Diabólica conspiración


 Pensaba haber titulado esta entrada “Me la suda el fútbol, el tenis, las olimpiadas, la liga, la maldita champions, la copa, la recopa, la eurocopa, la supercopa de la hostia, el mundial, el master de nosédonde, el open de quédemoniosmeséyo, la Fórmula 1 y el gran premio GP de Namibia” pero ... me parecía muy largo.

Sintiéndolo mucho y pidiendo disculpas de antemano, tengo que reconocer que no me interesan lo más mínimo las retransmisiones deportivas de ningún tipo. Ni siquiera modifico mis costumbres por nada que retransmitan en la tele. Sí es cierto que me trago muchas conversaciones sobre las retransmisiones el día siguiente, a la fuerza ahorcan, pero desconecto enseguida y paso olímpicamente. Es duro decir esto en un país que se desvive por los deportes y cuyos diarios más vendidos son los diarios deportivos y los programas más vistos son las retransmisiones deportivas. Ya lo siento, el deporte televisado y todo lo que conlleva me la suda. Ni me sé las alineaciones de los equipos ni babeo con los últimos fichajes, ni siquiera siento la más mínima curiosidad por las posiciones de los equipos en la liga. Cero absoluto. ¿Se puede vivir al margen del deporte en este país? Sí, se puede. Claro que sí.


 Poniéndonos en plan paranoico, puede deberse a un fallo neuronal o una mutación altamente peligrosa. No se puede ser nacido dentro de España y no vibrar con los triunfos de nuestra selección o Nadal, pero la verdad es que mi sangre no hierve ante tales hazañas, ni siquiera se me acelera el pulso. Siempre he sospechado que fui abducido de pequeño por una secta de vampiros extraterrestres cuya única misión era acabar con María Escario. No sé qué me hicieron pero cuando en el telediario llega el momento de los deportes…no sé... siento un tremendo aburrimiento acompañado de un irrefrenable impulso de escapar y mi dedo se desplaza por el mando a distania en busca de un cambio de canal. Incluso cuando voy a entrar a un bar, restaurante, garito o simple tugurio de carretea… hay una invisible barrera de fuerza que me impide entrar a tal local si hay un televisor encendido retransmitiendo un evento deportivo.
Algo tuvo que pasarme de niño, algo extraño que no le pasó al resto de niños de mi generación. Igual soy un extraterrestre que desconoce o no acepta su condición alienígena. Ya está, eso es!!. Por eso no me identifico con los colores de los equipos de mi ciudad, o del Madrid, el Barça o la selección ni me alegro de sus gloriosos triunfos por Europa. Es que no son los colores de mi tierra. Yo soy de Raticulín, Ganímedes o la tercera luna de Plutón (suponiendo que exista tal cosa).

Igual por eso conduzco como una viejecita o no bebo alcohol. Claro. Mi hígado y mis riñones no son humanos, no toleran ciertas sustancias. Todo encaja. Soy más raro de lo que yo creía. Por eso no me dejo alienar por la sociedad, soy un alien. Aunque... molaría más ser el puto Anticristo en persona, mi fin es destruir los auténticos valores de la sociedad actual (a saber: deportes, alcohol y velocidad). Soy un enviado del averno para echar abajo todos los campos de fútbol y este blog es la primera piedra de mi diabólica conspiración. Este texto es el equivalente al texto que Lutero clavó en la puerta de la catedral de no sé dónde. Voy a partir a la humanidad en dos, como decía Nietzsche.
Si soy el Anticristo seguro que tengo la marca de los tres seises (666) por algún sitio de mi cuerpo, probablemente en la cabeza. Voy al baño a buscar la marca de Satán y ahora sigo escribiendo...


No he visto nada, sólo que se me cae el pelo de forma preocupante. No soy el Anticristo, soy sólo un friki gilipollas al que se la sudan los deportes.

4 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Marc Ayats dijo...

Yo sostengo que nuestro problema con los deportes no proviene de la competición como tal. Mas bien diria que surge de la gente que utiliza dicho evento para veneficiarse a nivel personal ya sea ganando cantidades irreales de dinero o actuando de manera salvaje por las calles de su ciudad...

marC

Lucifer, Becario del Mal dijo...

Hehe, me gustan estas malvadas opiniones. Pero como en todo, hay gente que sabe de lo que habla y gente que sólo habla ... de lo único que sabe.
Saludos

Alexandre Vaudeville dijo...

No eres el único maldito, o el único alienígena/abducido. A muchas mujeres no les gusta el fútbol o puede que ellas también sean diabólicas, jaja! En mi caso, de pequeño me gustaba jugarlo en las calles, también el baloncesto o el resto de deportes en general, pero se quedó en eso, hoy en día no practico el deporte. Lo que nunca me ha gustado es sentir los colores de un equipo y mucho menos ver a hombrecillos corriendo en la tv dando patadas a un balón.

Será que somos diferentes. Interesante entrada, no me esperaba encontrarla en un blog como este, pero se agradece.

Saludos.

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