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martes, 9 de abril de 2013

El Padrino. Parte II (Mario Puzo's The Godfather: Part II, 1974)


Siempre se ha dicho, no sin razón, que “segundas partes nunca fueron buenas”. Cuando un film tiene éxito, los responsables tienden a explotar la gallina de los huevos de oro hasta límites insospechados (que le pregunten a Stallone). Sin embargo, El Padrino 2 es mejor que la primera parte. Sólo Coppola era capaz de superarse a sí mismo.

Tras el enorme éxito de El Padrino, Coppola fue encumbrado al Olimpo de los directores y no tardaron en ofrecerle continuar con la historia de la familia Corleone. Mario Puzzo escribió una vez más el guión en estrecha colaboración con Coppola y los resultados fueron una vez más excelentes.

 El Padrino 2 es a la vez una secuela y una precuela. La trama sigue dos líneas temporales paralelas: una se sitúa en 1958 y trata las vicisitudes de Michael Corleone (Al Pacino) como nuevo jefe de La familia. La segunda línea argumental nos cuenta (en una sucesión flashbacks) la vida del huérfano Vito Andolini (interpretado por un soberbio Robert De Niro) desde 1901 en su Sicilia natal hasta que consigue hacerse un hueco dentro del crimen organizado como Vito Corleone. Las intrigas y disputas entre clanes mafiosos por conseguir el poder a finales de los años 50 se alternan con las escenas del joven Vito intentando sobrevivir en la América de principios de siglos XX.

 Es esta peculiar estructura narrativa lo que más me gusta de esta sensacional película. Mientras la trama de Michael como jefe mafioso arranca de forma pausada y tranquila, la historia de su padre ya empieza con venganzas y asesinatos. Sólo una generación les separa pero las cosas han cambiado mucho (aparentemente). A pesar de haber tenido orígenes muy distintos, tanto Vito como su hijo Michael deben cometer crímenes para salvar a su familia. Pero el crimen de Michael será peor que todos los cometidos jamás por su padre. El destino que Michael tanto intentó evitar acabará por devorarle. Vito nace en el seno de una familia que es víctima de la violencia de los clanes mafiosos sicilianos, Vito luchará para dejar de ser una víctima y regresará décadas después a su pueblo en busca de venganza, su vida es una historia de superación. Michael, sin embargo, rechaza inicialmente la violencia pero será víctima de ella (su hermano Sonny y su primera mujer fueron asesinados y su padre sufrió un atentado que casi acaba con su vida), siendo la única vía posible. Ahora desde su cargo al mando de la familia debe ordenar actos violentos para mantener su poder. Su historia es mucho más sombría y ambigua.


 En 1958, el control de los casinos en Las vegas (ciudad fundada por un mafioso y controlada directamente por la mafia desde su fundación), sobornos a políticos y la posible apertura de negocios en la Cuba del dictador Fulgencio Batista serán el origen de las hostilidades con otras familias.
 Michael sufre un atentado contra su vida y está seguro de que han tenido colaboración de alguien muy cercano a él, hay un traidor en la familia. Michael deberá mover ficha cuidadosamente para conseguir descubrir al traidor. En una visita Cuba, Michael participa en una reunión en la que varios comensales se reparten una tarta con la forma de la isla caribeña. Una excelente metáfora de cómo la mafia intentaba expandir su negocio a Cuba y repartirse el país. Sin embargo, Michael decide no invertir en la isla tras ver la determinación de un rebelde dispuesto a sacrificar su propia vida por la causa, la revolución de Castro está en marcha. Un pueblo que no tiene nada que perder es un pueblo ingobernable, algo altamente peligroso para los negocios.

 No sólo los negocios atormentarán al nuevo Padrino, la familia Corleone empieza a desintegrarse: Connie (Talia Shire, hermana de Coppola) se ha divorciado y desea casarse nuevamente (cosa que Michael no aprueba). También Fredo (John Cazale) tiene problemas para controlar el alcoholismo de su esposa. Igualmente, la mujer de Michael, Kay (Diane Keaton) se ha cansado de sus silencios y sus oscuros negocios y abandona la casa de la familia. Michael descubrirá posteriormente que un reciente aborto no fue natural y eso desencadenará un rechazo frontal hacia ella. Una vez más asistimos a una escena en la que una puerta se cierra ante Kay, simbolizando su expulsión de la familia. Esta vez es el mismo Michael quien le cierra una puerta cuando descubre a Kay en la cocina visitando a los hijos de ambos.

 Peor se pondrá la cosa cuando Michael descubra que su propio hermano Fredo ha sido quien ha colaborado con el clan rival para atentar contra su vida. Michael parece perdonarle mediante el beso de Judas más famoso de la historia del cine, acto seguido da instrucciones de que nada le pase mientras la madre de ambos viva. Tras el funeral de su madre, en una escena antológica, Fredo será asesinado mientras reza en una barca antes de empezar a pescar. Una vez más, Coppola combina religión y violencia de forma magistral. Las dos facetas del ser humano, lo divino y lo terrenal, puestas en contraste como pocas veces se ha hecho en una pantalla de cine. Nunca la ambigüedad moral del ser humano ha sido expuesta de mejor manera. La tragedia de Michael es ya completa, como si de una obra de Shakespeare se tratara, Michael conserva el poder pero está solo. Al final del film, el aislamiento de Michael Corleone es total.
 Coppola le imprime un ritmo pausado y por momentos parece que no está ocurriendo gran cosa, que asistimos a escenas de transición. Sin embargo, nada sobra en esta historia, Coppola no deja ningún cabo suelto ni hay un solo minuto de los 200 que dura en el que no avance la acción. El montaje del film es simplemente perfecto, alternando las dos tramas de forma admirable.

Técnicamente la película es un prodigio, la fotografía de Gordon Willis es simplemente magistral. Obviamente, la famosa melodía de Nino Rota sigue estando presente aunque esta vez viene acompañada de composiciones de Carmine Coppola, el padre del director (ya se sabe que Coppola suele enchufar a su familia en sus películas como si de un Padrino se tratara). El film costó 13 millones de dólares (nada barato para la época) pero recaudó casi 200, siendo un gran éxito de público y de crítica.

 Como anécdota cabe destacar que Al Pacino y Robert DeNiro no comparten ninguna escena ya que DeNiro interpreta al Padre de Michael antes de que éste naciera o cuando es sólo un niño. Varias décadas separan a ambos personajes. Para que estos dos grandes actores compartieran una escena habría que esperar casi 20 años hasta el film Heat de Michael Mann.

Un film perfecto e imprescindible. Toda una obra maestra a la altura de su predecesora.



miércoles, 14 de marzo de 2012

El Padrino (The Godfather, 1972)


Cuando parecía que el cine de gángsters había pasado de moda hacía varias décadas, llegó un joven italo-americano de 31 años llamado Francis Ford Coppola a realizar la obra maestra del género. El Padrino es, así de claro, una de las mejores películas de la historia y hoy se cumplen 40 años de su estreno.

Basada en el genial libro de Mario Puzo, El Padrino fue la película que colocó a Coppola en el Olimpo de los directores y puso en el mapa a ese gran actor que era Al Pacino. También sirvió para que Marlon Brando ganara un Oscar. El Padrino sólo ganó 3 premios de la academia, siendo Cabaret la gran triunfadora de la noche. Pero da igual los premios que ganara o no ganara El Padrino, es un gran film y punto.



La novela de Mario Puzo había vendido 21 millones de ejemplares y los derechos fueron comprados por el mítico productor Robert Evans para los estudios Paramount. Como director se barajaron varios nombres pero el elegido fue el joven Francis Ford Coppola. Coppola había fundado  con su amigo George Lucas la productora American Zoetrope en 1969, siendo THX1138 (dirigida por Lucas) su primera producción. Pero el film de Lucas fue un completo fracaso y casi llevó a la ruina a la pequeña productora de los dos amigos. Coppola necesitaba dinero y aceptó encargos como el de escribir el guión del film Patton (por el que ganaría un Oscar en 1971) y el de dirigir El Padrino. La película iba a ser inicialmente una película pequeña sin demasiada personalidad, una más de gángsers, pero Coppola se fue integrando en el proyecto y acabó dándole un nuevo sentido. El encargo se convirtió en algo personal.

Coppola colaboró con Puzo en la elaboración del guión, otorgando a cada escena un papel de un color determinado, obviamente las escenas violentas eran de color rojo. Con este sencillo sistema Coppola y Puzo lograron un guión con un ritmo sobresaliente, perfectamente estructurado y armonizado. También eliminaron los constantes saltos temporales de la novela, con este cambio se perdió algo del elemento sorpresa pero se ganó en estilo narrativo y coherencia.
Coppola supo trasladar el universo mafioso creado por Puzo a unas imágenes sobresalientes, que sintetizaron lo esencial de la novela e incluso mejoraron algunos pasajes gracias a una fuerza visual apabullante. Todo el apartado técnico es sobresaliente, destacando especialmente la música de Nino Rota, la fotografía de Gordon Willis, el montaje y la dirección artística.

Coppola resultó no ser un director tan fácil de controlar como pensaron los productores (de hecho, estuvo a punto de ser despedido del rodaje varias veces). El presupuesto se disparó, los enfrentamientos con Gordon Willis eran continuos y los productores no estaban dispuestos a consentir las excentricidades del conflictivo Marlon Brando. Pero Coppola se sobrepuso  a todos los contratiempos y entregó esta obra maestra del cine. Coppola demostró que era inmejorable a la hora de dirigir actores, planificar escenas y crear una tensa calma que explota violentamente. El Padrino y Coppola crearon escuela, una clase magistral de estilo y narración cinematográfica.
 Con El Padrino el cine moderno (nacido en los años 60) llegó a su mayoría de edad. Era un cine con un fuerte contenido crítico, un cine formalmente perfecto pero que no gustaba de finales felices ni dejaba un regusto agradable en el paladar del espectador. Los buenos ya no siempre ganaban en el cine. El padrino es una amarga radiografía de los felices y prósperos años de la post guerra. El film refleja un país hecho de inmigrantes en el que muchos creaban sus propias normas al margen de la ley (como bien se encarga de recordar Don Vito Corleone al principio del film). Una sociedad en la que las influencias y los sobornos estaban ya al orden del día.
 Por cierto, siempre se ha especulado mucho si el personaje de Johnny Fontane estaba directamente inspirado en Frank Sinatra. La verdad es que ambos eran cantantes de origen italiano muy bien conectados con la mafia y que lograron un Oscar por su interpretación en un film bélico (Sinatra lo obtuvo en 1953 por De aquí a la eternidad). Tales coincidencias son muy sospechosas. ¿Puede la mafia presionar para que un actor consiga un papel? No me extrañaría lo más mínimo. ¿Puede hacer la mafia que un actor gane un Oscar? Visto lo visto, yo diría que sí.


No podemos dejar de mencionar que escenas como la de el caballo, el asesinato en el restaurante, la paliza o el atentado en el coche se quedan marcadas a fuego en la memoria del espectador. También pasaron a la historia frases como "No es personal, sólo negocios" o "Le haré una oferta que no podrá rechazar" Un film inolvidable.

El padrino tiene también mucho de tragedia griega y de Shakespeare, los grandes temas son universales. Don Vito tiene algo de Rey Lear (un poderoso rey que afronta el final de su vida mientras sus tres hijos se pelean por el trono). El personaje de Michael (hijo de Don Vito) no quiere participar en los turbios negocios de su familia ni mancharse las manos de sangre. Michael ha vuelto a casa convertido en un héroe de la Segunda Guerra Mundial y desea alejarse de su familia. Los negocios familiares no van con él. Sin embargo, una guerra entre familias le obligará a tomar partido. Michael conocerá el amor escondido en Italia y lo perderá de forma violenta a manos de sus enemigos, no se puede confiar en nadie. Michael sufre una transformación y dejará de ser el joven idealista, dándose de bruces con la sangrienta realidad. Por motivos estratégicos, Michael será el más indicado para asestar el golpe de gracia a la familia rival, convirtiéndose en todo aquello que repudiaba y odiándose a sí mismo para siempre. Michael será el heredero que nunca quiso ser. Conocerá el poder y la soledad del hombre en la cima.

De ejemplo de la grandeza de esta película podríamos poner muchos momentos pero me quedo con la escena final. Michael está en su despacho (su salón del trono) con varios colaboradores tratando unos asuntos. Tras mentir a su esposa sobre la naturaleza de sus negocios, ésta sale a prepararle una copa esperando que él le devuelva una mirada o un gesto de complicidad. Por respuesta sólo recibe una puerta que se cierra. En un único gesto, Coppola expresa la tremenda distancia que separa a ambos esposos. No hace falta nada más. Michael ha sido absorvido por los negocios de la familia sacrificando así su matrimonio y su vida. La historia se repite una vez más. Pero la familia es lo primero.


miércoles, 29 de junio de 2011

Drácula de Bram Stoker


Drácula es un clásico de la literatura de terror que el cine ha convertido en mito. El personaje ideado por el irlandés Bram Stoker ya había inspirado obras maestras como Nosferatu (Murnau, 1922) o Drácula (1931, de Tod Brownning con Bela Lugosi). Incluso considero muy interesante el Drácula (1958) de la productora británica Hammer, dirigida por Terence Fisher con Christopher Lee como Drácula y Peter Cushing como Van Helsing. Cualquiera de ellas es totalmente recomendable, aunque por motivos muy distintos. Pero aún faltaba una última adaptación, quien sabe si la definitiva, sobre el inmortal conde vampiro. La peculiar visión del mito vampírico de un genio del séptimo arte como Francis Ford Coppola.


La novela de Bram Stoker se publicó en 1897 y tiene una curiosa estructura epistolar, es decir, está formada por las cartas que van escribiendo en distintos momentos los protagonistas de la novela. No hay un narrador único, son los distintos personajes los que van narrando cada parte de la historia desde su punto de vista. Stoker no narra el origen del conde ni lo liga al personaje real de Vlad Tepes. Aunque la película se llamó Drácula de Bram Stoker, como si fuera la más fiel adaptación del original, es la película más fiel al libro pero no está exenta de modificaciones.
Primeramente, en el guión de James V. Hart se identifica al personaje histórico de Vlad Tepes, conocido como El empalador, con el conde vampiro. Tal identificación no aparece en la novela de Stoker. Es más, el guión hace que Vlad se transforme en vampiro por amor. Mientras Vlad pelea por la cristiandad (con métodos bastante crueles) para frenar el avance del imperio otomano, llega a su castillo la falsa noticia de su muerte en batalla. Su prometida no puede soportarlo y decide suicidarse para reunirse con él. Tras años luchando por la cristiandad, recibe como recompensa la muerte de su amada. Vlad pierde la fe en Dios y reniega de Él convirtiéndose para siempre en un vampiro.
En el libro las intenciones iniciales del conde son las de trasladarse a Londres en busca de un nuevo territorio de caza. Es un vampiro implacable, un verdadero hijo del demonio. Con motivo de realizar los trámites para la compra de propiedades han ido hasta su castillo en Transilvania Renfield (que ha acabado trastornado) y su sustituto, Jonathan Harker. Pero en la película se introduce alguna variante: el conde tiene aspecto de un anciano de 400 años y descubre por casualidad el retrato de la prometida de Jonathan Harker: Mina. En dicho retrato el conde cree reconocer al amor perdido trágicamente hace siglos. Puede que aún quede esperanza para un viejo vampiro condenado a vivir eternamente en soledad. El amor puede aliviar su eterno dolor. Así pues, lo primero es retener en el castillo al prometido de Mina, Harker quedará en el castillo no sólo para que no desvele los planes del conde de trasladarse a Inglaterra sino también para allanar el camino al vampiro. Después, Drácula decide cambiar su aspecto para la conquista, en el largo viaje en barco hacia Inglaterra irá alimentándose de los marineros e irá rejuveneciendo.
 Este toque de vanidad le hace más humano, no es sólo un monstruo sediento de sangre, tiene sentimientos. A pesar de ver al conde convertido en lobo, murciélago, ratas o niebla verde, se nos presenta más humano y vulnerable que nunca. Cosas del amor. La interpretación Gary Oldman es muy distinta al Drácula que habíamos visto en películas anteriores. La apariencia física del personaje (un viejo con larga túnica o un joven con largas melenas y patillas) es todo un contraste con las versiones de los míticos Bela Lugosi o Christopher Lee. Por cierto, es la única adaptación en la que se ha respetado el hecho citado en la novela de que el conde tiene pelo en las palmas de sus manos (al menos cuando tiene apariencia de anciano). En la parte final del film, más que un terrible monstruo Oldman interpreta a un Drácula enamorado y acorralado que intenta escapar de sus captores. Oldman necesitó hasta 5 horas de maquillaje diarias lo que es un handicap para un actor a la hora de expresarse. A pesar de ello se las arregla para exhibir toda esa gama de gestos que forman parte de su estilo interpretativo cercano al histrionismo. Oldman estudió el acento del personaje y pone una voz mucho más grave cuando interpreta al conde envejecido, en el doblaje al castellano se usaron las voces de dos actores de doblaje.

También el personaje de Mina sufrió alguna transformación. En el guión, Mina cae perdidamente enamorada del conde Drácula y su nuevo aspecto de joven caballero centroeuropeo. En el libro, Mina cae bajo el poder hipnótico de Drácula pero nunca se declara perdidamente enamorada del mismo ni es infiel a su prometido con el conde. Mina es usada por el vampiro para adivinar los planes de quienes quieren darle caza, pero no existe una apasionada relación sentimental entre ellos. El guión del film transforma una historia de terror gótico en una bizarra película romántica. Sin embargo, esta relación queda forzada y poco creíble. Los hechos ocurren muy deprisa, con un ritmo que se acelera cada vez más, sin dar tiempo a justificar los cambios ocurridos en los personajes ni a profundizar en ellos.
Un enamoramiento tan fugaz y apasionado por parte de Mina no resulta veraz, sobre todo si tenemos en cuenta la capacidad de Drácula para hipnotizar y controlar la voluntad. Posteriormente veremos escenas en las que Drácula no quiere convertir en vampiro a su amada y condenarla así a la vida eterna. Lo que parece indicar que el amor de Drácula es verdadero, pero ella sí desea acompañarle eternamente ¿Hemos de suponer que ella lo decide libremente? Winona Ryder (musa de la generación X de los 90) fue la elegida para encarnar a Mina, no lo hace nada mal. Las escenas entre ella y Oldman desprenden bastante química y pasión. Pero el erotismo desaforado del film no está presente en la novela de Stoker, es una aportación del guión.

También el personaje de Jonathan Harker sufre alguna variación, queda en segundo plano tras escapar del castillo del conde, casi no aparece en pantalla, cuando lo hace su pelo se ha vuelto blanco pero no se dice nada al respecto. Tampoco la plana interpretación de de Keanu Reeves ayuda al personaje.

Anthony Hopkins había atemorizado a medio mundo con su Hannibal Lecter de El silencio de los corderos en 1991 y fue un Van Helsing más que digno. Aquí se le dio un cierto toque excéntrico (se pone a bailar con Mina sin venir a cuento) pero es tan efectivo como el interpretado por el legendario Peter Cushing. Hopkins también presta su voz como narrador e interpreta al sacerdote del prólogo. Curioso matiz, el mismo actor interpreta a un religioso y a un científico separados por 400 años, las dos caras del progreso.
Supongo que Coppola aceptó el encargo de rodar Drácula apremiado por los escasos beneficios de películas tan costosas y complicadas como El Padrino 3 o Apocalypse now. Por una vez, Coppola estaba dispuesto a ajustarse al presupuesto inicial y cumplir con los plazos de rodaje marcados. Reunió a todos los actores meses antes para leer el libro original y que fueran aportando ideas para sus personajes. El rodaje se hizo todo en el interior de un estudio, lo que facilita las cosas. Incluso les sobró un día de los 42 que estaba previsto que durara el rodaje. Coppola no modificó el guión y se limitó a plasmarlo en unas sugerentes imágenes, si los personajes no quedan bien definidos creo que se debe al guión más que al propio director.

Aunque fuera un encargo, Coppola quería dar un gran espectáculo a la altura del mito. Toda la puesta en escena del film es propia de una ópera. Uno de los muchos elementos que me fascina del film son los efectos de sonido, en el film hay cientos de voces susurrantes, viento y aullidos de lobo que contribuyen a crear una atmósfera de pesadilla. También creo que hay que destacar el uso de las sombras, las sombras parecen expresar las verdaderas intenciones del conde. Mientras él parece estar tranquilo, su sombra intenta estrangular a Harker al descubrir quien es su prometida. Igualmente la mancha de tinta negra se cierne sobre el cuello de Mina como si de una amenaza se tratara. Coppola reconoció que copió el uso expresionista de las sombras del film Vampyr, La bruja vampiro (1932) de Carl Theodor Dreyer. Igualmente la forma de levantarse del ataúd del vampiro ya estaba presente en el Nosferatu (1922) de Murnau. También las escenas de batallas del inicio están hechas a base sombras chinescas como las de Kagemusha de Akira Kurosawa. Coppola se permite el lujo de copiar/homenajear a los grandes maestros del cine. Ya se sabe que los malos artistas copian y los buenos roban descaradamente.
 Todos los excesos visuales (casi manieristas) son toda una delicia para el espectador. Francis Ford Coppola encargó la fotografía al prestigioso Michael Ballhaus y los simples pero efectivos efectos visuales corren a cargo de su hijo Roman Coppola. Dichos efectos visuales fueron casi artesanales, usando técnicas casi tan antiguas como el mismo cine tales como el uso de espejos, acelerar o ralentizar la imagen o pasar los movimientos a la inversa. Incluso Coppola incluyó unos planos rodados con una cámara antigua como homenaje al centenario del nacimiento del cine.

 La diseñadora japonesa Eiko Ishioka es la responsable de los imaginativos diseños de vestuario, siendo sus trajes una parte importante del decorado y un elemento primordial para entender la psique de los personajes. Los colores y las texturas de los trajes no están elegidos nunca al azar, todo tiene un significado. Algunos vestidos y peinados como el del Drácula anciano se basaban en trajes tradicionales japoneses o cuadros de Gustav Klimt.

También la partitura del compositor polaco Wojciech Kilar confiere al film una peculiar atmósfera entre romántica y fúnebre. El manierismo audiovisual del film obtuvo 3 merecidos Oscars: vestuario, efectos de sonido y maquillaje.

Se dijo que el montaje original duraba 145 minutos y que contenía escenas de alto contenido violento y sexual que fueron retiradas por los productores pensando en la taquilla. Una pena, Coppola tuvo que plegarse a las exigencias de los productores. Al menos, algunas escenas se incluyeron en posteriores ediciones en DVD, tampoco era para tanto.

El Drácula de Coppola es una experiencia audiovisual totalmente recomendable, aunque no es totalmente fiel a la novela. Quizás no sea necesario.

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viernes, 8 de octubre de 2010

La conversación (The conversation, 1974)



Uno de los recuerdos más terribles que tengo de niño es el visionado un Sábado por la noche de el film de Francis Ford Coppola La conversación (1974).


Cuando vi La conversación no entendí casi nada. Para mi mente infantil la peli fue un tormento con momentos de verdadero agobio. Recuerdo vívidamente las escenas de un solitario Gene Hackman destrozando literalmente su apartamento en busca de algo que nunca llegará a encontrar (luego supe que buscaba un micrófono). Su obsesión por encontrar ese objeto me impactó mucho. Aún hoy me viene a la mente el film cuando estoy buscando esa cosa que hace unos segundos tenía en la mano y que misteriosamente ha desaparecido y no hay manera de encontrarla. Igualmente su creciente frustración por no encontrar lo que busca me produjo un terrible desasosiego cercano a la claustrofobia.

Es curioso cómo podemos llegar a interiorizar cosas que no acabamos de comprender. Yo no entendía el motivo por el que era tan importante encontrar ese objeto pero la contagiosa frustración del film me sobrepasaba. La enfermiza obsesión del protagonista acaba por traspasar la pantalla y se contagia al espectador (aunque éste no entienda nada del film).

Ya sé que esa peli no era apta para niños y quizás yo no debía haberla visto, pero así es la vida y así aprendí a ver cine. Viendo pelis para mayores en Sábado Cine. (Joder, hubo un tiempo en el que se emitía buen cine en televisión. Hubo un tiempo en el que Coppola hacía buen cine.)
Por eso creo que me gusta el cine que me obliga a pensar, que me sobrepasa y me hace esforzarme para comprender lo que ocurre en la pantalla. Aunque a veces sea casi imposible, como con el último David Lynch.

No he vuelto a ver La conversación, he leído bastante sobre ella pero prefiero no volver a verla para que no pierda esa aura de extraña fascinación que aún tiene en mi mente.

Años después leí sobre el terror psicológico. Yo ya lo conocía, lo había sentido con esta película.

sábado, 21 de marzo de 2009

CREPÚSCULO (Twilight)


La joven Bella debe iniciar una nueva vida en el condado de Forks al que se traslada desde Arizona. Allí conocerá al misterioso Edward Cullen.

Basada en la saga de libros de Stephenie Meyer, Crepúsculo ha sido todo un éxitazo en la taquilla de todo el mundo. Como ya he apuntado alguna vez, parece que actualmente sólo van adolescentes al cine. Digo esto por que esta película está enfocada directamente hacia ellos, si tienes más de 15 años supongo que esta película no te molará nada. Es que no hay sangre, ni colmillos, ni ajo, ni estacas; es todo tan light, tan diseñado para adolescentes que da grima.

No es sólo que la historia sea la manida y sobada historia de vampiros (mil veces antes tratada en el cine y de forma mucho más inteligente) sino que no aporta nada nuevo. Los vampiros han dado auténticas obras maestras del séptimo arte: Nosferatu de Murnau en 1922, el Drácula de Tod Browning en 1931, el Drácula de Terence Fisher (1958), El baile de los vampiros de Polanski, el Drácula de Coppola en 1992, etc Vamos, que los vampiros nos han divertido (y aterrado) de lo lindo desde hace casi 100 años.

El problema es que en este film no he encontrado nada que me divirtiera ni aterrara lo más mínimo. Igual es que un film de vampiros sin sangre ni sexo queda demasiado edulcorado para mi gusto o que mis hormonas no hacen piruetas cuando veo a un chico guapo en pantalla.El vampiro con remordimientos o el rollo te amo y no quiero morderte para no convertirte en un monstruo como yo está más visto que el hilo negro y lo hemos visto mucho mejor llevado en el Drácula de Coppola o Entrevista con el Vampiro, hasta en Blade la cosa funciona mejor.El guión es de lo más obvio y estúpido que te puedas echar a la cara. Topicazo tras topicazo cruzan la pantalla durante todo el metraje. Todo muy edulcorado para agradar a los adolescentes.

Desconozco las novelas en las que se basa y no puedo opinar sobre si es una buena adaptación o no. Pero sí os puedo decir que es un horror de película. Horror en el mal sentido.Todo es tan ridículo y tan evidente que no te la puedes tomar en serio. Los personajes son totalmente anodinos, faltos de matices y sosos que aburren desde el principio. Amén de unas situaciones de lo más tópico americano (instituto, partido de béisbol, baile, etc) narradas de una forma muy torpe.

La dirección es realmente inexistente, sin personalidad ni estilo alguno. La directora es Catherine Hardwicke, quien me sorprendió gratamente con otro film sobre adolescentes Thirteen. Pero aquí sólo se ha preocupado de que los actores salgan todos muy guapos y les queden muy bien las ropas y peinados olvidándose de la interpretación. La pareja de actores protagonistas son realmente inexpresivos y lastran una trama ya de por sí patética.

El joven Robert Pattinson debe ser muy guapo pero transmite menos que un clavo oxidado olvidado en el suelo. La chica Kristen Stewart se pega todo el film con la boca abierta enseñando unos dientes de ratón bastante simpáticos pero que combinan más bien poco con su cara de alelada. Amén de que la química entre la pareja es más bien nula. El personaje mejor resuelto creo que es el padre de la chica interpretado por Billy Burke, al menos aporta algo de humor y es creíble, del resto del reparto paso de hablar.

Los personajes de los malvados (fundamental en toda peli de aventuras o terror) están metidos con calzador en el último momento para darle algo de emoción al asunto (intento fallido, por cierto) y asegurarse más entregas de la saga (las irá a ver Rita The Singer).
En definitiva y por si no os ha quedado claro: un bodrio sólo apto para menores de 15 años.
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Si quieres ver buen cine de vampiros te recomiendo cualquera de las pelis citadas en el artículo, menos Blade.

sábado, 3 de enero de 2009

Asesinato justo (Righteous kill)




Dos veteranos policías de Nueva York deben de enfrentarse a un caso especialmente peliagudo, un asesino poeta va eliminando a lo peor de la sociedad.



Vayamos por partes, hace muchos años que Robert DeNiro y Al Pacino se ganaron merecidamente su fama de grandes actores:



Al Pacino tiene en su haber soberbias interpretaciones en obras maestras como: El Padrino (1972), Serpico (1973), El Padrino 2 (1974), A la caza (1980), El precio del poder (Scarface, 1983) etc hasta llegar a Atrapado por su pasado (Carlito’s way) en 1993. A partir de ese punto su carrera ha ido cayendo en picado. Los guiones que elige no están a la altura y sus papeles son una mera repetición de clichés.



Robert DeNiro ha trabajado con los mejores directores en auténticos clásicos que nadie debe perderse: El Padrino 2, Taxi Driver (1976), El cazador (1978), Toro salvaje (1980), Érase una vez en América (1984), La misión (1986), El corazón del Ángel (1987), Uno de los nuestros (1990), Casino (1995), etc pero también su carrera hace aguas desde entonces.




Ambos actores son fiel reflejo de la crisis creativa que impera en el cine norteamericano en los últimos 15 años (alguno diría 30 años). Son dos grandes actores que no tienen buenos personajes debido a que ya no hay buenas historias. Han acabado repitiendo papeles y autoparodiándose a sí mismos. La peor parte creo que se la lleva DeNiro, demasiado tiempo con ese extraño rictus de tipo duro en la cara. Por momentos parece un mal imitador suyo.

Ahora parece que su tercera reunión en pantalla podría prometernos un guión sólido que nos hiciera vibrar como antaño. Pero… El guión no es malo aunque usa y abusa de situaciones y personajes más vistos que el tebeo (el poli estresado, las broncas con el jefe, el partido de baseball, el traficante rapero, problemas con la pareja, asesino en serie) y juega torpemente con la identidad del asesino desde el primer momento. Aunque la peli no está mal, yo pase un rato entretenido, no está ni de lejos a la altura de las películas que estos monstruos interpretaban en décadas pasadas.




No hay dirigiendo una mano maestra para darle a la historia la tensión necesaria. No hay detrás ningún Coppola, Scorsese o DePalma. La cosa la dirige John Avnet, de quien me gustó mucho su Tomates verdes fritos pero el resto de su filmografía no me convence. No entiendo su manía por los planos cortos y el plano y contraplano. Creo que es un director totalmente inadecuado para esta historia de asesinatos y policías veteranos. Ya en los cutres títulos de crédito te das cuenta que la cosa puede hacer aguas. Por suerte, luego mejora aunque vuelve a caer estrepitosamente al final.




En cuanto a las interpretaciones, DeNiro usa sus tics de siempre y aprieta los labios constantemente mientras que Pacino salva los muebles honrosamente. A pesar de todo, el que tuvo retuvo y el film se beneficia mucho de la presencia de sus estrellas. El resto del elenco está, sin más.
Supongo que si en el reparto no hubiera dos leyendas vivas del cine americano hubiera sido más benevolente, pero desaprovecharlas así es un pequeño crimen.
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