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domingo, 23 de febrero de 2014

Nebraska


 Alexander Payne sigue empeñado en mostrar en su cine las anodinas vidas de la gente normal. No hay en su cine grandes aventuras ni efectos especiales que te dejen con la boca abierta. Por suerte, Payne forma parte de ese grupo de directores, cada vez más  reducido, decididos a tocar el alma del espectador a base de historias pequeñas con las que es fácil identificarse.

 Una vez más Payne (Los descendientes, Entre copas) oscila entre el drama y la comedia a base de momentos que bordean lo patético. Quizás la vida de la mayoría de nosotros no sea exactamente una comedia ni un drama, es una patética combinación de ambas. Payne consigue retratar esos momentos cotidianos de forma admirable, momentos en los que todos podemos reconocernos aunque preferiríamos que no fuera así.

Bruce Dern es uno de mis actores favoritos desde que lo vi de niño en Naves misteriosas y La trama. Aquí está magistral en su encarnación de este moderno Don Quijote que decide emprender su particular viaje en busca de un sueño. Si Don Quijote había perdido la cordura por los libros de caballerías, Woody ha perdido ya toda esperanza en su vida y se aferra a un sueño del todo imposible. Una estafa que, al menos, le dará algo por lo que vivir. En su obstinación arrastrará a buena parte de su familia y se reencontrará con su pasado. El cruel paso del tiempo y la sensación de haber desperdiciado su vida no serán exclusivos de nuestro protagonista, también el espectador se contagiará de la melancolía y la pesadumbre de un personaje que ya no tiene nada que perder ni ganar.
 Como en toda road movie que se precie, el viaje interior es mucho más profundo que el físico. Woody descubrirá la mezquindad de sus familiares y amigos, nadie quiere creer en él hasta que ven que pueden sacar partido. Sancho Panza no creía en las locuras de Don Quijote hasta que ve la posibilidad de gobernar una ínsula.

 Payne sigue siendo un gran director de actores y un escritor más que sólido. Nebraska es su historia más triste y pesimista, lo que supongo que influiría en la elección de rodar en blanco y negro. Los gélidos y bellos paisajes sirven de perfecto acompañamiento para este film que da un nuevo sentido a la palabra crepuscular.

 Nebraska parte de una premisa similar a Una historia verdadera de David Lych. Creo que ambas son buenas películas con planteamientos distintos pero me gustó bastante más la de Lynch. Una historia verdadera no se me hizo pesada en ningún momento, mientras que Nebraska sí se me atragantó un poco.  El film se me hizo lento y pesado en algunos momentos. Quizás un poquito más de ritmo le hubiera hecho mucho bien.

 El cine de Payne tiene mucho mérito pero su delicado equilibrio entre drama y comedia suele acabar aburriéndome por momentos.


6


martes, 24 de enero de 2012

Los descendientes (The Descendants)


Como bien se dice al inicio de esta película, vivir en el paraíso no significa que nunca te pasen cosas malas o siempre seas feliz.

Los descendientes es una película atrevida que camina por el resbaladizo filo del drama con toques de comedia. Es una apuesta muy arriesgada en la que hay que ser muy hábil para lograr que la cosa salga bien. Puedes caer en el ridículo más absoluto o en aburrimiento más soporífero. Por suerte para nosotros, Alexander Payne ha sabido encontrar el equilibrio justo. Su película es un dramón de cuidado, no nos engañemos, pero contiene los elementos justos de comedia como para que pasemos un muy buen rato. Desde luego, hay enfermedad, hospitales y llantos pero también tenemos a unos personajes que deben salir hacia delante aunque no vean la luz al final del túnel.

Payne depura aquí su estilo y se demuestra un director muy solvente para este tipo de historias agridulces. Su cine nunca defrauda, a menos que te lo tomes como una comedia. Ni Entre copas, ni A propósito de Schmidt son comedias al uso (Election sí era una ácida comedia). El cine de Payne nos ofrece visiones bastante amargas de unas realidades que no por no deseadas son evitables (la vejez y la muerte). Además Payne huye de los lugares comunes de los cuales suele abusar el cine comercial: ambienta el film en Hawaii, sitúa algunos de los momentos más duros en sitios de diversión como piscinas o terrazas y hace vestir a los personajes en pantalones cortos y camisas de colores a pesar de los duros momentos que están pasando. Aparentes paradojas del guión que nos hacen pensar que realmente la tragedia puede venirnos en cualquier momento y lugar. No siempre llueve en los entierros. También la película juega hábilmente con la contraposición de personajes, generando un divertido choque generacional.


Pero Los descendientes no habla sólo de enfermedades, habla de la paternidad, de la diferencia generacional, de la incomunicación dentro de la familia, de la mentira y sus consecuencias, de la evasión de la realidad, de la inmadurez, de las raíces de uno mismo, de que la vida no es justa, de la imposibilidad de cambiar el pasado y de otras muchas cosas para las cuales no tengo espacio. Encima lo hace sin que te des cuenta. Parece que no pasa nada, que es sólo una peli de una familia de vacaciones en la playa, pero Payne se las arregla para asestar al espectador unos cuantos mensajes realmente trascendentales. Tal es la sutileza y la complejidad del guión.

Quizás lo único malo que se puede decir del film es que el final es quizás demasiado obvio (se veía venir desde lejos). Todo el tema de la venta del terreno me pareció lo menos logrado del film, otros temas están mucho mejor desarrollados, no sé, me chirrió un poquito todo lo de los primos.

 En cuanto a los actores, todos están muy bien. A destacar las hijas del personaje de Clooney, interpretadas por Shailene Woodley (la hija mayor) y Amara Miller (la divertida hija menor). Pero el peso del film recae en George Clooney, el tipo aguanta el tirón y está francamente bien en su mejor papel hasta la fecha. Su actuación es capaz de emocionarnos y hacernos reír. Aquí realiza un trabajo muy arriesgado para un galán de Hollywood. Un ejemplo: la escena en la que sale corriendo por la carretera hasta casa de unos amigos es impagable, verle correr de esa manera tan peculiar es muy arriesgado, puedes caer en el absurdo y dejar de ser creíble, pero Clooney realmente lo borda. También Robert Foster (en el papel de abuelo) y Nick Krause (el novio) aportan su granito de arena a que la peli funcione perfectamente engrasada.

 Yo pasé un buen rato, aunque he de confesar que en algún momento las lágrimas se me asomaron a los ojos y en otros me reí bastante. Un difícil equilibrio.