatermain es un drogadicto decrépito y el capitán Nemo es un odiado terrorista. Moore no sólo reúne los mejores personajes de la literatura de aventuras victoriana sino que los desmitifica totalmente convirtiendo a su obra en un recomendable ejercicio de ironía británica. Ninguno de estos aspectos se reflejó en la (malísima) película. Una pena.

Así mismo, en Watchmen (¿la mejor novela gráfica de todos los tiempos?) los superhéroes son más una amenaza para la población que sus salvadores. Son seres humanos, con miedos e inseguridades. Moore no confía en ellos, no salvarán al mundo, provocarán su perdición o se erigirán en dictadores. Tampoco lo harán los gobiernos, quienes parecen encaminarse hacia una inevitable guerra nuclear. La complejidad de la obra y su pesimista mensaje dejaron asombrado al público cuando salió hace más de veinte años. Ni que decir tiene que la peli es bantante fiel al cómic pero tampoco le gustó a Moore.

4 comentarios:

Dr. Gonzo dijo...

Que no le gustate la liga de los hombres extraoirdinarios es comprensible.
Que no le gustase Desde El Infierno, tambien.
Pero el no gustarle la adaptación de Watchmen le quitó credibilidad.

¿Mi opinión sobre Alan Moore? Es un gilipollas. Un guionista de comics absolutamente genial, pero un gilipollas a fin de cuentas.

Anónimo dijo...

Hombre, el tipo es extraño como él solo, no sé si gilipollas. A mí me sigue pareciendo raro que venda los derechos de sus novelas gráficas a los estudios de hollywood por un buen montón de pasta y luego reniegue de las adaptaciones. El dinero es el dinero, por muy anarquista/antisistema que uno sea.

PEPE CAHIERS dijo...

Estoy con el Dr.Gonzo. Creo que Watchmen mejora el orininal, sobre todo el final y algunos matices sobre alguno de los personajes.

Lillu dijo...

A mí me encantó "Watchmen" cuando lo leí, y eso que no me gustan nada los superhéroes y fui muy reacia al principio. Tenía pánico a la adaptación cinematográfica, pero también me gustó muchísimo. Eso sí, Moore es un genio pirado, como no cabía esperar otra cosa, jaja.

saluditos

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