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sábado, 24 de marzo de 2012

Tenemos que hablar de Kevin (We need to talk about Kevin)



Como padre, uno de mis mayores temores es no saber educar a mis hijos y que éstos se conviertan en unos seres crueles y egoístas. Es un temor fundado que supongo que cualquier padre o madre siente. Programas como Hermano mayor o Supernanny no contribuyen demasiado a la tranquilidad de los padres, más bien todo lo contrario. We need to talk about Kevin va un paso más allá y nos narra la historia de una madre superada ampliamente por la personalidad de su hijo.

La directora Lynne Ramsay ha sido la encargada de adaptar la novela de Lionel Shriver a la gran pantalla. Ramsay se cree un genio y decide darle un toque arty a su historia a base una preciosa fotografía y una narración no lineal. La fotografía me gustó bastante, ya desde el inicio, con unas impresionantes imágenes de la Tomatina de Buñol (por cierto, yo prefiero cien veces el Cipotegato de Tarazona), observamos la importancia que el color rojo va a tener a lo largo del film. Pero lo de la narración desordenada me pareció un error. Ramsay mezcla constantemente recuerdos llegando a exasperar al espectador.

Este desorden narrativo provoca una desorientación y confusión en el espectador que hace que te cueste bastante entrar en la película. Tampoco las cancioncillas metidas con calzador ayudan a meterse en la historia, más bien todo lo contrario, yo tardé bastante. El estilo de la directora casi echa por tierra los aciertos de la novela. Hasta pasada media hora el film no se estabiliza, empezamos a atar cabos y dejamos de asistir a escenas que no comprendemos. Ramsay se guarda los hechos clave de la historia y nos los va soltando con cuenta gotas. Es entonces cuando el film empieza a ganar enteros.

 El film aborda el tema de la maternidad desde un punto de vista nada edificante. La maternidad no es un camino de rosas, tiene momentos muy hermosos pero también momentos muy duros, hay que renunciar a muchas cosas de tu vida para hacer hueco a tus hijos. Me pareció especialmente aterradora la escena en la que la protagonista encuentra descanso en el ensordecedor ruido producido por unas obras en la calle, sólo así consigue algo de paz al dejar de oír el llanto de su bebé. Desquiciante.
 Me pareció muy bien llevado el tema de los roles en la familia, el padre del film (John C. Reily) no quiere problemas, es demasiado permisivo y le consiente demasiado a su hijo. Será la madre quien intente reconducir la conducta de su hijo pero quedará como una verdadera mártir. Ramsay identifica a la madre con la primera víctima de un hijo con tintes psicóticos. 


 We need to talk about Kevin es interesante por la cantidad de preguntas que plantea, aunque lo haga de forma deslavazada y no resuelva ninguna: ¿Cuándo estamos preparados para tener un hijo? ¿Lo estamos alguna vez? ¿Es preferible abortar a tener un hijo no deseado? ¿Cómo educar a un hijo? ¿Cómo distribuir los roles dentro de la pareja? ¿Cómo escapar al chantaje emocional que los hijos ejercen sobre los padres? ¿Cómo actuar frente a una enfermedad mental? ¿Realmente un par de hostias bien dadas sirven de algo? ¿Hasta dónde son los padres responsables de los actos de los hijos? ¿Y la escuela? ¿No hay manera de detectar y prevenir el drama originado por un enfermo mental?

 Todos estos complejos temas aparecen el film, pero lo que realmente sustenta esta película es Tilda Swinton (qué físico más raro tiene esta señora y qué gran actriz es). Aquí realiza un trabajo inmejorable, quizás el mejor de su carrera, lleno de matices. Imposible que cualquier padre o madre no se identifique con su personaje en algunos momentos del film. Impresionante.

Esta historia podría haber sido fácilmente carne de telefim pero la genial interpretación de Tilda Swinton y las preguntas que plantea son lo que la sacan de la mediocridad. Lástima que su directora se crea muy moderna.

6


martes, 6 de diciembre de 2011

Un dios salvaje (Carnage)



Un niño golpea a otro con un palo, dicho asunto de críos provocará que sus respectivos padres se reúnan para hablar sobre la agresión.




Me gustan las películas de pocos personajes encerrados en un único espacio. Siempre que estén bien hechas, claro. Roman Polanski es uno de los pocos directores que domina a la perfección este tipo de películas. Ya en su primera película, El cuchillo en el agua (1962), sólo había tres personajes en un pequeño bote. Aún con unos medios tan escasos, Polanski creaba una tensión enorme a lo largo del film. Las ya lejanas en el tiempo Repulsión, El quimérico inquilino o La semilla del diablo forman lo que se denominó La trilogía del apartamento, debido a que casi la total integridad de estas películas se desarrollaban dentro de un apartamento. Mi favorita es Repulsión, Catheriune Deneuve en camisón luchando contra sus obsesiones, casi con un único personaje y sus miedos Polanski era capaz de crear una verdadera pesadilla. Años después Polanski volvió a hacer interesantes films con pocos personajes como La muerte y la doncella.
Ahora regresa a contarnos una historia de 4 personajes en un apartamento. En Un dios salvaje, Polanski se desenvuelve como pez en el agua si bien no alcanza las cuotas de maestría de las obras antes citadas. Controla los tiempos y el ritmo narrativo, logrando que el interés del espectador no decaiga en ningún momento pero no apasiona. Ha sido hábil a adaptar él mismo el texto en el que se basa en colaboración con la autora de la obra teatral, la francesa de origen judío sefardí Yasmina Reza y se inclina más por la ironía y el humor negro. Polanski hace una vez más de la necesidad una virtud y usa hábilmente los pocos recursos que tiene a mano; me parecieron excelentes el uso de los reflejos en los espejos o de los objetos (las flores, lo libros, el móvil, etc). También juega a su favor que el film no llega a los 80 minutos,un exceso de metraje podría haber sido fatal. La idea no es mala pero no daba para 2 horas.

Tanto el texto original como la adaptación buscan sacar a la superficie todo aquello que intentamos ocultar a los demás. Las dos parejas protagonistas se encuentran en una situación incómoda y deciden ponerse unas máscaras, pretendiendo ser otras personas que no son, dando su mejor cara. Pero el discurrir de la conversación y el uso del alcohol harán aflorar sus verdaderas personalidades, sus miedos y sus frustraciones. Quizás no exista la pareja feliz ni los padres perfectos. Entiendo que a muchos la película pueda parecerles una simple tontería de cuatro personajes hablando sin parar y sin llegar nunca una conclusión clara, pero para mí fue un verdadero disfrute el ver cómo se va desmoronando poco a poco el muro la corrección política y aflora el verdadero animal que todos llevamos dentro. Por muy evolucionados y civilizados que nos creamos, no dejamos de ser animales dispuestos a defender a nuestros hijos y a lo que consideramos nuestro. Entiendo que ése es el objetivo final del texto.
Una película así de arriesgada y pretenciosa se debe basar en un buen guión y en unas buenas intepretacones. Ambas cosas están presentes en Un dios salvaje. El guión se hace ameno y no aburre mientras que los actores dan la necesaria naturalidad y credibilidad al texto. Tanto Jodie Foster como Kate Winslet son dos de las emores actrices de las últimas décadas y aquí demuestran una vez más su habilidad para meterse en la piel de los personajes. Ambas están perfectas. Los actores también cumplen a la perfección, Christoph Waltz (Málditos bastardos) creo que está también estupendo en su papel de cínico padre de familia, su personaje es el más sincero de todos desde el principio, no oculta nada, va de frente y por ello resulta el más antipático aunque sea el más sincero. Igualmente John C. Reily está creíble aunque quizás su personaje sea el que permita menos lucimiento de los cuatro. La elección de los actores me parece inmejorable. En el guión hay de todo, desde escenas divertidas a otras muy tensas con enfrentamientos entre todos los personajes entre sí, aun así nunca una escena me pareció forzada o inverosímil. Pero me esperaba algo más, la verdad. Al film le falta algo, para acabar de cuajar.
No es una obra maestra (como se dice por ahí), ni es de lo mejor de Polanski, pero es un film recomendable.


6