Crítica concierto de Pink Tones en Zaragoza el 24/04/2015


 Nunca he sido partidario de los grupos tributo. La mayoría de ellos me dan bastante grima, no me convencen las imitaciones ni las recreaciones en directo de los grandes grupos de la historia del rock. Sin embargo, he de reconocer que lo que hacen Pink tones no es una imitación sino más bien una celebración ejecutada con absoluto respeto y total maestría.

 Pink Tones no se andan por las ramas, nada de imitaciones físicas ni un repertorio asequible para el gran público que sólo conoce Money o Another brick in the Wall. Pink tones es un grupo de y para fans acérrimos de Pink Floyd. Esos fans que quieren oír en directo temas como Echoes. Pink tones se recrean en la época más progresiva de Pink Floyd. No hay temas de la época de Syd Barrett y sólo sonó un tema de la era post Roger Waters (la excelente High Hopes). Obviamente el último disco (el olvidable The endless river) fue totalmente ignorado. Pink Tones se centran en la época dorada de uno de los mejores (sino el mejor) grupo de la historia del rock. Lo cual obliga a tener una perfección técnica envidiable a la hora de afrontar el casi inimitable sonido de Pink Floyd. Por  imposible que parezca, Pink tones lo logran. Su calidad musical es indiscutible, casi tanto como su respeto por los originales que interpretan.

  Lo de Pink tones es interpretar fielmente y de manera asombrosa algunas de las mejores y más complejas composiciones de la música popular de los últimos 50 años. Hay que estar muy seguro antes de atreverse a interpretar en directo un disco entero como Wish you were here (1975) o temas de Animals (1977) amén de tener los bemoles de interpretar temas como The great gig in the sky y salir más que airosos. El nivel musical de todos los miembros del grupo es sobresaliente y muy superior al de cualquier grupo que triunfa actualmente en las radioformulas. El grupo funciona como una máquina perfectamente sincronizada que ejecuta impecablemente un repertorio de lo más complejo y variado. Todo ello acompañado de proyecciones, rayos láser e incluso un muñeco hinchable (que esta vez se lució bastante menos ue en su anterior visita al mismo teatro). Pink tones entienden perfectamente la fusión entre música e imagen que siempre ha sido una de las constantes en la carrera de Pink Floyd y así plantean sus shows de 3 horas.
Pink tones dejaron para el final los temas más célebres de The Wall, el disco que significó el final de Pink Floyd como grupo, lo que vino después no puede compararse a los logros anteriores del grupo. En un final apoteósico sonaron como Another brick in the Wall, Run like hell y Confortably numb. 

 Lo único negativo que puedo decir de la noche mágica del pasado viernes fue el agobiante calor que por momentos se hizo casi insoportable en el teatro de las esquinas. Parece ser que el aire acondicionado no funcionaba o no había presupuesto. Por suerte, el calor no nos aguó la fiesta, pero a punto estuvo. A ver si los responsables de El teatro de las esquinas toman nota. Una sala de conciertos no es una sauna.

 Vale que Pink tones no son Pink Floyd y no son los compositores originales. Pero, sinceramente, no creo que hoy por hoy nadie (ni siquiera Waters y Gilmour por separado) interprete el repertorio de Pink Floyd con mayor pasión y perfección técnica. Como bien dijo un extasiado colega al salir del concierto y salvando las distancias: “Ha sido como ver a la Filarmónica de Viena interpretar a Mozart”. Pues eso.

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