Nebraska


 Alexander Payne sigue empeñado en mostrar en su cine las anodinas vidas de la gente normal. No hay en su cine grandes aventuras ni efectos especiales que te dejen con la boca abierta. Por suerte, Payne forma parte de ese grupo de directores, cada vez más  reducido, decididos a tocar el alma del espectador a base de historias pequeñas con las que es fácil identificarse.

 Una vez más Payne (Los descendientes, Entre copas) oscila entre el drama y la comedia a base de momentos que bordean lo patético. Quizás la vida de la mayoría de nosotros no sea exactamente una comedia ni un drama, es una patética combinación de ambas. Payne consigue retratar esos momentos cotidianos de forma admirable, momentos en los que todos podemos reconocernos aunque preferiríamos que no fuera así.

Bruce Dern es uno de mis actores favoritos desde que lo vi de niño en Naves misteriosas y La trama. Aquí está magistral en su encarnación de este moderno Don Quijote que decide emprender su particular viaje en busca de un sueño. Si Don Quijote había perdido la cordura por los libros de caballerías, Woody ha perdido ya toda esperanza en su vida y se aferra a un sueño del todo imposible. Una estafa que, al menos, le dará algo por lo que vivir. En su obstinación arrastrará a buena parte de su familia y se reencontrará con su pasado. El cruel paso del tiempo y la sensación de haber desperdiciado su vida no serán exclusivos de nuestro protagonista, también el espectador se contagiará de la melancolía y la pesadumbre de un personaje que ya no tiene nada que perder ni ganar.
 Como en toda road movie que se precie, el viaje interior es mucho más profundo que el físico. Woody descubrirá la mezquindad de sus familiares y amigos, nadie quiere creer en él hasta que ven que pueden sacar partido. Sancho Panza no creía en las locuras de Don Quijote hasta que ve la posibilidad de gobernar una ínsula.

 Payne sigue siendo un gran director de actores y un escritor más que sólido. Nebraska es su historia más triste y pesimista, lo que supongo que influiría en la elección de rodar en blanco y negro. Los gélidos y bellos paisajes sirven de perfecto acompañamiento para este film que da un nuevo sentido a la palabra crepuscular.

 Nebraska parte de una premisa similar a Una historia verdadera de David Lych. Creo que ambas son buenas películas con planteamientos distintos pero me gustó bastante más la de Lynch. Una historia verdadera no se me hizo pesada en ningún momento, mientras que Nebraska sí se me atragantó un poco.  El film se me hizo lento y pesado en algunos momentos. Quizás un poquito más de ritmo le hubiera hecho mucho bien.

 El cine de Payne tiene mucho mérito pero su delicado equilibrio entre drama y comedia suele acabar aburriéndome por momentos.


6


2 comentarios:

icaro dijo...

La diferencia de ritmo con Una historia verdadera creo que se debe en parte a la diferente lucidez de sus personajes protagonistas.

Y aunque yo siento debilidad por Richard Fansworth y además me encantó la película de Lynch Nebraska no se me ha atragantado en ningún momento.

Anónimo dijo...

a mí también me aburrió bastante, le falta ritmo

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