El rito (The rite)

Hablemos claro, la mejor película de exorcismos es El exorcista. Una obra maestra del cine de terror que sigue atemorizando a día de hoy como el día de su estreno en 1973. Ocurre lo mismo que con el cine de zombies o el de tiburones asesinos: es casi imposible que nadie supere a los originales de George A. Romero o Spielberg. Todas las demás películas sobre estos temas nacen con el grave problema de ser comparadas con unas obras maestras casi imposibles de superar.


Lo bueno de El exorcista era que el terror iba inundando la pantalla poco a poco, tenía una larga introducción de personajes y la posesión demoníaca es narrada desde sus primeros indicios. También estaban ya en la original el tema de la contraposición entre ciencia y fe. Cuando la ciencia no puede explicar el extraño caso ante el que estamos, es cuando el espectador se queda aterrado ante lo desconocido. El exorcista era un cine de terror puro, miedo a los desconocido y a lo más primitivo. El mal primigenio se hacía real en una sociedad moderna. Los vómitos verdes, el maquillaje y la música de Mike Oldfield sólo engrandecen una obra imperecedera del cine de terror.
Pero El rito es otra cosa, no están los tiempos ni el talento como para dar otra obra maestra sobre posesiones demoníacas. A lo sumo, un pastiche que aspira a hacernos pasar un rato. El rito es una película que no se define entre el cine de terror y el blockbuster revienta taquillas. Su indefinición juega muy en su contra, dejándola en una tierra de nadie muy peligrosa. Los exorcismos y posesiones demoníacas no son nada nuevo para el aficionado al cine de terror, pero no es necesario repetir siempre el esquema del cura joven con problemas de fe que debe aprender de un cura experto, está ya muy visto.

Por su parte, Mikael Håfström (director de otra peli bastante fallida, 1408) se deleita en una cuidada fotografía pero se muestra incapaz de hacer que la trama nos atrape desde el inicio. El film sólo engancha muy hacia el final y gracias al buen hacer de Anthony Hopkins. Tiene un desarrollo demasiado lento, se pega 2 tercios del film hasta que la película adquiere algo de tensión. Durante casi todo el metraje asistimos a una serie de sucesos que ni aterran ni apenas mantienen el interés. No hay ningún susto digno de mención ni los exorcismos son nada que no hayamos visto ya. Tiene a su favor que no abusa de los efectos especiales (incluso se mofa de que no hay vómitos verdes ni cabezas girando). La verosimilitud en las posesiones es algo muy de agradecer así como el enfoque escéptico que domina buena parte del film.

Pero cuando el film se pone interesante (que no aterrador), ya es demasiado tarde y sólo queda tiempo para un final apresurado y chapucero. Me refiero a cuando Anthony Hopkins pone su cara de malo (la de Hannibal Lecter) y él solito consigue remontar un film bastante mediocre. Hopkins logra que el espectador se aterrorice gracias a una interpretación que no nos ofrece nada nuevo pero sigue siendo más que eficiente.
Hopkins está muy bien pero no se puede decir lo mismo de Colin O'Donoghue, un tipo bastante inexpresivo que debería dedicarse a la publicidad de calzoncillos antes de intentar dar vida a un joven cura con problemas de fe. Tampoco Alice Braga puede hacer mucho con su papel, la verdad.

Floja.

4



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Decepcionante, solo Hopkins da algo de calidad a este mal telefilme que venden como blockbuster de calité.

Anónimo dijo...

No me gusto nada, creo que urge renovar el concepto "terror"...

Anónimo dijo...

Dejo mucho que desear la peli!!!, me quedo con la de "los ojos de julia" que me atrapo desde el principio.

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