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domingo, 27 de noviembre de 2016

LA LLEGADA (ARRIVAL)


 Denis Villeneuve es uno de los directores con más talento del momento. Su cine es sinónimo de calidad. Ya desde Incendies nos dimos cuenta que estábamos ante un autor con algo que contar y con un talento superior a la media. Las sospechas se confirmaron con Prisioneros, otra excelente cinta que mereció mejor suerte, pero fue la compleja e incomprendida Enemy la cinta  que realmente le situó en el mapa. Luego vino Sicario que aunó a crítica y público a pesar de ser un pequeño resbalón. Era hora de dar un gran paso adelante y adentrarse definitivamente en el cine de masas y nada mejor que una historia de ciencia ficción. Sin embargo, Villeneuve es un tipo con la suficiente personalidad como para no plegarse a los designios del cine comercial. Todo lo contrario, Villeneuve convierte en comercial esta intimista historia sobre el contacto con extraterrestres. Al final, el miedo a lo desconocido es universal. 

 Reconozco que la ciencia ficción que me gusta es aquella que destaca las contradicciones de la sociedad actual. Este género es el perfecto para trazar metáforas acerca de nuestra realidad. Nada mejor que alejarnos para ver las cosas claras. Hay varios ejemplos recientes de este tipo de ciencia ficción y La llegada es un nombre más a añadir a la lista. El relato en el que se basa La llegada, Story of your life de Ted Chiang, parecía imposible de adaptar a la pantalla, esa unión de dos tramas aparentemente opuestas en un único relato parecía no apta para un público masivo. Por suerte, Villeneuve no tiene miedo a los retos. 

Como todo director que se precie, Villenueve ha intentado hacer una gran película sobre la evolución humana, su particular 2001, Odisea en el espacio. Ya les pasó a Danny Doyle con Sunshine y Christopher Nolan con Interstellar. Ese cine que busca trascender  y que supone un paso en la evolución humana. El guión de Eric Heissener es tan meticuloso como perfecto. Obviamente, juega con el espectador y le hace trampas, pero es una delicia caer en una trampa así de elaborada y que no te deja la sensación de haber sido estafado, todo lo contrario. En La llegada, personaje principal debe asumir el hecho de entrar en  contacto con una civilización superior, algo que ya ha sido tratado anteriormente, pero nunca con este enfoque tan peculiar. Pero no solamente la protagonista se enfrenta a lo desconocido, Villeneuve va más allá, se enfrenta al reto de aceptar el dolor y la pérdida irreparables. La muerte, al fin y al cabo, es lo más desconocido para nosotros y, paradójicamente, lo único inevitable. La protagonista debe aceptar su destino, su odisea será un viaje emocional. Villeneuve triunfa al contraponer una historia grandilocuente con la intimidad de los sentimientos. Y lo hace de manera excelente, logrando que nada desentone en este arriesgado doble salto mortal.

 Villeneuve evita los grandes despliegues y busca un enfoque más psicológico. La escena de la entrada a la nave extraterrestre es realmente soberbia. Villeneuve decide inicialmente no mostrar las naves ni las noticias del avistamiento, prefiere mostrarnos las caras y las reacciones de las personas ante las imágenes. Con un lento travelling Villeneuve nos deja claras sus intenciones, la película no a ser un gran espectáculo visual, va a ser un viaje interior. Esas escenas de los recuerdos de la protagonista jugando con su hija me recordaron al mejor Terrence Malick, lo mismo puedo decir del acercamiento a la nave. 
Como en 2001, los extraterrestres generarán recelos y miedo. Algo así como la inmigración pero con naves en vez de pateras. La llegada es también la historia de una humanidad dividida que quizás debiera unirse en base a algo tan universal como el amor materno. Como en todo el cine de Villeneuve, al espectador se le plantean preguntas que quizás no se atreva a responder. Al final, como en Interstellar, el amor entre paterno puede ser decisivo para la supervivencia de la raza humana.

 Todo lo referente al contacto con los extraterrestres me pareció muy bien llevado, Villeneuve se toma su tiempo y demuestra controlar el tempo cinematográfico. Ciertas escenas son de una gran tensión y el espectador siente la tensión del personaje principal, una soberbia Amy Adams. Tal es la seguridad de Villeneuve que se permite homenajearse a sí mismo en una escena que recuerda al controvertido final de Enemy. Eso se llama estilo. Villeneuve no huye de la complejidad, su cine nos invita a pensar y a reconstruir el puzzle que nos propone. Un puzzle que esta vez no está tan abierto a múltiples interpretaciones como en Enemy, por lo que no voy a exponer mi teoría ya que opino que no hace falta.

No todo va a ser positivo, opino que el personaje de Jeremy Renner no está suficientemente desarrollado, amén de que nadie se cree a Renner como matemático tras haberlo visto ya en tantas películas de acción. Seamos sinceros, no tiene pinta de matemático. Por su parte, Forest Whitaker sigue en piloto automático y Michael Stuhlbarg cumple. También puede resultar un poco inverosímil la manera en la que avanza la comunicación entre especies. No sé, no soy lingüista. Yo me lo pasé muy bien en el cine, con las emociones a flor de piel y con los ojos arrasados en más de un momento. 

  A todo ello contribuye de forma decisiva  la excelente banda sonora del islandés Jóhann Jóhannsson en la que es su cuarta colaboración con Villeneuve tras Prisioneros, Enemy y Sicario. Jóhannsson construye su trabajo a base de loops de sonidos de piano a diferentes velocidades a los que añadió secuencias de notas cantadas armónicamente. El efecto de la música en la escena del acercamiento a la nave extraterrestre en helicóptero es sobrecogedor. Igualmente, el proceso de asimilación del idioma alienígena está magistralmente acompañado por la música. Jóhann Jóhannsson superpone capas y más capas de voces para crear la sensación de irrealidad, sirva de ejemplo el tema “Heptapod B”. Puede que este score no tenga la fuerza del de Hans Zimmer para Interstellar, son films con ciertas similitudes aunque con enfoques diametralmente distintos y así queda reflejado en sus partituras, pero ambos son clave dentro de la ciencia ficción moderna. La banda sonora de Arrival ha sido publicada por el prestigioso sello Deutsche Grammophon, con el que Jóhann Jóhannsson firmó contrato recientemente.  Por cierto, Jóhannsson está trabajando actualmente en la elaboración de la partitura de Blade Runner 2049, la secuela de Blade runner que corre a cargo de Villeneuve. No se me ocurre un tándem mejor.

Como habéis podido adivinar, La llegada pertenece al cine de extraterrestre pero no tiene nada que ver con esas estupideces del impresentable de Roland Emmerich. Nada de invasiones alienígenas ni destrucciones masivas. La llegada se engloba dentro de ese otro cine de ciencia ficción con un enfoque más adulto, emparentando más con Contacto, Gravity o Interstellar que con Independence day. Los que busquen únicamente acción y efectos especiales pueden salir muy decepcionados de la sala de cine. Lo siento por ellos.

lunes, 27 de abril de 2015

El dulce porvenir (The Sweet Hereafter,1997)


 Atom Egoyan es un director con una sensibilidad muy especial. Sus primeras películas versaban sobre sentimientos tan universales como el amor paterno pero eran tratados con una sutileza y una delicadeza sin igual. Tras Exótica, Egoyan nos presentó esta no menos notable película.


¿Como continuar con tu vida tras la pérdida irreparable de un hijo? ¿Cómo  puede sobrevivir una comunidad que ha perdido a todos sus niños? Un desgraciado accidente de autobús en el que perecen todos los niños de un pueblo de Canadá le sirve a Egoyan para mostrar las complicadas relaciones entre los habitantes de la población.



 Al inicio del film vemos al personaje de Ian Holm (El señor de los anillos, Alien) atrapado en un tren de lavado, no es una escena que aparentemente nos diga mucho ni parece aportar nada de interés a la trama posterior. Sin embargo, sirve para hacernos a la idea de cómo se siente el personaje, es un hombre atrapado que no puede avanzar en la vida. Su hija aún vive pero la ha perdido irreparablemente y su  existencia no tiene ya ningún sentido excepto, quizás, evitar que otras personas se sientan tan desamparadas como el.  Por eso se dedica a paliar (aunque sea económicamente) el dolor de las familias que han perdido a sus hijos. Sin embargo, ¿contra quién debe ir dirigida la demanda?. En un acto de pura desesperación, las familias y el abogado se embarcarán en un viaje en busca de los responsables de un desgraciado accidente que quizás no tuviera responsable alguno. Quizás todo se debió a la mala suerte o a un cúmulo de casualidades. La base del caso es francamente débil pero la familias deciden aferrarse a algo por improbable que sea. Desean que su tragedia tenga un responsable, un sentido. La vida no puede golpearte de esa manera sin más.

  Los intereses de los abogados, los relatos de las familias y el dolor se entrecruzan configurando un film único y excepcional, que dice mucho más de lo que parece y deja en la mente del espectador un buen puñado de escenas memorables. Quizás ello se deba a que los personajes están muy bien desarrollados, todos tienen matices y están sujetos a múltiples interpretaciones. Ninguno parece ser de una sola pieza, todos tienen algo que ocultar y ninguno esta exento de culpa.
 Escenas como la de el accidente (realmente aterradora sin llegar a mostrar nada), el diálogo en el avión o la narración del incidente de la picadura de araña están tratadas con una extrema delicadeza. Son de esos momentos en los que uno sabe que el cine se ha creado precisamente para momentos así. Para emocionar y sacar lo mejor de nosotros mismos.
 No es difícil suponer que el autobús siniestrado simbolizaba el futuro del pueblo, en él iban a la escuela todos los niños del pueblo. Tampoco nos cuesta demasiado suponer las motivaciones de la única superviviente a la hora de negarse a colaborar con la demanda. Egoyan no juzga a sus personajes, sólo muestra sus actos sin intentar justificarlos, dejando que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones. 

Una película totalmente recomendable.

7,5

miércoles, 4 de marzo de 2015

Magical girl


 La primera película de Carlos Vermut, Diamond flash, fue una muy grata sorpresa. Diamond flash era una propuesta personal y arriesgada que nos dejaba intuir que detrás de la cámara había una mente con talento. Con su segunda propuesta Vermut ha depurado su estilo sin traicionarse a sí mismo.

 Como pasaba en Diamond flash, ya desde el inicio Vermut nos deja descolocados con un soberbio prólogo rodado de forma sobria pero que consigue intrigarnos sobremanera. Algo bastante poco frecuente. Luego Vermut nos introduce sin prisa pero sin pausa en un enfermizo drama de personajes atrapados y deseos encontrados. Será el deseo de un padre por hacer feliz a su hija enferma de leucemia el desencadenante de esta fascinante historia. No puedo contar mucho más sobre la trama, es mejor que se el film se disfrute y te sorprenda (que seguro que lo hará) sin que nadie te haya contado demasiado.

 Vermut no le teme a ningún género ni parece estar limitado por complejo alguno. Se nota una obvia mejoría respecto a su film anterior. Esta vez, el crisol de géneros (drama, comedia, terror, thriller, ciencia ficción) resulta más homogéneo. Vermut ha demostrado poseer una particular visión del cine con sólo dos películas. Vermut crea un universo laberíntico con alma de rompecabezas. Magical girl posee un imaginario fascinante a base de elementos cotidianos que adquieren un significado perturbador: el espejo, el puzzle, la habitación, los sobres, el lagarto, etc. Elementos que nos remiten a maestros como David Lynch o Stanley Kubrick.

 El estilo narrativo de Vermut sigue siendo austero, hay pocos movimientos de cámara y no hay moderneces. Eso sí, me molestó esa manía que parece heredada de Lars von Trier de dividir la película en capítulos. Por suerte, esta vez Vermut se enreda menos en los diálogos. Por cierto, los personajes en los bares dicen verdades como puños en unos diálogos aparentemente intrascendentes que reflejan el sentir de un país. Aún así, es probable que a ciertos espectadores les cueste entrar en este peculiar universo.

 El film se beneficia de un plantel de actores excelente. Yo destacaría a ese enorme actor que siempre ha sido José Sacristán, un actor con todas las letras que es capaz de dar verosimilitud a cualquier diálogo. Todo un señor de la interpretación que ha pisado más tablas de escenario que toda esta generación de jóvenes actores que asolan nuestras pantallas y parecen recién salidos de un gimnasio. Me sorprendió gratamente Bárbara Lennie (merecido Goya a la actriz revelación) su complejo y contradictorio personaje me parece uno de los mejores personajes femeninos del cine español en mucho tiempo. No puedo decir más. Igualmente cabe destacar el trabajo de Luis Bermejo.

 Si te gustó Diamond flash te gustará Magical girl. En caso contrario, ni te acerques a ésta, tú te lo pierdes.

7,5

jueves, 12 de febrero de 2015

Whiplash


¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por ser un gran músico? ¿Sacrificarías todo lo demás por la música? Por suerte (o desgracia más bien) para mí, soy un negado como músico y nunca tendré que responder a estas preguntas. Whiplash nos plantea la interesante premisa de cómo un don se puede convertir en una maldición cuando entra en juego la obsesión.

 Damien Chazelle escribe y dirige esta historia que ya plasmó en un corto que ahora expande hasta dejarlo en un soberbio largometraje. Chazelle nos ofrece un film vibrante y lleno de pasión por la música.
 Seamos claros, no todos estamos llamados para la música ni tenemos un talento natural. Tenemos que afrontarlo y aprender a vivir con la frustración. Mozart sólo hubo uno. Pero no pensemos que la música es sólo un don divino, hacen falta disciplina y cientos de horas de ensayo para llegar a ser realmente un gran músico. Si te piensas que la música es sólo talento natural estás equivocado. La música es un trabajo en equipo que requiere una perfecta sincronización. Whiplash se centra en las horas de trabajo de los esforzados músicos mientras rezuma Jazz por los cuatro costados.


 Whiplash se centra en la enorme presión que un joven de 19 años deberá soportar para cumplir su sueño. La presión hará mella en la salud mental del joven protagonista.  Whiplash tiene evidentes similitudes con Cisne negro de Darren Aronosky pero Whiplash tiene una marcada personalidad propia. No se trata de cambiar la danza por la música, Whiplash busca matices en otra dirección distinta a la de el film de Aronosky con resultados diametralmente opuestos pero igualmente fascinantes.

 Chazelle introduce una estimulante reflexión sobre la relación entre profesor y alumno. ¿Un profesor debe limitarse a transmitir conocimientos o debe intentar que el alumno llegué hasta el límite de sus posibilidades? ¿Debe un profesor empujar a los alumnos más allá de lo que ellos mismos creen que son capaces? ¿Cualquier precio es válido para llegar a la perfección? ¿Vale la pena llegar hasta los límites de la resistencia humana por un sueño?. El profesor encarnado por J.K. Simmons no un profesor modélico, sus métodos son poco ortodoxos pero no se puede negar que consigue sacar lo mejor de cada uno de sus alumnos. El nivel de exigencia es tal que muchos no podrán soportar la presión. Como decían en Fama: La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar..." La extraña relación de admiración y odio que se establece entre profesor y alumno es realmente el motor del film. Ambos llevarán su relación más allá de lo profesional ya que para ellos la música no es sólo un medio de vida, es algo más. Profesor y alumno se necesitan mutuamente para perfeccionar su habilidades pero esta singular simbiosis puede resultar letal.


 Se nota que tras la cámara se ha puesto tanta pasión como la que destilan los personajes del film. Whiplash es un film hecho con mucho esmero y cariño, cuidando cada detalle en busca de una perfección que, como en cualquier arte es, prácticamente inalcanzable. No estamos ante un film perfecto pero sí ante una gran película en la que cada aspecto deja ver las cientos de horas que ha habido detrás. Debo destacar los sobresalientes montaje y sonido del film como elementos fundamentales sin los cuales esta película no sería lo mismo.

 Esta historia necesitaba un gran trabajo actoral. Por suerte, el film se beneficia de la imponente presencia de un  J.K. Simmons fuera de órbita y un joven Miles Teller que le da la réplica en todo momento. Un tour de force formidable que llega a su clímax en un inolvidable duelo final.

Un film vibrante, tenso y apasionante. Imprescindible para los aficionados a la música y/o el buen cine.

7,5

martes, 13 de enero de 2015

Ida


Polonia, 1960. Hace 15 años que acabó la Segunda Guerra Mundial, una novicia emprende un viaje junto con su tía para encontrar los restos de sus padres asesinados en la guerra.

 Ida se podría definir como una Road movie polaca sobre una novicia y su tía comunista en busca de los restos mortales de sus familiares. Si el tema te parece poco atractivo mejor ni te acerques a esta película. Si buscas algo distinto a lo habitual o una rara joya de cine europeo, Ida es tu película.




 El director Pawel Pawlikowski tiene algo que contar y le concede tanta importancia a la forma como al contenido. Un difícil equilibrio en el que ambos se combinan de forma magistral, siendo el uno el complemento idóneo para el otro. Por una vez forma y contenido se fusionan de manera indivisible. Su historia de dos mujeres totalmente opuestas unidas por una tragedia familiar es un duro drama pero desprende un sutil mensaje encerrado en sus imágenes.

Vayamos por partes. Lo primero que nos seducirá de esta película serán sus imágenes. Ya desde el primer plano Pawlikowski nos atrapa la mirada con esa espectacular fotografía en blanco y negro. Pawlikowski hace un uso asombroso de los planos fijos y no mueve la cámara en casi ningún momento. Su cine es un cine de ritmo lento, contemplativo, que invita a la reflexión mientras admiramos la belleza de sus imágenes. Tampoco hay travellings ni zooms. No hacen falta. Cada plano fijo tiene una composición tan estudiada como perfecta. Cada mirada, cada encuadre tiene un sentido. Los peculiares encuadres dejan ver la luz y el aire que rodea a los personajes. Como si fueran mucho más de lo que aparentan, como si algo intangible rodeara continuamente a los personajes. Pawlikowski parece decirnos que somos mucho más que carne y hueso, somos luz y aire. Algunos lo llamarán alma.

 Ambas mujeres influyen una en la otra. La tía es promiscua, fumadora, bebedora y miembro del partido comunista polaco. Su sobrina Ida es una novicia que nunca ha salido del convento. Como en toda road movie el viaje geográfico será un viaje también interior, ambas aprenderán la una de la otra y sus vidas nunca volverán a ser iguales. Del rechazo e incomprensión iniciales irán pasando a una cierta admiración mutua. Ida conocerá el amor, las ganas de vivir y experimentar. Por su parte, su tía descubrirá que existe otra forma de ver la vida de la cual se apiadará en un pricipio principio pero irá cambiando de parecer. El vacío existencial al que parece abocada la tía dentro del sistema comunista no le permite realizarse como persona ni expulsar a sus demonios interiores. Su vida disoluta no es más que una vía de escape para huir de sí misma.
  Ida tiene dudas antes de tomar sus votos. Siente que hay todo un mundo ahí fuera que ella no conoce, siente cosas que no es capaz de explicar. Sin embargo el vanal mundo exterior tampoco la seducirá en un principio. Ambas mujeres parecen condenadas a sufrir por los crímenes del pasado y son incapaces de encontrar su camino en las realidades que les han tocado vivir. Tía y sobrina están abocadas a la frustración pero Ida tiene fuertes creencias religiosas, algo de lo que su tía carece. Ida encuentra en la religión un significado a tanto dolor. Su tía no tiene ese consuelo, una vez creyó en el comunismo pero ahora ya no cree en nada. Pawlikowski contrasta la fe y lo material usando a estas dos mujeres como metáfora.

 El film trata acertadamente el asunto de la Memoria histórica. Lo cual me lleva a plantearme: ¿se podría haber hecho un film así en nuestro país ? Ya sabemos la polémica que se suscitó. En mi opinión, la verdad deber ser sacada a la luz, por mucho dolor que genere puede ser la única manera de cerrar definitivamente ciertas heridas. Los familiares de las víctimas tienen derecho a saber qué pasó realmente. Deben ser ellos los que decidan hasta dónde quieren saber, ningún gobierno debe negarles el derecho a saber donde están sus parientes o qué fue de ellos. Todo el mundo merece un entierro justo y que se sepa la verdad por mucho dolor que ésta genere. Los familiares de las víctimas tienen derecho a saber qué ocurrió con sus familiares y a darles una sepultura justa. No se trata de buscar venganza ni hacer justicia (ya es muy tarde para ello). Creo que ésta es la tesis por la que aboga el film.


 Nada de lo escrito anteriormente tendría sentido sin el trabajo de dos grandes actrices que hacen suyos los personajes de forma asombrosa. Tanto Agata Trebuchowska como Agata Kulesza transmiten magistralmente todas las contradicciones y el dolor de sus personajes.

 El viaje de Ida sembrará más dudas que certezas en el espectador pero vale la pena. Si no le temes a los planos fijos, dale una oportunidad a esta gran película.

7,5

domingo, 20 de abril de 2014

Nymphomaniac. Volumen 1


El último enfant terrible del cine, el danés Lars Von Trier, sigue dispuesto a romper moldes y a sorprender al espectador. En Nymphomaniac nos sumerge en la impactante historia de una adicta al sexo.
Este proyecto duraba originalmente cinco horas y media pero finalmente ha sido reducido a cuatro horas  de metraje divididas en dos volúmenes. Muy probablemente esta historia íntegra y de un tirón hubiera sido insoportable. En este primer volumen, el bocazas de Von Trier nos ofrece un magistral ejercicio de estilo en el que no sólo están las constantes habituales de su cine (historia dividida en capítulos, provocación) sino que se nota una evidente depuración del estilo narrativo del danés (quien sabe si provocada por el impuesto recorte de metraje). 


¿Qué nos vamos a encontrar en una película del polémico y controvertido Lars Von Trier sobre una adicta al sexo? Obviamente, mucho sexo. Un sexo explícito en muchas ocasiones pero que no pretende excitar de ninguna manera al espectador. El sexo es aquí mostrado como la fuerza más poderosa del ser humano pero también como una peligrosa adicción. No estamos ante una película erótica (esto no es Instinto básico) en la que el sexo sea un reclamo para que el espectador acuda en masa a las salas de cine. Quien vea esta película con esa idea preconcebida saldrá altamente defraudado. Nymphomaniac parte de la historia de una adicta al sexo para elaborar algo mucho más complejo y, a la vez, sutil. Esta película no pretende excitar sexualmente al espectador sino intelectualmente.

Lars Von trier inicia su film, como viene siendo habitual en él últimamente, con un bello prólogo que configura unos sorprendentes títulos de crédito sin letras y con una estridente música de Rammstein. La cosa empieza bien, uniendo lirismo, belleza y una patada a la cara del espectador. Bien vamos.

Una vez más ha sido demasiado pretencioso pero esta vez creo que pocos peros se le pueden poner a su narración. Su relato tiene un ritmo casi perfecto que atrapa ya desde los mencionados títulos de crédito. El film se basa en una narración que hace la ninfómana Joe a base de flash backs  interrumpidos constantemente por interesantes anotaciones de su interlocutor.
Von Trier establece un largo diálogo entre estos dos personajes diametralmente opuestos. Mientras para Joe el sexo es poder y ejerce ese poder sobre los hombres en su propio beneficio sin pensar demasiado en las consecuencias, su interlocutor es un hombre culto que todo lo relativiza con tendencia a teorizar sobre la cosa más trivial. A pesar de ser personas tan distintas, ambos llegan a puntos de entendimiento que no hacen sino más atractiva la narración de Joe.


 Me  sorprendieron gratamente las analogías que Von Triers establece entre el sexo y la pesca (prolongada en el cartel de este primer volumen) o la metáfora del tenedor para las tortas. La conversación entre estas dos personas tan distintas que se encuentran casualmente le sirve a Von Trier para elaborar unas más que interesantes reflexiones sobre la adicción, el amor, la lujuria, el compromiso, la enfermedad, la muerte, religión, literatura, polifonía, matemáticas y, en definitiva, las relaciones humanas. Un gran compendio de casi todo lo humano y lo divino. Con Nymphomaniac Von Trier se aproxima a los terrenos de maestros como Dreyer o Bergman.

 En cuanto al reparto, debo decir que Von Trier sigue teniendo la facultad de lograr que los actores de sus películas resulten creíbles en situaciones inverosímiles o sencillamente absurdas. Es la gran dirección de actores la que logra que no parezcan convincentes las bizarras historias de este director. En este caso, me convencieron todos pero la que me sobrecogió fue Uma Thurman, magistral. La extraña pareja de dialoguistas formada por Charlotte Gainsbourg y Stellan Skarsgård me resultó más que convincente. Ojito con la joven Stacy Martin, seguro que la volveremos a ver.



 Más allá de la provocativa campaña publicitaria y el escabrosos tema central, Nymphomaniac es muchas otras cosas más que sexo. Tampoco Lars Von Trier es sólo un pirado con ganas de provocar (que también), es un tipo con un talento cinematográfico innegable.

Cuando acabó esta primera parte me quedé ansioso de saber cómo acaba esta fascinante historia. En breve os cuento.

7,5

lunes, 10 de febrero de 2014

Arrugas


Tanto el cómic como el cine de animación comparten el falso estigma de estar destinados a un público infantil y/o adolescente. No tiene por qué ser así. Tanto el cómic como el cine de animación pueden abordar temáticas adultas con resultados más que satisfactorios. Arrugas es un claro ejemplo.

Ya hemos hablado alguna vez de cómo la sociedad en general y el cine en particular parecen olvidarse deliberadamente de los ancianos. Hecho que considero un tremendo error. Cierto que cuando uno es joven no quiere preocuparse por problemas que aún le quedan muy lejos y que  las salas de cine sobreviven gracias a los sectores más jóvenes de la población, pero olvidarnos de un sector tan amplio de la sociedad y del que tanto tenemos que aprender no puede ser bueno ni a corto ni a largo plazo.

A mí las residencias de ancianos me dan más escalofríos que los cementerios. Me recuerdan a las cárceles o los campos de concentración. Sus vallas me parecen más destinadas a evitar que se escapen los internos que a evitar posibles robos. Tanto los ancianos como los presos parecen ser personas que no tienen hueco entre la sociedad y deben de ser recluidos y condenados a la soledad. El caso de los ancianos es mucho más doloroso, ya que ellos no han cometido delito alguno, sólo ya no son útiles para la sociedad y se han convertido en un estorbo. Es duro, pero la alta esperanza de vida actual nos está llevando a estos extremos. Sólo espero no tener que llevar jamás a un familiar mío a un geriátrico ni acabar mis días allí dentro.


Arrugas es un cómic de Paco Roca (con el que ganó el premio Nacional de Cómic en 2008) que fue adaptado a la gran pantalla por Ignacio Ferreras. Ambas obras comparten una visión valiente de la tercera edad. Ambas afrontan la terrible soledad de sus protagonistas y no caen en el error de intentar suavizar artificialmente los hechos narrados ni buscar la lágrima fácil (cosa que, al menos en mi caso, sí consiguió). Arrugas emparenta directamente con ese cine de animación que tiene en films como Cuando el viento sopla o La tumba de las luciérnagas sus mayores exponentes. A pesar del amable aspecto visual, los temas tratados son de una terrible dureza. Con un dibujo sencillo (heredero del anime japonés) y una limpieza en los trazos, el film se apodera del espectador y pronto le pone el corazón en un puño. Sin alardes técnicos innecesarios y una estupenda presentación de personajes, el film atrapa al espectador sin remisión.

La soledad y el daño provocado por una enfermedad tan terrible como el Alzheimer son el eje central del film. Si la memoria es parte fundamental de nuestra personalidad, los enfermos de Alzheimer no sólo pierden sus recuerdos sino que pierden también su personalidad. En Arrugas también hay hueco para la amistad y la camaradería, siendo casi un film de colegas en apuros (aunque sean ancianos) o incluso del subgénero de fugas. Debo destacar a la pareja formada por los ancianos Emilio y Miguel (tan opuestos entre sí como necesarios el uno para el otro), en mi opinión es una de las mejores del cine español de los últimos años. Es una extraña pareja atrapada que intentará evadirse de la rutina hasta que el avance de la enfermedad sea ya irreversible. Desean seguir viviendo mientras sean capaces de saber quienes han sido. También el tema del sacrificio por los demás está tratado de forma admirable.

No son pocas las veces en las que la emoción se asomó a mis ojos en forma de lágrimas. Sólo por la ternura y la valentía con la que se abordan la vejez y la muerte (muy lejos del paternalismo y la ñoñería de Disney) vale la pena ver esta estupenda película.

7,5

jueves, 16 de enero de 2014

Blue Jasmine


Woody Allen se mantiene fiel a su cita anual, cosa que tiene un mérito enorme y todavía más a su edad. Pero cuando nos ofrece películas tan interesantes como Blue Jasmine sólo podemos reconocer que estamos ante un auténtico genio.

 Blue Jasmine no es una comedia, es un drama hábilmente disfrazado de comedia. Que su tono ligero no os engañe. No es difícil sonreírse ante ciertas situaciones en las que se ve envuelta nuestra protagonista interpretada magistralmente por Cate Banchett. Allen usa música divertida para dar un toque casi humorístico o irónico a las situaciones. Sin embargo Allen va intercalando escenas de dos líneas temporales distintas, mostrándonos el presente y el pasado de nuestra protagonista. Es el contraste entre ambas líneas argumentales el que consigue mantener el interés del espectador y el que nos hace ver el patetismo de este personaje. Allen nos va dando pistas de lo ocurrido con un control absoluto del guión y el tempo cinematográfico para acabar sumergiéndonos en todo un drama (o más bien tragedia) que la Jasmine no quiere aceptar.




 Allen rompe con el esquema habitual de sus últimas películas y nos ofrece un ejercicio de mucho más calado intelectual, es un film profundo, que invita a la reflexión. Está mucho más cerca de Match point que de A Roma con Amor, por ejemplo. El tema principal del film es la mentira. Jasmine ha basado su vida en mentiras, ni siquiera Jasmine es su nombre real. Se ha basado en las apariencias y se ha dejado engañar. Sin embargo la realidad le dará una lección y cuando abra los ojos será realmente tarde. Toda su vida de lujo y sofistificación se verá truncada bruscamente y deberá aceptar el duro golpe que le proporciona la vida. Se verá rodeada de personas que no están a su mismo nivel y a las que desprecia profundamente (su hermanastra incluida).

 Woody Allen demuestra una vez más que es uno de los mejores escritores y directores desde hace décadas. Sus diálogos rezuman frescura y espontaneidad mientras el film consigue mantener el interés en todo momento. Aquí parece querer decirnos que hay muy poca diferencia entre vivir en la abundancia y ser un completo desgraciado. Una mentira o un golpe de suerte pueden marcar la diferencia que te haga caer definitivamente en desgracia. Entre un multimillonario y un sin techo no hay tanta distancia.


Allen cede el protagonismo a un personaje femenino y no son pocas las semejanzas con el típico personaje neurótico que Allen suele interpretar. Jasmine se atiborra de pastillas para cualquier cosa y bebe continuamente. Cate Blanchett realiza una actuación soberbia, inmejorable, llena de matices, gestos reprimidos y sentimientos que afloran aunque apenas se manifiesten. Blanchett oscila en décimas de segundo de lo cómico a lo trágico sin perder nada de credibilidad. Sólo Blachett es capaz que odiemos a su personaje por su arrogancia y que lleguemos a sentir pena por ella. Ver a la Blanchett en sus ataques de pánico o con su mirada perdida me recordó a las estrellas del cine clásico. Si hoy en día hay una actriz con la clase y el talento interpretativo de las grandes estrellas del Hollywood clásico, ésa es Cate Blanchett. El reparto lo completan excelentes secundarios como Sally Hawkins (me encanta esta actriz desde que la descubrí en Happy), Peter Sarsgaard y Louis C.K.. Por su parte, Alec Baldwin está correcto en este tipo de papeles de hombre de negocios en los que está encasillado desde hace años.
 Woody Allen sigue estando en inmejorable forma, siendo Blue Jasmine su mejor película desde Match point.

7,5

viernes, 3 de enero de 2014

12 años de esclavitud (12 Years a Slave)

Cuando parecía que ya estaba todo dicho sobre el tema de la esclavitud, llega el director británico y de color Steve McQueen y da un nuevo y sorprendente giro de tuerca a tan espinoso asunto.


McQueen rueda de forma academicista la historia de Solomon Northup, un hombre libre que fue secuestrado y vendido como esclavo en 1841. Una historia sobrecogedora que en manos de McQueen adquiere el dramatismo justo ya que huye premeditadamente de la lágrima fácil. McQueen apuesta por hacer pensar al espectador antes que únicamente hacerle llorar (aunque en mi caso logró ambas cosas). 

 McQueen no se limita a narrar un hecho real, intenta emparentarlo con la situación del mundo actual. Si Spielberg nos contó el año pasado las tretas que Lincoln llevó a cabo para abolir la esclavitud y Tarantino usó la esclavitud de escusa para otra genial bufonada de las suyas, McQueen nos muestra que la esclavitud no era un tema que preocupara especialmente a la sociedad de la época. Incluso al protagonista no le preocupaba demasiado, él era un hombre libre y culto que vivía alejado de la barbarie esclavista del sur. Nuestro protagonista se creía fuera de peligro y no  hacía nada por liberar a los esclavos. No era su problema. McQueen usa sabiamente los flashbacks para contrastar la actitud del protagonista ante estos temas antes y después de caer en desgracia. Se podría entender que el protagonista es una metáfora del pueblo americano y del mundo en general, que sólo nos preocupa un problema cuando nos afecta directamente (racismo, paro, terrorismo, hambre, esclavitud, etc). Estamos demasiado acostumbrados a mirar para otro lado. ¿Acaso no es esclavitud las condiciones laborales en países asiáticos en los que se fabrican nuestros juguetes tecnológicos?

 El plano en el que McQueen nos muestra deliberadamente que la cárcel del protagonista está justo al lado de la Casa Blanca no deja lugar a dudas: el crimen se cometía en el sur pero el negocio se fraguaba en el norte. Se podrían trazar sin problemas similitudes con múltiples problemas actuales como al inmigración ilegal o la explotación a la que es sometida la mano de obra ilegal o, rizando el rizo, la similitudes entre la esclavitud y los campos de concentración del régimen nazi. Todas ellas podrían ser válidas y deberían hacernos reflexionar que no estamos tan lejos de la barbarie.


A mí la película me entretuvo y me pareció muy correcta. Todo el guión está muy bien hilvanado, no hay parones de ritmo en ningún momento y tiene escenas realmente sobrecogedoras a pesar de no buscar el llanto a toda costa. Obviamente, en la película hay vejaciones, castigos y latigazos, era inevitable y el espectador debe saber a qué se enfrenta. Algunas escenas son tremendamente duras pero considero que son necesarias y están abordadas de forma excelente.

 McQueen no innova en su forma de rodar ni contar una historia que todos conocemos. Se podría decir que es demasiado academicista y frío (fiel a su estilo) pero, al menos, no se pierde con moderneces ni alarga el film hasta las 3 horas. Yo veo más que correcto su enfoque de la historia. lo único que no me gustó del film es que no está bien plasmado el paso del tiempo, no hay elipsis narrativas que indiquen el tiempo transcurrido entre una y otra escena. Podría pensarse que que Solomon fue esclavo unos pocos meses y no 12 años. Salvando este detalle, creo que el film es inapelable.
Me gustó especialmente cómo se aborda la manera en la que Solomon se las tiene que ingeniar para sobrevivir, aprendiendo a reprimir sus instintos y a agudizar su ingenio. La escena del farol en mitad de la noche con Fassbender me pareció de una tensión casi insoportable, simplemente magistral.
También me pareció muy acertada la manera de enfocar las distintas motivaciones de los distintos dueños de las plantaciones de algodón. No todos eran tan crueles ni trataban de igual forma a sus esclavos pero ninguno hacía nada por cambiar el sistema. También es destacable el profundo carácter religioso de todos ellos, paradojas del ser humano.

 A parte de una buena historia, un buen guión y una soberbia forma de rodar, el film cuenta con unas excelentes interpretaciones de todo el elenco actoral. Merecen mención Chiwetel Ejiofor (quien transmite con su mirada todo esa frustración de Solomon), Lupita Nyong'o (como la esclava objeto de deseo del patrón) y Michael Fassbender. En especial, este último consigue traspasar la pantalla con esas crueldad y violencia latentes que pueden hacer su aparición en cualquier momento. Varios Oscars de este año ya tienen dueño. Me gustaron también mucho las breves pero decisivas apariciones de Paul Dano y Brad Pitt.

 Steve McQueen ha hecho quizás la película definitiva sobre la esclavitud ahora que los neo conservadores del Tea Party están radicalizando su discurso. Han pasado más de 150 años para que finalmente hubiera un presidente negro en Estados Unidos pero muchos prejuicios y desigualdades aún deben ser abolidos.

7'5

martes, 17 de septiembre de 2013

Juegos secretos (Little children, 2006)


Dicen que la mejor forma de aprender es jugando, que así los niños se socializan, aprenden que todo juego tiene sus normas y que no se puede ganar siempre. El problema es que, con el paso del tiempo, los juegos dejan de ser divertidos y a uno casi siempre le toca perder. La aceptación del rol que nos ha tocado jugar en la sociedad, que casi nunca es el que a nosotros nos hubiera gustado, puede derivar en una profunda decepción.

 Los entresijos de la compleja alma humana pocas veces ha sido retratada de forma más descarnada en un film comercial. Todd Field dirigió en el año 2006 esta más que recomendable película que adapta la novela de Tom Perrotta, quien colaboró en el guión adaptando su propia obre. En un primer momento, parece que los personajes de esta película son estereotipos mil veces vistos (las típicas familias americanas), pero Field les da un toque humanizante y consigue hacerlos atractivos a ojos del espectador. Nada resulta ser convencional ni cómo uno pensaba que iba a ser. El ser humano es así, lleno de contradicciones y sinsentidos.

Con un ritmo perfecto y una dirección de actores sobresaliente, Field elabora un estupendo film que muestra las miserias de nuestra sociedad y de los frustrados miembros que la forman. Little children (no me gusta su nombre en castellano) sigue la estela de las excelentes American beauty, Revolutionary road (ambas de Sam Mendes) o Happiness (de Tod Solondz) , formando todas ellas una serie de buenas películas sobre las frustraciones de la vida moderna.
Los personajes se agolpan inevitablemente en una sociedad hermética que no permite desviaciones respecto de los cánones establecidos. Son como partículas subatómicas que rebotan enloquecidamente mientras intentan emparejarse. En su búsqueda de la felicidad se chocan contra el muro de la estupidez y la intolerancia que imponen los demás. Sin embargo, no todos estarán dispuestos a arriesgarse ni a pagar el precio de la ansiada libertad. Lugares de recreo como un parque infantil o una piscina serán los atípicos escenarios de este drama de personajes desubicados.

No voy a contar nada más de la trama. Sí puedo decir que Kate Winslet está perfecta en su papel de moderna Madame Bovary, iniciando una época de interpretaciones soberbias que continuó en años posteriores con El lector o Revolutionary road. Igualmente Patrick Wilson está más que creíble en su papel de padre con el síndrome de Peter Pan. Por su parte, Jennifer Connelly encarna como pocas actrices pueden hacerlo a la mujer perfecta que todo hombre quisiera a su lado: bella e inteligente a partes iguales. Lástima que la belleza y la inteligencia no lo sean todo. Caso aparte merece Jackie Earle Haley (Watchmen) quien tiene una cara tan peculiar que resulta ideal para su personaje, a la vez pervertido pero sensible, humano al fin y al cabo. Los pervertidos también tienen madre y, quien sabe, algunos serán incluso buenas personas. No olvidemos que una madre siempre adorará a su hijo por muy condenable delito que éste haya cometido y que nadie puede ser un monstruo las 24 horas del día.

 No dejéis de ver Little children, una historia de pasiones ahogadas en rutina.

7,5


miércoles, 30 de enero de 2013

Killer Joe



William Friedkin pasará a la historia por haber rodado dos obras maestras: El exorcista (1973) y French connection (1971). De todo aquello hace 40 años y durante estas 4 últimas décadas la carrera de Friedkin ha sido más bien mediocre. Quizás no ha encontrado proyectos adecuados o simplemente se ha tumbado a la bartola viviendo de las rentas. Su talento, que lo tiene, no aparecía en la mayoría de sus film, que parecían dirigidos por un piloto automático. Por suerte para nosotros, Friedkin demuestra en Killer Joe que aún le queda algo de vida en las venas.


Killer Joe adapta la obra de teatro homónima de la ganadora de un Pulitzer Tracy Letts. Podría ser la típica película de cine negro sobre una familia de white trash que intentan cobrar un suculento seguro de vida cometiendo un crimen. Nada nuevo bajo el sol. Pero esta historia huye de los convencionalismos y tiene los suficientes giros como para que en las manos adecuadas sea un film brillante.

 Se puede decir que Killer Joe es buen cine negro, parte de situaciones y propuestas de sobra conocidas pero avanza peligrosamente por el filo de la más absoluta incorrección. La familia protagonista, paletos texanos nada menos, no son unas lumbreras y toman unas decisiones tan inesperadas como peligrosas. La idea de contratar a un policía que se gana un sobresueldo como asesino tendrá más de una consecuencia inesperada, sobretodo si el asesino contratado es mucho más peligroso e inestable de lo que podría parecer.

Pero killer Joe no es sólo cine negro, es un film que refleja las miserias del ser humano de forma brutal. Sus personajes son todo un muestrario de la estupidez y la avaricia humana. Ninguno de ellos se podría calificar como normal (aunque ya sabemos que tal cosa no existe) o moralmente recomendables. El fiero retrato de la miseria humana no estaría completo sin la avaricia, el egoísmo, la locura y la lujuria. Todo un cóctel explosivo que explotará sin remedio ante los ojos del atónito espectador en una escena final simplemente inolvidable por varios motivos que no voy a desvelar. Sólo os diré que prometo no volver a comer pollo en lo que me queda de vida.


 El origen teatral del film no es ningún problema, las escenas tiene vida propia gracias a una interpretaciones impecables. Tanto Emile Hirsch como Thomas Haden Church o Juno Temple están fantásticos en sus personajes. Pero el rey de la función es Mathew McConaghey, quien nos brinda el que es hasta la fecha el mejor papel de su carrera. Nunca me ha gustado este actor, siempre me ha parecido una cara bonita con poco que aportar, pero aquí está soberbio. Su complejo personaje llena la pantalla y acaba comiéndose literalmente a sus compañeros de reparto. McConaughey podría haber caído en el ridículo o la sobreactuación pero consigue hacer creíble un personaje realmente extremo. También hay que destacar a la recuperada Gina Gershon en un papel que le viene como anillo al dedo. Sólo su primera aparición en el film ya nos da una idea de lo bizarra que va a ser la trama.

 William Friedkin dirige con mano maestra, dando una lección de contención y estilo que ya quisieran muchos jóvenes realizadores, esta truculenta historia en otras manos hubiera sido todo un festín de sangre, saltos en el tiempo y voces en off que aportan poco pero quedan cool. Friedkin deja hablar a los personajes y les da espacio para evolucionar. La valentía de Friedkin se materializa en la escena final de film, una escena durísima, casi insoportable, de ésas que no se olvidan fácilmente, que demuestra que su director tiene todavía la maestría y el pulso necesarios como para ponerle los pelos de punta al espectador.

Un film injustamente olvidado que merece convertirse en todo un clásico del cine negro moderno.

7,5

miércoles, 10 de octubre de 2012

Retratos de una obsesión (One hour photo, 2002)



Mark Romanek es uno de los mejores directores de vídeos musicales de las últimas décadas. Sus vídeos para Nine inch nails o Madonna son auténticas obras de arte que deberían exhibirse en un museo. Romanek dio el salto a la gran pantalla con un arriesgado film sobre la soledad: Retratos de una obsesión.

Hubo una época (no hace mucho) en la que las cámaras fotográficas necesitaban un carrete que debía ser revelado en un laboratorio. Antes de la era digital, las familias llevaban sus fotos a revelar a laboratorios de revelado como  en el que trabaja Sey Parrish (Robin Williams).
 Como trabajador de uno de estos laboratorios fotográficos, Sey ve los momentos felices de los demás (los cumpleaños, las vacaciones, las fiestas), nadie se hace fotos en los momentos tristes o cuando está solo. Sey nunca se hace fotos, no tiene nada que celebrar ni compartir con nadie. Sey no tiene recuerdos felices, familia ni amigos. Es un tipo triste y solitario. Su infancia no fue feliz ni su familia fue la familia ideal.  Sey arrastra un trauma desde la infancia que le imposibilita para formar una familia. Su existencia está totalmente vacía.

 Sey decide vivir la vida familiar que nunca tuvo y proyecta su vida soñada espiando a la familia Yorkin, una familia aparentemente feliz: son jóvenes, guapos y tienen un hijo perfecto. Sey duplica secretamente las fotos que la familia Yorkin lleva a su tienda a revelar y las cuelga en las paredes de su casa, son su familia ideal y nada desea más que ser aceptado por ellos como un miembro más de la familia. Pero para los Yorkin Sey sólo es un dependiente de una tienda de revelado de un centro comercial.
 Sey no puede parar su obsesión por los Yorkin, ellos son su única razón para vivir. Empieza a hacer regalos al pequeño de la familia y a forzar encuentros casuales para establecer conversación con la madre del pequeño. Sus frustradas muestras de interés no consiguen que sea aceptado en el seno familiar, más bien todo lo contrario. Pero un hecho fortuito le hará cambiar de estrategia. Will Yorkin tiene todo lo que Sey desea, tiene a la mujer y al hijo ideales, todo lo que cualquiera quisiera para ser feliz, pero no lo valora y lo está poniendo todo en peligro. La vida no es justa, aquello que alguien más desea es despreciado por quien lo posee.
 En un momento casi al final del film, Sey deja de ser el sujeto pasivo (el hijo) de ese trauma que arrastra desde la infancia y que aún no ha podido superar. Sey se convierte en el cruel padre que obliga a sus hijos a hacer cosas horribles. Sey se enfrenta finalmente a su trauma pero las consecuencias serán inesperadas.


 Mark Romanek demostró ser mucho más que un excelente director de clips musicales, dotando a su película de una extraña atmósfera y un ritmo excelente. El film huye de convencionalismos, no es el típico film de acosadores ni de psicópatas. Es un interesante drama sobre la soledad en la sociedad moderna. El mayor acierto de Romanek es mostrar una sociedad actual (o casi actual) totalmente deshumanizada. Las relaciones interpersonales se han tornado frías y superficiales (y eso que aún no existían facebook ni whatsapp). El entorno del centro comercial en el que trabaja Parrish y en el que transcurre buena parte del film no puede ser más desalentador. La fría iluminación del centro comercial nos hace pensar lo vacías que están las vidas de muchos seres humanos, como Sey Parrish. La casa de Parrish es igualmente de apariencia fría, sin recuerdos ni objetos excepto la pared que tiene dedicada a los Yorkin.  El film parece darnos un mensaje poco gratificante del consumismo: nos encerramos en nuestras casas de las que sólo salimos para comprar. 


 La película significó todo un cambio de registro para Robin Williams, sus parlanchines y excesivos personajes cómicos dejaron paso aquí a una actuación comedida llena de matices. Su personaje es parco en  gestos y palabras pero aún así Williams se las arregla para transmitir toda la tormenta que acontece en su interior.


 Por cierto, ¿qué significa el plano final con la foto familiar? ¿Es un sueño o realmente la familia ha aceptado a Sey como uno más? ¿Es Sey Parrish un psicópata o sólo una persona solitaria en busca de afecto?


 Retratos de una obsesión es un film que pasó sin pena ni gloria (costó sólo 12 millones de dólares y recaudó un total de 50) pero que merece la pena un visionado. Romanek tardó bastante en volver a rodar una película, la también recomendable Nunca me abandones.


7,5