El Padrino. Parte II (Mario Puzo's The Godfather: Part II, 1974)


Siempre se ha dicho, no sin razón, que “segundas partes nunca fueron buenas”. Cuando un film tiene éxito, los responsables tienden a explotar la gallina de los huevos de oro hasta límites insospechados (que le pregunten a Stallone). Sin embargo, El Padrino 2 es mejor que la primera parte. Sólo Coppola era capaz de superarse a sí mismo.

Tras el enorme éxito de El Padrino, Coppola fue encumbrado al Olimpo de los directores y no tardaron en ofrecerle continuar con la historia de la familia Corleone. Mario Puzzo escribió una vez más el guión en estrecha colaboración con Coppola y los resultados fueron una vez más excelentes.

 El Padrino 2 es a la vez una secuela y una precuela. La trama sigue dos líneas temporales paralelas: una se sitúa en 1958 y trata las vicisitudes de Michael Corleone (Al Pacino) como nuevo jefe de La familia. La segunda línea argumental nos cuenta (en una sucesión flashbacks) la vida del huérfano Vito Andolini (interpretado por un soberbio Robert De Niro) desde 1901 en su Sicilia natal hasta que consigue hacerse un hueco dentro del crimen organizado como Vito Corleone. Las intrigas y disputas entre clanes mafiosos por conseguir el poder a finales de los años 50 se alternan con las escenas del joven Vito intentando sobrevivir en la América de principios de siglos XX.

 Es esta peculiar estructura narrativa lo que más me gusta de esta sensacional película. Mientras la trama de Michael como jefe mafioso arranca de forma pausada y tranquila, la historia de su padre ya empieza con venganzas y asesinatos. Sólo una generación les separa pero las cosas han cambiado mucho (aparentemente). A pesar de haber tenido orígenes muy distintos, tanto Vito como su hijo Michael deben cometer crímenes para salvar a su familia. Pero el crimen de Michael será peor que todos los cometidos jamás por su padre. El destino que Michael tanto intentó evitar acabará por devorarle. Vito nace en el seno de una familia que es víctima de la violencia de los clanes mafiosos sicilianos, Vito luchará para dejar de ser una víctima y regresará décadas después a su pueblo en busca de venganza, su vida es una historia de superación. Michael, sin embargo, rechaza inicialmente la violencia pero será víctima de ella (su hermano Sonny y su primera mujer fueron asesinados y su padre sufrió un atentado que casi acaba con su vida), siendo la única vía posible. Ahora desde su cargo al mando de la familia debe ordenar actos violentos para mantener su poder. Su historia es mucho más sombría y ambigua.


 En 1958, el control de los casinos en Las vegas (ciudad fundada por un mafioso y controlada directamente por la mafia desde su fundación), sobornos a políticos y la posible apertura de negocios en la Cuba del dictador Fulgencio Batista serán el origen de las hostilidades con otras familias.
 Michael sufre un atentado contra su vida y está seguro de que han tenido colaboración de alguien muy cercano a él, hay un traidor en la familia. Michael deberá mover ficha cuidadosamente para conseguir descubrir al traidor. En una visita Cuba, Michael participa en una reunión en la que varios comensales se reparten una tarta con la forma de la isla caribeña. Una excelente metáfora de cómo la mafia intentaba expandir su negocio a Cuba y repartirse el país. Sin embargo, Michael decide no invertir en la isla tras ver la determinación de un rebelde dispuesto a sacrificar su propia vida por la causa, la revolución de Castro está en marcha. Un pueblo que no tiene nada que perder es un pueblo ingobernable, algo altamente peligroso para los negocios.

 No sólo los negocios atormentarán al nuevo Padrino, la familia Corleone empieza a desintegrarse: Connie (Talia Shire, hermana de Coppola) se ha divorciado y desea casarse nuevamente (cosa que Michael no aprueba). También Fredo (John Cazale) tiene problemas para controlar el alcoholismo de su esposa. Igualmente, la mujer de Michael, Kay (Diane Keaton) se ha cansado de sus silencios y sus oscuros negocios y abandona la casa de la familia. Michael descubrirá posteriormente que un reciente aborto no fue natural y eso desencadenará un rechazo frontal hacia ella. Una vez más asistimos a una escena en la que una puerta se cierra ante Kay, simbolizando su expulsión de la familia. Esta vez es el mismo Michael quien le cierra una puerta cuando descubre a Kay en la cocina visitando a los hijos de ambos.

 Peor se pondrá la cosa cuando Michael descubra que su propio hermano Fredo ha sido quien ha colaborado con el clan rival para atentar contra su vida. Michael parece perdonarle mediante el beso de Judas más famoso de la historia del cine, acto seguido da instrucciones de que nada le pase mientras la madre de ambos viva. Tras el funeral de su madre, en una escena antológica, Fredo será asesinado mientras reza en una barca antes de empezar a pescar. Una vez más, Coppola combina religión y violencia de forma magistral. Las dos facetas del ser humano, lo divino y lo terrenal, puestas en contraste como pocas veces se ha hecho en una pantalla de cine. Nunca la ambigüedad moral del ser humano ha sido expuesta de mejor manera. La tragedia de Michael es ya completa, como si de una obra de Shakespeare se tratara, Michael conserva el poder pero está solo. Al final del film, el aislamiento de Michael Corleone es total.
 Coppola le imprime un ritmo pausado y por momentos parece que no está ocurriendo gran cosa, que asistimos a escenas de transición. Sin embargo, nada sobra en esta historia, Coppola no deja ningún cabo suelto ni hay un solo minuto de los 200 que dura en el que no avance la acción. El montaje del film es simplemente perfecto, alternando las dos tramas de forma admirable.

Técnicamente la película es un prodigio, la fotografía de Gordon Willis es simplemente magistral. Obviamente, la famosa melodía de Nino Rota sigue estando presente aunque esta vez viene acompañada de composiciones de Carmine Coppola, el padre del director (ya se sabe que Coppola suele enchufar a su familia en sus películas como si de un Padrino se tratara). El film costó 13 millones de dólares (nada barato para la época) pero recaudó casi 200, siendo un gran éxito de público y de crítica.

 Como anécdota cabe destacar que Al Pacino y Robert DeNiro no comparten ninguna escena ya que DeNiro interpreta al Padre de Michael antes de que éste naciera o cuando es sólo un niño. Varias décadas separan a ambos personajes. Para que estos dos grandes actores compartieran una escena habría que esperar casi 20 años hasta el film Heat de Michael Mann.

Un film perfecto e imprescindible. Toda una obra maestra a la altura de su predecesora.



4 comentarios:

Éowyn dijo...

Hola!

Una película que me encantó.

Saludos!

soytutioargail dijo...

Yo también digo que esta secuela es mejor que la primera. Aún recuerdo la cara de rabia de De Niro cuando se venga del mafioso de su barrio natal; o cuando Michael se entera de que su hermano le está dando el palo. Es tremenda y eso que yo tiro más de los 80 para arriba. Gracias por ponerme en la lista de blogs interesantes. Yo también te he incrustado en el mío. Un saludo"!

Anónimo dijo...

gran peli, la primera vez que la vi me aburrió un poco, era muy crío, en un segundo visionado, me gustó mucho. Es un film que necesita un reposado.

loquemeahorro dijo...

Una de mis películas favoritas. En lo único que no estoy de acuerdo es en que sea mejor que la primera (por supuesto, tampoco peor).

Quizá porque en su momento las vi seguidas, no encuentro grandes diferencias de calidad entre ambas, es más, las encuentro parte de una unidad.

Todo lo contrario que la tercera, que para mí, ni existe.

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