La vida de nadie

¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?. ¿Se puede mentir a mucha gente durante mucho tiempo?


Todos mentimos. Todos intentamos presentar de cara a los demás lo mejor de nosotros mismos. Nos disfrazamos de personas que no somos pero que son reconocibles por los que nos rodean. Intentamos crear un estereotipo de nosotros mismos, una imagen pública, cómo nos ven los demás aunque realmente no seamos así. Se dice en Psicología que la personalidad se define por el comportamiento que tenemos hacia los demás. Una persona aislada completamente no tiene personalidad. Además, la palabra persona viene del latín e indicaba las máscaras que usaban los actores del teatro clásico. La voz del actor sonaba a través de esas máscaras, "per sona". Así pues, en origen, persona es lo que nosotros percibimos de alguien, no cómo es realmente.

Toda esta parrafada me vino a la cabeza al ver el otro día el interesante film español La vida de nadie, de Eduard Cortés. Esta película se basa en el caso real del francés Jean-Claude Romand. Romand estuvo mintiendo a su familia y conocidos durante casi veinte años, elaborando una compleja mentira y fingiendo se alguien que no era. El engaño y la estafa fueron tales que ni su mujer ni sus amigos más cercanos nunca sospecharon nada. Así pues, es posible que haya personas cuya forma de vida sea la mentira. Ha habido otros muchos casos de estafadores y mentirosos profesionales, como el del dibujante Vázquez, pero el caso Romand es especialmente increíble.
La película de Eduard Cortés no es una reconstrucción del caso Romand, sino que usa libremente el caso real para elaborar una interesante y recomendable película. Interesante ya que atrapa al espectador desde el principio, manteniendo el interés en todo momento y hace pasar un buen rato. Recomendable simplemente por que es una de las películas españolas que más me han gustado de la década pasada, así de claro. El guión es de una precisión milimétrica, lleno de matices y cabos que se van atando poco a poco. Nada que envidiar a muchas producciones del otro lado del Atlántico.
La figura del protagonista se nos presenta como un tipo que va tejiendo su red de mentiras para vivir sin dar golpe, pero acaba atrapado en esa red y es totalmente infeliz. La mentira se ha hecho demasiado grande y debe seguir mintiendo para mantener el inmenso e inestable castillo de naipes en el que se ha convertido su vida. En un momento dado el protagonista se encuentra con otra persona que es como él pero con unos años más, se ve reflejado en él y no puede evitar sentirse asqueado. Sólo el amor podrá redimir a nuestro complejo protagonista, un amor inocente que le permita partir de cero una vez más. Pero lo único verdadero que ha sentido en mucho tiempo será también la espoleta que haga saltar todo por los aires.
En cuanto al reparto, puedo decir que es de las contadas veces que José Coronado me ha convencido como actor, además fue el descubrimiento de una joven y prometedora Marta Etura y la confirmación de Adriana Ozores como actriz dramática.

Entre las varias preguntas que asisten al espectador la que más resuena en mi cabeza es ¿Cómo puede haber gente así? ¿Cuanta gente así (en mayor o menor medida) conoceros sin saberlo? Todos conocemos a personas que no son de fiar pero llegar a tal grado de falsedad me parece imposible aunque Romand demostró que sí era posible. Como dice nuestro doctor favorito: "Todo el mundo miente"

Recomendable.
7

2 comentarios:

Sincopada dijo...

A mí esta película me flipó, la historia es brutal y los actores están que se salen.
Es triste tener que montarse una vida paralela y asfixiante para no defraudar, ser incapaz de reconocer los propios fracasos, que quizás tampoco lo son tanto. A veces la sociedad o la propia familia nos empuja a un abismo.
Y como dice Santi Balmes "nos encantan las mentiras si están dichas de verdad".

Kisses.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, compa Luis Cifer, en cuanto a las bondades de esta magnífica peli española (que, como bien apuntas, si hubiera sido un blockbuster estadounidense, protagonizado por alguna de sus estrellitas de relumbrón, hubiera arrasado entre crítica y taquilla, cuando aquí, para no perder la costumbre, pasó prácticamente inadvertida: una pena -y una putada-...). Hay dos pelis francesas, anteriores, que también se basan en el caso Romand; una, protagonizada por Daniel Auteil (y cuyo título no recuerdo), y otra, El empleo del tiempo, de Laurent Cantet, que pude ver en el Festival de San Sebastián del 2001 (donde se estrenó), y que también me pareció una auténtica maravilla. Pues eso, que me sumo fervientemente a tu recomendación (y a la reivindicación de Coronado, cuya única "desgracia", en mi opinión, es su perfil tan marcado de galán convencional -que él, desde luego, jamás ha desdeñado ni desaprovechado, pero que no hace honor a su valía como intérprete...-). Un fuerte abrazo y buena semana.

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