jueves, 29 de noviembre de 2018

Un lugar tranquilo (A quiet place)



Una premisa atractiva siempre es un buen punto de partida, sobre todo si estamos hablando de un género tan trillado y maltrecho como el terror. He de admitir que me dispuse a visionar Un lugar tranquilo sin saber de qué trataba. Sé que suena imposible pero todavía es posible aislarse de las opiniones de los demás, al menos por un tiempo.


Quizás me cogiera por sorpresa, pero el film me agradó. No es que haya inventado nada, no deja de ser el típico film de una familia enfrentada a una terrible amenaza, pero su forma de contarlo sí me atrapó. Opino que no procede ponernos quisquillosos a estas alturas sobre si la premisa argumental de A quiet place es verosímil o no, pues claro que no es verosímil. No hay quien se crea que unos seres así tengan una visión tan limitada. Tampoco se dice nada de su origen ni de cómo arrasaron la Tierra. Realmente, nos da igual. Lo que nos atrapa es el drama familiar.
A quiet place  es un film de presupuesto ajustado y resultados más que aceptables. En su economía de medios y su defensa del “menos es más” donde reside su fortaleza. Toda la acción se centra en el seno de una familia destrozada por el dolor que debe aprender a vivir en un planeta post apocalíptico. Hay niños, sí, e incluso una niña discapacitada y la típica embarazada que se pone de parto en el peor momento. Nada que no hayamos visto anteriormente. Sin embargo, la cosa funciona aunque está a punto de naufragar por el tedio a mitad de metraje. La presentación de los personajes requieren su tiempo y a A quiet place le cuesta demasiado arrancar. Eso sí, cuando toma impulso se convierte en uno de los ejercicios de cine fantástico/terror más divertidos de los últimos años. En especial me gustó su último tramo, cuando las cosas se aceleran hacia un satisfactorio desenlace que esperemos no estropeen con sucesivas entregas (que las habrá).


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