La chispa de la vida


La chispa de la vida nos narra la historia de un publicista en paro que sufre un accidente que lo convierte en una estrella mediática. Todo un verdadero circo se elevará a su alrededor y pronto aparecerán los buitres en busca de carroña para servir en horario de prime time

Parece que Álex de la Iglesia va aprendiendo de sus errores, ya era hora, y se ha dado cuenta que sus películas son mejores cuando él no firma el guión. El guión de La chispa de la vida es de un tal Randy Feldman, quien cuenta en su haber guiones tan ridículos como los de Tango y Cash o El negociador. Con ese currículum poco podíamos esperar, pero, al menos, esta historia parecía interesante, a priori.

Si los films de este director suelen ser buenas ideas mal desarrolladas, en este caso no iba a ser una excepción, Álex es incapaz de hacerla creíble. La crítica a la televisión y el morbo que impera en nuestra sociedad está hecha de forma bastante torpe y evidente, no hay medias tintas. De la Iglesia parece descargar sus iras furibundas hacia este tipo de tele realidad y, de paso, hacia banqueros y políticos. Lamentablemente, se le va la mano, la sutileza nunca ha sido una de las virtudes de este director. A Álex le falta el pulso y la tensión narrativa que esta historia precisaba. Me pareció bochornoso y casi de principiante cómo están rodados los momentos previos al accidente (no hay quien se lo crea) y el excesivo énfasis que pone el director en la música para que la peli gane algo de emoción. Tampoco los forzados golpes de humor consiguen el efecto deseado, la tragicomedia es un género realmente difícil que se le resiste hace mucho tiempo. Todo lo referente al hijo del protagonista me pareció especialmente patético. El film nada entre el esperpento y el drama pero acaba naufragando en la aguas del ridículo. No es creíble por mucha sátira que pretenda ser. De la Iglesia pretende ser una mezcla de Hitchcock y Berlanga  pero está a años luz de conseguirlo. Aparte de un guión fallido y una mala dirección, el otro problema del film es el reparto.
He de reconocer que no me gusta el humor de José Mota, me aburre soberanamente hace años. Su salto al cine se salda con un irregular resultado. Hay momentos en los que está bien, pero, en líneas generales, José Mota no resulta creíble e incluso está a punto de caer en las muecas y muletillas que le han hecho famoso (la escena del coche con la canción de AC/DC es para olvidar). La única que me gustó del reparto fue Salma Hayek, la vi bastante metida en el personaje. Por su parte, Juan Luis Gallardo sigue en su eterno y sobado personaje de canalla (esta vez es un alcalde, los tiempos mandan) y Blanca Portillo hace lo que puede con un personaje bastante desaprovechado. Tampoco me gustó Fernando Tejero, otro que no puede huir del encasillamiento, sinceramente, no me gustó ni me pareció verosimil en ningún momento. Seguro que hay gente como su personaje en el mundo de la televisión, pero yo no podía evitar ver al portero de Aquí no hay quien viva (o cómo diablos se llame ahora) en todo momento. Incluso salen los inevitables Santiago Segura y Carolina Bang (otro que se cree con la obligación de sacar a su novia en todas sus películas), ninguno de los dos está convincente.

Una astracanada más de Álex de la Iglesia.

4,5





2 comentarios:

Manderly dijo...

Lo cierto es que no me atrae nada y después de leerte, menos.
Este director para mi es muy irregular, no se mantiene.
Saludos.

Anónimo dijo...

tiene buena pinta pero s va desinflando poco a poco. Como bien dices, este director sigue sin saber desarrollar las historias.

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