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jueves, 31 de marzo de 2011

Atrapado por su pasado (Carlito's way, 1993)

Carlito Brigante (Al Pacino) sale de la cárcel totalmente decidido a cambiar de vida. El narcotráfico le dio fama y dinero pero ahora decide mantener sus manos alejadas de la droga.
En El precio del poder (Scarface, 1982) Brian De Palma (El fantasma del Paraíso) adaptó con éxito el clásico del cine negro de los años 40 a los cánones del cine de gángsters de los 80. El violento guión de Oliver Stone narraba la ascensión de un narco desde la patera hasta la cima del mundo. En la inolvidable escena final, Tony Montana (Al Pacino) se enfrentaba solo a todo un ejército de mercenarios que asalta su mansión.
Rodada 10 años después, Carlito’s way podría haber sido una segunda parte de El precio del poder, incluso en algunos países sudamericanos se publicitó como tal. Es cierto que repiten director y actor protagonista, dando ambos lo mejor de sí mismos (quizás por última vez), pero no es una segunda parte. David Koepp adapta la novela Afterhours de Edwin Torres y elabora una magnífica historia de redención en un mundo implacable.
Nadie parece creer a Carlito Brigante, pero él tiene el firme propósito de cambiar de vida. Carlito es visto como una leyenda viva por los jóvenes del barrio, un ejemplo a seguir por los jóvenes delincuentes. Que ahora reniegue de su pasado no es fácil de aceptar para los que crecieron con los relatos de sus hazañas. Carlito sólo quiere huir con la mujer que ama, pero la adicción a la cocaína de su abogado y amigo (un genial Sean Penn) pondrá aún más en peligro los planes de nuestro protagonista. El letrado empezará a perder el control en los momentos menos oportunos, creando nuevos y letales enemigos.
A lo largo de la película asistimos a varias escenas inolvidables. La tensa escena del billar es de una planificación y una puesta en escena digna de estudio. Lo que parece una animada conversación entre colegas de pronto se convierte en una situación límite. De Palma controla perfectamente el tempo cinematográfico y estira la escena hasta límites insospechados hasta que la violencia estalla de forma brutal. El final de la escena con nuestro protagonista acorralado en un baño y sin balas es de una tensión inusitada. Sólo le queda su fama de cabrón para salir con vida.
En otra estupenda escena Carlito recibe la visita de un antiguo compañero de fechorías (Viggo Mortensen) al que le descubre un micrófono, no será el único que le traicionará. También su abogado irá complicándole la vida cada vez más. La línea que separa el bien del mal, la ley del delito, será cada vez más difusa y los enemigos surgirán de ambos lados de la ley. Como se dice en un momento dado “Si vives el tiempo suficiente, todo el mundo tiene un motivo para matarte”.
La mejor escena del film es la sobrecogedora persecución final por la terminal de Grand Central. Pocas veces he sentido tantos nervios viendo una película. DePalma usa todo su talento a favor de una persecución al límite. La creíble interpretación de Pacino logra que nos identifiquemos de tal manera con el protagonista que lo pasamos realmente mal y deseamos que finalmente se escape de sus perseguidores. DePalma parece homenajearse a sí mismo al repetir un final en una estación de trenes, como en Los intocables aunque en aquella ocasión homenajeó la escena de las escaleras de El Acorazado Potemkin.
De Palma no innova nada, este tipo de escenas ya las dominaban Coppola o Scorsese pero se postula como un artesano igualmente hábil y eficaz. Su trabajo desprende esta vez una perfección técnica apabullante. El manido recurso de la voz en off es aquí usado magistralmente, aumentando la tensión en el espectador.
Sin moderneces innecesarias ni imitaciones a Hitchcock (su pecado capital), DePalma elabora un gran film que te engancha desde el primer minuto y cuya tensión va en aumento hasta llegar a un clímax antológico de esos que no se olvidan y te dejan el corazón en un puño.
Una gran película de cine negro.
8'5

lunes, 3 de enero de 2011

Cisne negro (Black swan)




Una joya, así es el film de Darren Aronofsky (Réquiem por un sueño, The Wrestler, La fuente de la vida, Pi) sobre el mundo del ballet. Un film hermoso, brutal, violento, sensible, terrorífico y maravilloso. Todo esto y mucho más es lo que nos ofrece este complejo film sobre la eterna lucha por la superación y la perfección.
Nina (Natalie Portman) es una joven que sólo ha vivido para la danza, ya no es una niña pero su habitación es de color rosa y está llena de peluches. Su madre la protege de todo mal evitando que sea expuesta al mundo exterior, un mundo hostil y oscuro (como el metro y los pervertidos que pueblan sus vagones). La danza es lo único puro fuera de su habitación.
Pero llega un momento en el que la danza le exige vivir para plasmar sus propias experiencias vitales en su arte. Necesita madurar y vivir para que su interpretación sea perfecta. No será una tarea fácil, su inseguridad en sí misma será su mayor enemiga. Mientras los miedos, la competencia y las envidias propias dentro de todo grupo artístico tampoco se lo pondrán nada fácil. Nina sabe que puede ser la mejor, pero que antes que ella hubo otras y que su reinado, por mucho que lo intente, será efímero. La perfección dura sólo un momento. Demasiada presión para una mente tan frágil.


Como en todos los anteriores films de su autor, los protagonistas se obsesionan con un objetivo en la vida, poniendo en peligro todo lo demás. Nina empezará a verse amenazada por la fuerte competencia de una compañera (Mila Kunis), mientras ve cómo la antigua primera bailarina (Winona Ryder) cae en desgracia, todo un presagio de su destino. Conocerá la terrible soledad de la cima mientras su mente se va agrietando más y más.
Estas evoluciones en las que la percepción de la realidad se va deformando es lo que mejor le sale a Aronofsky quién realiza aquí su mejor película. No es la más visceral (que lo es) pero sí la más redonda, su más perfecta obra sobre la obsesión. También el tema de dualidad y el inevitable destino están muy bien desarrollados. Así mismo Aronofsky refleja magistralmente el mundo de la danza: los duros ensayos, las pruebas, el afán de superación, los nervios, las manías, las decepciones, etc, logrando que el espectador se sienta preso dentro de ese mundo tan exigente.
Yo pasé un rato estupendo con las escenas de ballet y la maravillosa recreación del Lago de los cisnes de Tchayckovsky. La música de Clint Mansell se funde perfectamente con la de Tchaycovsky trazando hábiles paralelismos entre la ficción del ballet y la vida de la protagonista. Puro arte en movimiento. Puro cine.

Natalie Portman está increíble, su preparación física y mental para este film ha debido de ser extenuante. Como su personaje, ha madurado y ha dado lo mejor de sí, una interpretación al límite, perfecta. No sólo parece una bailarina de primer orden sino que transmite muchas emociones opuestas con su mirada. El Oscar este año ya tiene dueña.
Por su parte Mila Kunis (El libro de Eli) está bien como la amiga/rival aunque yo me quedo con la veterana Barbara Hershey y con Vincent Cassel. Por cierto, la recuperada Winona Ryder (la olvidada musa de la generación X de los 90) está bien en un papel con el que tiene alguna similitud.

Un film hermoso y duro, como una joya.

8,5


P.d.: Me da igual toda la vacía polémica que ha suscitado la bailarina que ha doblado a Portman en algunas escenas de ballet. No creo que el Oscar se lo hayan dado sólo por bailar bien, se lo han dado por su interpretación, por todo el conjunto de ella. A mí su cara y sus expresiones en este film me han transmitido mucho más que cualquier otra de este año, así pues veo justo (por una vez) que le hayan dado el Oscar aunque en las escenas más difíciles de ballet hayan pegado digitalmente su rostro sobre el de una bailarina profesional.

sábado, 8 de agosto de 2009

UP


Carl Fredricksen es un vendedor de globos retirado que siempre soñó con viajar con su esposa a las Cataratas Paraíso en Sudamérica. Debe entrar en una residencia para ancianos pero aún le queda ese sueño por cumplir y alguna aventura por vivir.



Sigo pensando que Pixar llegó con Wall-e a un nivel técnico y narrativo prácticamente insuperable. No sólo sus films son una maravilla visual sino que a veces conmueven de forma irremediable. No creo Pixar se supere con su nueva película pero mantiene el tipo sobradamente. En Up nos propone a un protagonista realmente peculiar, no es un héroe al uso (ya sabes: joven, guapo y dispuesto a todo por salvar al mundo y a la chica). El protagonista de Up es un señor mayor (muy parecido a Spencer Tracy), lleno de achaques y malhumorado. Además en la aventura se le pega como una lapa Russell, un niño explorador de lo más tenaz. La pareja debe soportarse y ambos aprenderán algo de el otro al más puro estilo Gran Torino.

Up es un gran film de aventuras apto para todos los públicos, con las dosis justas de humor y emoción. Pero además consigue conmovernos como pocas veces con unas escenas llenas de ternura, reconozco que a mí alguna lágrima se me escapó dentro de las gafas 3D.

La música de Michael Giacchino combina con las imágenes de forma impecable logrando una fuerza tremenda. Hay elipsis narrativas realmente antológicas y en una sola canción te cuentan toda una vida con sus momentos felices y los amargos. El ritmo es perfecto como un reloj suizo y la acción no decae nunca. Los secundarios son realmente divertidos y no dejan de sorprender. La hora y media se te pasa volando (nunca mejor dicho) entre golpes de humor, aventuras y (en mi caso) alguna lágrima.
Vamos, que Pixar nos entrega una vez más un film soberbio, lleno de referencias cinéfilas (Postergeist, La isla del doctor Moreau, Fritzcaraldo) y lleno de buenos sentimientos y sin caer en el sentimentalismo facilón propio de Disney. El tratamiento de temas tan peliagudos como la soledad (infantil o de los ancianos) o la pérdida de los seres queridos es muy correcto y se integra perfectamente en la aventura.


Por buscarles tres pies al gato se podría decir que el guión podría haber estado algo más trabajado (quizás llegan demasiado pronto a su destino) y que los villanos son un poco obvios, muy rollo James Bond (el típico rico excéntrico con cachivaches caros y fieles sicarios no muy listos).

Por cierto, que grandes momentos nos han dado los dirigibles en el cine: Hindenburg, Domingo negro, Indiana Jones y la última cruzada o incluso Panorama para matar. A la lista hay que añadir Up pues la escena final es simplemente antológica.

Una joya que no debes perderte.

8'5