Stranger things es la nueva propuesta del canal Netflix. Como ya viene siendo habitual, los
estrenos de esta cadena (que estrena simultáneamente todos los episodios de una
temporada) son más que recomendables. Tras la sensacional Jessica Jones, ahora Netflix nos ha vuelto a
sorprender gratamente con Stranger things.
Mostrando entradas con la etiqueta tv. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tv. Mostrar todas las entradas
miércoles, 10 de agosto de 2016
martes, 7 de octubre de 2014
lunes, 5 de mayo de 2014
True detective
Que actualmente se hace mejor televisión que cine es un hecho inapelable. La que siempre fue la caja tonta ha tomado la delantera a su hermano mayor y le ha dejado a la altura del barro.
Pongámonos en antecedentes, durante décadas las series de televisión eran un puro divertimento para toda la familia. Las series estaban formadas por episodios autoconclusivos que no exigían ningún esfuerzo del espectador, sus tramas eran sencillas y no pasaba nada si te perdías un episodio. Lo mismo se podía decir de los culebrones, esos insufribles seriales en los que la acción ocurría tan lentamente que no pasaba nada si sólo veías uno de cada diez (o incluso cien) episodios.
Pero algo cambió a principios de los años 90 de la mano de David Lynch y su Twin Peaks. Lynch introdujo el surrealismo en el mundo televisivo. Lo onírico y lo perverso se dieron la mano en una serie mítica que batió records de audiencia. Sin embargo, En su loable afán por romper moldes, Lynch descubrió quien mató a Laura Palmer en el episodio catorce, dando al público lo que tanto ansiaba, pero el resto de tramas continuaban. Las pesquisas por descubrir al asesino eran sólo una excusa para mostrarnos el fascinante y complejo universo de Twin Peaks. El público ya tenía a su asesino pero los ases en la manga que Lynch se guardaba no fueron suficientes para mantener el interés. Quizás Lynch pecó de ingenuo o pretencioso al pensar que la serie podría seguir atrayendo al público una vez que el gran misterio estuviera resuelto. Lynch no fue capaz de mantener el interés y cada vez los episodios eran más inclasificables hasta que fue finalmente cancelada por su baja audiencia. El último episodio fue realmente alucinante, puede que muchos espectadores no lo entendieran pero seguro que no lo olvidarán en su vida.
Twin Peaks demostró que otra televisión era posible. Fue durante la década de los 90 cuando se gestó la época dorada de la televisión que ahora vivimos. Me vienen a la mente series como Doctor en Alaska, Urgencias o Friends como grandes series de la época.
Pero algo cambió a principios de los años 90 de la mano de David Lynch y su Twin Peaks. Lynch introdujo el surrealismo en el mundo televisivo. Lo onírico y lo perverso se dieron la mano en una serie mítica que batió records de audiencia. Sin embargo, En su loable afán por romper moldes, Lynch descubrió quien mató a Laura Palmer en el episodio catorce, dando al público lo que tanto ansiaba, pero el resto de tramas continuaban. Las pesquisas por descubrir al asesino eran sólo una excusa para mostrarnos el fascinante y complejo universo de Twin Peaks. El público ya tenía a su asesino pero los ases en la manga que Lynch se guardaba no fueron suficientes para mantener el interés. Quizás Lynch pecó de ingenuo o pretencioso al pensar que la serie podría seguir atrayendo al público una vez que el gran misterio estuviera resuelto. Lynch no fue capaz de mantener el interés y cada vez los episodios eran más inclasificables hasta que fue finalmente cancelada por su baja audiencia. El último episodio fue realmente alucinante, puede que muchos espectadores no lo entendieran pero seguro que no lo olvidarán en su vida.
Twin Peaks demostró que otra televisión era posible. Fue durante la década de los 90 cuando se gestó la época dorada de la televisión que ahora vivimos. Me vienen a la mente series como Doctor en Alaska, Urgencias o Friends como grandes series de la época.
El auge de la televisión por cable, la piratería y la caída en picado de las recaudaciones en las salas de cine han originado un éxodo masivo de talento hacia la televisión. Bienvenido sea. El formato de las series permite un desarrollo de personajes mucho mayor (sólo por el simple hecho de disponer de mucho más tiempo) permitiendo el desarrollo de varias tramas de forma simultanea y una mayor identificación con los personajes. Hay historias que se pueden narrar en 2 horas pero otras necesitan mucho más.
En especial, las series de la cadena HBO son todo un delicatessen para cualquier aficionado no sólo a las series sino al buen cine. Roma, Los Soprano, The wire, A dos metros bajo tierra, Juego de Tronos, Boardwalk empire o Breaking bad son series de HBO que no tienen nada que envidiar a cualquier película que haya ganado el Oscar a mejor película en los últimos 15 años. Así de claro.
El último ejemplo de gran serie televisiva de HBO es True detective. Ocho episodios de buen cine. Aparentemente, True detective sigue el esquema clásico de unos policías que investigan un extraño asesinato, como en Twin Peaks, nada nuevo bajo el sol del pantano. Las deudas a films como Seven o El silencio de los corderos siguen estando ahí, indelebles en todo thriller policíaco de los últimos lustros. Pero True detective juega con todos los tópicos posibles, los pervierte y los devuelve convertidos en algo distinto y original. Las situaciones son reconocibles pero la manera de resolverlas son simplemente admirables. El entorno rural sureño con la omnipresente industria química de fondo, pantanos, paletos, putas y fanáticos religiosos son el escenario de este caso.
Otra baza imbatible de la serie es su pareja protagonista. No estamos ante la típica pareja de compañeros, la pareja de detectives formada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson (ambos productores de la serie) no pueden ser más opuestos entre sí.
El personaje de Martin Hart (Harrelson) parece tenerlo todo, una familia feliz y unas fuertes convicciones, sin embargo tras esa apariencia de buen padre de familia se esconde alguien que no vive de acuerdo a sus creencias.
Por su lado, Rust Cohle (McConaughey) es un verdadero hijo de puta que no lo oculta, tiene una particular visión del universo y vive de acuerdo a ella, no engaña a nadie y menos a sí mismo. Ambos personajes chocarán frontalmente pero deberán unir fuerzas para resolver el caso.
Las típicas conversaciones de compañeros dentro del coche se tornan en ácidas reflexiones sobre la existencia. Uno podría pasarse horas oyendo discutir a este par de polis pecadores intentando hacer el trabajo de unos santos, pero el hábito no hace al monje. La evolución de la explosiva relación de estos detectives es el eje de la serie tanto o más que el macabro caso que deben resolver.
El último ejemplo de gran serie televisiva de HBO es True detective. Ocho episodios de buen cine. Aparentemente, True detective sigue el esquema clásico de unos policías que investigan un extraño asesinato, como en Twin Peaks, nada nuevo bajo el sol del pantano. Las deudas a films como Seven o El silencio de los corderos siguen estando ahí, indelebles en todo thriller policíaco de los últimos lustros. Pero True detective juega con todos los tópicos posibles, los pervierte y los devuelve convertidos en algo distinto y original. Las situaciones son reconocibles pero la manera de resolverlas son simplemente admirables. El entorno rural sureño con la omnipresente industria química de fondo, pantanos, paletos, putas y fanáticos religiosos son el escenario de este caso.
Otra baza imbatible de la serie es su pareja protagonista. No estamos ante la típica pareja de compañeros, la pareja de detectives formada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson (ambos productores de la serie) no pueden ser más opuestos entre sí.
El personaje de Martin Hart (Harrelson) parece tenerlo todo, una familia feliz y unas fuertes convicciones, sin embargo tras esa apariencia de buen padre de familia se esconde alguien que no vive de acuerdo a sus creencias.
Por su lado, Rust Cohle (McConaughey) es un verdadero hijo de puta que no lo oculta, tiene una particular visión del universo y vive de acuerdo a ella, no engaña a nadie y menos a sí mismo. Ambos personajes chocarán frontalmente pero deberán unir fuerzas para resolver el caso.
Las típicas conversaciones de compañeros dentro del coche se tornan en ácidas reflexiones sobre la existencia. Uno podría pasarse horas oyendo discutir a este par de polis pecadores intentando hacer el trabajo de unos santos, pero el hábito no hace al monje. La evolución de la explosiva relación de estos detectives es el eje de la serie tanto o más que el macabro caso que deben resolver.
Hay momentos que me quedaron grabados y que me hicieron pensar que no estaba ante una serie más del montón que se emiten cada año. Os voy a poner sólo un ejemplo. En un momento dado, se establece una bizarra elipsis narrativa para simbolizar el paso de los años, las hijas de Hart lanzan algo a un árbol en mitad de un juego (no recuerdo ahora el objeto exacto). Cuando la cámara sube por el árbol vemos el coche en el que llega la familia a la casa y de él bajan las hijas de Hart ya crecidas. Sin ningún efecto especial ni un corte nos han narrado el paso del tiempo de una forma admirable. El uso de la ambientación musical en esta escena le confiere un significado casi tétrico, el espectador intuye que el paso del tiempo no ha traído nada bueno.
Igualmente, el final del cuarto episodio evidencia que no estamos ante una serie más. Estamos ante un entretenimiento de gran calidad al que no le tiembla el pulso a la hora de planificar y rodar un complejo plano secuencia de 6 minutos. Todo un alarde técnico que puede que a muchos espectadores se les pasara por alto que, sin embargo, eleva la serie aún más al Olimpo de las series de la historia de la televisión.
Lo más aterrador de la serie escrita por Nic Pizzolatto (quien ya colaboró en The killing y parece haber aprendido de los errores de ésta) y el director Cary Joji Fukunaga es la sensación de que el mal es real, que habita entre nosotros y que nosotros formamos parte de él lo queramos o no. Todo un hallazgo.
La peculiar estructura narrativa a base de interrogatorios en varias líneas temporales le confiere a la serie un peculiar ritmo que no decae en ningún momento sino que va mejorando conforme avanzan los episodios hasta una resolución que, por una vez, sorprende y no defrauda. Un final coherente y a la altura de lo esperado.
Resumiendo, True detective son 8 episodios adictivos y fascinantes que nadie, os lo digo en serio, debería perderse.
jueves, 13 de marzo de 2014
The walking dead, decepción en serie
Reconozco que cogí esta serie desde el principio y la he seguido prácticamente al día. Sin embargo, en mi humilde opinión, ya no vale la pena perder el tiempo con The walking dead. Con todo el torrente de series de factura intachable y gran calidad que hay hoy en día, hay que dejar hueco para otras propuestas.
La serie empezó bien, la adaptación del cómic de Robert Kirkman contaba con el propio fundador y venía de la mano de un valor seguro como Frank Daranbont (La niebla). Sin embargo, las expectativas se han convertido en decepción. Vayamos por temporadas. La primera temporada tuvo un arranque fantástico, por fin veíamos una serie sobre zombies, una temática no habitual dentro de las series televisivas. La carga de sangre y violencia la convertían en la serie ideal para todo aficionado al cine de zombies y el terror en general. por cierto, siempre me chocó que no tuvieran tapujos al mostrar casquerías varias, cabezas explotando o desmembramientos, mientras se mostraban terriblemente pudorosos en cuanto a sexo y desnudos. La clasificación para mayores de 18 años ya la tienes asegurada, un poco de sexo no hubiera restado audiencia. Tal y como se ha demostrado con otras series recientes como Spartacus, Boardwalk empire o Juego de Tronos, el tono adulto le sienta muy bien a la televisión moderna. Sin embargo, Kirkman ha decidido rebajar el tono en general de su serie respecto del cómic. Sigue habiendo mucha violencia explícita pero no hay rastro de sexo.
Los cinco primeros capítulos fueron espectaculares (ese final del primer episodio con Rick atrapado en un tanque rodeado de caminantes fue brutal) pero el sexto fue un final de temporada decepcionante. Todos quisimos creer que era un paso en falso y que no sería la tónica habitual en el futuro. Nos equivocamos.
La segunda temporada fue la de la granja de Hershel. Tuvo un buen arranque con unas hordas de caminantes por la carretera pero la desaparición de Sophia y su búsqueda fue una trama que se estiró demasiado. Siete episodios buscando a la niña por todo el estado y luego resulta que la tenían en sus narices. Fue un final impactante para la mitad de la temporada pero evidenció que las cosas se estaban estirando demasiado. Lo mismo ocurrió con el culebrón de Shane y el embarazo de la mujer de Rick. Al igual que los personajes, la serie se acomodó demasiado en un mundo sin piedad. Al menos, el final de la temporada fue bastante digno.
La tercera temporada fue la de la cárcel y la que más evidenció las diferencias con el cómic. El grupo de Rick se asentó en una prisión que hubo que vaciar de peligros previamente. Sin embargo, el gran villano de la serie estaba por llegar. El gobernador de la serie difiere (para mal) de el del cómic. Todo el tono de la serie fue muy descafeinado. Michonne es un personaje que mola (hay que ver cómo corta cabezas esta moza), pero su enemistad con El Gobernador tiene un origen muy distinto. En el cómic, Michonne es torturada y violada salvajemente por el Gobernador, posteriormente ella se vengará torturando y mutilando a su agresor (concretamente, le saca un ojo para acto seguido seccionarle un brazo y el pene). Tampoco hemos de olvidar que El Gobernador le corta una mano a Rick. Nada de ello ha aparecido en la serie. No es que yo sea un sádico ni que disfrute viendo o leyendo tales hechos, pero…la verdad es que mola mucho más la crueldad del cómic que la ñoñería de la serie. Si en los libros de George. R. Martin se amputa un miembro a un personaje, ten por seguro que tal hecho aparecerá en la serie Juego de Tronos, tal cosa no ocurre en Walking dead. Si partes un buen material, no lo eches por tierra continuamente, leñe. El final de la temporada fue, realmente, un decepcionante paso en falso.
En la cuarta temporada, la decepción es la tónica general. Episodios enteros en los que la trama no avanza. Se sacaron de la manga lo de la epidemia y un par de episodios (totalmente prescindibles) dedicados exclusivamente al Gobernador. Puro relleno. Es ahí cuando pensé seriamente por primera vez en dejar de ver la serie, pero decidí darle una última oportunidad. Las variaciones sobre el original me siguen defraudando cada vez más. En su segunda mitad es cuando la cosa ya ha sido realmente lamentablemente. El grupo se ha dispersado y es hora de episodios dedicados en exclusividad a los personajes por separado. Muchos episodios se hacen aburridos y uno se siente engañado. La gota que ha calmado el vaso ha sido el episodio dedicado a Daryl y Beth. Aburrido y ñoño como un episodio de Violetta. Diálogos sonrojantes que no interesan a nadie y, lo que es peor, no llevan a ningún sitio. Al final el grupo se reúne, como ya todos suponíamos, pero dejan la acción en suspense para la siguiente temporada de una manera bastante chapucera (sólo así se me ocurre sacarse de la manga los recuerdos de Rick en los que vuelve a aparecer el bueno de Hershel con la única intención de rellenar minutos sin llegar a ningún sitio).
La fórmula se ha agotado y mi paciencia también. Yo me paso a True detective.
jueves, 4 de julio de 2013
El asfalto
Aquí os dejo esta pequeña joya de la televisión nacional: El asfalto de Narciso Ibáñez Serrador.
martes, 14 de mayo de 2013
Bochornoso espectáculo a costa de Iggy Pop
Patético, lamentable, bochornoso. Estos fueron los adjetivos que me vinieron ayer a la mente mientras asistía atónito a la ridícula entrevista (por llamarlo de alguna manera) que Pablo Motos hizo en El Hormiguero a Iggy Pop.
Entiendo que Pablo Motos haga entrevistas que rayan lo absurdo a modelos de medio pelo metidas a actrices o a famosetes de poca monta que se tiran a una piscina. Pero Iggy Pop es mucho Iggy Pop. Iggy es todo un icono del rock, una bestia parda que lleva más de cuarenta años dando caña. No es que Iggy esté en su mejor momento, sus 65 años ya pesan, sólo así se puede explicar que Iggy haya aceptado ser la imagen de una campaña publicitaria de una bebida (que admitió que no le gustaba, por cierto, olé tus huevos) y recalando en un programa como el de Pablo Motos. Un programa que no se ha caracterizado nunca por su profundidad, su único interés parece ser divertir al público a base de juegos en los que los invitados son meras comparsas.
Pero Iggy Pop es una leyenda del punk y el rock, historia viva (todavía) de excesos de todo tipo y buena música. Pero Pablo Motos desaprovechó (una vez más) la oportunidad de sacar partido a sus invitados. Sus preguntas se quedaron en las anécdotas y no quiso (o no supo) profundizar en el personaje y su trayectoria. Probablemente Pablo Motos se había enterado esa misma mañana de quien era Iggy Pop. Sus estúpidas preguntas fueron realmente irritantes, dignas de un becario de intereconomía (un día enseñaste el pito en el escenario, un día un gordo te dijo que te tiraras del escenario y se apartó, tienes un huerto). No hubo preguntas sobre el origen de su nombre artístico, la evolución de la industria discográfica, el estado actual del punk y el rock, su relación con Bowie, estancias en psiquiátricos, su afición por la canción francesa, colaboraciones con artistas actuales como Kesha, etc. Todo se quedó en adivinar qué cabeza correspondía con qué cuerpo y reconocer a estrellas cuando eran niños. Era mucho esperar que se explayaran con jugosas anécdotas sobre groupies y drogas (quizás no era el horario más adecuado), pero un poco de respeto por el personaje no hubiera estado mal (por muy macarra que haya sido).
Motos se limitó a cuatro anécdotas, a cantar una ridícula canción sobre limones y a sus estúpidos juegos con las dichosas hormigas. Parecía que su mayor afán era dejar claro que Iggy era la imagen de una bebida, lo repitió varias veces, su faceta de estrella del punk rock no parecía interesarle demasiado. Quizás fue esto último lo que más nos irritó a los fans del personaje invitado.
Sólo el omnipresente y cansino Mario Baquerizo (reconocido imitador de Iggy Pop) le hizo justicia al personaje y admitió su devoción por el padrino del punk.
Quien te ha visto y quien te ve, Iggy Pop. Una noche para olvidar.
lunes, 2 de abril de 2012
The walking dead, segunda temporada
Ya visionada la segunda temporada de The walking dead, creo que merece un comentario. Ha sido una temporada irregular pero, si la primera temporada fue perdiendo fuelle a marchas forzadas, esta segunda ha ido ganando enteros poco a poco.
El recorte de presupuesto y el despido de Frank Darabont no se han notado demasiado, la verdad, han sido más nocivos el parón tras el séptimo episodio o el exasperante ritmo de la serie en algunos momentos. Los acontecimientos se han ido retardando y algunos se han hecho esperar demasiado. Valga como ejemplo la interminable búsqueda de Sophia o los continuos piques entre Rick y Shane. La trama ha avanzado a trompicones y dejando a varios personajes descolgados (T-Dog o algunos miembros de la familia de Hershel apenas han dicho una palabra en toda la temporada). Ha habido grandes momentos que elevan a la serie por encima de la media (el final del séptimo episodio), pero otras veces el tedio ha hecho acto de presencia peligrosamente. Por suerte, los 2 últimos episodios han sido de infarto y compensan con creces.
El final de esta segunda temporada plantea muchas más preguntas que repuestas, ya salieron de la granja de Hershel (que ya iba siendo hora) pero muy debilitados y sin un lugar en el que guarecerse (aunque el plano final fue premonitorio). Además las cosas se ponen feas para la cohesión interna del grupo, Rick confiesa lo que el científico le dijo al oído al final de la primera temporada (se veía venir) lo que provoca un aluvión de críticas que hacen que Rick pierda la paciencia y dé por finiquitada la democracia dentro del grupo. También nos presentan brevemente y de manera espectacular al personaje de Michonne (esta chica nos puede dar muchas alegrías). No sé, los últimos episodios estuvieron bien, pero el remate de la serie lo vi un poco decepcionante. Yo esperaba algo más fuerte o que respondieran a algunas preguntas en vez de crear nuevas incertidumbres. Pero claro, así no habría material para varias temporadas.
Pero me ha gustado, a pesar de sus palpables limitaciones, la serie me sigue atrapando. Podría ser más violenta y más rápida, es cierto, y la cosa mejora mucho cuando coge carrerilla pero sigue siendo divertida. La tercera temporada está más que asegurada ¿Tendrán el valor suficiente como para plasmar fielmente todo lo que ocurre en el cómic? Lo dudo.
De regalo os dejo las 6 páginas que se publicaron en Playboy contando el origen de Michonne y de sus dos acompañantes.
martes, 13 de diciembre de 2011
Juego de tronos

Pues sí, amigos, Juego de tronos es una de las mejores series que se han realizado en los últimos años. No sólo tiene una factura técnica de lujo sino que goza de una trama adictiva a partir del segundo episodio.
Reconozco que a mí el primer episodio me dejó un poco frío y confuso. Intentar presentar a tantos personajes de tantos reinos en apenas 50 minutos no era tarea fácil y el primer episodio les quedó un poco apresurado. Pero la cosa se estabiliza en el segundo, los nombres de las casas reales nos empiezan a sonar y nos vamos familiarizando con el complejo mundo creado por George R. R. Martin. A partir del episodio sexto la cosa se anima de manera vertiginosa y la serie tiene momentos y diálogos antológicos, valga como ejemplo el inolvidable final de episodio noveno.

El universo creado por Martin recuerda irremediablemente (como La Tierra media ideada por Tolkien ) a la Europa medieval. Las intrigas palaciegas por el poder, los engaños y las traiciones os lo van a hacer pasar de lo lindo, os lo juro por la tumba de El rey loco. Pero hay que añadir que los diálogos son excelentes, ciertos pasajes de diálogo son de los más inteligente y sútiles que se ha visto en una serie de televisión en muchísimo tiempo.
De los personajes no voy a hablar mucho, sólo citar a mi favorito: Tyrion Lannister, el enano, uno de los personajes con más miga de la televisión mundial. Un tipo tan listo y con tan mala leche que dejaría llorando al mismísimo doctor House.
Sólo por los excelentes títulos de crédito ya vale la pena ver esta serie.
Para no perderos, os incluyo aquí abajo unos esquemas que os pueden ser muy útiles a la hora de iros familiarizando con las casas y los personajes de la serie:

Un consejo: no te la pierdas y no te encariñes con ningún personaje.viernes, 16 de septiembre de 2011
The killing

The killing es una serie de la canal de cable norteamericano AMC y es un remake de la serie danesa Forbrydelsen, que no he visto y de la que no puedo opinar. Los yanquis no sólo hacen remakes de pelis viejas, ahora también copian series europeas, espero que no hagan Los Serrano.
Al lío, la detective de homicidios Sarah Linden está decidida a dejar su trabajo en la lluviosa y fría Seattle para irse a California y casarse con su prometido. En su último día de trabajo desaparece una muchacha, Rosie Larsen, y Linden decide pasar sus últimas horas en Seattle trabajando en este caso. Obviamente, la cosa se complicará, la muchacha aparecerá muerta y Linden no podrá abandonar Seattle sin resolver el caso. Su obsesión y determinación por encontrar al asesino hará peligrar toda su vida futura.
A las pesquisas del caso hemos de sumarle un compañero/sustituto de Linden con el que no hay demasiada química. También hay un concejal que se presenta para alcalde en las cercanas elecciones municipales y al que el caso salpica complicando su victoria. Todos los juegos sucios para ganar las elecciones me parecen casi lo más interesante de la serie. La influencia de los sindicatos, la importancia de los medios, la intolerancia ante los escándalos sexuales, los donantes anónimos a las campañas, etc. También la afectada familia Larsen nos dará momentos interesantes y varias sorpresas, sobretodo cuando todas las sospechas apuntan hacia cierto personaje.

Esto no es CSI: Seattle, las pruebas halladas en la escena del crimen no aportan nada y las nuevas pistas que van surgiendo nos llevan de un lado a otro dando palos de ciego. Cada espectador va estableciendo sus propios sospechosos a lo largo de la trama, algo que el guión hace de forma bastante evidente.
Como en Twin Peaks, poco a poco irán saliendo a la superficie muchas verdades que estaban enterradas y que van formando un laberíntico rompecabezas. Es inevitable que The killing nos recuerde a Twin Peaks, no sólo por la frase "¿Quién mató a Rosie Larsen?". Pero en The killing no hay enanos bailarines ni espíritus ni nada por el estilo. The killing opta por un enfoque realista y nada glamuroso, ni siquiera los protagonistas son especialmente guapos ni se cambian apenas de ropa en los 13 días que dura la investigación.
La serie está bien y engancha mucho, a mí me ha sido imposible ver un único episodio cada vez, he necesitado ver 2 ó 3 episodios de una sentada. Los amantes de este tipo de argumentos la disfrutaremos de lo lindo. Hay momentos álgidos que no puedo desvelar y que hacer recomendable su visionado. Lo único malo que se podría decir de la serie es que quizás sea algo tramposa a la hora de presentar ciertos detalles y se nota que intentan alargar la cosa demasiado (algunas tramas parecen puro relleno y muchas pistas no conducen a nada), pero en conjunto es totalmente recomendable.
¿Y el final? No puedo decir nada, hay que verlo para opinar.
lunes, 25 de abril de 2011
Vacaciones y True blood
Me voy de merecidas vacaciones. Prometo no acercarme a menos de 100 metros de un teclado ni mirar una pantalla excepto para ver True Blood. À bientôt.
.
.
P.d.: Ya sé que he empezado muy tarde a hincarle el diente a esta serie pero voy a intentar ponerme al día. Por ahora lo que más me ha gustado son los títulos de crédito.
lunes, 14 de febrero de 2011
BOARDWALK EMPIRE

Hubo un país hace 90 años que se atrevió a prohibir el alcohol. Un país emergente que recibía mano de obra de una vieja Europa recién asolada por una terrible guerra. Un país nuevo que era todo un hervidero: irlandeses, italianos, polacos, alemanes, griegos, etc Todos ellos tuvieron cabida en este país adalid de la democracia pero controlado por políticos corruptos.
En el centro de todo este crisol tenemos a la ciudad de Atlantic city (recreada casi totalmente por ordenador) dominada por un Enoch (Nucky) Thompson genialmente interpretado por Steve Buscemi. Buscemi dota a su personaje de todos los matices y contradicciones que alguien tan complejo requiere. Un ejemplo, Thompson es benefactor de una asociación femenina a favor de la prohibición pero se llena los bolsillos vendiendo alcohol ilegal. Nucky Thompson es el paradigma del político corrupto y con doble moral, casi la génesis de todos ellos. Un mentiroso sin escrúpulos que se aprovecha de sistema en beneficio propio.
De origen humilde, Thompson se alía con el partido republicano y consigue ser tesorero de la ciudad y coloca a su hermano al frente de la policía, juntos la gobernarán sin grandes problemas. Cuando la prohibición se cierne sobre el país él decide sacar tajada. Pero otros muchos querrán su parte del pastel. En la serie asistimos al nacimiento de las bandas de gánsters y al crimen organizado. La violencia de estos nuevos grupos de delincuentes amenazará con romper la red de favores e influencias que Thompson ha tejido durante años.
Ya desde los surrealistas títulos de crédito vemos a Thompson ante un mar que le devuelve cientos de botellas de whisky vacías, su peor pesadilla. El negocio corre peligro, Nucky se da la vuelta y anda decidido hacia la ciudad, seguro que algo se podrá hacer. Quizás hasta Poseidón sea sobornable.
Pero no sólo Nucky es un todo un personaje, por los bajos fondos nos encontraremos con un joven que regresa de la guerra transformado (Michael Pitt), un fantasma de la ópera con puntería mortal, un Al Capone con ganas de medrar, un puritano agente del FBI, una viuda a la que Thompson ofrece su ayuda (y algo más) pero a la que oculta que él mató a su marido.
De todo ello y muchas más cosas habla Boardwalk empire. Una gran serie que se sustenta en un eficaz guión y una factura técnica impecable. Una serie que entretiene mientras nos enseña que por mucho que el mundo haya evolucionado en 90 años hay cosas que no cambian. Puede que en 1920 el KKK fuera una organización legal, las mujeres no pudieran votar o que la cocaína se usara en medicina, pero las pasiones y miserias humanas siguen siendo las mismas. La codicia nunca ha tenido límites, ni ahora ni nunca. Nucky Thompson podría haber existido perfectamente en cualquier ayuntamiento de nuestro país.

Escrita por Terence Winter (Los Soprano) y producida por Mark Whalberg y Martin Scorsese, Boardwalk empire es una de las mejores series de los últimos años. Sólo el primer episodio (dirigido por Scorsese) es mejor que la mayoría de las películas que se entrenan en cines cada año.
No voy a contar más, no os la perdáis.
sábado, 16 de octubre de 2010
Network, Un mundo implacable (1976)

Cuando vi Network hace muchos años, me pareció que era un film demasiado tremendista. Era un esperpento que distaba mucho de ser real, la televisión no podía ser tan monstruosa. Lamentablemente, el tiempo me ha quitado la razón.
Network se basa en la historia real de Christine Chubbuck, una joven reportera que se suicidó en directo en 1974. Justo antes de pegarse un tiro en antena dijo: «De acuerdo a la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia: un intento de suicidio».
En Network asistimos al auge y caída del presentador de telediario Howard Beale (interpretado por Peter Finch), que monta en cólera en directo y grita estar harto. Anuncia que se va suicidar en directo en las dos semanas siguientes. La audiencia se dispara tras el incidente y la cadena, que inicialmente pensaba despedir al presentador por baja audiencia, decide renovarle y darle un espacio propio para que se explaye: "El Show de Howard Beale".
La frase de Beale: "Estoy más que harto, y no pienso seguir soportándolo" se convertirá en toda una proclama contra el sistema. Millones de espectadores saldrán a las ventanas de sus casas gritando dicha frase.
La cadena sabe que es jugar con fuego, que el presentador no es estable, que sus salidas de tono son incontrolables y su discurso cada vez más radical. Pero la audiencia manda, todo vale.
Maquiavelo se ha convertido en una productora televisiva (un tiburón con la cara de Faye Dunaway) dispuesta a todo por medrar en la empresa.

En busca de algo que se salga de la norma y dé que hablar (de morbo) la cadena se lanza en una espiral que irremediablemente acabará mal. Puede que el presentador se suicide en directo y puede haya disturbios incitados por sus incendiarios mensajes, da igual. La expectante audiencia necesita que este loco les saque de su aburrida monotonía y les sacuda las neuronas. Mientras tanto las arcas de la cadena se llenarán de dinero.
Tampoco importa que su mensaje vaya en contra del sistema, el sistema lo asimilará y convertirá en su propaganda más eficaz. El capitalismo es así. Pero cuando el mensaje deja de ser radical y ya no conmociona al espectador, éste buscará esa conmoción en otro sitio. Como resultado se pierde audiencia y el presentador/profeta deja de ser rentable para convertirse en un estorbo. Aunque quizás pueda ser de utilidad a la cadena una última vez.

La película del maestro Sidney Lumet ganó merecidamente el Oscar al mejor guión y tres de sus actores se llevaron también la dorada e inexpresiva estatuilla a casa: Faye Dunaway, Peter Finch (a título póstumo) y Beatrice Straight.
Puede que Network fuera una advertencia de lo que podría pasar, pero acabó siendo todo un presagio, incluso se ha quedado corta en algunos aspectos. Hoy en día vemos cómo las cadenas explotan a personajes que sacan a la audiencia de su rutina, que les divierten a base de mostrar miserias para olvidar las suyas propias. Personajes que venden su vida privada a cambio de dinero. Hazmerreíres que saben de su condición de patéticos bufones. Al menos Beale era sincero, daba espectáculo debido a que no tenía nada que perder, decía lo que pensaba. Los bufones de ahora sólo comercian con la vida privada de los demás.
Pero hoy cuesta cada vez más impresionar al insensibilizado espectador. Todo ello obliga a las cadenas a exprimir a sus personajes cada vez más en busca de ese momento estelar de realidad televisada: una lágrima, una confesión, un cabreo, una reconciliación, una pelea, ya no son suficientes. Se necesita un momento de sublime patetismo que sobrecoja al espectador. Se necesita que la ex mujer de un torero se entere en directo que su actual marido la engaña o que unos mineros vuelvan a la vida tras 2 meses bajo tierra. El circo mediático. Todo tan real y (paradójicamente) tan prefabricado que sigue atrayendo a millones de idiotizados espectadores cada día.
Network, dentro de su infinita amargura, se quedó corta. La realidad siempre supera a la ficción.
domingo, 3 de octubre de 2010
Walking dead
Basada en el aclamado cómic homónimo, Walking dead es una serie de televisión que, visto el trailer, no me pienso perder ni muerto. En la dirección está el eficiente Frank Darabont (La niebla, Cadena perpetua, La milla verde).
viernes, 3 de septiembre de 2010
Los Tudor: entretenimiento didáctico
Ayer en la televisión pública asistí a uno de esos espectáculos gloriosos que la televisión nos brinda de vez en cuando. Me refiero a uno de esos momentos sublimes que justifican sobradamente la existencia de esa caja (habitualmente) tonta que nos demuestran que tras ella hay (a veces) gente inteligente. Uno de esos momentos que te hacen amar las series de televisión. Por que no sólo de cotilleos baratos y platós repletos de idiotas gritando se alimentan nuestros ojos catódicos. A veces la televisión sirve tanto para entretener como para enseñar, en una misión pedagógica muy loable. A veces nos enseña que si hoy hablamos un determinado idioma o profesamos una determinada religión, puede deberse a los caprichos de la historia o a los problemas de alcoba de los gobernantes de hace 5 siglos. La HISTORIA (algo fundamental para entender nuestro presente) está rellena pasajes muy interesantes poco conocidos y que son un material estupendo para series y películas. Algo a lo que los anglosajones saben sacar partido, quizás deberíamos aprender de ellos.
Ayer asistí a la degradación moral de un personaje histórico como el rey de Inglaterra Enrique VIII, en primera fila y acompañado de una producción de lujo. Con un ritmo pausado pero seguro, la serie Los Tudor nos ha mostrado la evolución de un joven e idealista rey hasta convertirse en un déspota, un monstruo egoísta. Un personaje capaz de cambiar el rumbo de la historia por el amor de una mujer, un hombre capaz de ejecutar a sus amigos, enfrentarse a su conciencia, a las potencias euopeas, al Papa y a Dios mismo. Todo por el amor de una mujer.
Ayer asistí a la degradación moral de un personaje histórico como el rey de Inglaterra Enrique VIII, en primera fila y acompañado de una producción de lujo. Con un ritmo pausado pero seguro, la serie Los Tudor nos ha mostrado la evolución de un joven e idealista rey hasta convertirse en un déspota, un monstruo egoísta. Un personaje capaz de cambiar el rumbo de la historia por el amor de una mujer, un hombre capaz de ejecutar a sus amigos, enfrentarse a su conciencia, a las potencias euopeas, al Papa y a Dios mismo. Todo por el amor de una mujer.
Pero dicho amor no duró mucho y ayer pudimos ver cómo se pierde el favor de un rey, cómo la joya más preciada se convierte en un estorbo, cómo todo por lo que has luchado carece finalmente de valor.
Gran tragedia con toques clásicos la de Enrique VIII, un claro ejemplo de que la realidad supera a la ficción.
Gran tragedia con toques clásicos la de Enrique VIII, un claro ejemplo de que la realidad supera a la ficción.
No os preocupéis , hay serie para rato. Aún van por la segunda mujer y no olvidemos que tuvo seis.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Spartacus: Estoy enganchado

Sí, ya sé que ultimamente no estoy viendo mucho cine, lo siento. Es que estoy visionando la serie Spartacus, sangre y arena. Muchos colegas me la habían recomendado y la verdad es que tenían razón.
Las brutales peleas de los gladiadores de Capua, las intrigas de la casa de Batiatus, la extraña estética cruce de Gladiator y 300, la sangre inundando la pantalla y las gratuitas escenas de sexo me han acabado atrapando. Aparte del envoltorio cargado de violencia y sexo, la serie es un entretenimiento perfecto con unas tramas de luchas por el poder realmente muy logradas. Obviamente todos los episodios acaban dejándote ansioso de ver el siguiente.
Spartacus es otro ejemplo de que en los últimos años algunas series de televisión han superado ampliamente al cine en cuanto a calidad. Opino que estamos viviendo una época de oro dentro del género de las series televisivas. Nunca ha habido tantas series y de tanta calidad. Series como Los Tudor, House, Perdidos, Dexter, Los Soprano, The wire, Boardwalk empire o True Blood demuestran que actualmente hay mejores historias y mejores guionistas en la televisión que en el cine. El formato televisivo permite desarrollar unos personajes a través de los episodios, algo que el cine debe limitar a hora y media. Aunque los efectos visuales sean algo más baratos (cada vez menos) las tramas están mucho más elaboradas.

Spartacus se centra en la época en la que el famoso rebelde contra el imperio romano estuvo como gladiador estuvo en el ludus de Batiatus. Las tensas relaciones entre gladiadores (que no dejaban de ser esclavos cuya vida no valía nada) y sus señores se verán enturbiadas aún más por la ambición y avaricia de Batiatus (John Hanah) y su esposa Lucrecia (Lucy Lawless, conocida por su papel de Xena, la princesa guerrera). Sus personajes son lo mejor de la serie por encima de los esculturales cuerpos de los gladiadores y los litros de sangre desparramada. En sus deseos de triunfar arrasarán con todo aquello que se interponga en su camino, moviendo y cortando los hilos y las vidas necesarias para subir de escala social. Los esclavos son meros objetos prescindibles, la vida humana no valía nada en la república romana. En este brutal entorno es en el que se mueve la serie.

Domina.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















